Tierra Adentro

Foto de archivo. Claudio Magris © Cortesía Paolo Magris.

En la primavera de 1864, Maximiliano de Habsburgo dejó el castillo de Miramar, cercano a Trieste, en el noreste de Italia, para venir a México y hacerse emperador. Tras el fusilamiento, la fragata Novara regresó a Trieste su cadáver casi cuatro años después. De ahí fue enviado en tren a Viena para que descansara en la Cripta de los Capuchinos. Carlota, que se le había adelantado en el retorno a Europa, abandonó Miramar en 1867 entre síntomas de locura y nunca volvió a ver la playa mediterránea desde el promontorio de Grignano, donde hasta hoy su castillo se yergue.

La aventura mexicana de Maximiliano ata nuestra historia con la de Trieste, la antigua Tergeste, hoy tierra italiana, próxima a Croacia y bañada por el mar Adriático, donde las culturas de la Europa central se encuentran y a donde pertenece Claudio Magris (1939). De esa ciudad y de sus vínculos con la Mitteleuropa parte la escritura del triestino; orbita en torno suyo; por su aliento, palpita.

Muy joven, Magris atrajo la atención al publicar un libro que surgió de su investigación doctoral dentro de sus estudios sobre germanística: El mito habsbúrgico en la literatura austriaca moderna (1963). Trieste fue parte del Imperio Austrohúngaro, aún después de la batalla de Solferino, cuando la monarquía austriaca perdió sus territorios lombardos y venecianos (Maximiliano de México fue también virrey de Lombardía y Venecia), hasta 1920, cuando se anexó a Italia mediante el Tratado de Rapallo. La cultura germánica, a cuyo estudio se ha abocado toda la vida, ha tenido en Magris un ducto para fluir hacia el universo italiano y, gracias a su amplia difusión en el horizonte hispánico, hacia nosotros. Esa labor de reflexión y escritura continuó más tarde con los ensayos Lejos de dónde. Joseph Roth y la tradición hebraico-oriental (1971) y L’altra ragione. Tre saggi su Hoffmann [La otra razón. Tres ensayos sobre Hoffmann] (1978). Además del ámbito alemán en sentido acotado, Magris es profundo conocedor de la cultura que se forjó en las márgenes del Danubio, una cultura que nace en el este de Alemania y que atraviesa, hacia Levante, Austria, Eslovaquia, Hungría, la ex Yugoslavia, Bulgaria y Rumania, hasta desbocar en el Mar Negro.

Para cuando Magris escribió su obra mayor, El Danubio, su escritura ensayística había fraguado ya Ítaca y más allá (1982) y El anillo de Clarisse (1984), algunos ensayos de Utopía y desencanto y el opúsculo Trieste. Una identidad de frontera (1982, escrito junto con Angelo Ara). Justo en 1982, durante un viaje de Viena a Bratislava con su mujer, la escritora Marisa Madieri, y algunos amigos, al lado del Danubio y casi en la línea que apartaba entonces con su cortina de hierro dos mundos, el escritor tuvo una revelación:

Estábamos muy felices, la luz de entonces impedía distinguir entre el correr del río y el movimiento de los pastos y el trigo. Las fronteras se encontraban disueltas. No sabíamos qué era exactamente el Danubio, pero teníamos la impresión de estar en armonía con él, con el correr del tiempo, con la vida, con la historia… Fue uno de esos momentos de felicidad, de amistad… Y de repente tuve solamente un flash: un museo y el Danubio. […] Me pregunté qué era el Danubio, ese río símbolo de la mezcla entre artificio y naturaleza, espontaneidad y organización. Algo por un lado muy sensual, muy presente; y por el otro, muy extraño, muy lejano. ¿Si nos paseáramos hasta el confín de la memoria?, me pregunté de nuevo. Así comenzaron cuatro años de escritura, de viajes, de reflexión sobre el Danubio.

La aparición, en 1986, de El Danubio dio al público las páginas en que el autor transita desde las fuentes del río hasta su término en el mar por medio de un discurso que conjuga, con su ensayística, la narración, la autobiografía, el relato de viaje, los golpes de la prosa poética. Con imprecisión, la industria editorial califica la obra como “novela”, a sabiendas de que en este libro, como en pocos (pensemos, por ejemplo, en Los anillos de Saturno de W. G. Sebald o en Mobile de Michel Butor), la clasificación genérica es ociosa. Durante muchos años Magris almacenó un caudal de datos y experiencias sobre la cultura danubiana que encontró cabida en el movimiento intelectual de catábasis descrito por El Danubio. La expedición desde el interior del continente, que traspone varios viajes reales a lo ficticio, se logra a través de un montaje de diversas piezas que siguen, a lo largo del río, uno tras otro los asentamientos que se fundaron en cercanía o contigüidad de la corriente, desde la Selva Negra hasta los canales de Sulina en las costas de Rumania.

