Tierra Adentro

Ilustración de Peero, DevianArt.

 

Hubo una época (tan lejana que parece mítica) en la que viajar en el tiempo se veía como algo imposible. Eran varias las consideraciones que se daban en contra de estos viajes: los científicos argumentaban que la línea del espacio y la del tiempo iban de la mano y en una sola dirección: mientras el espacio se expande, el tiempo va hacia el futuro. Pronosticaban que la única manera de que el tiempo cambiara su dirección era que el espacio se empezara a contraer. Si esto sucedía, la vida inteligente se terminaría y el universo sería un caos total.

La revolución científica que permitió los viajes en el tiempo la realizó Emmett Brown. Sin embargo, él no fue la primera persona en hacer un viaje en el tiempo. No es necesario que los grandes exploradores sean personas excelsas o brillantes. Prueba de ello es que el primer viajero fue Einstein, su perro, cuyo viaje fue de un minuto hacia el futuro. Tampoco deben ser osados o tener gran inteligencia. Martin Mcfly, joven ayudante del doctor Brown, fue el segundo viajero en el tiempo. Él, por accidente, viajó de 1985 a 1955 y casi provoca una tragedia. Como si de Edipo se tratara, su madre se enamora de él y por poco evita que ella y su padre se conozcan, y con ello su propio nacimiento. Muchos filósofos advertían sobre esta paradoja y ése era uno de sus principales argumentos en contra de los viajes en el tiempo. Incluso afirmaban que si el viaje era posible, lo mejor sería no hacerlo.

Parece ser que el doctor Brown pensaba de manera parecida. Son constantes los lamentos en su diario por haber inventado la máquina y el miedo que sentía porque la máquina pudiera destruir el universo. En sus diarios se relatan otros tres viajes que hizo con Martin. El primero lo hacen hacia el futuro, al año 2015. Según lo que cuenta el propio doctor, Martin y él viajan para evitar que el hijo del primero caiga preso. Después regresan a 1955. El último viaje que está registrado en los diarios es a 1885. No queda muy claro para qué se realiza. Algunos estudiosos piensan que el doctor Brown estaba harto de la civilización y que pensaba retirarse en esa época trabajando de herrero; otros dicen que su intención era conocer a Julio Verne. Lo cierto es que ahí conoce a Clara Clayton, una maestra de primaria con la que se casa. Martin regresa a 1985 y por órdenes del doctor destruye la máquina. Tiempo después, Emmett Brown construye nuevamente la máquina del tiempo y se reencuentra con Martin cuando el doctor ya tiene dos hijos con Clara.

Existe un libro llamado Metástasis Mcfly, escrito por el filósofo Pedro J. Acuña, que relata una historia alterna de los viajes de Martin y del doctor Brown. En él se cuenta que son acompañados por Jennifer, la novia de Martin, y Einstein. El motivo de los viajes es, según lo dice el propio texto, ver la vida desde un modo más panorámico: viajan a África antes de que exista la humanidad y ven recorrer a Einstein libremente los campos y visitan Londres en el siglo XIX.

Lo más probable es que estos viajes pertenezcan al mundo de la ficción. La principal prueba de ello es que los cuatro viajeros enferman de cáncer y viajan inútilmente al futuro para encontrar la cura. Pero si tomamos en cuenta que para Martin y Emmett Brown el presente es el año de 1985, sólo habrían tenido que viajar cien años al futuro para encontrar la cura.

Además, de acuerdo al diario del doctor, la enfermedad que contrae Martin (y que él atribuye a los viajes en el tiempo y a «esa maldita máquina») es el Parkinson.


Autores
(Tulancingo, 1980) ha publicado artículos en las revistas F.I.L.M.E., Crítica, Lado B y Confabulario. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, en el área de narrativa. En 2015 ganó el Premio Estatal de Cuento Ricardo Garibay con el libro La conjunción de los astros y las estrellas.
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