Tierra Adentro

Ilustración por Luis Carlos Hurtado.

Fecha: 23 de junio de 2014

 

De: Rodrigo

La propuesta es hacer una suerte de crítica-deconstrucción informal de un poema o del todo (si da tiempo) del maravilloso “20 000 lugares bajo las madres” a ritmo de improvisación, a seis manos y por turnos, vía epistolar, pero siguiendo reglas de secuencia, como si jugaran risk. Eduardo apunta algo sobre cierto verso, alguna observación o pregunta al aire; Maricela ofrece una respuesta, que niega, corrobora o hace disyuntiva; Paula vuelve sobre el verso, ataca con otro, da referencias, y así van armando la estructura de lo que posiblemente será 1) una humilde conmemoración por los ochenta años de vida de Gerardo Deniz, 2) el ridículo mas aberrante de lo que creemos es la poesía para el químico-biólogo-poeta.

 

De: Lalo

¿El saque es mío, entonces? No sabría decir cuál libro de Gerardo Deniz me gusta más que los otros. ¿Enroque? Será el que he leído más veces. Vamos con “20 000 lugares bajo las madres”. ¿Escogemos un texto específico? ¿O lo discutimos todo? Y si lo discutimos todo, ¿partimos de uno en particular y seguimos en orden? ¿O saltamos a la buena de Dios?

 

De: Paula

Yo opino que hay que seguir con la idea original de usar algo de “20 000 lugares bajo las madres”. ¿Qué opinan ustedes?

 

De: Maricela

Sólo falta decir cuál poema en específico, queridos. Quizá nos convenga en las primeras tiradas exponer un poco el contexto de toda la serie.

 

De: Rodrigo

Venga, la sección/libro elegido es “20 000 lugares bajo las madres”. Acerca del poema, ¿les gusta “El origen de la tragedia”, donde el capitán Deniz pone a la tripulación a dramatizar? Además, “20 000 lugares…” se escribió entre 1973 y 1974, lo que da la suma de cuarenta años de la escritura de estos versos. Como ustedes decidan.

 

De: Lalo

Maricela, creo es buena idea lo del contexto (que desconozco, por cierto).

 

De: Maricela

¡Listo! Con “contexto” hablo acerca de hacer referencia de qué va la cosa y más o menos de dónde sale tanta cosa.

 

De: Lalo

Me gusta “El origen de la tragedia”. Deniz capitán pone a los marineros a posar en una meticulosa puesta en escena. El tono de sabio aburrido, tan aburrido que resulta divertido, me parece muy-muy Deniz. Lo de la fecha resuena bien. ¿Habrá que releer a Nietzsche para comentarlo? Ya ni me acuerdo de que iba… Dionisio y Apolo, claro, pero no me acuerdo bien. ¿Vamos?

 

De: Rodrigo

Como un fantasma me iré desvaneciendo. A seis manos los dejo. Sí, “El origen de la tragedia” es un poema muy deniziano, Lalo.

 

De: Lalo

¡Que comiencen las hostilidades! Tengo una idea para descorchar esta botella, pero pregunto por si ustedes tienen también estrategias listas… o si confían en mi pasito cándido (mi idea es comenzar con una pregunta muy directa… seguida de una observación oblicua).

 

De: Paula

Venga, Lalo. Si ya tienes claro cómo empezar, sugiero que empieces tú, a reserva de lo que opinen Maricela y Rodrigo. Acabo de releer el poema, apenas voy calentando. Besos lluviosos a todos.

 

De: Lalo

¡Va! O como gritan los golfistas: Fore!

Lo primero que me gustaría saber es qué piensan ustedes del título: “El origen de la tragedia”. Como lector mi reflejo es pensar en aquel libro de Nietzsche. Pero luego leo el texto y esta noción no cuadra del todo, o al menos no alcanza a materializarse en la superficie del poema; el juego de referencias más bien va por el lado de Veinte mil leguas de viaje submarino, y de la pintura renacentista, quiero decir, del lenguaje visual denso (críptico en manos de Deniz) que usaban los viejos maestros para sus puestas en escena.