El propio Magris participa de la mitología danubiana cuando descubre que el Danubio (o Istro, en griego: el río que remontaron los Argonautas), según una tradición antigua, se dividía en dos: uno de sus brazos desembocaba hacia oriente en el Mar Negro, mientras que otro corría hacia el sur y se vertía en las lagunas de Grado, ubicadas a medio camino entre Venecia y Trieste, frente a Miramar. En consonancia con esta vinculación al Danubio, Magris halla en la costa rumana una Istria, o Histria, que es homónima de la península que la costa mediterránea forma al sur de Trieste, ya en territorio, en aquel entonces, yugoslavo. Ahí, en la Istria mediterránea, se encuentra esa “playa que ha sido elegida por el realizador” para darle a entender “que se puede ser inmortal”, es decir, la playa donde el escritor ha tenido la mayor plenitud –o la mayor persuasión, según el concepto del filósofo Carlo Michaelstaedter, tan caro a Magris y ubicuo en su obra: “la posesión presente de la propia vida, la capacidad de vivir el instante, sin sacrificarlo al futuro”, como señala en El infinito viajar (2005). De Istria era su amor, Marisa Madieri; ella emigró de ahí con su familia en éxodo a Trieste, de niña, cuando la Yugoslavia de Tito ocupó regiones dálmatas como Istra o Fiume (según el posfacio que Magris dedicó a Verde agua, la obra que Madieri escribió sobre este drama histórico).

La triangulación de elementos históricos y simbólicos entre el Danubio, Trieste y su propia existencia, presentada bajo la especie de una anagnórisis ficticia, es un móvil que vuelve una y otra vez en su obra. En Microcosmos, obra publicada una década más tarde, y que se considera el contrapunto, en tono menor, de su viaje danubiano, el tema regresa cuando la voz se acerca a las lagunas de Grado (Magris visita en Microcosmos Trieste y sus cercanías, con una prosa más densa y más íntima que la de El Danubio). Siguiendo la misma línea, en A ciegas, novela que se publicó hace casi diez años, el mito de los Argonautas y el remonte del Danubio zurcen por aquí y por allá el discurso desaforado de Salvatore Cippico dentro de un sanatorio mental, en una narración pródiga en experiencias y desvaríos: fundar una ciudad, padecer el lager de Dachau y el Gulag, reinar en Islandia.

Con sabiduría, conocimiento e imaginación, Magris ha emprendido otros viajes mentales que toman cuerpo en alrededor de una treintena de títulos. También ha escrito algunas obras de teatro, como Stadelmann (1988) o Así que usted comprenderá (2006), y múltiples ensayos y artículos (algunos de los cuales, publicados originalmente en el Corriere della Sera, han sido recogidos en volúmenes como Alfabetos, de 2008), aparte de ofrecer una gran cantidad de entrevistas. En paralelo, ha ejercido la traducción, la docencia y la política. A esta actividad pública se ligan indudablemente varias de sus posturas expresadas a lo largo de su pensamiento, un pensamiento que inquiere y aventura respuestas para el horizonte histórico que le ha tocado vivir. El ensayo que otorga título a la compilación Utopía y desencanto es un ejemplo palmario de la crítica de la cultura emprendida por Magris desde diversos frentes y contra diversas dianas: de los totalitarismos a la convulsión del Internet, de las pugnas étnicas a los prejuicios de grupo. A veces, como ocurre con la abuela Anka, uno de los personajes de El Danubio, estos prejuicios se encarnan en las contradicciones propias de una región, la Mitteleuropa, donde se han depositado como estratos geológicos gente y más gente de orígenes surtidos, muchas veces pisando con violencia y sepultando las capas más antiguas.

