Tierra Adentro

Alacena

El blog de la Redacción de Tierra Adentro.

Recuerdo que a las fiestas de la universidad (esas que tenían lugar en departamentos o en casas de amigos, donde se bebía cerveza caliente y que terminaban a las 5am porque a esa hora volvían a abrir el metro) asistía un misterioso compañero, desaliñado y torpe, que no sabíamos realmente por qué iba. Llegaba sin saludar, no platicaba con nadie, hurgaba todas las conversaciones de la fiesta y finalmente se iba, sin más.

Después de haber comenzado a escribir en este blog de Tierra Adentro como quien llega a una fiesta en la que no se divierte, y haber escrito casi cincuenta textos en un año y medio, creo que es hora de irme sin más. Ni siquiera quiero que esto parezca un texto de despedida: es, en todo caso, el sonido del portazo que escuchamos cuando alguien ya se fue.
Me invitaron a colaborar en Tierra Adentro porque, además de tener dos cualidades —ser menor de 35 años y no ser de la Ciudad de México—, presentaba la ventaja de estar muy dispuesto a escribir por ser un editor de casa. Agradezco mucho el espacio y agradezco a todos los lectores que me leyeron en el blog. Agradezco especialmente a aquellos que se burlaron de mi prosa, que cuestionaron radicalmente mis argumentos y que incluso me llamaron idiota a secas.
He decidido dejar de escribir en el blog porque considero que, al ocupar un cargo público —es decir, al ser un funcionario— no debería ocupar los espacios, tan pocos que son, destinados a los escritores. Mi opinión sobre muchos temas —y no lo digo decorativamente— importa menos que la de otras personas. Si se trata de traducción, de literatura francesa, de historia literaria, puede ser que tenga algo que decir y algo digno de ser tomado en cuenta, pero ha de ser en otro espacio donde lo publique.
Por último sólo quisiera dar una explicación que nadie me pidió. Elegí los temas sobre los que escribí porque los conocía. En fin, porque sabía de eso más que de otras cosas. Sé que tengo una especialidad, la literatura francesa del siglo XIX, porque eso estudié y porque traduzco, escribo y edito mejor este tema que otros. Sin embargo, también debo decir que muchos textos los escribí desde el cansancio y otros más desde la ansiedad, por lo que no estaría mal dosificar las dosis de verborrea de vez en cuando y ahorrarme la fatiga de escribir por compromiso.
Después de todos estos meses, creo que lo más cómodo para mí hubiera sido pensar que el lector es un conformista. Yo prefiero pensar, y espero que se note, que el lector es la persona más inteligente que conozco. Por eso tengo la certeza de que sabe que, al dirigirme a él con estas palabras, me estoy mordiendo la lengua.


Autores
(Durango, 1988) es editor y traductor. Estudió Lengua y Literatura Francesas en la UNAM. Actualmente trabaja para el FCE.

En la redacción de Tierra Adentro nos llena de alegría que galardonaran a Fernando del Paso con el Premio Cervantes 2015. Hemos tenido una relación de lectores, aficionados e incluso colaboradores con el autor de Noticias del Imperio. Para no ir más lejos, el primer número que salió de nuestra revista con el sello de Conaculta tiene en la portada su obra gráfica, y el número 200 lo dedicamos a su obra narrativa con motivo de sus ochenta años, a continuación reproducimos el texto editorial con el que abrimos ese dossier.

El primero de abril de 1935 nació Fernando del Paso, artista multifacético que se ha desenvuelto como novelista, ensayista, dramaturgo, periodista y pintor. Para adelantar las celebraciones por los ochenta años de este escritor, dueño de la trilogía más importante de novelas que se escribió en México en la segunda mitad del siglo XX, decidimos homenajearlo desde la lectura. En la obra narrativa de Fernando del Paso la realidad histórica se mezcla con las memorias de fantasmas (José Trigo), recuerdos de juventud (Palinuro) e investigaciones de personajes históricos (Carlota). Acaso ningún otro escritor ha logrado plasmar en sus letras la evolución de la realidad histórica nacional.

Como se dice sobre el joven Palinuro, hay personas cuya vida está tan íntimamente ligada a su territorio que el nombre del país se convierte en una especie de apellido: así celebramos a Fernando de México.

No nos queda más que extender una felicitación al polifónico de México y una invitación a leer toda su obra.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Supe que sería un día raro cuando un testigo de Jehová me ofreció una mamada. Caminaba por la avenida Fray Tomás cuando lo encontré. Parecía un loco, tenía la bragueta abierta y un moño rojo. Su traje era azul, sucio pero planchado. Los carros parecían avispas, como si la calle fuera un panal golpeado. El tipo estaba recargado en un señalamiento que prometía una catedral a la derecha. Había mucha gente y su soledad cimbraba. Regalaba libros de esos que dicen que las tormentas vienen de la sodomía. Pasé a un costado sin mirarlo, olía a limpiador económico.

—Buenas tardes, señor. ¿Gusta que se la chupe? —di la vuelta extrañado y negué de inmediato.

Detrás de mí, una señora que escuchó me miró horrorizada.

—Muchas gracias, llevo prisa. Que tenga buen día —contesté por diplomacia.

No podía aceptar su mamada pero aplaudí su voluntad por servir a la comunidad. No son tiempos de andar regalando nada a nadie, mucho menos mamadas. Pensé en la vida de ese hombre. No debe ser fácil existir con un dios tan demandante. Yo soy católico en temporada alta, nada más: Navidad, el mundial de futbol, Día de la Virgen, Semana Santa, etcétera. Los testigos de Jehová deben reclutar inocentes, vestirse como idiotas y trabajar en domingo. No es poco. En fin, cada quien sus catedrales. Cualquier cosa es mejor que ser ateo; suena aburridísimo. Los ateos no tienen ostias gratis ni iglesias bonitas donde puedan verles las piernas a sus vecinas. No tienen música sacra ni villancicos, y éstos son mi parte favorita de la Navidad. No podría elegir uno en particular, todos son asombrosos. Rodolfo el reno, El niño del tambor, Los peces en el río, y otros más, me hacen desear haber nacido en un pesebre. Además, crecer sin un bautizo es mera burocracia, es como ir a tu graduación sin emborracharte. Piensen en las bodas, sin toda la parafernalia sería como darse de alta en Hacienda.

