Tierra Adentro

De todos los signos que plantea Rafael Bernal en su obra, los teatrales han sido los menos atendidos. A través del estudio de Antonia, El maíz en la casa y La paz contigo, Tristana Landeros ofrece un recorrido por la dramaturgia de Bernal. Este ensayo analiza categorías clave para su análisis: anécdota, personajes, acción, tiempo y espacio.

La faceta menos difundida de Rafael Bernal es la que corresponde a su teatro. Generalmente se habla de la majestuosidad de su obra narrativa y la representatividad de El complot mongol, que históricamente limita al resto de su producción de obras dramáticas y líricas. Además, en la actualidad sus libros de dramaturgia sólo se consiguen en algunas bibliotecas. En este ensayo me referiré al volumen publicado por Jus en diciembre de 1960, editorial que acompañó casi siempre a Bernal por empatía ideológica. En ese libro se incluyen las obras Antonia, El maíz en la casa y La paz contigo.

Las obras Antonia y La paz contigo están divididas en tres actos, donde el primero equivale a la presentación de los personajes, su relación entre ellos, un reconocimiento del contexto y, al final, plantean el conflicto; en el segundo acto los protagonistas se enfrentan y el conflicto se muestra desde diversos puntos de vista; en el tercer acto se ofrece una resolución definitiva.

Los temas desarrollados por Bernal en su dramaturgia son constantes y se ligan a los sectores vulnerables (clases bajas, campesinos, prostitutas, ladrones de poca monta) que son víctimas de la represión social, la injusticia y la religión. Debido a esto, los diálogos que utiliza el autor tratan de apegarse al habla de la época según el estrato social de cada personaje. Sin embargo, los diálogos de Antonia y La paz contigo presentan cambios sutiles.

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Estrenada en 1950, Antonia se sitúa en los últimos años de la Revolución, mostrando por un lado la parte humana de los participantes en el movimiento y, por otro, la barbarie con la que llegaban las tropas a los pueblos. Toda la acción se desarrolla en una cantina, donde se manifiestan los personajes característicos del lugar: el cantinero, el músico, las prostitutas, el mesero; escenario donde irrumpen los generales y soldados de «la bola» recién llegados al pueblo.

Los personajes principales son Antonia, una prostituta que trabaja en la cantina, el general Ambrosio López y el coronel Rito Salgado. Antonia y Rito Salgado eran un matrimonio dueño del rancho El Encinar. A los pocos meses de casarse, Rito se une a la Revolución porque cree que es su deber, dejando a Antonia como encargada de las tierras y del maíz. Hasta ahí llega Ambrosio López con sus hombres, devastando muebles, animales y a la mujer embarazada de Rito, quien pierde al hijo y queda estéril. Antonia abandona las tierras en busca de una forma de sobrevivir y vengarse de Ambrosio.

La anécdota de la obra es muy sencilla y se desarrolla ya una vez que Antonia trabaja en la cantina como prostituta. Es entonces cuando llega el ahora general Ambrosio López y sus hombres, entre ellos el coronel Rito Salgado, con quien Ambrosio tiene muchas diferencias, ya que Rito, excelente militar y hombre limpio, trata de mantener a sus hombres lejos del saqueo, la violencia y las mujeres. Ninguno de los dos reconoce a Antonia, pero ella ha estado esperando a Ambrosio para vengarse. Salgado y López tienen una conversación grave en la cantina porque el primero está en contra del comportamiento de los hombres del general y le exige que los eche del ejército, aunque entre los planes de Rito está regresar inmediatamente a su rancho para encontrarse con su mujer. En cierto momento se les reúne Antonia y se la disputan, pero Rito prefiere retirarse para evitar más conflictos y apresurar su viaje de regreso al rancho. Al quedarse a solas, Antonia apuñala a Ambrosio por la espalda. Algunos soldados desertan, las tropas restantes están disgustadas. Interrogan al personal de la cantina para dar con el culpable y el principal sospechoso es Rito Salgado; la única testigo es Antonia, y ésta no duda en señalar a Rito, quien es fusilado.

El personaje de Antonia contiene una gran carga dramática por sus antecedentes. La sintaxis de los diálogos parece desfasada para el grupo social representado en los personajes: los soldados, Jovito, el músico; Ramón, el cantinero; y Hortensia, otra de las prostitutas de la cantina. Sin embargo, no molesta que el color no coincida del todo con los personajes, ya que el enfrentamiento ideológico entre ellos y las imágenes poéticas sostienen la credibilidad durante toda la obra. Rafael Bernal se muestra como un gran dialoguista y un dramaturgo hábil en el uso de las herramientas para la construcción del melodrama.

