Tierra Adentro

We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold”.

Esta frase es uno de los arranques más memorables de la historia de la literatura universal. Es el disparo de salida de Miedo y Asco en Las Vegas, que este año cumple cinco décadas de vida. Una novela que nació directamente de la veneración de su autor por la cultura de las drogas y se insertó en el canon de lo que podría considerarse el nuevo malditismo norteamericano.

Varias de las mejores obras de ficción han surgido por accidente. Es el caso de Miedo y asco en Las Vegas. Hunter S. Thompson era un reportero que había coqueteado con la ficción sin éxito. Había escrito en 1959 una novela fallida. El diario del ron permanecería extraviada en su sótano y sería rescatada hasta 1998. Con un hit a cuestas, Los Ángeles del Infierno, la crónica sobre la banda de motociclistas criminales, Thompson había llegado a un callejón sin salida. El periodismo tradicional con que había escrito las correrías de la pandilla de motociclistas ya no lo satisfacía.

La revista Sport Illustrated le había asignado que cubriera el Derby de Kentucky, una de las carreras de caballos más prestigiosa del orbe. Thompson decidió saltarse las reglas. En lugar de escribir el típico reportaje realizó una interpretación libre y personal de los acontecimientos que tenía delante. Fue así como nació el periodismo gonzo, el estilo que lo haría famoso. Este texto y su descubrimiento sentarían las bases de Miedo y asco en Las Vegas.

Thompson era un gran admirador de El Gran Gatsby. Lo tomó como modelo para hacer sombra. Como entrenamiento. Cuenta la leyenda que lo transcribió completo varias veces para captar la música de Fitzgerald. Y también había leído a Kerouac con fruición, On the road en especial. Y lo que late detrás de estas dos novelas, más la concepción de Hemingway, otro de sus héroes, sobre la literatura, es la idea de la Gran Novela Americana. Thompson sabía que si quería asegurarse un lugar en el panteón de las letras gringas debía ofrecer su versión de la Gran Novela Americana. Y su aportación a esta categoría fue Miedo y asco en Las Vegas.

De alguna manera retorcida (la culpa es del LSD) Miedo y asco en Las Vegas es una conjugación de estas dos novelas. Es una road novel como On the Road y es la historia de la soledad que experimenta el éxito a lo Gatsby, pero a diferencia de la opulencia del millonario excéntrico acá el triunfo se mide en cuánto puedas corromper la ley a base de sustancias. En un punto las tres novelas narran ese periplo abstracto conocido como Sueño Americano.

Miedo y asco en Las Vegas comienza con un viaje. Uno desopilante y escandaloso. El intento de Thompson por quitarle lo estirado al oficio del reportero y en su lugar mostrar el glamour depravado al que podía tener acceso cualquier hijo de la cultura de la droga en unos Estados Unidos que comenzaban una relación problemática con las sustancias. Una relación que se extiende hasta el día de hoy. Que en su oscuro trasfondo ha revelado que la verdadera lucha era por el dinero. La legalización de la mariguana ha convertido a California en uno de los estados más ricos del gabacho.

Y fue huyendo de la persecución que sufrían los consumidores a ese lugar en el que Estados Unidos suele ser más permisivo. Para desmadrarse a fondo. Hijos de Las Vegas, libro de Timothy O’Grady, cuenta con diez entrevistas de personas nacidas en Las Vegas y lo que ha representado crecer en la ciudad del vicio. Thompson fue un visionario. Sabía que este territorio se convertiría en una de las peores pesadillas de la sociedad gabacha. Y ahí situó la acción de su libro.

Por supuesto que Raoul Duke, el antihéroe, un alter ego del propio Thompson, debía tener una comparsa. El abogado que lo acompaña en el viaje, Dr. Gonzo, está basado en el abogado chicano Óscar Zeta Acosta. Antes de que se aceptara abiertamente lo multicultural en Estados Unidos, un descendiente de inmigrantes de origen mexicano consiguió colarse en la literatura gringa por la puerta grande. Un personaje que se ha vuelto memorable. Imposible borrarse de la mente la escena en que pasado de ácido en la bañera quiere que Raoul Duke le lancé una grabadora mientras suena “White Rabbit” de Jefferson Airplane para morir electrocutado en un éxtasis de droga y voltios.

Miedo y asco en Las Vegas trata sobre todo y a la vez sobre nada. El pretexto es la búsqueda del Sueño Americano. Una entidad abstracta que para algunos representa el bienestar que prodiga el dólar. Pero también puede interpretarse como un viaje existencial. La pregunta más que pertinente de Thompson por lo que representaba la política de su país y las repercusiones que tendría sobre el mundo entero. Y está también ese otro viaje, el del mismo Thompson en pos de una voz, de su escritura, de su estilo. Tras la escritura de Miedo y asco en Las Vegas, el panorama de las letras no volvería a ser el mismo. Ni la vida de su autor. Hasta el día de hoy todavía surgen imitadores del periodismo gonzo.

La enseñanza detrás de esto es que Thompson encontró lo que buscaba. Una obra que pudiera competir con lo mejor de la Gran Novela Americana.

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