Pasé a la tienda a comprar un refresco. El doctor me los prohibió, pero era domingo. Me atendió una vieja extremadamente vieja, parecía que moriría en cuestión de segundos. Usaba un camisón de satín rosa, tan viejo como ella. Del cuello le colgaban más de cinco escapularios y estaba tan maquillada como una drag queen. Le mostré la bebida que me llevaría y lanzó un quejido gutural que no revelaba la cifra. Saqué el dinero cuando pasó la mano por encima del mostrador. Su palma entera temblaba, hacía un esfuerzo titánico por suspenderse frente a mí. Con una moneda de diez pesos lista, dudé. Sentí que esa mano se rompería si depositaba el pago bruscamente. Además, por el temblor, temí errar y tirar el dinero. Sus piernas no aguantarían inclinarse a tomar la moneda. Dejé el refresco, un billete de veinte y salí corriendo. Eso habría hecho Cristo, pensé en ese momento. Eran muchos escapularios, pero no la juzgo, si fuera a morir sería capaz hasta de disfrazarme del Papa y aprenderme el credo.

Seguí mi camino: era domingo y eso se hace los domingos. Llegué a la plaza principal, frente a la iglesia de San Bartolomé. Un tipo hablaba al micrófono. No era un mal espectáculo, había muchas palomas y un globero. Un grupo de niños destruía burbujas con aplausos mientras el vendedor cambiaba monedas por botellas. Me invadió un olor a elote que venía de un puesto cercano; pensé en comprar alguno, pero me conformé con el aroma. Decidí sentarme en una banca blanca, oxidada pero funcional. El metal estaba caliente, el sol cumplía su trabajo. Empezaba a relajarme cuando llegó una tipa y gritó:

—¿Me das un abrazo? —dijo antes de abalanzarse sobre mí sin esperar respuesta—. Funciona mejor si me ayudas a abrazarte.

Decidí callar y esperar a que se fuera. No tardó más de tres segundos.

Son un fastidio esas personas neocristianas que creen que Dios sonríe cada vez que ellas lo hacen. La señora, gorda de caderas y alegría, se retiró callada, ocultando su molestia. Un niño me vendió un mazapán. Lo compré mitad por compasión, mitad por antojo: balance positivo, a mi ver.

Desde la banca, el discurso al micrófono se volvió inteligible: Jesús nos sigue esperando, nos sigue perdonando. Hay gente que cree que es pobre, pero no es pobreza de dinero, es pobreza de espíritu. ¡Jesús puede volverlos ricos! Es una riqueza distinta que vuelve pobre al demonio. El demonio nos habla, nos dice «roba», «mastúr-bate», «masturba a tu vecino»: perdonen mis palabras, Dios sabe que doy un ejemplo. Vivir en gracia es hablar con Dios, combatir al pecado. El pecado quiere derrotarnos, quiere llenarnos de pornografía, de abortos…

¿De dónde salen estos predicadores? Independientemente de sus creencias, gritar en una plaza siempre será una locura. Era un hombre pequeño, no debía medir más de 1.60. Estaba vestido de blanco y tenía una Biblia azul bajo el brazo. Parecía un niño manoteando; nadie le hacía caso. Hablaba de un tsunami y de Adán y Eva, estaba haciendo el ridículo. La señora de los abrazos hablaba con un grupo, personas igual de tristes que ella. «Disfruta la vida», decía su playera, como si todo se tratara de un puto abrazo. No me malinterpreten: es la verdad.

…cada clavo le rompió los huesos. Perdió tanta sangre que titubeó, pero siguió estoico, dueño de ese espíritu que tanta falta nos hace. Nosotros permitimos que los homosexuales se besen, como en Sodoma; permitimos que la gente se divorcie como si fuera un juego; dejamos que nuestros hijos vean caricaturas violentas, que escuchen narcocorridos…

«Me encanta Dios», dijo un poeta. Pero creo que no es para tanto. Si al creador o a su hijo les molestaran esos asuntos, ya hubieran exterminado a todos los transgresores. Es decir, yo odio a los funcionarios públicos y si tuviera poderes les hubiera derretido los genitales, mínimo. Dios no odia a las personas homosexuales: las respeta o no le importan.

Unos niños comenzaron a pelear. No vi el motivo. Cuando volteé ya estaban trenzados y la gente comenzaba a rodearlos. «¡Déjalo, cabrón!», gritó una señora desde atrás: era la misma que me abrazó. Dio unos pasos, tomó a su hijo de la mano y se retiró maldiciendo entre dientes a los testigos y a la vida misma. ¿Lo ven? De eso hablo. Por más que nos guste vivir y los pájaros y las mariposas y la comida rápida, la vida es una perra.

…sólo Jesús puede ayudarnos, sólo él puede sanarnos las heridas de la soberbia y la lujuria. ¿Quién si no él puede abrirnos los ojos? Los problemas económicos son problemas de fe. Hay familias que se mueren de hambre, que no encuentran trabajo, que tienen problemas con sus hijos y dicen que no saben por qué. ¿En verdad no saben? La respuesta es Jesús, siempre la ha sido. Los pecadores se lamentan…

Un grupo de monjas pasó a un costado de mí. Algunas miraron al señor del micrófono molestas. Eran unas siete, caminaban como hormigas, enfiladas sin permitirse mayores distracciones. Las religiosas se detuvieron a comprar un helado en la esquina.

Una de ellas, a todas luces la más gorda, devoraba su barquillo con una técnica claramente felativa. El día transcurría extraño. Decidí levantarme y dar unos pasos. Involuntariamente me acerqué al predicador y encontré todo un show: el hombre le hablaba a tres personas, dos policías y un drogadicto. Supe que era drogadicto porque trataba de inhalar el polvo de la banqueta. Uno de los uniformados lloraba mientras que el adicto parecía no enterarse de nada. El tercero miraba al orador con atención científica, anotando en una pequeña libreta.

…el pecado vive en las computadoras que transmiten sexo y violencia las veinticuatro horas. Nuestros hijos no saben, por supuesto que no. Son pequeños, no saben diferenciar lo bueno de lo malo. Pero nosotros los grandes sí, el pecado vendrá por nosotros y nos arrancará del Cielo. ¿Ustedes creen que a Dios le gusta…

Madonna ha cambiado tres veces de religión. Fue judía, cristiana y musulmana: la triple alianza. No sé si verdaderamente cambiaría de religión, no es como cambiarse los calcetines. No me vean así, no es moralismo ni nada. Uno no puede pasar de no desear a la mujer de su prójimo a cortarle la mano a los ladrones. Un primo se volvió rastafari: no entiendo lo que dice pero está drogado todo el tiempo. Sostiene que si se legalizara la marihuana todos seríamos libres, quizá sea cierto.

El sol perdió intensidad cuando sonaron las campanas. Miré la iglesia y un padre regordete me hacía señas desde la puerta, gritaba y movía su brazo señalándome un camino que quería que siguiera. No entendí palabra alguna. El bullicio se esfumaba como si alguien le bajara el volumen al día. Sentí cómo los vapores de los antojitos abandonaron mi nariz. De pronto, el tipo del micrófono cambió notoriamente de tono, exaltándose y gritando con horror.

