Tierra Adentro

Ilustración de Coral Medrano (Ciudad de México, 1985)

 

Vivimos en un mundo en el que los antibióticos están por doquier y a veces parecen la única opción al momento de curar infecciones. A propósito de esto, Alejandra Ortiz nos invita a reflexionar sobre el uso indiscriminado de los antibióticos y sus posibles consecuencias distópicas en el futuro.

 

Mr. X. has a sore throat. He buys some penicillin and
gives himself, not enough to kill the streptococci but
enough to educate them to resist penicillin. He then
infects his wife. Mrs. X gets pneumonia and is treated
with penicillin. As the streptococci are now resistant to
penicillin the treatment fails. Mrs. X dies. Who is pri-
marily responsible for Mrs. X’s death?

ALEXANDER FLEMING, descubridor de la penicilina

 

Que levante la mano aquel que nunca haya ido a una farmacia de similares por una receta de antibióticos. Que tire la primera piedra quien no le haya pedido específicamente este tipo de fármacos a un médico para aliviar un resfriado. Que diga «yo» aquella persona que pueda presumir con certeza que no es responsable de la muerte de Mrs. X.

Los antibióticos son, sin duda, uno de los descubrimientos más importantes del siglo XX y probablemente de toda la historia de la medicina. En el mundo preantibióticos cualquier infección cargaba el riesgo de muerte: una caries mal atendida, un accidente en la bicicleta, ni hablar de cirugías. Poco antes del uso de antibióticos perdían un miembro una de cada 10 personas que contraían una infección en la piel provocada por una cortada o raspada; las principales causas de muerte alrededor del mundo eran enfermedades infecciosas como cólera y neumonía; la esperanza de vida al nacer en países industrializados no pasaba de los 50 años. Entonces, en 1928, llegó la penicilina.

A partir de entonces los antibióticos son un elemento clave para lo que consideramos un estilo de vida moderno, es decir, la vida de cualquiera que esté leyendo esto. No nada más son útiles durante infecciones, sino también para prevenirlas en pacientes en quimioterapia o con enfermedades crónicas como diabetes o artritis; sin antibióticos las cirugías, desde una remoción de apéndice hasta un trasplante de órganos o de ligamentos, serían imposibles. Los procedimientos dentales y heridas cotidianas supondrían grandes riesgos. Vivimos en un mundo de bacterias y estaríamos a merced de ellas, constantemente, de no ser por los antibióticos. Lo sabemos bien, pues durante prácticamente toda la historia de la humanidad, excepto los últimos 100 años, había sido así. Las principales causas de muerte en países como México ya no son infecciones, sino enfermedades cardiovasculares, cáncer, y diabetes. Gracias a los antibióticos, junto con las mejoras en salubridad y vivienda, la esperanza de vida al nacer ha aumentado por lo menos 30 años. Los antibióticos nos parecen tan habituales, que seguramente varios guardamos algunos de ellos en el botiquín de nuestro hogar, por si se ofrecen.

Ilustración de Coral Medrano (Ciudad de México, 1985)

Ilustración de Coral Medrano (Ciudad de México, 1985)


 
 

Antes de que en 2010 en México se regulara la venta de antibióticos con receta médica, eran el segundo medicamento más consumido en el país. Se calcula que más del 70 por ciento de los antibióticos se utilizaban inapropiadamente, cifra que no dista mucho del cálculo actual, en la que ya sea por mal diagnóstico, malas indicaciones, o mal uso, la terapia con antibióticos es incorrecta entre el 30 y 50 por ciento de los casos en que se receta. El patrón es mundial: hay un uso exagerado e inútil de antibióticos para casos que no se necesitan.

Este uso indiscriminado e incorrecto de antibióticos es lo que paradójicamente nos está ofreciendo un futuro en el que ya no podamos confiar más en ellos. El mundo postantibióticos se parece mucho al pasado en el que no los teníamos.

 

EL MUNDO POSTANTIBIÓTICOS

Dudé mucho en relatar una historia real de infección resistente a antibióticos. Todas suenan alarmistas y siguen más o menos la misma trama: una persona joven y sana entra a una cirugía rutinaria, se infecta ahí con alguna cepa bacteriana resistente a
antibióticos y su vida se convierte en una pesadilla al tratar de acabar con la infección, que va colonizando varias partes del cuerpo. Siguen operaciones para remover los tejidos infectados (por ejemplo huesos o piel), tratamientos sin fin de antibióticos con efectos secundarios. Los finales felices tienen siempre puntos suspensivos, pues existe el riesgo de que la infección regrese. Las historias con otros finales terminan en muerte.