Por si esto no fuera suficiente para una jaqueca, luego recuerdo: ¡es Deniz! Uno no puede confiar en Deniz, maestro del gato por liebre. Cuando juega a la referencialidad, no juega limpio. Sus técnicas recurrentes son la mistificación, la falsificación, el equívoco, la deformación semántica… sus circuitos están llenos de cables pelones que sacan chispas. Sus conjuntos hacen corto y sorprenden con descarga eléctrica al lector distraído. Y todo esto, pues, me deja en un bache profundo, rascándome la cabeza (¡como si las pulgas tuvieran claves!). Por eso pregunto, honestamente, ¿a que juega Deniz con este título?

 

Fecha: 24 de junio de 2014

 

De: Paula

Especulo que el título se refiere a lo dionisiaco de la escena. Pero inmediatamente desconfió de mi propio hallazgo. Las disciplinas humanistas nos han acostumbrado a un grado de especulación que las ciencias duras (de donde proviene Deniz) no toleran. ¿No será este título una de esas trampas que el autor suele ponerle a la pedantería? Sus referencias suelen estar muy por encima o muy por “debajo” de la culturita de la que solemos ufanarnos. Podría estar aludiendo a una errata en una gramática del georgiano o bien a un chiste de gangosos (como, entiendo, es el caso del cubito que se describe al final del poema). Entonces, ¿cómo es que el texto nos resulta tan delicioso a pesar de nuestra indefensión ante sus referencias?

Creo que en general hay que partir de lo que si podemos asir, enfrentando el poema frontalmente y con honestidad. En este caso, por ejemplo, no se nos pide ningún título de filosofía para presenciar la pantomima. Cualquiera puede disfrutar de ese recurso tan deniziano de apropiarse de personajes “ajenos” y ponerlos a hacer otras cosas en su tiempo libre, cuando no están bien portaditos cumpliendo con las funciones que les asignan sus textos originales. Ese es el eje de la serie de poemas “20 000 lugares bajo las madres”, donde Deniz se dedica a hacer toda clase de travesuras con los tripulantes del Nautilus mientras Verne no los ve.

“Descíframe o te devoro”, dice la esfinge. Pero tal vez hemos entendido mal su pregunta. Tal vez no nos pide (sería imposible) que adivinemos mediante la especulación lo que significa cada referencia, sino que reconozcamos lo que sabemos o dejamos de saber realmente y con ello asistamos a la fiesta.

 

De: Maricela

Eso puede ser, y también que nos esté tanteando. Los poemas de “20 000 lugares bajo las madres” son —podría ser entonces ese el origen de la tragedia— un cotorreo total sobre la literatura, la lingüística y la cultura, que se considera alta, muy alta. “Las madres”, bajo las que se acomodan los 20 000 lugares, pueden ser una traducción fonética del título en francés, mère por madre, que puede soportar tantos elementos como sea posible, porque una “madre” en mexicano puede, en efecto, ser una mujer que ha parido y criado hijos, pero también “cualquier cosa”; las “madres” son objetos, chácharas, artefactos que para cualquier caso funcionan como un conjunto amorfo, un amontonadero de madres, puro cotorreo. Es como cuando entre cuates se comienza un cotorreo y se sigue y se sigue y al final se van hilando discursos hilarantes, brillantes, de pura sonsera, que resultan construcciones extraordinarias de sinsentido y diversión.

“Quien conoce a Tolhausen no vuelve a ser el mismo”; pues no, nadie, afortunadamente, puede seguir siendo el mismo con tanto disparate, pues ese es el origen no de la tragedia sino de la fiesta; poner en stand by el sentido común o regularlo; es decir, no nos pide que adivinemos sino, como dice Paula, que asistamos a la fiesta. De manera que uno intuye que la cosa va por el lado menos tradicional de nuestra manera de leer; la propuesta de lectura va tanteando nuestro lado juguetón, anda hurgando debajo de ese vestido de seriedad, academicismo e ilustración que ciertos poetas se toman muy a pecho para que leamos en otra clave.

