Tierra Adentro

1

 

Germán: Se llamaba Ismael. La última vez que lo vi iba allá, arriba. Toda una vida tratando de alcanzarlo. Toda una vida y ni siquiera un rasguño a la bestia. Persiguiéndola sin sentido. ¡Toda mi pinche existencia!; corriendo, cazando y nada

Se escucha el rugido de la bestia, que cruza el cielo.

Germán: Todavía la recuerdo. También me acuerdo de las noches de cigarro frente a la rue Gît-le-Coeur, las grabaciones en… (se oye otro rugido). ¡Ahh!, las grabaciones en Nueva York y las improvisaciones nefastas de Baltimore, y nada, ni un rasguño al maldito animal (de nuevo, el rugido). Yo tenía quince años cuando… Se llamaba Ismael. No hubo gritos; silencio nada más o… No me acuerdo. Tocar el cielo, tocarlo con mi sax… Se llamaba Ismael.

Una vez más, ruge la bestia mientras atraviesa el cielo.

Germán: Me vi obligado a convertirme en el mejor saxofonista desde Sidney Bechet para mi padre.

Ismael: ¿Tienes que estar ensayando a esta hora?

Germán: Debo hacerlo por lo menos tres horas diarias, ya sabes. Bechet seguro ensayaba diez.

Ismael: ¿Otra vez ese tal Bechet? Nadie lo conoce.

Germán: Sidney Bechet era el más grande saxofonista de… Olvídalo.

Ismael: Son genios, gente tocada por algún dios. Y tú…

Germán: ¿Me has oído?

Ismael: ¿Crees que eres un genio?

Germán: ¿Me has oído?

Ismael: Ya vas a empezar.

Germán: Escucha un poco de lo que estaba componiendo.

Ismael: Ya lo hice toda la noche.

Germán: No creo que lo hayas hecho.

Ismael: Practica media hora más y le paras. La gente quiere dormir.

Germán: Pasaron años y la presencia de mi padre seguía ahí…

Hypnos: Ya, cuéntales de cuando la conociste. Ve al grano; déjate de rodeos cursis. Podríamos ahorrarnos tiempo.

Germán: La primera revelación la tuve…

Hypnos: ¡Ay, sí! ¿“Revelación”? ¿Una revelación para el “iluminado”?

Germán:… la primera revelación la tuve cuando cumplí quince años.

El Moby: Ya, rólala.

Germán: Lo hubieras visto. No hizo nada: se quedó parado en el filo de la puerta. Yo corrí. Fui por un vecino y él lo quitó de la puerta; estaba con la cara más pendeja que te puedas imaginar.

El Moby: Los dos venían llegando de casa de tu abuela. Ya me habías contado.

Germán: Mi madre estaba en el piso de su cuarto y él prefirió no hacer nada, ni siquiera gritó. Sólo la miró.

El Moby: Rólala, pues.

Germán: Me acababan de comprar el sax; no supe qué hacer y me puse a tocar.

El Moby (ríe): Deberías aprender a tocar otra cosa.

Germán: ¿Como qué?

El Moby: That’s the point. No te das el chance de cambiar. Cuando nos conocimos, era un panzón: fat, fat, como una puta ballena.

Germán: Pinche Moby.

El Moby: ¡Exacto! No dejaste de joder hasta que todo el mundo me dijo El Moby, porque lo habías leído en no sé qué chingados. Nomás para callarte el hocico, look at me now: ni un gramo de grasa, puto. Bueno, ya me aburrí, tócate algo.

Germán: Preferiría no hacerlo.

El Moby: No seas así. Un poco de lo que te rifaste en mi cumpleaños, ¿te acuerdas? Estaba chingón (ríe. Pausa). ¿Quieres?

Germán: ¿Qué es?

El Moby: Chronic.

Hypnos: ¿Y qué tal te fue?

Germán: Pues primero todo empezó a acelerarse, y después, despacito, despacito. Cada vez más y más lento hasta que el tiempo se detuvo. El tiempo…

Hypnos: ¿Y luego?