Las variaciones de estas narraciones van desde accidentes aparatosos en los cuales se contraen diversas bacterias resistentes, hasta infecciones de oído contraídas en el kínder. Al googlear «apocalipsis bacteriano» me encontré con varios artículos titulados de esa manera. Muchos se escribieron a raíz de las declaraciones de la directora médica del Reino Unido sobre este asunto: «el mundo se enfrenta a un apocalipsis de los antibióticos ». En ese lugar se considera la resistencia a antibióticos como una emergencia civil tan grave como una pandemia de influenza o una gran inundación, y se encuentra, junto con el terrorismo, en una lista de los mayores riesgos para la nación.

Es complicado no parecer alarmista.

Los números tampoco ayudan mucho. Según un informe oficial, también del Reino Unido, en 2050 la resistencia a antibióticos podría causar 10 millones de muertes al año, si es que desde ahora no se empieza a poner más atención al problema. Esa cifra es mayor que las muertes actuales por cáncer y diabetes juntas.
Pero aún no estamos ahí.

Hoy en día se calcula conservadoramente que al año mueren 700 mil personas directamente por este tipo de infecciones. En Estados Unidos, la cifra por esta causa es mayor que las de personas que mueren por VIH y sida, enfisema, y homicidio combinadas. Si bien todavía no estamos en el escenario de los 10 millones, vamos en camino. Y este camino está lleno de antibióticos.

 

¿QUÉ ES LA RESISTENCIA A ANTIBIÓTICOS?

La penicilina comenzó a recetarse para tratar infecciones en 1937, siendo de gran ayuda para los soldados durante la Segunda Guerra Mundial. Cuatro años después, ya se había detectado resistencia bacteriana a este antibiótico. En 1950 aparecen las tetraciclinas, una nueva clase de antibióticos, cuyo destino fue el mismo que el de las penicilinas, pues para 1959 la resistencia había aparecido. La historia continúa hasta 1987, cuando se desarrolló la última clase de antibióticos, para la cual se detectó resistencia en 2005.

Si esto parece una carrera es porque lo es. Y gracias a las condiciones de la pista, las bacterias están destinadas a ganar invariablemente.

La resistencia a antibióticos es una condición que adquieren las bacterias por un proceso evolutivo totalmente natural y, sobre todo, constante. En cualquier especie hay individuos que tienen características que les permiten reproducirse y sobrevivir más que otros; dado que estos individuos tuvieron más hijos que los demás, si esas características son heredables entonces en la siguiente generación habrá más individuos con esos rasgos en la población. Eso es básicamente la evolución por selección natural. La resistencia a antibióticos es un gran ejemplo de lo poderoso y simple que puede ser este proceso.

Pensemos en una persona que consume antibióticos. Si el antibiótico es efectivo, como esperamos que lo sea, muchas bacterias morirán. Pero no todas. De forma natural, y por mutaciones que ocurren azarosamente, habrá algunas bacterias que resisten a esta muerte. Y, gracias al tratamiento con antibióticos que mató a muchas otras, tienen ahora la cancha libre.

Las bacterias tienen además otro as bajo la manga. Pueden «contagiarse» o compartir la capacidad de resistencia no solamente a su progenie, sino de forma horizontal hacia otras bacterias contemporáneas, incluso de diferentes especies. En pocas palabras, pueden compartirse genes, como los de la resistencia. Y donde haya más bacterias, es más probable que ocurra este intercambio. Por ejemplo, dentro de nuestros cuerpos.

Mediante estos mecanismos han evolucionado las bacterias resistentes a antibióticos, y en particular, las resistentes a todos los antibióticos. Por tanto, la emergencia de la amenaza no es un evento único; la resistencia ha evolucionado en repetidas ocasiones, en diversos lugares, y lo seguirá haciendo. El monstruo que
perseguimos (o nos persigue) no son las bacterias, es un proceso que tiene como múltiples escenarios a cada uno de nuestros cuerpos, y el de 20 mil millones de animales más.

 

ANTIBIÓTICOS EN LOS ANIMALES

Como en México, en muchos países la venta de antibióticos está controlada con receta médica, pero esto sólo para el consumo humano. En animales de granja los antibióticos permiten un mayor crecimiento con menos alimento, por lo que medicar a todos los animales, sanos o enfermos, es una práctica común que no requiere de recetas. Los antibióticos usados en esta industria superan por mucho a los antibióticos para uso humano; en Estados Unidos, el 80 por ciento de los antibióticos vendidos son para consumo animal.

