Tierra Adentro

Poesía

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  UNA VEZ me contaste que había un pelícano debajo de una palmera moribundo.
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  Regulidxi xti’ ca ni ranaxhii xhaata’   Bidxiga’ i’cu’ ndaani’ ti guisu da’ guendarusiaanda’, bidii bixidu’ ruaa mani’ qui racabia’ galaa guidxilayú, guládxi bi’cu’ yaase’ cayuuna’ ruaa li’dxu’, güe’ gadxe gubidxa jnisa naxhi ca nguiiu nadxibalú, guzi’ ti mistu’ qui gapa laya ne bisiidi’ laa guini’ lá nguiiu ni zé’.
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  Estas calles no son Brooklyn.
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  Le habéis visto: sigue ahí el simio llevándose las manos a la boca, ahí sigue, con el pelo revuelto, los ojos vacíos y la camisa colgando malamente sobre el cuerpo.
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  1 Bebimos de ese frasco que trajiste con agua del Mar Muerto.
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  Grita con voz de lanzallamas, de actriz, de estufa eléctrica, de halitosis en pleno retoño, de Tres estudios sobre Hegel, y de Epistolario español.
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  Para Leo   Todo era pedregoso en mi Volkswagen sedan del 96, todo era cálculo fino, negociación y mutuo entendimiento: mi vocho, un glóbulo en las venas obstruidas de la ciudad, insecto colindante con la máquina, incómodo como ataúd, carroza sin lo fúnebre; en esa cápsula de ruido blanco parecían mitigarse las dolencias confundidas en su estertor y a veces lo trabajoso del mecanismo me hacía pensar en algo rupestre, en la dicha de inventar herramientas al cobijo de una cueva.
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  La cola de un zorrillo se va escondiendo en el puño     airáticamente     una flor de cabello negro.

Lo último

  Nada es perfecto, nada es permanente, nada está completo: es la premisa bajo la que se guía el wabi-sabi, corriente estética japonesa que celebra la magia de lo imperfecto.
Secretaría de Cultura