¡Es él! El tiempo de los pecadores está por acabar. El mal les cobrará la factura, no habrá perdón para los ciegos, para los callados, para los corazones tibios. Jesucristo les abrió el corazón, pero le cerraron la puerta. El tiempo terminó. ¡Aquí está, es el Pecado! Ustedes creen que bromeaba. ¡Mírenlo! ¿No lo reconocen? Cristo lo advirtió…

Sentí una fuerza tremenda apretarme el pecho y la cabeza, como si el cielo entero me apachurrara. Estaba desconcertado. Todo se había detenido: las palomas parecían disecadas, las campanas quedaron mudas, el sacerdote era una estatua. El tipo del micrófono seguía hablando. Alcé la vista: la plaza entera estaba quieta. Las personas parecían haberse congelado. Los pájaros no aleteaban, quedaron suspendidos en el aire como focos o alguna clase de escenografía barata. Mi entorno era como un tablero de ajedrez, como una maqueta en tamaño real. Sin darme cuenta caminé hacia el orador, aferrándome a mi cuerpo en un autoabrazo. Toqué al policía que lloraba, pero era como un muñeco, no sentí su respiración.

—¿Tú me escuchas, debilucho? ¡No estorbes! Voy a enfrentarme al Pecado —dijo el predicador mientras sacaba un bate de béisbol detrás de una bocina.

—¿Qué es esto? —respondí como el idiota que soy. Me estaba cagando de miedo.

—Todos los domingos viene el Pecado a combatir con nosotros: los hombres de Dios.

—¿Yo soy un hombre de Dios?

—¡Uy, sí, pendejo! Seguro has hecho mucho por serlo. ¡No!, eres un error en el software de Dios, nada más. Sólo escóndete. Puedo manejarlo.

—Te oías más amable hace rato.

—Yo no escribí nada de eso…, sólo me aprendí el guión. Además, ¿qué te importa? Lárgate o te vas a morir. El Pecado llegará en cualquier momento.

—¿Viene el Pecado? ¿Qué vas a hacer?

—Todos los domingos rezo aquí como idiota —dijo señalando el lugar donde estaba parado—, es para debilitarlo. Yo también quisiera estar de huevón como tú, pero alguien debe enfrentarlo. Por más cabrón que sea el Pecado, nadie soporta dos batazos en la jeta.

—¿Por qué nadie se mueve? ¿Cuánto durará esto? ¿Te puedo ayudar en algo?

—¡Deja de preguntar, cabrón! —me gritó el predicador mientras ondeaba el bate de un lado a otro como si esperara que una bola cayera del mismísimo cielo—. Me estás distrayendo. ¡Hazte a un lado! Ya viene.

—Corrí de inmediato al árbol más cercano, como si los pinches árboles fueran a refugiarme de algo tan… ¿cómo decirlo?, ¿bíblico? Cerré los ojos mientras mi corazón golpeteaba al resto de mis órganos. Me toqué el pecho buscando algún crucifijo, pero sólo me topé con una baratija china que compré quién sabe cuándo. Lamenté no tener los escapularios de la señora de la tienda. Hasta pensé en la mamada del testigo de Jehová, no sé, pudo funcionar.

Una bocina estalló: había iniciado.

El Pecado era terrible, no hay otra palabra que lo describa. Desde que dio el primer paso supe que no vería algo más horroroso. Era una bestia mitad animal mitad transexual. En la mano derecha empuñaba un dildo y en la izquierda un feto que gritaba la palabra sexo de manera mecánica. La mitad humana estaba llena de tatuajes y perforaciones. Usaba una falda de piel negra, además de una camiseta de Cannibal Corpse. El Pecado parecía arrastrarse y dejaba condones a su paso. Tenía cuernos, eran de alambre, se los quitó para limpiarse el sudor. El hombre del micrófono rezaba cada vez más fuerte, hasta que el Pecado le lanzó un Xbox que aterrizó en su boca. La mitad animal era un misterio: su cuerpo parecía de oso pero con menos pelaje, una especie de yeti con alopecia. Donde deberían estar sus genitales había una grabadora que tocaba villancicos al revés. Supe que eran villancicos porque soy un experto en el género. Al hombre del micrófono lo estaba vapuleando la bestia. Empecé a rezar el padrenuestro, pero no surtía efecto. De pronto supe también que el Pecado había desarrollado anticuerpos contra los rezos usuales. Digo «deprontosupe» por-que de-pronto-supe, fue como si alguien insertara la información en mi disco duro. A estas alturas no dudé en que fuera Dios. Digo, un predicador se estaba agarrando a golpes con una bestia infernal: recibir tips del creador no era absurdo. Así me enteré de que el Pecado se alimenta de orgasmos y horas frente a videojuegos violentos. Cada vez que un hombre penetra a otro el Pecado aumenta su masa muscular. También me enteré de que está relleno de marihuana y entrena masturbándose y haciendo pole dance. Come dos horas después de haberse llenado y dedica cinco horas diarias a navegar en YouPorn. Dios o algún ángel, o aquello que me estuviera ayudando, quería que hiciera algo. Cerré los ojos y comencé a rezar con mayor intensidad y convicción, pero no parecía funcionar. Levanté la mirada, la bestia estaba asfixiando al predicador con una revista pornográfica. Tomé el bate que estaba a un par de metros de mí y corrí a darle un golpe en la espalda. La bestia soltó al predicador y lanzó una patada que me proyectó en contra de uno de los carros estacionados junto a la plaza. Quise tomar el cuchillo de una señora que vendía gorditas. Imposible, parecía estar pegado a su mano y pesar una tonelada. Noté que, gracias a mí, el predicador había ganado terreno y golpeaba al Pecado con el bate que solté mientras volaba. El valiente religioso se había arrancado la camisa y usaba el arma con una destreza profesional. El Pecado comenzó a gemir como si copularan dos adolescentes. El predicador retrocedió, volvió a tomar la Biblia y se la pegó al pecho. El Pecado se arrancó la camiseta y dejó asomar una teta tan satánica como perfecta. De ella salían disparadas latas de cerveza que hirieron al predicador. La bestia reía. Se detuvo y giró su seno como un engrane. Volvieron los gemidos adolescentes y del pezón salieron varios libros electrificados que inmovilizaron al predicador. Eran copias del Manifiesto comunista, supe de pronto. El Pecado tomó el bate y le propinó un golpe en la nuca al predicador. El sonido adelantó que el valiente había muerto. El predicador quedó con la cabeza partida, no pude ni mirarlo. Recordé al sacerdote en la puerta de la iglesia, y entonces entendí que había dicho la palabra villancico. Nada había sido al azar, Dios me eligió por mi talento navideño. Cerré los ojos, uní las palmas del modo más virgenístico posible y comencé a cantar El niño del tambor, por mucho, mi canción predilecta. Me subí la playera y simulé un tambor palmeando mi panza desnuda. Cada palabra parecía quemar al Pecado, era como si conjurara los hechizos más dolorosos. Cuando pronuncié los últimos versos, el demonio comenzó a lanzar rayos gay de color arcoíris que apestaban a semen. Uno de los rayos alcanzó mi brazo y lo hizo sangrar, pero sabía que estaba a punto de vencerlo. Una luz surcó el cielo, como cuando va a pasar algo celestial, y aterrizó en el bate que voló hasta mi mano. Lo levanté como demandaba el dramatismo de la escena y mi arma se transformó en una espada de fuego. La empuñé como supuse que sería correcto y grité mientras corría hacia el Pecado, visiblemente debilitado por el villancico. Le corté el cuello sin problemas. Entre la sangre de la bestia habían tangas, dildos y algunos clítoris que se movían como insectos agonizantes. La bestia estaba muerta.

