Tierra Adentro

Foto tomada del portal Sul21

Eric Nepomuceno (Brasil, 1948) es escritor, periodista y traductor. Sus crónicas y reportajes pueden encontrarse fácilmente en la red. Sus libros, editados por Almadía, están disponibles para los lectores mexicanos. Las tres estaciones es su libro más reciente, integrado por quince cuentos en los que predomina una atmósfera cargada de recuerdos y su inseparable compañera, la experiencia.

Por medio del correo electrónico, Eric Nepomuceno contestó a las siguientes preguntas sobre Las tres estaciones y su manera de escribir.

 

Antes de Las tres estaciones publicaste Bangladesh, tal vez y antes cinco libros de cuentos más. ¿Ha cambiado tu manera de escribir cuentos, así como tu idea literaria sobre este género?

Tanto Bangladesh, tal vez como Las tres estaciones no son exactamente libros autónomos. Son más bien coetáneos. No sé si mi manera de escribir cuentos cambie o no, o lo que busco desde mis primeros cuentos, y de eso han pasado unos cuarenta y cinco años. Lo que sí cambia, claro, es la misma escritura, los temas. La historia me viene con la forma.

Ahora mismo o, mejor dicho, desde hace ya varios años, trabajo en historias que se vienen mezclando. A lo mejor será un libro con cuentos largos, nouvelles. O a lo mejor me nace una novela… En todo caso, lo que busco es que la atmósfera involucre al lector, y busco siempre dejar el final un tanto abierto.

No tuve nunca una teoría del cuento, como lo hicieron amigos míos que me aclararon muchos aspectos de mi propia manera de escribir, sobre mi propia escritura. Viene una imagen, se va juntando a otras, todo en mi materia prima —la memoria— hasta que vaya al papel. Soy, lo digo siempre, un mecanógrafo muy veloz y un escritor muy lento. Hasta llegar al papel pueden pasarse varios años…

Quisiera agregar un comentario sobre Bangladesh, tal vez y Las tres estaciones. Han sido las ediciones más hermosas de cualquiera de mis libros, tanto en Brasil como en otros países. Raras veces veo un escritor mencionando la edición de sus libros. Ojalá no suene a vanidad, pero la verdad es que me sentí encariñado, abrazado, como un complemento a lo que busqué mientras escribía esas historias.

 

En algunos relatos de Las tres estaciones los narradores expresan cierta nostalgia en sus palabras. ¿El cuento que rememora el pasado necesita del aceite de la nostalgia para funcionar? 

Juro que no soy nada nostálgico. Soy memorioso. Ojo: no es que lo busque, es que así me llega… es una cierta ternura por personajes, situaciones.

 

En el caso del cuento que da nombre al libro, parece que el verano es la estación más socorrida para la música y la literatura. ¿Cuál es la metáfora que encierra el verano?

La verdad es que nunca lo pensé. A lo mejor porque creemos, quizá de manera equivocada, que el verano es siempre el inicio de algo. Cuento algo de lo que no me había percatado, o al menos no me acordaba: el cuento empieza en verano y termina en el otoño. La estación que no hubo fue el invierno. ¿Por qué? Ni idea. Quizá porque así determinaron los personajes la historia.

 

¿Los cuentos de Las tres estaciones fueron creados respecto a un plan o fueron surgiendo cada uno de manera independiente?

De forma independiente. En Las tres estaciones se organizan en una especie de cronología, no de acuerdo con el tiempo en que fueron escritos, sino con un cierto orden narrativo, una especie de hilo conductor para llevar el lector a diferentes etapas de los protagonistas. Esto sí ha sido intencional. Fue como armar una película editando, reordenando escenas de películas anteriores. Ojalá lo haya logrado y funcione para el lector. Traté de crear una atmósfera de continuidad.

 

Se ha hablado mucho durante los últimos años sobre periodismo narrativo y autoficción, que por su necesidad de apegarse a la realidad en busca de la verdad se acerca mucho a la labor del periodista. ¿Cuál es tu postura frente a este debate? ¿De qué lado te sientes más cómodo o prefieres que la literatura y el periodismo no se crucen?

Hoy día mi periodismo se limita a escribir para el diario argentino Página 12, en el que colaboro desde su nacimiento, y La Jornada, de México, donde escribo desde hace ya varios años. Pero es una actividad en la que me estrené hace más de medio siglo, cuando era muy joven. Tengo un solo oficio: escribir, que se divide en tres vertientes: la literatura de ficción, o sea, los cuentos; la literatura de no-ficción, o sea, periodismo; y las traducciones. Considero, sí, que el periodismo, o lo que debería ser el periodismo, es un género literario. Con reglas propias, limitaciones propias, pero un género literario, tanto para crónicas de la prensa como en los libros.

 

La última pregunta: ¿la realidad mata, vivamos la ficción? ¿O es al revés?

Ni uno ni otra. La ficción puede crear y revelar otras realidades. No creo en fantasía, creo en imaginación. La función del hacedor de ficciones es, a partir de un dato de eso que llamamos realidad, inventar mentiras creíbles. Tan creíbles que logre convencer al lector. O sea, mentir para contar verdades.

Eric Nepomuceno, Las tres estaciones, Almadía 2018.

Secretaría de Cultura