Tierra Adentro

Ilustración: Miriam Chávez H.

 

Autora de un insólito poema de largo aliento que ha ido transformándose a través de los años y de sucesivas ediciones, Gervitz ha borrado su identidad en favor de lo más importante: la palabra.

La poesía trabaja con los materiales
de la vida; un poema es un lugar
raro en que se guarda la vida.
Olvido García Valdés

En las migraciones de los claveles rojos donde revientan cantos de aves picudas y se pudren las manzanas antes del desastre ahí donde las mujeres se palpan los senos y se tocan el sexo,

 

Así comienza Migraciones de Gloria Gervitz y estos versos, que la poeta escribió hace cuarenta años, han seguido su trayectoria hasta hoy. Verdadero work in progress, ya que Gervitz, desde 1976, ha ido ajustando, borrando, trasladando versos y fragmentos completos de un lugar a otro, y continuando el poema:

ahora me doy cuenta que nunca tuve un plan con el poema, nació de sí mismo, se dio en la libertad de darse, he ido descubriendo el poema y me ha sorprendido, ha sido un descubrimiento de mí a través de él, el poema me impuso su tiempo y su estructura, 1

Trabajo de paciencia y de espera: ¿qué sigue?, ¿cómo seguir? Es el poema el que sabe, el que dicta. Lo único que supo Gervitz, después de muchos años de escritura, es que Migraciones tenía ya un inicio y un final; es decir, que no se alargaba el poema, se ensanchaba: «El poema ha seguido creciendo del medio, casi podría decirse que ha crecido de la panza, como si se embarazara, y ahí es donde hay posibilidad de dar a luz»,2 comentó Gervitz en el 2013.

Principio abrupto y repentino en Migraciones, súbita entrada en la palabra: trescientos veinticuatro versos de gran aliento se van propulsando en una avalancha de relatos entrecortados, sensaciones e imágenes de ritmo incesante: simultaneísmo, yuxtaposición, trabajo de montaje. Después de estos vertiginosos versos, el poema se despliega a lo largo de más de doscientas cincuenta páginas y, hacia el final, apropiándose cada vez más del espacio, el silencio: respiración pausada, despojamiento, unas cuantas palabras se desplazan por las páginas.

y yo
que un día
moriré
estoy aquí
en este instante
que es todos los instantes
estoy viva

Así termina Migraciones, afirmando la vida, la plenitud del instante. Tenemos un principio y un fin; y en medio, en ese oleaje hacia adentro, de ascensos y descensos, que es el poema: soledad, miedo, duda, erotismo, reclamo, vértigo, dolor, perdón, revelación, comprensión. Hay en Migraciones una búsqueda de la interioridad, una voz que se habla a sí misma.

Poema de la memoria y del olvido (fotografías desgastadas, Leteo, memoria propia e imaginada), poema de la migración de las mujeres de Europa Oriental (la historia se filtra, la huida de los pogromos), poema plegaria (oraciones hebreas se funden con el Ave María y con el rosario), poema ofrenda (la poesía, el cuerpo, son ofrendas: «estoy allí ofrendada»), poema oráculo (Pythia, la Sibila, la voz que dicta), poema místico (palabra seminal, plena de sentidos, preñada de lo indecible), poema erótico (la exploración del cuerpo: masturbación o acto sexual, la insistencia en esa apertura), poema elegiaco (viaje hacia la madre, hacia la matriz: el origen de todo: la muerte de la madre), incluso poema autobiográfico (la abuela paterna que migra, la abuela materna, el padre, la madre, la nana). Todas estas «etiquetas» podrían intentar definirlo, pero Migraciones es todas ellas y ninguna, escapa a toda fijación; en principio, porque en este poema orgánico todo lo anterior es pulsación, ritmo, más que tema explícito. Todo fluye a través del poema como una corriente subterránea: una voz que se filtra, una tesitura de vida, ¿quién habla? y ¿a quién?

Al igual que no hay tema fijo, la voz del poema escapa a toda sujeción: «¿me oyes?, debajo de mi nombre estoy yo», dice, y vuelve a decir: «¿me oyes todavía?». ¿Quién dice yo?, pareciera que la voz es una y el «yo» plural: ¿subdivisiones del yo?, ¿migraciones al interior del yo?: «dispersándome hacia adentro», dice la voz, «¿eres acaso mi propio eco?». Ese «yo», que es el sujeto del enunciado, es un yo vacío, inestable, vacilante: es abuela, madre, hija, niña, vieja, muchacha; pero también es ella, ésa, eso, tú, mí, te, lo. Así que lo que tenemos, no es tanto «una construcción del sujeto, como difusión de un sujeto: un sujeto difuso, móvil, táctil, inevitablemente fragmentado, un sujeto que procede, sin embargo, en femenino».3 Gloria Gervitz ha dicho que, en términos junguianos, es el ánima la que toma la palabra en el poema. Así que no estamos ante un poema feminista, en el sentido ideológico de esa palabra, ni ante un poema femenino, en el sentido adjetivo, sentimental. Estamos, al decir de Olvido García Valdés, ante «un modo femenino» que alcanza lo neutral, o siguiendo a Virginia Woolf, estamos ante una «inteligencia andrógina», resonante, porosa, incandescente.