Regresó el sol a la plaza, en un parpadeo la vida volvió a inyectarse en los árboles, en los globos. Las campanas volvieron a escucharse. Miré al sacerdote que me sonreía satisfecho. Los niños corrían de nuevo, perseguían palomas, aplastaban burbujas. No había más huella de la pelea que el cuerpo del predicador con el torso expuesto. El periódico dijo que fue víctima de un infarto. Sólo yo sabía el resto de la historia. Lo enterraron con su Biblia, dicen que nunca la soltaba. Me repuse de las heridas. El rayo gay me dejó algunas secuelas: tengo erecciones cuando escucho a Frank Sinatra, nada grave. A veces sueño que estoy en un video porno, es todo. Me quedé con el bate y un condón de recuerdo. Así es como comencé a predicar.


Autores
(Querétaro, 1990) es escritor y panadero. Responsable de la cápsula Versando Patria, transmitida por Radio UAQ. Con este cuento obtuvo el Primer Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila.

Parece que actualmente los modelos de pensamiento posmoderno han sucumbido ante la hegemonía del capital, como si lo que hubiera surgido hace ya más de cuatro décadas a partir de la escuela de pensamiento francés, hoy fuera sólo un lindo recuerdo de lo que pudo ser. Los posmodernos trabajaron en deconstruir el pensamiento hegemónico, en apoyar al pensamiento de la diferencia, de lo otro, eso que es intersticio, que es margen, periferia; también intentaron lo mismo que las vanguardias pero parece que «el orden» o «lo impuesto» siempre es más fuerte que lo que se intenta decantar o lo que se intenta iluminar: la sombra.

Para la filósofa argentina Patricia Didiglio el pensamiento de la diferencia ha sido muy importante para  los posmodernos, pues rompe con la idea de unidad e incorpora ideas divergentes y heterogéneas. En una conferencia sobre dicho tema, Didiglio menciona que:

(…) El parergon (defectuoso) resiste y está permanentemente en combate con el ergon. Eso que excede, eso que es accesorio (que nunca será ciencia ni obra) que es suplemento del ergon, hace posible la ciencia y obra. Lo parergon es lo uno que no se hace presente, suplemento exterior, pero que al mismo tiempo es constitutivo del ergon.

En el teatro mexicano es difícil saber cuál es el ergon y cuál es el parergon, qué es lo realmente «diferente». La hegemonía teatral —teóricamente se diría— es el drama, el teatro de representación, aunque muchas veces se constituye como algo que no logra revelarse como obra, ni de un autor, ni de un director. Pareciera que sólo se trata de un espectáculo porque no logra constituirse como una copia perfecta de la imagen real y no llama a ningún tipo de reflexión. Por otra parte, lo que parece periférico (parargon), se constituye como hegemónico pues tiene un discurso; en él, la retórica sobre la realidad es más contundente gracias a que habla y trabaja sobre ella, pero se queda en un vacío de contenidos estéticos porque los individuos tampoco aparecen dentro de la obra.

Este pensamiento de estar dentro del sistema, dentro de un mecanismo ya objetivado (como lo marca Foucault en su obra) da la ilusión de que los mecanismos de poder siempre llegan a dichas propuestas para seguir creando dispositivos y relaciones desde de lo hegemónico. Aquí se plantea la pregunta de si en realidad el artista puede crear una obra que cuestione con verdad —aunque sea subjetiva— la realidad; el pensamiento de la diferencia se diluye mientras más se intenta asir.

La modernidad separó todo en partes, las hizo funcionales y nos las colocó a disposición para su consumo. Pero hoy pareciera que no encontramos las formas para pensar las líneas que unen esas partes, o para armarlas de otra manera, no armarlas, dejarlas separadas y bailar sobre ellas. A partir de este pensamiento, del hámster dentro de la rueda, podemos plantearnos, ¿para qué el arte?

Las disyuntivas entre pensamiento y práctica, se muestran ante una inmediatez que no permite reflexionar, los creadores escénicos no siempre tenemos tiempo para reparar en estas preguntas porque la producción va primero, y para crear una obra de teatro hay que pensar en el público, vender funciones, ser aceptado en los teatros, pagar a los actores y demás colaboradores; a diferencia de otras artes que permiten el silencio (como las letras), el teatro no permite la espera.

De aquí las contradicciones en la praxis de esa innovación, por ejemplo, la convocatoria para la Muestra Nacional de Teatro que este año intentó hacer la diferencia aceptando propuestas de otra índole, sin embargo, no logró llegar a su objetivo. Ya en la solicitud pedían un dossier que explicara la deconstrucción de la obra y luego un plano de iluminación aunque uno dijera que no había, que no hacía falta, que el teatro se puede hacer sin iluminación ni telones. Así,  intentar  exponer lo creado desde otro lugar se vuelve imposible porque hay un mecanismo difícil de romper.

Y entonces me pregunto si hoy en día es posible voltear a ver el parargon o sólo entramos en un remolino de pensamientos alternos que simplemente forman parte del ergon, propuestas que como collage han perdido identidad y objetivo.

Patricia Didiglio continúa en su conferencia:

Hay mucho y variado en esto que se quiere hacer pasar por tan homogéneo. Un fondo inquieto que se agita más de lo que la superficie anuncia, y que está presente en la inauguración misma de la razón moderna. De manera que esta modernidad que hoy como novedad se anuncia en crisis, parece haberlo estado desde siempre o, por lo menos, parece haber estado siempre en tensión consigo misma.

Parece que el pesimismo es más un discurso de época y ya no una búsqueda frente al desconsuelo de lo que ha producido nuestro presente. Lo único que queda para la posmodernidad es la idea individuo. Y así como pensamos en la modernidad y la posmodernidad, quizá deberíamos pensar en el teatro, ese que sin recursos, sin técnicas y sin mayores objetivos se forja a diario en miles de salas de teatro con algunos espectadores, en algunos espacios alternativos con grandes discursos y estudiantes, en movimientos subrepticios que no logran configurarse en red, ni grupos ni compañías que reproducen sin reflexión más allá de la que pide la gestión cultural.

