Tierra Adentro

Ilustración de Maricarmen Zapatero

Neymar intentó toda la noche remontar un marcador ante el Paris Saint-Germain que parecía imposible: corrió, pidió balones, dribleó, defendió a Messi, aventó a Thiago Silva por querer consolarlo, no reclamó demás, si le pegaban se levantaba de inmediato. A su lado estaban Messi, Suarez e Iniesta, sin embargo, el brasileño fue el que más intensidad desbordó esa noche.

Minuto 86 y el Barcelona casi está eliminado, sí el equipo quiere pasar de fase, necesitan meter tres goles y la desesperación empieza a inundar a quien sea que vista de blaugrana. Minuto 87 y el brasileño provoca una falta sobre él, agarra el balón, lo acomoda apenas afuera del área y perfilado con su pierna derecha conecta el balón sutilmente haciéndolo girar 360 grados. Marcó un hermoso gol de tiro libre que no se festeja porque el tiempo se acaba.

Minuto 90+1, Marquinhos derriba a Suarez provocando un penal que el uruguayo le sede casi de inmediato a Neymar, ni siquiera Messi duda que el 11 está on fire. Nuevamente acomoda el balón Adidas lleno de estrellas y el requisito está hecho, están a solo un gol de que el milagro suceda.

En la banca se ve al técnico Luis Enrique dar indicaciones, pero nadie parece hacerle caso. Último minuto del agregado y hasta el portero Ter Stegen está en el área del PSG tratando de anotar, un rechace hace que el balón casi llegue al medio campo, Neymar va por él, lo conduce y con una finta de tiro deja atrás a Verrati, para después bombear un centro suave que llega a Sergi Roberto que solo empuja el balón a la red.

Esa noche el festejo en Barcelona fue casi igual a cuando ganaron la Champions League, remontar cuatro goles no es cosa menor, pero lo que más se recuerda de esa gesta, fue que Neymar demostró que, a sus 25 años, podía estar a la altura de Messi y Cristiano Ronaldo.

 

Desde que se retiró Pelé (según algunos periodistas deportivos, el mejor futbolista de todos los tiempos) a finales de los años setenta, Brasil ha estado ávido de volver a tener a un jugador de ese tamaño, que se le consideré el mejor futbolista de toda una era. Sin embargo, el país sudamericano se ha quedado muy lejos de esa disputa, y si bien ha habido casos excepcionales, como Zico, Romario, Ronaldo, Kaká o Ronaldinho, los años de reinado que han tenido han sido muy pocos, y casi nada, si los comparamos con los dos mejores futbolistas de la actualidad, Messi y CR7, que han estado en la elite por más de 10 años, cosa que ningún futbolista, ya no digamos brasileño, ha hecho en las últimas tres décadas.

Quizás por eso, cada que un jugador joven destaca en las ligas juveniles de Brasil o debuta a muy temprana edad, siempre se le busca comparar o nombrar como el nuevo Pelé. Ejemplos hay muchos, desde Ronaldo, Adriano y Robinho, hasta el propio Neymar, por mencionar a los más famosos. Pero esto más que un halago, suele ser una carga que muchos futbolistas jóvenes no logran soportar, haciéndolos quedar en las sombras con retiros casi inmediatos, o con carreras que se quedan muy lejos de lo que se vislumbraban.

Y es que ser un futbolista en Brasil, un país con más del 30% de su población viviendo en la pobreza (y cada vez aumentando más), significa salir de todo eso casi de inmediato. El Propio Neymar finca gran parte de su deseo de ser una superestrella en esas carencias que tuvo de pequeño, compartiendo algunas anécdotas de eso, como en una entrevista que tuvo con el youtuber brasileño Thiago Nigro, recordando cuando vivía en casa de sus abuelos, con sus tías y primos en una casa de tres cuartos pequeños, donde todos dormían a la misma hora y en el mismo espacio. “Siempre tuvimos dificultades, pero nunca nos faltó nada básico, tipo comida. Recuerdo decir a mi madre que quería comer una galleta pero que no tenía dinero para comprarla. Ella intentó consolarme. Yo le dije: ‘Voy a ser rico y voy a comprar una fábrica de galletas‘, a veces ella todavía habla de esto y llora”.

Sin embargo, llegar al debut no es sencillo y menos aún en un país en el que según datos, hay por lo menos 30 millones de personas que lo practican. Neymar lo ha contado en diversas entrevistas, “El proceso para ser futbolista es muy doloroso y complicado, te tienes que enfrentar a muchas cosas. Tenía un millón de amigos con más talento que yo y no han conseguido llegar”. Y es que clubes importantes como el Flamengo, dicen que por lo menos al año pueden ver hasta 20,000 aspirantes a su cantera.

