Tierra Adentro

Las etiquetas son para quien las necesita, dice Alejandro Magallanes, quien en años recientes no sólo se ha convertido en la figura emblemática del diseño editorial, sino en un artista con intereses en las letras, la escultura y la música. En este texto, Magallanes explora los límites del diseño, su relación con la literatura y la importancia de poder aprender otros lenguajes.

¿Cuál crees que es la diferencia entre diseño y arte? ¿Cómo una pieza de diseño puede volverse artística?

Esto es algo polémico. Tiene que ver con la función. El diseño es una actividad, una disciplina que sirve para dar una visión  a otro tipo de expresiones. No es un fin en sí mismo, el arte lo es. Sin embargo, utilizan los mismos recursos: el pensamiento, las palabras, la técnica. El diseño también da testimonio de una época. Está el que resiste y trasciende la función a la que está atado. Lo podemos ver en los libros rusos o en algunos carteles que, una vez que cumplen su función, se convierten en elementos culturales. Después de todo, son etiquetas y sirven para que, de alguna forma, funcione la cosa. Son como cajoncitos. Creo que el ánimo de cierto tipo de diseño, el que no es, digamos, informativo, utiliza rasgos artísticos para comunicar algo en específico.

Has expuesto carteles, también has montado otro tipo de obra no pensada desde el diseño.

Es bonito porque cambia el soporte y la ubicación. El libro La delgada línea que divide el lado derecho del izquierdo tiene estos dos elementos. Cuando lo hice, utilicé una herramienta de diseño que permite partir del material de otras personas para construir una escultura, considerando la propiedad matérica del libro y tomando en cuenta su contenido. Entonces, esta escultura, que es más bien un librero, con el canto de los libros forma cierto dibujo. ¿Es un libro o una escultura? Sin duda las dos, por la manera en que se exhibe y por la forma en que fue concebido. Cada librito es un tabique. Utilizo los mismos recursos (imágenes y palabras) para crear algún significado y una conexión más directa con el público con lo que estoy pensando. No son ilustraciones porque no ilustran el texto de otra persona. Son dibujos, aunque es curioso ver cómo, por la misma posición en que te va acomodando la sociedad, los llamamos «ilustraciones». A mí me parece divertido. Esto lo puse en el libro Siempre di nunca: las etiquetas son para quienes las necesitan. Al final no importa tanto. El diseñador Milton Glaser, quien hizo el logo de I love NY, se pregunta si preferimos una mala pintura o una buena silla. Esto es un ejemplo de la paradoja que existe entre las producciones de las cosas que creamos.

En tu exposición La delgada línea…, realizaste una pieza que consistía en un libro que reunía los textos de más de ochenta autores. Concebiste la idea, los convocaste, lo diseñaste, estuviste en el proceso de impresión y hasta entregaste el libro a los autores que participaron en él. ¿Piensas que toda la coordinación editorial de La delgada línea, aunque es algo que realiza el editor siempre, también fue proceso artístico del libro?

En este caso, digamos que es otro objetivo. Si pensamos en el arte contemporáneo, son objetivos, o metáforas, que dependen mucho de esto. Aunque sí hay pequeñas diferencias que a lo mejor no se ven tan claras en los objetos. Si en la edición se convoca a estos escritores (amigos, conocidos o gente que admiro pero con la que no tengo relación), era para pedirles un texto, pero siempre pensándolo como materia escultórica. Así no cambia al objeto: lo puedes leer y abrir, es un libro normal. Lo que cambia son los procesos, los entretelones, los ensayos de una obra de teatro, las cosas que leyeron los actores, todo lo material a partir de lo que nosotros vemos solamente en la punta. Sólo cambia si es cúbico o si es triangular. Sin duda también el trabajo editorial es un trabajo intelectual y, en ese sentido, los editores fueron necesarios en todo el proceso del libro, desde la creación del escritor hasta el objeto terminado. El texto de un escritor en ningún caso es el libro.

Muchos de tus libros son así: lo que has publicado, lo diseñas. Estás involucrado en la mayor parte del proceso desde su inicio hasta la impresión.

Sí. En ese caso, el proceso cambia. El proceso consistía, primero, en pedirles a los autores un texto, como un intercambio: se consideraba un pago de una obra por otra, ya que gran parte del tiraje fue para los autores. Luego, cada uno de los textos que recibí los leí y después los interpreté gráficamente con una sola fuente tipográfica. En ese sentido es un libro clásico, pero sí hay una interpretación previa, como cuando un violinista lee las partituras. Sin embargo, se las enviaba a los autores para que ellos participaran en la lectura y, si les gustaba, seguía con el proceso. Así fue como se dio un juego muy bonito, con el que todos estuvimos conformes. Una de las cosas que me pareció más interesante del proceso fue que, conforme los textos llegaban, iba formando links. Por otra parte, en una carta que les envié, les dije que su nombre no iba a figurar en los textos para que el posible lector los leyera sin ningún prejuicio. Entonces, a diferencia de otros libros que hago, este sí es un libro que, creo, se debe leer en secuencia, a pesar de que no se podría, para dar el efecto de un libro en el que parece que una mente va cambiando y dando bandazos: a veces escribe ensayos, a veces poesía, a veces es más profunda, otras más simpática o, en ocasiones, ambas. Todo ese proceso que siguió me parece que es parte de la obra aunque no se vea. De alguna forma está escrito. Toda la intención por parte de los escritores, todas las anécdotas, la velocidad con que las enviaron, cómo aceptaron el juego, lo gentiles que fueron, me parece que fueron parte esencial de la obra.