Todo el pensamiento como legado de la posmodernidad nos llega entonces como algo que se creía «diferente» pero que ante la contundencia de la realidad, es difícil de aplicar: cuando no encaja, parece que la reflexión y las pequeñas acciones no tienen fundamento.

Aunque la modernidad y la posmodernidad se unen para conformar una especie de ouroboros, esta situación nos da la oportunidad de preguntarnos si la única salida es alejarse del círculo, tanto del pensamiento que lo configura como de las acciones que conllevan lo uno y lo otro en el teatro: ni drama ni posdrama, ni ficción ni presentación, volver al principio y tratar de quitarnos la máscara. Tal vez no exista ya ninguna cara que deconstruir, quizá no tiene relevancia (la misma producción del arte a veces no la tiene), tal vez nos hemos vuelto una envoltura de papel celofán y no nos hemos dado cuenta.

 

 

 


Autores
(Ciudad de México, 1978) es dramaturga, escritora de narrativa y ensayo, directora teatral e investigadora. Sus textos se han llevado a escena y se han presentado en festivales de dramaturgia en Canadá, España, Argentina y México. Recibió el Premio Airel de Teatro Latinoamericano, Toronto, 2013 por su obra Palabras Escurridas y el Premio Internacional de Ensayo Teatral 2013 por Territorios textuales. Sus relatos se editan tanto en México como en España. Actualmente prepara dos nuevos montajes con su compañía Mazuca Teatro e imparte el seminario El teatro como territorio de la palabra en 17, en el Instituto de Estudios Críticos.

Número con número, nuestra mayor intención es dar voz al universo que nos permite conocer no sólo el trabajo de los colaboradores, sino el de todas las constelaciones que los rodean. Para esta edición imaginamos un dossier que pusiera en circulación la idea de activar el trabajo de los fotógrafos sub-35, y fiel a la visión de Tierra Adentro, que diera como resultado un escaparate de catorce artistas, nacidos después de la década de los ochenta. Sus imágenes muestran distintos registros y realidades inmediatas de nuestro presente. Empezamos con un ensayo introductorio del fotógrafo Gerardo Montiel Klint, quien nos habla de la importancia de mantener el contacto con las nuevas promociones de artistas, y terminamos con una selección del trabajo de: Robin Canul, Guillermo Serrano, Mauricio Palos, Dolores Medel, Rodrigo Maawad, Patrick López Jaimes, Ruth Prieto, Carlos León, Luis Arenas Aguirre, Octavio López Jiménez, Alexander Lucatero, Koral Carballo, Karina Juárez y Diego Moreno.

Acompaña a este número un intercambio de correos entre Gustavo Sainz y la poeta Alejandra Peart Cuevas, una crónica sobre la construcción de la ciudad de Monterrey a partir de la sed de cerveza, una entrevista con Agustín Fernández Mallo y la entrega otoñal de La Ceibita, nuestra plaquette de poesía.

tierraadentro208

Dossier

Revelar el presente

Una fotografía que quema

Por Gerardo Montiel Klint

Portafolios

Robin Canul Guillermo Serrano

Mauricio Palos

Dolores Medel

Rodrigo Maawad

Patrick López Jaimes

Ruth Prieto Arenas

Carlos León

Luis Arturo Aguirre

Octavio López Jiménez

 Alexander Lucatero

Koral Carballo

Karina Juárez

Diego Moreno

En primera persona

Agustín Fernández Mallo

Por Stephanie Alcantar

Cuento

Combatir al Pecado

Por Fernando Jiménez

CRÓNICA

Carta Blanca City. La cerveza como símbolo de identidad

Por Ximena Peredo

conversación abierta

Archivo Sainz

Por Gustavo Sainz y Alejandra Peart Cuevas

Crítica: libros

El borde afilado de la última poesía cubana

Por Lauri García Dueñas

La soledad del mal: entre la novela policiaca y el existencialismo

Por Diego Salas

CRÍTICA: ARTE

De gravedades, colisiones y meteoritos

Por Balam Bartolomé

CRÍTICA: MEDIOS

Miniaturas sobre la grandeza formal de Tin Tan

Por Praxedis Razo

FORMAS BREVES

Nice Dream

Por Aniela Rodríguez


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

CINETEKTON! Film Fest. Festival Internacional de Cine y Arquitectura es el único festival en México dedicado a la exhibición cinematográfica y formación especializada en Arquitectura, Diseño de Producción y Dirección de arte y el segundo en Latinoamérica.  Su interés es generar nuevas perspectivas de reflexión sobre la ciudad y sus manifestaciones arquitectónicas mostrando la importante e imprescindible relación entre la persona y su entorno construido, por ejemplo con el largometraje Las aspas del molino.

La ciudad de Buenos Aires alberga un edificio icónico que se caracteriza por un molino en el frente y que años atrás albergó una confitería. Hoy la construcción se encuentra sumamente deteriorada y muchos temen que con el paso del tiempo, este edificio desaparezca llevándose una parte de la identidad bonaerense. Ante la alza en los precios que hacen muy difícil acceder a una renta, el lugar alberga a personas (en su mayoría migrantes) que día con día afrontan un peligro inminente debido al estado del inmueble.

Las aspas del molino busca adentrarse en las problemáticas que rodean a la antigua Confitería del Molino, y en cómo es que un símbolo de Buenos Aires se cae a pedazos sin que las autoridades muestren interés por reanimar este espacio en donde, además, la comunidad quiere dar cabida a actividades culturales en pro de la recuperación histórica local.

Consulta funciones y horarios aquí. 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Con motivo de su X Aniversario, El Colegio de Chihuahua se engalana homenajeando a Dolores Castro, la poeta mexicana más importante en la actualidad, y la reconoce con el título honorífico de Doctora Honoris Causa, dentro del Décimo Encuentro Internacional de Poetas en Ciudad Juárez, que en esta ocasión celebra su décima versión.

¿Quién es Dolores Castro? La poeta, narradora, ensayista y crítica literaria es una de las primeras mujeres que hicieron dos carreras universitarias juntas: Literatura y Derecho. Entre sus reconocimientos se encuentran el Premio Nacional Sor Juana Inés de la Cruz, Premio Nacional de Poesía de Mazatlán 1980, Premio III Nezahualcóyotl (junto con José Emilio Pacheco), 2004. En 2008, el Instituto Nacional de Bellas Artes le rindió un homenaje a su trayectoria literaria, sus aportaciones a las letras mexicanas y por sus 85 años de vida; también el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde 2013, y Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura 2014.