Quizás por eso, lo que ha logrado Neymar es de respetarse. De niño rápidamente llamo la atención de muchos, jugando en la calle, en la playa o en el futsal, aunque siempre hubo esa duda en algunos de sus técnicos que no creían que llegaría muy lejos por su complexión delgada, ya que daba la primera impresión de que era débil y que no podría competir ante la fuerza de niños más grandes. No obstante, Neymar era habilidoso, rápido e inteligente para moverse con y sin balón, además de que según sus entrenadores, Neymar jugaba tan rítmico como los cantos de los estadios de futbol.

En algunas entrevistas Ney confiesa que una de sus principales virtudes fue comenzar a jugar futbol de salón (muy popular en Brasil), que lo llevo a dominar los regates y fintas en espacios muy cortos, habilidades que sobre todo, vimos en el primer Neymar, ese que jugaba en el Santos de su país, donde hacia sombreritos, bicicletas o gambetas imposibles que escondían el balón a los defensas contrarios y que lo han hecho acreedor a patadas y faltas arteras, salidas de la impotencia de sus rivales que no lo pueden parar.

Con 11 años fichó con el Santos FC para jugar en las categorías infantiles del club. Con 14 años fue a probarse a España con el Real Madrid, en donde todo estaba listo para que jugara en las juveniles del club blanco, sin embargo, Neymar no quiso quedarse en España y le pidió a su padre volver a Brasil a pesar de que, en ese entonces, Beckham, Zidane, Roberto Carlos y todos los galácticos, eran las figuras a las que se quería igualar. Regreso al Santos y rápidamente destacó y empezó a tener un mejor sueldo que ayudó a él y a su familia a estabilizarse y creer que podían vivir del futbol

En el 2009 debutó con solo 17 años entrando de cambio, aunque tuvo que esperar a meter su primer gol una semana más tarde. Esa primera temporada se ganó rápidamente la posición de extremo izquierdo y anotó 14 goles en 48 partidos. Sin embargo, la explosión vendría un año más tarde en donde fue elegido el mejor jugador del campeonato brasileño y las comparaciones con Robinho y Pelé comenzaron a llegar.

Para el 2011 las comparaciones con O´Rei parecían tener un sustento, y con Neymar y Paulo Ganso como puntas, Santos FC ganó la Copa Libertadores por primera vez en 48 años, siendo la última en 1963, justo de la mano de Pelé. Ese mismo año Ney ganaría el premio al Futbolista del Año de Sudamérica y el premio Puskas al mejor gol cuando en un partido contra el Flamengo, el 11 recibió el balón adelante del medio campo, escondiéndolo y driblando a un par de contrarios, corriendo hacia el centro de la cancha rumbo a la portería para después pasar la pelota y recibirla nuevamente con una pared de su compañero Borges; ya de frente al área, aguantaría algunos jalones de un rival y justo para entrar al área chica, le pasaría el balón por el costado derecho de un defensor con una gran finta, punteando la pelota con su pierna derecha hacia la red, para resistir una barrida que lo derribaría en el área: golazo.

Con goles, asistencias y grandes actuaciones, su carrera deportiva fue ascendiendo. Como coincidencia, el 5 de febrero de 2012, día de su cumpleaños, Neymar anotó su gol 100 con la camiseta del Santos y en ese mismo año, Neymar se convirtió en la joven promesa en la que Brasil fincaría todas sus ilusiones para lograr cosas grandes. Los comerciales, patrocinios, entrevistas en todo tipo de programas, apariciones en revistas de chismes y deportivas comenzaron a ser parte de su día a día: la fama lo había alcanzado, era el futbolista más querido y protegido de todo Brasil.

Ya con las competiciones sudamericanas y brasileñas ganadas, los mismos brasileños empezaron a pedir la salida de Ney a Europa, si él los llevaría ganar una nueva Copa del Mundo, era el momento de emigrar a una de las mejores ligas. El FC Barcelona acabó fichándolo en el verano de 2013 y a pesar de que su primer año no fue bueno, esa adaptación le ayudó a firmar una segunda temporada magnifica en donde logró hacer un tridente histórico a lado de Lionel Messi y Luis Suárez a base de goles y de un gran juego, logrando obtener el segundo triplete en la historia del club blaugrana que consistió en ganar la Copa del Rey, la Liga Española y finalmente la Champions League.

En su búsqueda por volverse el mejor del mundo, Neymar decidió salir de Barcelona y encabezar el proyecto del Paris Saint-Germain para convertir al club en uno de los más importantes de Europa. Sin embargo, ha estado muy lejos de lograrlo y el click que tuvo con la afición parisina cuando llegó, se ha ido desvaneciendo, más aún cuando ha tenido lesiones graves que no le han permitido rendir lo que se esperaba de él. Pero también ha estado envuelto en la polémica al supuestamente, inventar lesiones o enfermedades para poder festejar cumpleaños propios o de familiares y amigos perdiéndose partidos clave. De igual manera, ha hecho fiestas previas a partidos, se ha peleado con compañeros de equipo, dividió al vestuario y hasta ha roto los protocolos sanitarios cuando se supone que está prohibido por la pandemia. Todo esto lo ha hecho perder mucha de la fe que el pueblo brasileño tenía en él para convertirse en el mejor del mundo y llevar a su selección a cosas grandes.