 

De: Lalo

Cuarta jugada

De lujo. Ya veo más claro (que el agua es turbia): el título no es arenque rojo pues el texto es fiesta y Dionisio es el pólipo-remolino que con muchos pies pone a girar a las solteras, saltando del vals al Charleston como quien prestidigita a la liebre ante los ojos dilatados de la audiencia. Y el mar en el que flota la nave es una pecera de veinte mil litros donde el autor arma sus barcos a escala, primero habiendo tirado el manual de ensamblaje por la borda. Yo imagino que en dicha pecera solo nadan los arenques rojos, o bien una mezcla de rojos y dorados, para abrir el apetito.

Paula, Maricela, estoy muy de acuerdo: Deniz tantea al texto y al lector. Se trata de un gran tanteador. Voy a dar un paso más al frente y de ladito y decir que Deniz es un gran manoseador, pues es un manotas (pulpo). En todos los sentidos que se antojen, no solo el de la lengua. ¿Se acuerdan de Groucho Marx? Ese individuo manoseaba a todas, a todos, y a todo, y sin usar las manos. Nomás hablando, con el puro verbo. Ya me estoy acordando porque me gusta tanto Deniz…

Fecha: 26 de junio de 2014

 

De: Paula

Yo soy de natural un poco más cauto. No quiero parecer aguafiestas, pero quisiera poner algunos puntos sobre las íes. Primero, yo no diría que ahí hay sonsera o disparate. Es decir, hay fiesta, pero en la fiesta hay método. En los textos de Deniz no suele haber nada gratuito. No hay arbitrariedad. Basta leer las críticas que hace a un poema de Pacheco para ver hasta qué punto le molesta la gratuidad.[1]

Cuando él nos hace la visita guiada, nos damos cuenta de que las referencias funcionan a dos, tres, cuatro niveles, y suelen estar entrelazadas con una arquitectura que pienso que pocas cabezas en este mundo serían capaces de crear. El que nosotros entremos miopes al submarino, sin tener acceso al manual de construcción, no quiere decir que este no haya existido. El que Deniz lo haya tirado por la escotilla, es otra cosa. El que esa estructura exista, no quiere decir que no sea irreverente. Si llega a parecer que hay caos, nunca hay que perder de vista que eso está en nuestra lectura, necesariamente limitada. Quien sepa más que nosotros irá entendiendo mejor cómo funciona el sistema de cargas, como trabajan los materiales. Y creo que en esa comprensión (nunca total) también hay un alto grado de deleite. Lo que creo que no hay que hacer es especular. Especular al nivel superficial, del name-droping y Wikipedia.

A mí los poemas de Deniz me dan ganas de leer, de aprender cosas honestamente, de veras. Lo que me lleva a otro punto. Creo que sus textos resultan tan sugerentes porque él ha logrado incorporar —casi podría decirse encarnar— de una manera insólita todo lo que ha leído y visto en la vida. En ese sentido (ahora pierdo toda cautela), podría decirse que es un verdadero poeta de la experiencia. Solo que en él la experiencia es complejísima, porque en su caso toda esa cultura es también experiencia. De tal manera que Deniz es algo así como Erdera:[2] una casi totalidad. Un mundo cuyas partes están tan integradas que dialogan entre sí de las maneras más sorpresivas y brillantes.

No sólo sus lecturas son agudísimas y extensas, sino también su forma de ver lo que pasa por la calle. Un ensayo publicado en el libro Anticuerpos me parece un claro ejemplo de eso. Se titula“El metro”, y dice cosas así:

Aunque sobren asientos, en el metro debe viajarse de pie, preferentemente sin asirse uno de nada —salvo momentáneas inercias. Se debe tener presente (aunque con naturalidad) que, mientras tanto, un dios nos revisa, mordisqueándose el bigote. En el primer vagón, contemplar (cuando hay vidrio) los caramelos coloridos que parpadean frente al operador —‘todos los carros desbloqueados, progresión incompleta, FA no disponible…’—, los de menta —‘enésimo carro motor inactivo’— y el azul, el más bello, que casi nunca brilla y no he logrado descifrar.

Ir por la vida con los ojos y el tacto abiertos. Que virtud tan rara, especialmente en los poetas que profesan hacer eso.

