Tierra Adentro

Fotografía por Nidia Rosales, exposición en la CANACO de Oaxaca.

En algún lugar leí que todo es representación. Empezamos por el nombre y de ahí extendemos los significados hasta conformar un sistema no tan ordenado de pequeñas historias dónde acomodarnos y descansar. El problema es que las interminables metamorfosis del mundo nos confunden y empujan hacia estados de ensoñación donde resulta fácil perder la cabeza en persecuciones infinitas y laberintos poliédricos. Valeria Luiselli escribió sobre esa condición ingrávida que nos vuelve islas, páramos helados de miradas urgentes. Quiénes somos es quizás lo único que no podremos nunca nombrar con certeza, le pertenece al otro ese privilegio que es también una prisión.

En la gráfica oaxaqueña actual, la búsqueda de identidad se hace evidente sobre todo en retratos de gran formato. Encuentro en la obra de estos artistas jóvenes intersecciones y diálogos en torno al cuerpo, sobre todo femenino. Cuestionamientos del lugar desde dónde definimos la realidad. Indagar en el otro es probablemente la única vía para observarse a uno mismo y cuestionarse, negarse a habitar una isla o poseerla. En el Taller La Chicharra esos diálogos adquieren forma en los distintos grabados que se exhiben. Los cuerpos se superponen a través de diversas técnicas como xilografía, linóleo, litografía y aguafuerte. Ahí el arte se integra a una labor colectiva, intento por desplazar las figuras de autor para inscribirlas en un terreno amplio y tal vez comunitario.

La Chicharra expone actualmente en la Cámara Nacional de Comercio de Oaxaca. Los artistas Ángel Velasco, Iván Bautista, Daniel Barraza, Israel de la Paz, Baltazar Castellanos, Venancio Velasco, Edith Chávez, Félix Sibaja, Miguel Jiménez, Darío Castellanos, Alan Altamirano, Oziel Alfonso y Marcos Lucero llenaron los muros de esta sede diplomática de grabados con distintas temáticas y recursos estéticos. Existen, no obstante, ciertos puentes discursivos que incluso comparten con artistas de otros talleres de la ciudad. Hay en todos ellos una exploración genuina del retrato, una búsqueda del sujeto opuesta al sentido posmoderno de sociedad homogénea y totalizadora.

Hace poco lanzaron Raíces, carpeta gráfica donde invitaron a otros artistas para indagar en las trampas que impone el origen sobre los cuerpos. En Oaxaca, lo culturalmente propio y ajeno se delimita de diversas maneras. En su imaginario colectivo está presente un fervor regionalista cuando nos referimos a aquello que pensamos nos representa. Lo cierto es que no existe un sentido unívoco de identidad, afuera de las inquietudes teóricas lo auténtico se desvanece en el aire ni bien se pronuncia. Quizás la obra de Baltazar Castellanos expone con mayor claridad estas preguntas, en ella abundan personajes afromestizos, danzas de enmascarados y escenarios de esa costa negra y olvidada que define también el territorio de lo múltiple.

En la gráfica de Edith Chávez e Iván Bautista, el cuerpo femenino deviene en un agente desconocido que no puede ya ubicarse dentro de los márgenes que otorga el capital. La belleza ha traspasado el umbral de la publicidad y el mercado para plantear otras posibilidades, otros juegos de representación y orden. Pollos cuelgan detrás de una mujer que ofrece al espectador un plato de sus menudencias, otra mujer se entrega al hermoso acto de la masturbación, junto a cuerpos desnudos se exhiben cráneos de becerros, cabezas destazadas de animales para burlarse un poco de aquellos ideales de delicadeza y feminidad que suelen adherirse al cuerpo femenino y traen consigo infinidad de desdichas.

En La Chicharra las enormes prensas nunca dejan de moverse. Los artistas conviven todo el día y a veces terminan de imprimir bien entrada la noche. Ofrecen talleres para niños y si alguien ajeno al taller necesita imprimir es fácil pedir prestada una prensa de vez en cuando. La mayoría trabaja alrededor de una pequeña mesa, codo a codo, compartiendo mezcal y música. El compañerismo es una característica que no suele encontrarse en estos tiempos, sobre todo entre escritores, seres solitarios y a veces mezquinos que hablan del otro desde una cómoda distancia. Por el contrario, quienes se dedican a la gráfica llevan consigo esa llama solidaria que no sólo les permite trabajar sino que además se ve reflejada en su obra, de ahí la presencia constante de los tópicos.

Me parece que en Oaxaca las exploraciones estéticas, las indagaciones en torno a lo propio y ajeno, a la identidad y ruptura con los cánones de belleza, así como la fuerza de lo político y el amplio terreno que comparte con los discursos artísticos, se encuentran presentes sobre todo en la gráfica (si bien tampoco está exenta de fórmulas).

La manera en que se elaboran las piezas tiene mucho que ver con esta exploración, pues conlleva una visión no tan monolítica y cerrada en torno al autor y la obra misma, asunto que no sucede con la pintura, por ejemplo. Las grandes galerías difícilmente voltean hacia estos talleres y sus propuestas, suelen escoger pintores que perpetúan los colores de Morales, los personajes de Tamayo, el discurso zoomorfo de Toledo. Es lo que vende, y lo entiendo. Sin embargo, resulta más interesante todo aquello que acontece en la periferia y que sustenta iniciativas como este taller. Con suerte estas dinámicas suprimirán algunos intermediarios a quienes sólo les interesa vender postales para turistas hambrientos de identidad, con suerte estos artistas no renunciarán a tener una voz propia e inquietante.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Junto al artista plástico Pavel Acevedo, dirige Espacio Centro, un lugar independiente de exhibición y producción artística ubicado en la periferia de Oaxaca. Trabaja lentamente en su ficción y en un pequeño huerto.
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