¿en qué parte
de mí
estoy?

El poema es el que guía; la voz dice: «es ella la que te guía hacia ella». Y a veces dice en otras lenguas: en hebreo, en arameo, en yiddish; «saudades» en portugués, palabras de origen náhuatl, y un poco antes de la mitad del poema, en lo que en ediciones anteriores fue «Treno», Gervitz comienza a escribir en inglés:

Los fragmentos de «Treno» en inglés salieron así espontáneamente, después, cuando los quise traducir supe que el poema es así y que lo que está en inglés, sólo podía haber sido dicho en inglés, comencé «Treno» la noche del 20 de diciembre de 1999 y hasta agosto del 2009 seguí agregándole versos, y bueno, a lo largo de los años he movido palabras y páginas enteras, así que han habido migraciones dentro de Migraciones.4

La figura de Gervitz podría delinearse con dos frases: fidelidad a la vida, fidelidad a la poesía. Su trabajo ha sido estar atenta, escuchar esa voz que surge, esperarla o seguirla: «y la voz decía/ deja que entre en ti». Pero también aceptar el silencio, el no escribir o el escribir como una imposición: «el silencio es un trabajo que durará toda su vida», dice la voz. El poema cambia de dirección, enmudece, se precipita, y ella lo sigue; de ahí la transformación de «Equinoccio» en «Blues», el primero de los grandes cambios que vendrían: «no me lo esperaba», dice la poeta, la primera sorprendida por el poema.

A las tres primeras partes que conformaban en su inicio Migraciones, se le sumaron, con el tiempo, otras cuatro, y las hasta ahora siete partes5 conocidas se fusionaron en la última publicación6 conformando un solo poema largo: un fluir de la conciencia ininterrumpido al que se incorporaron algunos de los epígrafes que antes separaban las partes. La voz de Gervitz recuerda a la de Rilke, quien también oyó una voz y la siguió, y quien, al ser cuestionado por sus Elegías, respondió: «¿Y yo soy el que puede dar una explicación justa de las Elegías? Alcanzan infinitamente más allá de mí»: trabajo de la poesía… O como se dice en Migraciones cerca del final: «empújate hacia afuera y nómbrame»: trabajo de la vida.

De Gloria Gervitz sabemos poco. Sabemos que nació en la Ciudad de México en 1943, que es descendiente de judíos de Europa del Este, que su abuela materna era de Puebla, que aprendió yiddish de niña, que su nana la llevaba a misa, que estudió Historia del arte, que el primer libro de poesía que leyó y la conmovió fue Libertad bajo palabra, que ha traducido, por gusto, poemas de Lorine Niedecker, de Kenneth Rexroth y Rockaby de Beckett, que escribió un ensayo sobre Anna Ajmátova y tradujo del inglés algunos de sus poemas, que le gusta la luz, el sol, el color azul, que no le teme a la melancolía, que ama la poesía. Gervitz habla poco de ella, y se ha encargado de borrar sus huellas biográficas en las últimas ediciones de Migraciones: ha borrado dedicatorias, notas, fechas de composición, epígrafes. Ese borrar, ese borrarse, permite que el poema hable. Así que lo que tenemos, de lo que sí sabemos, es de esa fidelidad, de ese silencio que la distinguen como persona y como poeta, y que distinguen también su trabajo: su poema. Tenemos Migraciones, ese lugar raro en donde Gloria Gervitz ha ido guardando su vida hasta ahora, y eso debería bastarnos para reanudar su lectura, o para comenzarla.

1 Gervitz, Gloria, «Algo sobre el poema Migraciones» en El poeta y su trabajo 34, p 23
2 http://www.irenezoealameda.com/blog/entrevista-la-poeta-gloria-gervitz
3 García Valdés, Olvido. «El vuelo excede el ala» en El Urogallo 122/123, 1996, págs. 62-64
4 Gervits, Gloria, op. cit. p. 28.
5 Shajarit, Yizkor, Leteo, Pythia, Equinoccio/Blues, Treno y Septiembre.
6 Gervitz, Gloria. Migraciones. Paso de Barca: España, 2017.


Autores
(Ciudad de México, 1970) es poeta, ensayista y traductora; autora de Pequeños resquicios, entre otros libros.
Secretaría de Cultura