 

Fecha: 27 de junio de 2014

 

De: Maricela

De acuerdo, el termino “sonsera”, aplicado al debraye entre amigos, puede tener esa ambigüedad valorativa de si es arbitrario o gratuito, y si atiende o no a estrategias discursivas; pero injusto y torpe si pretende aplicarse al ejercicio deniziano, cosa que jamás podríamos siquiera imaginar, pues justo la novedad en la aplicación de estrategias discursivas es la que da las claves de lectura hacia otros sentidos en la composición de Deniz.

No hay gratuidad en el debraye, ni en sus estrategias; me parece que esa es la apuesta de una construcción fascinante en la que se apela a un lector que tendrá que crear nuevas formas de adentrarse en un discurso donde no se parte de los mecanismos habituales con los que se componían poemas.

Volviendo al origen de partida y a “El origen de la tragedia”, tratando de no especular ciega, miope o torpemente, comienzo por el armazón del poema que a nivel sintáctico opera como una oración copulativa donde A es B: “El origen de la tragedia” es “difícil de precisar […] como la mañana en que representaron […] un intento de pantomima”.

Alrededor de esa estructura se compondrá un discurso con capas diversas que van de las referencias propias de la erudición deniziana al asunto del que provienen los “20 000 lugares bajo las madres”, que, provisionalmente diré, son un discurso particular de la narrativa, la cultura, la literatura y la ciencia. Pero pues yo aquí nada más de habladora tartamuda.

 

De: Lalo

Pido disculpas por los desatinos. A veces olvido que la literatura es ciencia dura y que la crítica literaria la fundó Isaac Newton. Ahora debo actuar, sin gran entusiasmo, para que mentir, no bailoteo por volición, pero el editor [Rodrigo] espera espectáculo. Comienzo a sospechar malicia de su parte. Bueno, entonces… debo defender la portería contra los siguientes disparos: superficialidad, arbitrariedad, “no especularás con la obra de tu vecino”, miopía y Wikipedia… un turno muy agresivo de parte del rival. No me queda otra que sacar una jugada estilo jiu-jitsu. Y será el mismo Deniz el que la ejecute vía entrevista que le hizo José Nava para El Financiero en enero del 2006 (tengo el recorte amarillento aquí a la mano, ¿pueden creerlo?):

José Nava: ¿Es cierto lo que dicen: que es difícil entrar a la obra de Gerardo Deniz? ¿Usted apela al esfuerzo del lector?

Gerardo Deniz: En absoluto. Las cosas me salen o no me salen o, mejor, me salen como me salen. Y esa dificultad me hace mucha gracia porque es curiosísimo ver la cantidad de gente que admira apasionadamente a autores de verdad intrincados y, lo que es peor, a menudo con intenciones. El ejemplo que podría servir de prototipo es Ezra Pound. Todo el mundo lo lee y no encuentra ninguna dificultad. Leen incluso sus citas en griego y en chino y todo lo entienden de maravilla. Pero cuando yo pongo una palabrita en inglés dicen: “Ay, el intelectual… no sé qué, no sé cuánto.” Pero hay mucho de tomadura de pelo y de argumento para no leer, lo cual es elemental, pues basta con no agarrar el libro o con empezarlo y dejarlo cuando se fastidia uno con él. No hace falta tanta teoría. Por otra parte, cada quien es libre de hacer lo que quiera. Lo que sí me da risa es verme segregado como si lo que yo hiciera fuese una cosa del otro mundo. Y también me divierte esa comparación muy distante porque Ezra Pound es un gran poeta y yo no. Yo soy Gerardo Deniz.

José Nava: ¿Alguna característica de su obra?

Gerardo Deniz: Uno de mis orgullos en este relajo ha sido el ser completamente superficial. Adiós teorías y todas esas cosas. Soy superficial por naturaleza.

Creo que es momento de mencionar que el sentido del humor es central en Deniz. Yo así lo leo y lo entiendo al menos. Para mi Deniz es poeta y humorista, los dos en el mismo nivel. Quítenle el humor y su obra se momificaría de golpe. Es como el Ulises de James Joyce (arbitro: name-dropping), un libro muy gracioso. Sin su prodigioso sentido del humor, Ulises sería insufrible. Lo mismo Deniz. Lo siento, pero sin humor yo no leería a Deniz. Un comino me importaría toda su alta sapiencia.