En los libros de poesía que has publicado, como ¿Con qué rima tima?, también fuiste el diseñador. Incides en tu poesía porque decidiste qué tipografía, qué posición tomaron los poemas en la página.

Desde mi punto de vista, las letras tienen una cualidad escultórica porque la página es un espacio con profundidad y perspectiva. Puedes, por ejemplo, colocar un folio y en la siguiente página hacerlo más grande. Todo eso en ese libro de poesía es parte importante del contenido, de la producción del libro, incluso si estuvo en una colección distinta. A mí me interesaba que fuera «la colección de poesía» porque, al final, las cosas toman la forma del recipiente que los contiene. Entonces, como cada libro es una institución (y eso es lo que creen las personas), si tú seleccionas algo como poema, la institución lo vuelve poesía.

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Como exponer algo en galerías y museos…

 Sí, finalmente son instituciones. Se vuelve un gesto provocador si exhibes en la calle, en comparación a hacerlo en una galería. Cambia la dirección y el sentido. Si hago un cartel político, voy a querer que esté en la calle o que se reproduzca en un periódico, así adquiere más sentido. Si pasara a una galería, se volvería una exposición de trabajo y cambiaría la utilidad de la imagen. Por otro lado, si trasladamos algún objeto de una galería a la calle, la obra obtiene otro valor. Antes era más purista en ese sentido, pero ahora creo que las cosas se construyen sin que las tengamos que etiquetar. A mi parecer, hay cosas que se pueden poner en diferentes lados.

Cómo te desplazas en todos los lenguajes que empleas: el visual, la escritura o la animación?

 Siempre me lo planteo desde el juego. Por ejemplo, cuando tienes una pregunta que puedes responder desde muchos puntos de vista, tratas de acercarte a ella del modo que sea más comprensible. No obstante, este acercamiento depende del tiempo que tengas y de los estados de ánimo. Por eso, cada proyecto me resulta novedoso y es parte de lo que me entusiasma de mi trabajo por encargo, ya que todos los trabajos son divertidos, tanto hacer una pintura como un libro. Lo que cambia son los procesos, su colocación o su objetivo. Por ejemplo, una animación se relaciona con un cartel, porque aunque uno sea estático y se coloque en un muro físico o en uno electrónico, como el de Facebook, debe provocar una reacción. En ese sentido esta imagen estática se conecta con la animación, en la cual tenemos movimientos, sonidos y expresiones mucho más complejas, pero también uno debe acercarse conceptualmente y crear una reacción emotiva, a pesar de que unas llevan más tiempo que otras. Desde un punto de vista purista, la mezcla de géneros no debería existir. Yo, al contrario, creo que es algo interesante, pues, ¿por qué no voy a utilizar una parte de texto en una animación si puede funcionar como parte integral de la animación? O si vas a diseñar un cartel de rock, ¿por qué tiene que verse como un cartel de rock?, ¿por qué no puede ser distinto sin que deje de provocar sorpresa, encanto o desencanto? Para lograr esta conexión, hay que entender un poco el medio, para saber qué puedes hacer con él, cómo sacarle provecho. En mi caso, cuando algo se vuelve fácil, trato de cambiarlo. Es un reto personal, pues sentirte cómodo provoca que te entumas creativamente, como cuando te sientas o cuando estás acostado mucho tiempo, estás a gusto, pero te tienes que parar, hacer un poco de ejercicio o al menos sacudirte. Tienes que enfrentarte a cosas de las que realmente tienes certeza. En el caso de mi última exposición, se me ocurrió hacer pinturas sobre placa de hierro con pintura automotiva; luego me di cuenta de que lo que me había imaginado no funcionaba, que iba a ser imposible que se conservara. Pero, junto con Lupe y Lalo, parte de mi equipo que sabe sobre materiales, nos la ingeniamos y salió. Incluso lo que se echaba a perder juega a favor en algunos caso. Es interesante esa parte del aprendizaje. A veces puede ser dolorosa, pero es vital…

Parte de crecer y de conocer los procesos de otros materiales o géneros.

 Sí. Eso mismo sucede con los que escriben. Cuando intentan hacer un ensayo de otro tipo, los escritores transforman su forma de redactar. Piensan cómo poner una coma en una frase tan larga, cómo pueden hacer para que tenga ese efecto. Creo que es parecido.

¿Cómo te sientes respecto a la escritura?