Después de ocho años de ausencia, el Encuentro Internacional de Poetas en Ciudad Juárez reaparece para dar realce a un evento de importancia nacional e internacional: la entrega del Doctorado Honoris Causa a la poeta mexicana Dolores Castro. Enmarcando este honorífico evento se encuentra la participación de más de 50 poetas. Escritores internacionales, nacionales y regionales que conforman el también aniversario de este Encuentro que en su momento fue una tradición dentro del mundo de la literatura en esta ciudad. En esta ocasión como participantes internacionales en el Décimo Encuentro encontramos a Susana Rozas (Argentina), Cristiane Sobral (Brasil), Luisa Elberg (Chile), Alejandra Lerma (Colombia), Martha Elena Hoyos (Colombia), Luis Omar (Ecuador), Mireia Ortega Enríquez (Ecuador), Diana Espinal Meza (Honduras, radicada en Ciudad Juárez), Carmen Julia Holguín (chihuahuense radicada en Albuquerque), Héctor Contreras (chihuahuense radicada en Albuquerque), Juan Armando Rojas (juarense radicado en Ohio) y Selfa Chew (juarense radicada en El Paso Tx).

Por parte de la esfera nacional se cuenta con Alejandro Reyes, Estela Guerra, Federico Corral, Javier Peñalosa, Juan María Naranjo, Karla Pedro, Yamilé Paz Paredes, Zyanya Mariana Ascencio, Eudoro Fonseca, Marcela Magdaleno, Luz Elena Becerril, Magdalena Guerrero Martínez, Leticia Herrera, Rafael Cárdenas, Lety Ricardez, Celeste Alba Iris, Olimpia Badillo y Liz Durand. Armando Arenas, Armando Vélez, Arminé Arjona, Carmen Amato, Francisco Romo, Hilda Sotelo, Juan Pablo Santana, Lisa Di Giorgina, Luis Felipe Fernández, Margarita Salazar, Micaela Solís, América Zapata, Dinorah Gutiérrez, Dolores Guaderrama, Edna Ojeda, Jesús Chávez Marín, Lilly Blake, Margarita Muñoz, Margarita Woocay, Olga Varela, Ramón Antonio Armendáriz, Reneé Acosta y Susana Flores, son participantes de la región.

El 22 de octubre en punto de las 5:00 P. M., se inaugurará oficialmente el Décimo Encuentro Internacional de Poetas en Ciudad Juárez, el cual realizará todas sus actividades del 22 al 24 de octubre, con una programación que incluye a varias instituciones y espacios públicos. La entrega del Doctorado Honoris Causa a la poeta se realizará el 22 de octubre en punto de las 7:00 P. M. donde los presentes e invitados virtuales podrán participar del homenaje junto con “Lolita”, como cariñosamente se le dice a la gran poeta.

Entrada libre.

Mayor información: http://www.colech.edu.mx/ https://www.facebook.com/poetas2015elcolech


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Ilustración de Jorge Calderón

México sufre de una enfermedad silenciosa que aqueja a gran parte de la población. La dificultad para costear alimentos saludables y las bondades del gobierno con la industria de la comida chatarra han hecho que nos acostumbremos al sobrepeso y la obesidad sin saber sobre los riesgos que corre nuestra salud. En este ensayo, Tania Ruvalcaba Valdés nos comparte los resultados de sus años de experiencia como trabajadora en una primaria, a la vez que expone las razones y motivos que empresarios y supervisores escolares tienen sobre la alimentación escolar de las nuevas promociones de mexicanos.

Las imágenes para el fin del siglo, según los ecologistas en la televisión regional durante mi infancia, apuntaban a un escenario a treinta años donde todo era desolación y más desierto. El fin parecía comenzar con una larga sequía donde la gente casi agonizaba de sed, por lo que debía salir de las casas con maletas atiborradas de ropa y colchones enlazados en los techos de los carros. La vida en la ciudad terminaba con la última gota de agua que negaba toda posibilidad de sobrevivencia.

Después de estas imágenes delirantes vino la violencia social, la disgregación de lo que antes llamábamos comunidad. Siguió la influenza aviar, la cual vino a transformar mi distopía. Ahora, virus letales penetraban las paredes de las casas, avanzaban por todo el territorio nacional atacando únicamente a nuestro desgraciado país hasta las fronteras norte y sur. Era necesario prepararnos para los últimos días de nuestra normalidad y el principio del caos: usar cubrebocas, permanecer en casa evitando el contacto humano y rezando para que los mexicanos no fuéramos a desaparecer en masa de este planeta. Mientras, otras muertes avanzaban silenciosamente en la vida nacional, lejos de los reflectores: las narco mantas y todo experimento de biopoder. Así, por más de una década, las nuevas causas de muerte se han llevado a millones de mexicanos, incluyendo a varios miembros de mi familia. Hipertensión y diabetes.

 

Maestra: No llevar una alimentación adecuada, una consecuencia, ¿cuál sería?
Karina: Las consecuencias pueden ser un infarto y … ah… y ah… los de diabetes.
Jaime: Ah, ya sé. Se les para el… este… el intestino grueso.
Maestra: No, el delgado.
Francisco: Que se te para el abdomen, o sea que se les para y ¡ay!, no funciona. A mi abuelita le pasó y la llevaron al hospital.

 

Estas enfermedades se han asociado a otra epidemia que no suscita el cierre de negocios o escuelas, ni ningún otro tipo de pánico mediático: el sobrepeso y la obesidad que afectan a uno de cada tres estudiantes del nivel básico. Ambos padecimientos han crecido sostenidamente desde los años ochenta y derivan de un universo placentero fomentado por la industria alimentaria y la típica dieta mexicana: excesivo hincapié en el azúcar, sal, harina refinada y grasas. Lo último lo podemos observar tanto en nuestras alacenas y refrigeradores como en lo que llevamos de refrigerio a nuestros trabajos o escuelas. Sin embargo, muchas otras personas decidieron hace años suplantar el recetario mexicano por comida hecha en una fábrica y más cercana a lo que algunos especialistas llaman la «dieta occidental». Para cocinarla, sociedades de científicos incansablemente desarrollan productos que puedan sorprender y cautivar nuestros paladares mediante la creación de aromas y sensaciones que afecten a todos los sentidos. El éxito de esta labor nos lleva a dejar como mera curiosidad algo que había sido un hábito con profundas raíces culturales. Así, rápidamente han ido cambiando nuestras percepciones de lo que es sabroso, necesario, deseable y saludable en materia alimenticia.

 

Maestra: ¿Con qué hacemos la sopa?
Alumnos: ¡Tomate!, ¡Consomate!, ¡consomé!, ¡jitomate!, ¡tortilla! Maestra: Ya hicimos la sopa. ¿Sólo eso vamos a comer? Alumnos. ¡Tortilla!, ¡refresco!
Maestra: ¿Vamos a cenar o no vamos a cenar?
Alumnos: ¡Leche!, ¡cereal!
Maestra: ¿Qué cereal? Hay de muchos tipos.
Osvaldo: De lo que sea pero que sea All Bran. (Risas).