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Estrenada en 1965, El maíz en la casa está dividida en cinco cuadros, alternativa a la estructura típica en tres actos. Bernal inicia con una descripción detallada de los personajes que intervienen en la obra, especificando, además del nombre, la edad, el aspecto físico en algunos, así como su vestuario. La descripción del escenario, un jacal campesino en el Estado de México, es naturalista, y al inicio de cada cuadro se especifica la fecha, detalle que rom pe la unidad aristotélica de tiempo que se respetó en Antonia.

El tema es, una vez más, la injusticia social en sectores vulnerables, específicamente los campesinos. Un desencanto posrevolucionario donde la reforma agraria es una serie de abusos sobre las mujeres y el arrebato de las tierras por encima de las personas, integrando, además, el suceso de la migración para cruzar la frontera norte de México.

La anécdota: Aurelio, hombre maduro que trabaja en sus fructíferas milpas, tiene una mujer, Carmen, temerosa de que las cosechas despierten envidias en la gente como Madaleno, amante secreto de Lorenza, su hija, y encargado de avisar y cobrar las cuotas del comisariado. Aurelio y su familia ya no pueden cubrirlas y para hacerlo deben trabajar para Don Lindoro por un pago ridículo. Aurelio se niega a dejar sus tierras a pesar de las amenazas de Madaleno y las súplicas de Lorenza, quien oculta su embarazo. Pedro, el hijo de Aurelio, denuncia sin éxito la situación ante las autoridades de la cabecera, por lo que decide matar a Madaleno y sus secuaces, pero Lorenza traiciona a su familia y alerta a Madaleno. En la trifulca matan a Pedro. Aurelio y Carmen mandan lejos a su hija y nuera para que crezcan sus hijos, y ellos deciden permanecer en sus tierras mientras los hombres de Don Lindoro queman las milpas y el jacal.

En El maíz en la casa, el tono del conflicto es más acentuado y maniqueísta que en Antonia. Se exalta el sacrificio de los campesinos despojados para juzgar las acciones violentas y abusivas de los hacendados. La obra se presenta como una tragedia en cinco cuadros, pero como sucede en Antonia, son melodramas. Hay una clara división entre los personajes buenos y malos, los sentimientos y discursos están llevados al límite y se reduce la narración a una sucesión rápida de eventos que llega a ser inverosímil en la línea del tiempo para que el espectador tome partido y se identifique con los personajes sojuzgados, alejados de cualquier reflexión.

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En La paz contigo, Bernal retoma la estructura en tres actos. La versión estrenada en 1955 llevaba por título La paz contigo o el martirio del Padre Pro, pues se trata justamente de eso: los actos de Miguel Agustín Pro Juárez. En el contexto de la Guerra Cristera, la acción se desarrolla en la Ciudad de México de 1928. En la descripción del escenario hay una evolución en la estilística narrativa de Bernal, ya que lo divide en dos partes: una que contiene las celdas de la Inspección General de Policía y otra en la que suceden diversos cambios de escenografía, según marca la historia mediante saltos del tiempo en la narración. El espectador de La paz contigo acompaña a los personajes durante el presente. Cuando hay referencia a acciones del pasado, la acción se congela para ver cómo transcurrieron esos eventos en su momento, lo que provoca que el guión teatral por momentos parezca uno cinematográfico, fragmentando la narración lineal. Además, en esta pieza Bernal abarca una mayor construcción de personajes de diferentes ocupaciones, géneros y discursos, como el Padre, el policía, El Tuercas (raterillo menor), las beatas o el general. Sin embargo, a pesar de la innovación estilística, aquí, como en las obras anteriores, los puntos de vista están polarizados, dando por resultado un melodrama. Se exalta el martirio y sacrificio del Padre a cambio del arrepentimiento de último momento en los infractores que no alcanzan a ser pecadores, y de la aceptación del mártir de acusaciones falsas confiando en una predestinación.

Sabemos que existen otras obras de teatro de Rafael Bernal que no fueron publicadas en su momento, ni tampoco estrenadas. Sin embargo, aunque es necesario un trabajo de rescate a ese respecto, la lectura de estas tres piezas nos ofrece abundante material para llevar nuevamente a este autor a escena, y ofrecer una muestra de la tradición del melodrama en México.


Autores
(Ciudad Valles, 1974) es dramaturga y docente del Tec de Monterrey Campus Estado de México. Su —hasta ahora— obra completa se publicó con el título de Dramaturgia a domicilio.
Secretaría de Cultura