Me gusta mucho porque soy un lector interesado, me encanta leer aunque no soy ordenado, leo todo el tiempo cosas diferentes. Escribir es más difícil para mí. Aprovecho los recursos que tengo de otras formaciones para complementar un poco lo que no sé. Es decir, uno no tiene por qué saberlo todo. Si hay una parte de disfrutar el proceso, es no ponerse tan solemne (es diferente ser solemne a ser serio): puedes experimentar, te puedes equivocar.

Escuché que estás escribiendo una novela…

Sí, va a ser muy curiosa. Ya la verás. Juega con las características físicas de lo que es una novela. Es decir, muchas páginas con texto en cada una de ellas. Me parece que es parte de lo que pienso y juego: ¿de qué forma este material impreso, con estas características, en una colección de narrativa, es novela y no es cuento?

¿Cuál es tu método para impartir clases? ¿Qué es lo más importante que hay para transmitir a los diseñadores a los que enseñas?

Dar clases varía de un lugar a otro. Hay lugares donde hay que ser más estricto, pero, en el lugar donde trabajo, los chicos tienen una formación buena en varias de las materias que les competen; entonces, cuando llegan a mi clase, lo que quiero es que se pongan a jugar y que se sorprendan de los resultados que se pueden lograr sin pensar demasiado. Aunque en el diseño siempre hay una meta, hay un tema que debe resolverse; lo que intento es que la meta se deje ver poco a poco, no desde el inicio, para que se vea todo el proceso sin saber que ya llegaste, que sorprenda mucho, que digas «corrí todos estos kilómetros y no me cansé, ¿por qué?». Ese es mi tipo de clases.

¿Crees que pueda haber una escuela relacionada con tu trabajo, con tu nombre?

Ojalá no. Espero, sí, que mi trabajo haya influido a alguien, porque así funciona la cultura: es una unión de eslabones, algunos más largos, otros más cortos. La repetición de soluciones o de gráficas provoca cansancio. En ese sentido hay que estar inventando cosas y experimentar con diversos formatos; en algún momento hacer algo fotográfico, en otro hacer algo tipográfico, poético, dramático, triste, tosco o alegre. Hay que moverse. Sin embargo, es curioso analizar también aquellas técnicas o formas con las que la gente se va quedando.

Diseñaste una botella para Perrier, ¿crees que sea una marca de Alejandro Magallanes?

A mí no me gustaría verlo como una marca, sino como una manera de aproximarse a un producto o a un objeto, hacerlo como a ti te gustaría que se viera, pues somos autores que tenemos acercamientos propios a las cosas. Las marcas tienen un plan y evolucionan de acuerdo a una línea corporativa, las personas somos orgánicas. Las marcas se relacionan con el estilo. Si hay ciertas percepciones, es necesario analizar por qué las hay, dónde se han visto, qué medios han difundido esos trabajos, cuáles han sido más potentes para las personas. Esto se puede ejemplificar con los one hit wonders. Es muy parecido. Yo espero que no me pase, hay que estar atento.

Llevas mucho tiempo diseñando lo que produce Almadía, ¿Cómo le das nuevas formas a esas colecciones?

Es importante saber cuál es el fuerte de Almadía. En este caso es la narrativa; no obstante, eso puede ser diferente porque cada libro tiene un tratamiento distinto que llega a ser sorpresivo, por el juego que se establece en lo visual, en la complejidad de las ideas, en los cortes del papel… Así, la colección de poesía son ventanas; la de crónica, textos hechos a mano con realce; la de viajes, un mapa con las puntas recortadas. Es importante estar al pendiente de lo que hay que mantener, de lo que hay que evolucionar, de lo que hay que quitar. Hay quienes critican las colecciones por ser constantes. No obstante, se debe estudiar la inteligencia que esconden esas repeticiones. Por ejemplo, en las de Porrúa sólo cambian colores. Que hayan sido constantes y todos sean iguales, me parece maravilloso. Finalmente, al no dar un tratamiento a todos los libros, sino a un solo libro de tal autor que publica en Almadía, lo diseño con dos características: pensando que es un libro único y, también, que pertenece a una editorial que está usando una imagen.

¿En cuáles otros lenguajes quisieras incursionar?

Casi todo es interesante. Ahorita, por ejemplo, ayudo a hacer una escenografía al grupo Idiotas Teatro. Al principio no tenía el conocimiento de cómo hacerla, pues se me ocurrieron algunas ideas que yo no sabía cómo resolver, por lo que las resolvía de forma básica, imaginando cosas como la luna; además de que ellos me orientan y lo vamos haciendo juntos en equipo. De este modo, construí una luna como si fuera un arillo para bordar. Incursionar en otros lenguajes es como querer aprender a leer música. Probablemente no lo haga muy bien, pero sería interesante que lo lograra o, al menos, lo intentara y me frustrara porque no puedo hacerlo. Justo cuando buscas aprender otros lenguajes, te das cuenta de que hay cosas que no vas a poder hacer por mil razones, porque no tienes tiempo, no sabes, no tienes la capacidad, pero lo intentas. Hay que salir de la zona de confort: levantarnos más temprano para que nos rinda el día, veamos el amanecer y entonces cambiar nuestra visión de la ciudad.

 

 

 

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