 

Los miles de aditivos integrados a los nuevos alimentos han transformado no sólo la composición química de nuestros cuerpos, sino también del medio ambiente y la noción que tenemos de él. Por ello, la Secretaría de Educación Pública comenzó a intervenir en este tema. De esta manera, en 2006 hizo especial hincapié en varios aspectos involucrados con la nutrición y en secundaria buscó sentar las bases para que las nuevas generaciones fueran más conocedoras de todas las dimensiones que conlleva.

 

Judith: Maestra, ¿la leche es de origen animal?
Maestra: Sí.
Judith: La azúcar, ¿a qué pertenece?
Maestra: El azúcar la sacan de la caña de azúcar, es fruta.

 

Se trató, entonces, de formar un criterio más analítico de lo que es la alimentación, apelando a lograr una generación de consumidores más consciente y saludable. Sin embargo, toda esta reflexión se estaría dando en las escuelas, uno de los puntos de venta más exitosos de la industria alimentaria. La razón es simple: en cada una de ellas hay centenares o miles de compradores hambrientos y cautivos, que juntos suman 25’939,193 estudiantes y 1’201,517 docentes (INEE) dispuestos a gastar de uno a setenta pesos diarios en golosinas, frituras, refrescos, jugos, antojitos, panes, pasteles, helados, elotes y cualquier otra cosa que la imaginación de un vendedor pueda concebir. Haciendo un paréntesis, las cifras mencionadas no incluyen al personal administrativo de las 228,205 escuelas preescolares, primarias y secundarias del territorio nacional.

 

Maestra: Antes de venir, ¿comes en tu casa? Alumnos: ¡Sí!
Brianda: Me traen en el recreo.
Maestra: ¿Compras aquí?
Alumnos: ¡Nomás papitas! ¡Y Coca!
Maestra: ¿Y por qué no lo hacen?, traer fruta. Karina: Porque me da vergüenza.
Miriam: Es que vas a estar comiendo así. Dulce: Porque te critican cómo comes. Laura: No me gusta que me vean.

 

El tamaño potencial que representan los compradores de comida chatarra es millonario y nos dice por qué el blanco de la epidemia de la obesidad son los niños y las niñas de México. Ellos enfrentan las condiciones de salud que tenían nuestros abuelos y ahora nuestros padres: enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus, diferentes tipos de cáncer. Para ellos queda la culpa, el estigma de verse diferentes, de no caber en los pupitres y de no ser los favoritos en educación física; también la baja calidad de vida, la negación de una infancia y de una juventud plena. A cambio, las escuelas les ofrecen nuevos productos, alimentos convenientes, «más saludables», los cuales han cambiado de etiqueta o a un envase más pequeño y además, han sido adicionados con suplementos que los hacen parecer más benignos.

 

Supervisora escolar: Ya la misma refresquera está haciendo, aparte del agua natural que les vende, agua con sabor a frutas. Están sustituyendo una cosa por otra. Nada más es cuestión de que el alumno se acostumbre a consumirla, porque están acostumbrados a consumir lo negro. Sí, aunque esté negro, negro.

 

Durante décadas, algunas voces denunciaron en la prensa el visto bueno de las autoridades oficiales a la participación de la industria alimentaria en las instituciones educativas. Sin embargo, fue en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa cuando Pepsico, Bimbo y Coca Cola tuvieron el reconocimiento para ingresar a las escuelas mediante el programa Vive Saludable, en el que las trasnacionales se ocuparían de enseñar lo que es la nutrición en los planteles. Para 2010 los panistas, arrepentidos, anunciaron una nueva política de Estado que pretendía paliar la iniciativa anterior. Esto significó sentar nuevas reglas para exigir la reducción de raciones y de contenidos de grasa, azúcares y sales en los productos industriales, pero ¿por qué seguir permitiendo la participación de las multinacionales?, ¿qué no eran las culpables de la epidemia?

 

Supervisora escolar: Le dan una comisión en efectivo… Pero ahora con esto de que quitaron el refresco pus esa comisión disminuyó al 50%. O sea que le dan en la torre a la escuela otra vez en cuanto a beneficios económicos.

 

Antes de los lineamientos de 2000 era común que los grandes consorcios alimentarios negociaran con las escuelas una «concesión» o bien, un derecho de exclusividad para que no entrara la competencia en el lugar. A cambio, las escuelas recibían botes de basura, pintura, equipo deportivo y dinero en efectivo que financiaba la operación de la institución. En este sentido, la industria alimentaria se convirtió en un gran subsidiario de los centros educativos y, en ocasiones, el único.

Con Vicente Fox Quesada, se estableció en su momento que las escuelas públicas debían de competir entre ellas para que las ganadoras pudieran captar recursos económicos vía el programa Escuelas de Calidad. Un sexenio y medio después podemos tomar un paseo y confirmar que sin el patrocinio de las trasnacionales se aceleró el declive de los centros educativos en cuanto a su infraestructura, mobiliario y servicio. Ahora, si alguna escuela desea comprar una escoba, trapeador o fotocopiar algún documento tendrá que conseguir sus propios recursos para financiarlo. Aquí comienza la nostalgia por la era de oro entre las escuelas y las industrias de la comida chatarra.

 

Maestra: Ahora vamos a ver bulimia y anorexia, porque son enfermedades que derivan de la obesidad. A ver, la mayoría coincidió en que eran problemas ¿psicológicos o sociales?
Alumnos: ¡Psicológicos!, ¡sociales!
Óscar: Sociales porque pueden ir al Seguro Social.
Maestra: Son psicológicos.

 

Mientras tanto, los científicos de la salud debaten sobre cuáles son las causas profundas de la obesidad y del sobrepeso, en qué dimensiones abordarlas, a quién delegar el trabajo para girar el destino de millones de mexicanos. Décadas atrás, discutimos sobre la gula, la falta de amor propio, la percepción distorsionada de la realidad, pero frente a una epidemia se debe ir a fondo y en grande. Ante la falta de resultados, la Organización Mundial de la Salud debió poner la discusión en la mesa y presionar para ver cambios trascendentales en la acción gubernamental. De ahí derivan decisiones sobre la venta de comida en las escuelas e impuestos elevados en lo que se considera chatarra, pero aún queda más por hacer que pueda impactar a las familias y sus hábitos, a las formas sedentarias de vivir en este mundo.

 

Supervisora escolar: La mamá, saliendo de la escuela, le compra al alumno productos chatarra. Entonces tenemos una lucha constante. Tenemos niños de colonias de nivel medio y medio bajo donde madres y padres trabajan pero no se ocupan de la alimentación del niño.