Quienes están en esta industria argumentan que sería peor para la humanidad no medicar a los animales, y probablemente tengan razón. Entre todos los pollos, el ganado y los cerdos que existen superan por más del triple a la población humana actual, y sus condiciones de vida hacinadas e insalubres vuelven a sus confinamientos caldos de cultivo ideales para la emergencia y propagación de cepas bacterianas resistentes (y de algunos virus, como las influenzas).

Ilustración de Coral Medrano (Ciudad de México, 1985)

Ilustración de Coral Medrano (Ciudad de México, 1985)


 
 

El contagio de animales a humanos puede ocurrir de diversas formas. Una es ingiriendo carne contaminada, ya sea porque se coció mal o porque otros alimentos se contaminaron (por ejemplo, una lechuga en el fregadero donde antes estuvo un pollo descongelándose). Prácticamente todas las pechugas de pollo y la mitad de las chuletas de cerdo están contaminadas con bacterias intestinales, de las cuales la mitad son resistentes a por lo menos tres clases de antibióticos.

 

QUÉ SE PUEDE HACER

Nada de esto es algo nuevo. Hemos lidiado con la resistencia a antibióticos desde la aparición de éstos, hace casi 100 años. La solución ha sido desarrollar nuevas clases de antibióticos, algo que ya no sucede desde los ochenta. Durante varios años la creación de nuevos antibióticos proveyó de cierta tranquilidad, hasta que las empresas farmacéuticas dejaron de invertir en ello. Un fármaco que está inevitablemente destinado a la obsolescencia no es negocio.

El panorama podría parecer digno de una distopía en la que la gente teme a cualquier raspón y al contacto con otros humanos. Sin embargo hay ciertas medidas que podemos tomar para contener ese futuro, donde si bien las cepas resistentes que ya existen no desaparecerán, se puede prevenir la rápida emergencia de otras y sobre todo de infecciones.

Evitar el consumo de antibióticos es tal vez lo mejor que se puede hacer: entre menos antibióticos usemos, menos probabilidad de que evolucionen más bacterias resistentes. Consejos clásicos como lavarse las manos antes de comer y después de ir al baño, y desinfectar frutas y verduras, son en realidad muy relevantes, aunque habría que ajustarlos a lo que sabemos que está causando más infecciones. Hay que poner atención en lo que comemos y las condiciones en que esos productos fueron tratados desde su origen, especialmente si se trata de animales.

La prevención de contagios inicia con mantener sano al sistema inmune. No es casualidad que el mayor riesgo de infecciones resistentes a antibióticos ocurra en hospitales. En estos lugares se tiene por un lado un alto uso de antibióticos, y por el otro una población humana enferma, con sistemas inmunes comprometidos y débiles, en los que las bacterias pueden prosperar. Si la atención a nuestra salud es vista como un proceso continuo y no como eventos disruptivos de enfermedad, las probabilidades de infecciones se reducirán. Y si es absolutamente necesario ir al médico, entonces hay que ser críticos en estas visitas.

¿Cuándo fue la última vez que les dijeron exactamente qué bacteria estaba causando su enfermedad? ¿Qué análisis se llevaron a cabo para determinarlo? De parte de los gobiernos se tiene que educar al personal médico y a la población sobre los riesgos individuales y sociales de recetar antibióticos en casos que no son necesarios y, por lo tanto, de la importancia de reducir la incertidumbre en los diagnósticos.

En los problemas complejos como el de la resistencia a antibióticos las causas son tan diversas que señalar responsables se vuelve elusivo e incluso inútil. Sería absurdo tratar de encontrar quién mató a Mrs. X. Pero no por esto se debe pasar por alto la agencia que tenemos cada uno de nosotros en el asunto, tanto en su emergencia como en su solución.


Autores
(Guadalajara, 1984) es bióloga y ha ganado el Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia en dos ocasiones. Se desempeña como Directora de Innovación Educativa en la Universidad del Medio Ambiente.

Ilustrador
Coral Medrano
(Ciudad de México, 1985). Es diseñadora editorial e ilustradora. Sus ilustraciones se han publicado para editoriales de México, Hong Kong y China. Es socia de la revista de literatura e ilustración La Peste.
Secretaría de Cultura