Magris ha hecho de su tierra (y de la región central del continente europeo que la envuelve) una condensación simbólica de la vasta historia, luminosa y oscura, que ahí ocurrió. Al hablar de la patria que Bianca Valota le intenta enseñar en ocasión de una visita a Rumania, él asienta: “[ella] quiere mostrarnos una Rumania diferente, la que ella ama y que, como todas las patrias, tal vez sólo existe en ese amor”. Con su pluma, Magris enriquece el universo de Italo Svevo y Umberto Saba, dos célebres triestinos que “han hecho de Trieste una estación sismográfica de los terremotos espirituales que se aprestaban a turbar el mundo”, según él y Angelo Ara. “Trieste ha sido y permanece rica en contrastes”, continúan,

pero sobre todo ha buscado y busca su propia razón de ser en esos contrastes y en su insolubilidad. Los escritores que han visto a fondo su heterogeneidad, su multiplicidad de elementos irreducibles a resolverse en una unidad, han comprendido que Trieste –como el imperio habsbúrgico del que formaba parte– era un modelo de la heterogeneidad y de la contradictoriedad de toda la civilización moderna, privada de un fundamento central y de una unidad de valores.

Como la de Bianca Valota, quizá la patria que Magris sublima no exista más que en el amor que le profesa, en los vocablos con que la configura. Trieste y sus alrededores reciben, no obstante, nuevas dimensiones con Microscosmos. Asimismo, el orbe danubiano se compendia y se articula con El Danubio. El café San Marco en Trieste (Via Cesare Battisti, 18) –un elegante y amplio establecimiento con el estilo de la Secesión vienesa, de donde es parroquiano Magris– suma, a sus giros comerciales y a su vida cotidiana, la condición de arca de Noé que le otorga Magris y la posibilidad del viaje vertical (un oxímoron que bien podría ilustrar su poética): “Sentados en el café, se está de viaje”, dice en Microcosmos. Hay que recordar, a este propósito, la marca identitaria que los cafés significan para Europa o lo europeo, desde la perspectiva de George Steiner, para enmarcar la dimensión del café San Marco en la literatura de Magris y su elevación a centro de su cosmos.

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A fines de noviembre próximo, en Guadalajara, Claudio Magris recibirá el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2014, un premio que han obtenido previamente Nicanor Parra y António Lobo Antunes, Yves Bonnefoy y Fernando del Paso (este último, un escritor al que Magris, acaso por el episodio mexicano de Maximiliano y Carlota, tiene cerca). El jurado asentó en el acta: “Pensador en diversas lenguas, Magris encarna la mejor tradición humanista en la que se concilian su propia experiencia con la memoria colectiva de la historia y de las culturas que conforman el espacio de la Europa central como lugar de diálogo entre las culturas del Mediterráneo y las culturas del Danubio”.

Ojalá la visita a este país sea motivo de estrechamiento e incursión en su obra. Ojalá su alta prosa sea fecunda entre nosotros.

 

 

 

Fuentes

Castello de Miramare, (consultado el 07/09/2014) / Marisa Madieri, Verde agua, pos. de Claudio Magris, trad. de Valeria Bergalli, Barcelona, Minúscula, 2003. / Feria Internacional del Libro de Guadalajara: Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances,  (consultado el 07/09/2014). / De Claudio Magris: A ciegas, trad. de J. A. González Sainz, Barcelona, Anagrama, 2007; Alfabetos. Ensayos de literatura, trad. de Pilar González Martínez, Barcelona, Anagrama, 2010; El Danubio, trad. de Joaquí Jordá, Barcelona, Anagrama, 2007; El infinito viajar, trad. de Pilar García Colmenarejo, Barcelona, Anagrama, 2012; El tallo entre las piedras, selecc. y trad. de María Teresa Meneses, México, Cal y Arena, 2007; Microcosmos, trad. de J. A. González Sainz, Barcelona, Anagrama, 2006; Utopía y desencanto. Historias, esperanzas e ilusiones de la modernidad, trad. de J. A. González Sainz, Barcelona, Anagrama, 2001. / Claudio Magris y Angelo Ara: Trieste. Un’identità di frontera, Turín, Einaudi, 2007. / Miguel Ángel Quemain, “Claudio Magris. El río infinito de la literatura”, Voces cruzadas. Procesos de creación en la literatura europea contemporánea, pról. de Fernando Arrabal, México, Resistencia, 2005, pp. 21-37. / George Steiner, La idea de Europa, trad. de María Cóndor, pról. de Mario Vargas Llosa, intr. de Rob Riemen, México, FCE/Siruela, 2006 (Cenzontle).

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Veracruz, 1987) escribe ensayo y poesía. Es traductor del inglés, francés y ruso. Ha recibido la becas: jóvenes escritores de la Fundación para las Letras Mexicanas (2010-2012) y FONCA (2012-2013). Actualmente cursa la maestría en Letras Mexicanas y escribe sobre cultura rusa.
Secretaría de Cultura