Germán: ¡Shhh! Espérate… luego… luego vino el aire frío de la madrugada y luego… luego oímos a Janis Joplin, “Summertime”. En automático, comencé a tocar.

Hypnos: Pero ¿cuál fue tu “revelación”?

Germán: En eso estoy. La primera fue cuando cumplí quince años. Yo tenía…

Hypnos: Ya se te olvidó. Y sería sólo una de tantas otras “revelaciones” que se te olvidaron. Únicamente eran ilusiones, verdades de sueños que desaparecen por la mañana. ¿Por qué no vamos a la parte que nos interesa?

Germán: No, sí me acuerdo. La primera revelación fue el tiempo, que es obediente si uno quiere. Puedes hasta jugar con él. La música me ayudó a entender: me sacaba del tiempo, porque no tiene nada que ver conmigo ni contigo. Sólo estamos obsesionados con los minutos y los años.

Hypnos: ¿Y eso lo descubriste con una droga?

Germán: No, con mi sax. Es complicado. Los relojes pierden significado en cuanto toco. No existe mi papá ni sus deudas ni la oscuridad de cuando cortaron la luz, sólo mi música. Y el momento en que esa cosa entró en mí…

Hypnos: ¿Qué cosa?

Germán: El espíritu. No importó nada más, ni mis límites ni las reglas…

Ismael: ¿A qué hora llegaste? (pausa larga). Te estoy preguntando a qué hora llegaste. Mírame a la cara. ¿Qué tienes en los ojos? ¡Contéstame! (Germán empieza a reír sin poder contenerse). ¿De qué te estás riendo? ¡Te estoy hablando! Vete a tu cuarto.

Germán: Preferiría no hacerlo. (aparte) Y así comenzó este jueguito con mi padre. Me escapaba todas las noches, mientras él dormía, y agarraba las llaves del coche que colgaban junto a la puerta.

Ismael: Ahí está de nuevo el ruido del motor. Cómo no oírlo si esa carcacha me la dio mi padre. Que estuviera encerrado en mi cuarto no significaba que durmiera.

Germán: Ni siquiera se enteraba de que salía. A veces me iba con mis amigos; las más, iba hasta el mirador a tocar un poco, practicar sin que nadie me dijera:

Ismael: ¡Calla ese maldito ruido!

Germán: O simplemente salía para ver si la noche me decía algo.

Ismael: Es obvio que te vas de putas o a fumar mota con tus amigos. Conozco muy bien esas excursiones nocturnas.

Germán: Y fue ahí que la noche habló, que las estrellas bailaron…

Hypnos: Ahí vas de nuevo, ¿no?

Germán: ¡Auuuuuuu! ¡¿Qué chingados es estoooo?!

El Moby: Se llama Mandy. mdma, pues.

Hypnos: ¡Otra droga! Creo que empiezo a entender de qué va esta obra.

Germán: La luna no podía estar más bella; el universo, su grandeza.

Hypnos: Suplementos del sueño, las drogas crean un mundo de fantasías inalcanzables. Sueños hechizos que puedes disfrutar sin poner los pies en la tierra. Pero no olvides voltear al cielo.

Germán: Las luces se mueven cada vez más y más rápido, y yo soy el único que es capaz de mirarlas sin moverse.

Hypnos: No es el destino, sin embargo, cuando escuches su rugido, sabrás que cada una de tus acciones ha soltado, poco a poco, las cadenas de la bestia.

Germán: Sólo necesitaba esto para mandar a la chingada todo: a mi padre; a su estúpida ilusión de que fuera un abogado, o quién sabe qué, encerrado en una pinche oficina, viendo cómo se me iba la vida tras un escritorio, ajeno al mundo.

Ismael: Nunca te dije que fueras un oficinista.

Germán: Claro que sí. Estábamos cenando. Yo estaba aquí y tú… tú, allá. No así, de espaldas. Y dijiste:

Ismael: ¡Te dije que no me gusta que fumes en la casa! Apágame esa chingadera (Germán lo hace de mala gana. Pausa). Leí un libro anoche.

Germán: Mmm.