 

De: Paula

Tal vez nos estamos haciendo bolas. Yo confieso, como Maricela, que sí: me siento tartamuda ante los textos de Deniz, un poco a la manera de Fausto cuando Mefistófeles le ordena que baje (¿o suba?) al lugar de las madres a través de sendas que no han sido ni serán jamás pisadas. ¿Cómo se hace eso? Pues como cada quien pueda y como a cada quien más le divierta.

Me encanta esa entrevista que citas, Lalo, pues es un buen ejemplo de la ironía deniziana, esa constante. Yo tampoco creo que pueda leerse a Deniz sin humor. Si algo excluye el sentido del humor sería ese culto a la irracionalidad disfrazado de inspiración y genio, propio de la poesía tradicional. Sólo quería decir que ese humor opera en muchos planos (muchos de ellos racionales, sí: Deniz viene de las ciencias duras, no lo olvidemos). Unos me resultan accesibles; otros los intuyo y quizás estarían un poco más a mi alcance si me pusiera a leer (por puro gusto, y no por esfuerzo), a Dumézil, a Epifanio de Salamina o a la condesa de Ségur. ¿Se me antoja hacerlo? Mucho. Se me antoja: de antojo, disfrute y morbo. Pero como no me ha dado la vida para tanto (tan poco, diría Deniz), entonces, ¿dónde encuentro el humor, digamos, específicamente en “El origen de la tragedia”? ¿Dónde lo encuentran ustedes? Acepto la invitación de Maricela de volver al texto y digo algunas de las razones por las que me divierte la pantomima.

A partir de la comicidad evidente de la escena, se me ocurre una cosa que también me da mucha risa: que todo aquello, a fin de cuentas, es lógico. O sea: ese relajo (por usar la palabra de Deniz) acaba pareciendo obvio si uno se distancia tantito del texto de Verne. ¿Que iban a hacer, si no eso, aquellos marinerotes rudos, héroes abnegados de una causa ajena, en la soledad del océano, durante los meses y años de aislamiento? La lógica del asunto funciona casi como el huevo de Colón: “¿A ver, descubre tú esa lectura?”. Está claro que Deniz se burla de Verne: de la seriedad y el misterio de sus héroes.

También está esa combinación de registros: la comicidad del contraste entre la escena tan graciosa y algunos versos “solemnes” que uno esperaría encontrar dentro del discurso lírico más tradicional: “Lejos se amontonaban nubes grises. Creció el viento”. ¿Qué dicen ustedes?

 

De: Maricela

Aquí les voy:

Lo de hacernos bolas es difícil de precisar, pero divertido; creo que estamos desmantelando o “pelando” nuestras propias formas de aproximarnos a cualquier texto y muy particularmente a los poemas de Deniz. Lo cual sí es exhibicionista pero divertido; el juego en el que vamos tirando va más por apostar prendas o secretos que por castigos, imagino.

Y ya que estamos en esas: confieso que estoy súper hecha bolas, me encantaría que fuese a lo Louise Bourgeois, pero supongo que a esta edad de máximas me saldrá más como personaje con “pechos simulados por trapos” por todas partes, con la variante de que en mi caso llevaré mi chongo y no una peluca de estopa amarilla.

Aunque, en esto de las estrategias discursivas que cada uno aplica para entrarle a un texto y decir algo al respecto, me alivianó mucho lo que el mismo Deniz dice cuando Xitlalitl Rodríguez le pregunta:

Xitlalitl Rodríguez: ¿Qué opina de la criminalización de los químicos, por sus objetos de estudio, como Timothy Leary?[3]

Gerardo Deniz: No sé. Allá los químicos, yo soy poeta. [Si lo hubiera abordado por el lado de los poetas, hubiera dicho “ay, no sé, yo soy químico”]. [risas]