 

En este sentido, es necesario recalcar la relación escuela-comunidad donde ambas se permean, en este caso en los patrones de conducta alimentaria. Además del factor cultural, las familias impactan en las escuelas mediante su situación económica, es decir, su posibilidad de acceder a refrigerios perecederos o más sofisticados, a distintas cantidades y calidades en la comida. Entonces, tendríamos que voltear a ver la pobreza alimentaria, la cual también tiene efectos en la salud de los menores y que se manifiesta en la baja talla infantil que todavía afecta aproximadamente al 10% de los infantes y jóvenes en edad escolar (ENSANUT, 2006).[1]

 

Supervisora escolar: A lo mejor un alumno de la secundaria 33 sí te puede consumir un yogur o una gelatina o un jugo natural, porque así lo tienen acostumbrado en su casa, pero un alumno de la 22, un alumno de la 44 que apenas tiene para los frijolitos, ¿a poco crees que van a preferir un jugo?

 

Esto complica aún más el tratamiento que se le pueda dar a la epidemia del sobrepeso y la obesidad. Así, sumando a la cifra anterior el 30% aproximado de los menores con sobrepeso y obesidad, tenemos que el 40% de los estudiantes del país no tiene las condiciones físicas necesarias para una vida plena. En esta situación, dentro de poco tomarán las riendas de un país enfermo. Hace cuarenta años nadie imaginó que estaríamos ante este escenario. Además, gozábamos de seguridad alimentaria pues los campesinos producían todo aquello que consumíamos, ¿a quién podía preocuparle nuestro futuro? Ahora, en cambio, enfrentamos grandes retos; las siguientes cuatro décadas son turbias y la prosperidad pareciera negada.

 

 

[1] En el caso del grupo de edad de 12 a 17 años sólo se tiene información de las mujeres para 2006.


Autores
(Torreón, 1977) es socióloga y candidata a maestra en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional. Inició su vida laboral en la enseñanza pública y desde 2007 ha documentado la alimentación escolar. Ha presentado sus investigaciones en congresos a nivel nacional e internacional y ha colaborado con el diario Milenio.

Los gatos se restriegan en escombros para enseñarte cómo se hace. Nosotros lo hacemos para olvidar cuánto tiempo nos toma destruir la pista de baile abarrotada, que nos atrae a vivir la aventura de nuestras vidas. Nuestras vidas nos sueñan para que podamos existir. Nos quebramos para existir en el calor del verano. ¿Qué te hace sentir joven y fuerte? Lo que a todos nos hace sentir jóvenes y fuertes. Lo que hace a cualquiera amar la sensación de ser joven y fuerte tan dentro de la poderosa canción el poder de hacernos sentir jóvenes y fuertes. Medusa bebé de la agonía del tiempo donde la agonía es el tiempo es la agonía en el tiempo hay agonía en el tiempo porque el tiempo es la raíz de nuestra agonía. El problema de la agonía es el problema del tiempo, y el problema del tiempo se desata por el sueño donde hay tiempo de ser amada por la profesora que ha desperdiciado su tiempo intentando saber algo que no vale la pena saber. El problema del tiempo es el problema de que tú y yo ya no queramos coger. Me arranqué tres mechones de canas de la cabeza. Golpearte la cabeza contra la pared para deshacerte del tiempo es el problema del tiempo donde nosotros somos el problema de un día desperdiciado el problema de haber desperdiciado años con amantes que te desdibujan con tinta y vestidos desgarrados es el problema de sobrevivir el tiempo y cómo sobrevivir el tiempo resulta tan cansado. Soy sobreviviente del tiempo y no estoy viva. Lo que te hace joven es tu experiencia del tiempo. Así como “eres” todo el tiempo, estás hecha de él, o el tiempo es la cosa que tiraniza tu vida. Sueño sobrevivir el tiempo. Sueño ser amada y corro en círculos porque tengo miedo. Sueño leer un libro sin tener que leer el libro sino que cortando el libro leo el libro. El problema del papel es el problema de la planta que tenías en el jardín. Una flor para un funeral. Recogí los problemas y los puse en hoyos en los hoyos para problema de la calle en la que esperas el regreso de tu hermana. El problema de la hermana muerta es el problema de cuánto tiempo creerás que la casa no lo sabía y tú tampoco.

El problema de no tener zapatos se resuelve con el sueño de que te ofrezcan zapatos. No tener zapatos hace de mis pies un problema. El problema del hambre se resuelve cuando te comes el sueño, en el que hay un tipo triste y suicida caminando y sintiéndose todo intenso. El problema del suicidio es el problema de tener un ego que herir. Interesarte en la poesía. Recibir el odio de Charles Bernstein por interesarte en la poesía incorrecta, o sea no interesarte en su poesía. El problema con Charles Bernstein: no es astronauta. El problema del error es el problema de que a la gente no le valgan mierda los errores.

El problema con tener un problema es que tú te conviertes en tu problema. El problema de convertirte en tu problema es que produce un problema adicional: cómo atar tu ser al problema. El problema de ser un problema es que no puedes “ser” cuando no eres más que un problema. Por ejemplo el mosquito. El mosquito es un problema y poco más que un problema, por lo menos para nosotros. El mosquito no tiene identidad además de ser un problema. Sólo podemos conceptualizar al mosquito “siendo” un problema y no teniendo un problema. El mosquito no es un sujeto político. El problema que enfrenta el mosquito es el problema de ser pura molestia y nada de ser.

El problema del profesor es el problema de toda la gente que representa para ti, el ser que tú no eres, quieres intercambiar seres con el conocedor. El problema de ocupar espacio es el poder que organiza el espacio. El problema de las limitaciones institucionales es la creación de tabúes que generan emociones incómodas y desagradables en el salón de clases. Porque es el papi de las cinco chicas sentadas al fondo. El problema de la transferencia es el problema de ocupar espacio estratificado y sentirte obligada a interpretar su poder como erótico. Actúan como si fuera mi problema. Pero es el problema de ser convertida en un problema, como las carnes frías procesadas. Las chicas llevan el problema que le pertenece a sus papis y el problema del papi se convierte en el problema del profesor cuando las chicas con problemas con papi ven al profesor como una vía para salir del problema y luego se convierten en el problema del profesor cuando las chicas buscan rigurosamente la amabilidad y compasión de quien no puede entender el problema. “Porque es bueno conmigo”. El problema de la transferencia es la holgura de un ser que no sabe por qué se aferra a lo que se aferra, un rostro que se parece al tuyo o la fantasía de que todavía no estamos muertos y nuestra muerte no es un problema.

El problema de estar muerto es el problema de perder la capacidad de soñar. Cuando eso se acaba, se acaba la salida.

*Traducción por Hipatia Argüero


Autores
es autora de Against Innocence, un análisis sobre la teoría penal y racial. Actualmente radica en Harvard.
Secretaría de Cultura