Neymar ha mencionado en los últimos años que nunca dejara de ir a fiestas porque dedicarse por completo al futbol agrava su salud mental. De hecho, hace no mucho mencionó que quizás el Mundial de Qatar será la última oportunidad que tenga de darle una nueva Copa del Mundo a su país, porque no está seguro de seguir aguantando la presión que se ha ejercido en él durante todos estos años que lleva como profesional. Y de cierta manera puede que tenga razón, la presión puede volverse una locura más aún cuando no se está preparado, de igual manera, en el último documental que hizo Netflix de él (y que produjo LeBron James), podemos ver a un Neymar infantilizado que hace lo que quiere, con un padre que le exige perfección y una madre que sentencia la frase de “al que se le da mucho se le debe exigir más”.

Y es que con un salario anual de 30 millones de euros que le da el PSG más todos sus patrocinios como el reciente firmado con Puma de 25 millones de Euros, es notorio que Neymar se ha quedado corto con todo lo que se esperaba de él. Más aún cuando siempre ha dicho que él no juega por todo el dinero que gana, sino por querer ser el mejor, aunque si pudiera, no le gustaría ser tan famoso como lo es.

Algo que de cierta manera ha hecho bien fue que, con la ayuda de su padre, crearon su propia empresa y el nombre de Neymar Jr. ya es una marca propia que aspira a consolidarse con cada año que pasa y una vez que se retire, como lo han hecho deportistas de la talla de Michael Jordan o David Beckham. De igual manera, su empresa fundó en el 2014 con su madre como presidenta, el Instituto Projeto Neymar Jr. en su ciudad natal Praia Grande, que ayuda a familias y niños necesitados en el barrio Jardim Glória. Actualmente tiene 2.154 niños inscritos a los que se les enseñan diversas actividades educativas y deportivas como el estudio de idiomas, clases de artes, música, fútbol, ​​natación, baloncesto, entre otras, así como a sus familias quienes participan en los diferentes cursos profesionales que dan como clases de música, alfabetización, informática, matemáticas, inglés básico o español.

En el mundial del 2014 Neymar salió lesionado por un rodillazo canchero sobre su espalda por parte del colombiano Juan Zuñiga, detonando tal vez en el ánimo de su equipo que fue vapuleado un partido después por Alemania. En los Juegos Olímpicos de Rio fue el capitán de su selección y logró ayudar a Brasil a ganar por primera vez medalla de oro frente a los alemanes. Dos años más tarde y apenas recuperado de una grave lesión, en el Mundial de Rusia poco pudo hacer para ayudar a su selección perdiendo en cuartos frente a Bélgica. Es evidente que Neymar ha estado siempre ahí compitiendo, es de los pocos jugadores que ha ganado los torneos más importantes de clubes como la Champions y la Libertadores, nada sencillo. Incluso es el segundo máximo goleador de su selección a solo siete goles de Pelé, y verlo jugar siempre es sinónimo de espectacularidad, sea por lo bueno o por lo malo que haga. Después de una escasez de talento en la selección de Brasil, la llegada de Neymar hizo que pensáramos que el jogo bonito podía resurgir.

A los 30 años Pelé ya había ganado su tercera Copa del Mundo; Maradona estaba en la mejor etapa de su carrera con el Napoli; Romario regresaba a Brasil con el Fla; Ronaldo jugaba para el Real Madrid y recién había ganado el Mundial de Alemania; Messi ganaba su cuarto Balón de Oro y Ronaldo su quinta Bota de Oro. Neymar está ante el año más importante de su vida, ese que puede encumbrar su carrera y volverlo un mito viviente. Puede ganar su segunda Champions a mediados de año a lado de su amigo Messi y darles a los parisinos la gloria que tanto buscan, pero sobre todo, puede ganar la Copa del Mundo a finales de año con su selección y demostrarles a todos que, eso que se esperó de él, siempre fue real y solo había que dejar que el tiempo pasara para que Neymar madurara y lograra lo que el destino le tenía preparado, no ser el nuevo Pelé, sino Neymar Jr. el Nuevo Rey brasileño.


Autores
(Ciudad de México, 1985). Es narrador y periodista. Escribe sobre música, futbol, terror y literatura en diversos medios impresos y digitales. Fue becario del FONCA (2015-2016) y del PECDA del Estado de México (2014-2015), en ambas como joven creador en letras con especialidad en cuento. Estudió la Licenciatura en Creación Literaria en la UACM y la Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Actualmente da clases de periodismo y de escritura creativa.
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