Uno hace lo que puede con lo que tiene y pues ahí se las va uno apañando para entrarle con mucho gusto a estas cosas que queremos tanto. A mí me parece que una de las ideas que anima al texto es el tema del travestismo en el que los marinerotes se transforman, pero que también aparece en lo que a géneros canónicos establecidos se refiere; porque se anuncia que se tratara bien el tema de “El origen de la tragedia”, aunque no se hará en tono trágico sino en clave de “farsa”, mediante una pantomima donde el origen mismo de la tragedia es pretender que todo viene de ahí, del destino irrevocable de los dioses. Y por si fuera poco, los primeros versos nos exponen que se trata de sacar el cobre, rascar hasta que aparezca lo que está debajo de ese origen trágico:

[…] pero a esta edad de máximas, al restregar con el dedo hasta que brilla

el chipre y el chipre es hueso o asoma un genio—

Asunto que será la estrategia discursiva, uno de los tantos posibles ejercicios de composición que se aplicarán tanto en este poema como en el resto de la serie: rascar hasta que brille el cobre. O eso es lo que me da mi esparcimiento. Venga, Lalo.

Abrazos miles con bolas de trapo por todas partes.

 

Fecha: 29 de junio de 2014

 

▶ De: Rodrigo

Reaparece el fantasma y el verdadero aguafiestas. La conversación va perfecta y falta un cierre épico, ¿quién lo propone?

 

De: Lalo

Disculpen mi desaparición. Le decía a Paula que me deje llevar por la fiebre futbolera. ¿Sólo faltaría el remate? ¿Qué tal si cada uno se despide o concluye como considere adecuado? Que cada quien ofrezca un remate o tapón o caída de agua o guillotina, que sea breve, esa sería la única regla, como ven… ¿funcionaría eso?

 

De: Paula

Apoyo la moción, Lalo.

 

De: Maricela

¡Vamos!

 

Fecha: 30 de junio de 2014

 

De: Lalo

Ni modo, se acabó el paseo. A bajarse del elefante. Lógica de feria, yo apenas comenzaba a divertirme cuando el segundero me dijo que me largara. Gracias a Maricela y a Paula por aguantar, pacientes, mis malos modales y mi manía de girar y dar vueltas. ¿Nos hicimos bolas? Bola eres y en bola te convertirás. Lo mejor de aprender algo es luego poder olvidarlo. Eso digo yo. Si algún día nos juntamos a montar la pantomima, pido cruzar las manos delante como Osiris. Gracias también a Rodrigo, por invitarnos a montar. Aquí van las monturas de regreso. Declaro que hemos gesticulado, nos hemos fruncido, y que hemos manifestado muestras de arrepentimiento, duda, y error.

 

Fecha: 1 de julio de 2014

 

De: Maricela

Pues ha sido una velada encantadora, querido. En la que no faltaron dudas, arrepentimientos y terror aderezados con lo más fino de nuestras estrategias juguetonas; así, sí dan ganas de hacerse bolas. Revisar en compañía de otros, estimados y admirados, estas cosas que nos gustan tanto, es una peroración que no se va quedando sola.

 

De: Paula

Fue un honor compartir cubierta con ustedes. Creo que este ejercicio nos deja claro cuantas y cuan distintas son las formas de acercarnos a Deniz y de qué manera sus poemas ponen en jaque nuestras estrategias preestablecidas de lectura, obligándonos a buscar otras nuevas y más creativas. Yo le agradezco a Deniz cada momento de deleite y reto, y espero que disculpe nuestro bogar a la deriva en estas páginas.

 Ilustraciones por Luis Carlos Hurtado.

 


[1] “Pacheco bajo el microascopio”, en Anticuerpos, Ediciones sin nombre, México, 1998.

[2] “Erdera es una palabra vasca. Los vascos dividen el cosmos en Euskera y Erdera: lo que es vasco y lo que no. ‘Para mí está muy claro todo y, si me pongo en plan vasco, siento que todo el mundo es Erdera’”; así lo define el propio Deniz.

[3] En “La poesía es materia orgánica”, Vice.com, 26 de junio de 2014 (consultado el 3 de julio de 2014).


Autores
(Ciudad de México, 1977) es autora de Se llaman nebulosas y De lo perdido, lo hallado
(Canadá, 1976) su último libro es el poemario Blitz.
(Distrito Federal, 1980) es poeta y traductora, autora de Fiat Lux (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2012).
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