Ismael: ¿No me vas a preguntar qué leí?

Germán: ¿Qué leíste?

Ismael: Bart… Brad… Brat… Bradley, el escritor, o algo parecido.

Germán: Bartleby, el escribiente.

Ismael: Eso.

Germán: Mmm.

Ismael: Era de unos… de unos…

Germán: Copistas.

Ismael: Debe haber un trabajo así.

Germán: ¿Así cómo?

Ismael: Ha de ser muy gratificante aportar algo productivo a la cultura.

Germán: ¿Cuál es el punto?

Ismael: Transcriben uno por uno los libros de personas importantes. Trabajan.

Germán: ¿Terminaste el cuento?

Ismael: No, la verdad me dio sueño. ¿Adónde vas?

Germán: A donde no esté escuchando idioteces.

Ismael: Digo que ellos, al menos, reciben algo de dinero por lo que hacen.

Germán: Todo tiene que ver con los muchachos, ¿verdad?

Ismael: Germán, no tocan bien y hasta ahora no han ganado ni un centavo.

Germán: Los primeros años no hay ganancias. Luego uno va subiendo, llega el éxito y todos felices.

Ismael: ¿Y cuántos años son “los primeros años”?

Silencio.

Ismael: Mañana tienes una entrevista de trabajo con un amigo que necesita ayuda en la oficina. Es a las ocho de la mañana, no llegues tarde.

Germán: Soy músico.

Ismael: Tienes dieciocho años, es hora de que vayas trayendo dinero a la casa.

Germán: ¡Siempre el dinero!

Ismael: Pues a ver con qué vas a tus ensayos, porque yo no te daré ni un centavo más.

Germán: Termina de leer el cuento y luego hablamos.

Ismael: Después te largas.

El Moby (a Germán): Setecientos pesos el gramo; yo lo vendo allá en doscientos dólares. Es un gran negocio por donde lo veas. Nadie sale lastimado y nosotros nadamos en billetes. Tu papá, contento: le mandas dinero cada mes, y san se acabó, bye al encierro.

Germán: La pinche Mandy era la cosa más increíble que había probado hasta entonces.

El Moby: ¿Verdad que no tiene madre? Pinche monstruote, la Mandy. Tú confía en mí. No hay por qué quedarse en este lugar, hermano. The American dream. Si quieres ser alguien en este país, primero debes viajar al gabacho. Tenemos veintidós años; es tiempo de hacer algo con nuestras vidas. Ya luego vemos de a cómo nos arreglamos. Dile adiós al trabajo que te consiguió tu papá; ve juntando lo del vato que nos va a cruzar, y lo demás es el sax, hermano. Sólo el sax.

Ismael: Hijo…

Germán: Un viaje para reencontrarse con el mundo. Sólo tenía que irme lejos. No podía seguir viviendo con mi padre porque en ese momento eso me abría el horizonte, veía más allá de estas cuatro paredes. Me largué de la horrible unidad habitacional que nos dio el Fovissste, y viajé, viajé lejos.

Ismael:… para qué nos hacemos pendejos.

Germán: Así que, al día siguiente de mi último pago, salí por la puerta y me llevé un saxofón lleno de polvo de hadas para el gabacho.

Ismael: Siempre supe que ibas a terminar mal.

Germán: Y dejé ese trabajo al que me encadenó mi padre durante tres años: capturista.


Autores
(Ciudad de México, 1989) es director y dramaturgo. Egresado del Diplomado para la Creación Literaria del Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (inba) y del Consultorio de dramaturgia del Centro de Artes de San Agustín Etla (casa), fue asistente general y coordinador en el Teatro el Milagro y coordinador y docente en el foro Cafebrería teatral Casa de la Sal, en Iztacalco, y en la Coordinación del Sistema de Teatros de la Ciudad de México. Es autor de La Casa del Toro, obra finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2013; El entierro de la libélula, ganadora del Segundo Premio Independiente de Joven Dramaturgia 2014; entre otras. Actualmente trabaja en Carretera 45 Teatro A.C.
Secretaría de Cultura