Tierra Adentro

Hace poco hablaba sobre escena musical en Morelos, específicamente en torno a las bandas de rock y sobre la fortuna de coincidir con bandas de propuestas muy sólidas. Revisando el mapa local, descubrí que, afortunadamente, el rock no es el único género con estatus saludable en el ambiente musical. De manera paralela la escena de jazz también ha vivido un boom interesante gracias al trabajo de varios músicos jóvenes que han impulsado la escena desde la colectividad. Prueba de esto es que a inicios del 2015 se realizó el Primer Festival de Jazz de Morelos con la presencia de artistas de la talla de Troker, Jerry López, Alex Mercado y Emiliano Coronel, además de la participación de varios jóvenes de distintas agrupaciones emergentes.

Marzo de 2015 se recordará en Morelos como el mes del jazz,  gracias a este primer esfuerzo de acercar un público más amplio al género en un formato de festival, pero también por la visita de Wynton Marsalis, que ofreció una master class en la que participaron alumnos del Centro Morelense de las Artes tocando en el escenario con el trompetista neoyorquino, lo que significó la llegada del ciclo de New York Jazz All Stars al Teatro Ocampo. Justo en estas fechas se fundó Macaco 251, un colectivo de jazz que reúne a varios de los talentos jóvenes locales. Muchos de ellos, estoy seguro, pronto se irán consolidando en la escena nacional e incluso internacional, como es el caso del guitarrista Andrés Uribe, quien actualmente forma parte —entre otros proyectos— de Som Bit, banda que en unas semanas estará de gira por segundo año consecutivo en varias ciudades canadienses.

Macaco 251 conforma su nombre de dos elementos: primero el macaco, un mono arborícola de cuerpo robusto, hocico estrecho y saliente, y bolsas en las mejillas. El vocablo macaco surgió por su fonética más que por su significado, pero creo que concentra algo importante para la filosofía del colectivo, y es que los macacos son seres que siempre viven en grupos y son solidarios entre ellos. Esto es uno de los ejes más importantes del colectivo que busca promover el trabajo de sus miembros. El segundo elemento es el número 251, aunque en realidad es un II V I, que es una progresión armónica muy utilizada en el jazz. Para aquellos ajenos al género, una progresión armónica trata sobre el movimiento de los acordes de una pieza y sirven de base a la melodía musical. Puede pensarse en los acordes como en las columnas de una construcción y las melodías como los detalles que van soportados sobre dichas bases. Andrés Uribe y Yoali Munguía, miembros del colectivo me explicaron que esta progresión se usa para llevar a la calma la melodía después de un clímax.

Cerca de nueve agrupaciones conformaron Macaco, y cada grupo eligió un representante. Como miembros fundadores y primeros impulsores de este colectivo figuran: Andrés Uribe de Kilombo Dúo, Agustín González y su Agus Blues, Eduardo Avendaño de Las Galletas de Mr. Esqueleto, Mario Ramirez de Zu3, Antonio Anzurez de Chronos, Yoali Munguia, única chica del colectivo representa a Camisas de Cuadros Jazz, Geovanni Marroquin de Ambystoma, Temo Vishnu y Cesar «El abogado» de  Mare Soul.

Una de las primeras actividades que se planearon fue la realización de un ciclo de conciertos para acercar al público, cada quince días, a las diferentes propuestas de las bandas. Se eligió como recinto el Talabot Teatro (un proyecto del que pronto estaremos escribiendo también), un pequeño espacio en Juan Ruiz de Alarcón, que coordina un colectivo de teatro y que se presta para sesiones íntimas, sin distracciones, para que los asistentes puedan gozar del jazz con todos sus sentidos.

Uno de los primeros aciertos que noté en las sesiones, fue que los músicos presentan cada canción brindando información sobre el contexto del sonido, de la pieza o del artista que revisan con sus arreglos. Además de que el espacio permite escuchar detalles puntuales de cada agrupación. También destaca la calidad técnica y la procuración de cada banda por sonar lo mejor posible.

El ciclo arrancó con  Kilombo Dúo, conformado por dos talentosos guitarristas, después siguió el turno de Chronos. En abril Ambystoma Quartet y Las galletas de Mr. Esqueleto fueron los encargados de continuar el ciclo, aquí vale la pena mencionar que varios de estos proyectos se presentan a la par, en distintos foros de la ciudad como La Maga, Casa Gabilondo, La Baraque (que ahora dedica sus miércoles a las Noches de Jazz), Café Colibrí y El Gringo; el ciclo abrió en mayo con Agus Blues que deleitó a los asistentes con su voz áspera y su guitarra siempre certera. Quince días después se presentó, Z3, y luego Camisas de Cuadros Jazz que ofreció un digno homenaje a la música gitana, específicamente a las melodías de Django Reinhardt. Prana entregó el primer concierto de junio y justo el día de hoy el ciclo continúa con invitados de lujo: Som Bit.

La primera temporada de este ciclo de jazz está próximo a culminar. Aún quedan un par de fechas, el 31 de junio ocurrirá un gran jam con todos los músicos y una presentación en Juan Ruiz de Alarcón que promete mucho, ya que cerrarán la calle y todas las bandas invadirán con su sonido el espacio que también alberga el Callejón del Artista durante los fines de semana. Si quieren enterarse de los próximos conciertos o actividades del colectivo pueden agregarlos en su Facebook oficial: https://www.facebook.com/macacojazz?fref=ts y ahí también pueden acceder a enlaces para escuchar a todas las bandas.

Finalmente, como ya varios saben, este año el estado de Morelos es el estado invitado al Festival Cervantino en Guanajuato, y varios de los músicos que conforman Macaco 251 estarán representando la escena emergente de jazz morelense junto a músicos con más experiencia, entre ellos Andrés Uribe, Chronos, Fuxé, Cuarteto Magatama, Marcos Miranda y otros. El festival será la oportunidad idónea para que las propuestas se vuelvan más sólidas y que otros espectadores tengan la oportunidad de escuchar el talento morelense que merece mucha más atención.


Autores
Escritor, crítico de cine y co-director del Festival Grotesco. Forma parte del Grumo de Escritores de la Barba Naranja. Se interesa por las películas de terror, el vegetarianismo, las bicicletas, los perros, la música con guitarras distorsionadas, las mujeres que cantan, la literatura, la filosofía y el punto de encuentro entre todas esas cosas (véase: Hora de aventura).
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