Tierra Adentro

Pollito fue la obra ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2019 y aparece en “Teatro de la gruta XIX”.


 

 

Pollito espía

 

Érase una vez un Pollito

Arriba, la noche;
abajo, la casa.

“Un lindo hogar”,
dice mamá;
“un bello y cariñoso hogar”,
dice papá.
Me lo dicen a mí,
la niña de su casa.

Estoy dormida en mi cuarto hermosísimo,
tapadita con mis preciosas cobijas,
soñando con la tiernísima noche.

Un ruido me despierta,
viene del otro lado del cuarto.

Pego mi oreja a la pared.
Creo que es un animal.
Sí,
es un animal.

Hace un ruido así.
Ahora se calla.
No va a engañarme:
sigue allí,
percibo su respiración temerosa;
no,
su respiración es urgente y profunda.

Despego mi cuerpo del colchón,
mis pies tocan el piso frío,
me pongo de puntitas y avanzo.

Gallo, gallina, gallo, gallina, gallo, gallina.

El animal me llama.

Gallo, gallina, gallo, gallina, gallo, gallina.

¡La recámara de mis padres!

¿Qué hace el animal allí adentro?

¡Quiere comérselos!

No.
Voy a abrir la puerta.

¡No!
Prefiero no espantarlo.

Me asomo por el hoyito de la cerradura.

La luz es tibia.

¿Dónde está?

Muevo el ojo,
muevo el ojo,
muevo el ojo,
muevo el ojo;
lo encuentro.

El animal de la noche se mueve.

Arriba,
abajo,
atrás,
adelante.

Respira profundo.

Tiene una barba negra.

Chilla y sonríe.

Se adentra y se sale de sí mismo.

El animal también lleva puesta la piel de mi madre.

Sus ojos se desorbitan.

Escupe,
saca sus garras,
se rasguña.

El cuerpo se me llena de hormigas.

Gruñerrespiragruñerrespiragruñerrespiragruñerrespira
gruñerrespira.

Mi piel se hace de pollo.

Gruñerrespiragruñerrespiragruñerrespiragruñerrespira
gruñerrespira.

Siento pipí caliente justo aquí.

El animal con el rostro de mi padre voltea,
su ojo choca contra el mío.

Corro asustada a mi cama,
me cubro con las sábanas,
duermo de mentiritas.

Un líquido tibio inunda el colchón
La noche se me escapa.

Mamá cambia las sábanas por otras secas y limpias,
“eres una chiqueada”.

Papá besa mis mejillas,
su barba me pica.

 


 

 

Pollito actora

 

Oscuridad.

Mamá: ¿Empezamos de nuevo?
Pollito: Pío, pío, pío.

Se enciende el único foco de la habitación de Pollito. La luz es tibia. Mamá viste un camisón amarillo, transparente. En las manos lleva una cámara de video; la enciende y graba a su hija: su boca y su cabellito mojado, hace un zoom a sus ojos grandes. Pollito está montada en su cabra gigante de peluche y luce una bata de baño amarillo brillante.

Mamá: ¿Quién quiere morder tus piernas?

Pollito señala la cámara.

Mamá: Ñam, ñam, ñam, ñam. Corre que te alcanzo.

De un salto Pollito baja de la cabra.

Pollito: No me alcanzas.
Mamá: A que sí te alcanzo.
Pollito: No, no, noooo.
Mamá: Te comeré.
Pollito: ¡Uy, no me espantes!
Mamá: Pollito, Pollito, me voy a comer tus alitas.

Mamá apresa a Pollito y le hace cosquillas aquí y allá. Pollito, sonriente, mira hacia la cámara, le manda besos.

Pollito: Pío, pí, pío.
Mamá: ¿Cantamos para él?
Pollito: Chi.

Mamá deja la cámara sobre la mesa y va por su guitarra. Pollito se prepara. Ambas se acomodan frente a la cámara.

Mamá: ¿Lista?
Pollito: Listisísima.

Mamá toca la canción “La gallina cocoua” mientras Pollito hace una coreografía y canta.

Ambas (coro): “Coco ua ua, coco ua ua, coco coco ua” (bis).

Mamá se acerca a la cámara y sonríe muy coqueta. Pollito continúa bailando y cantando.

Mamá: Ha crecido mucho. Yo digo que será alta como tú. Alta y tonta. Va mal en la escuela. Las maestras nunca olvidan recordármelo. Me fastidian. Deberías escucharlas: “Su hija aún no sabe contar ni sumar ni restar y su letra es terrible. La hemos diagnosticado
con retraso emocional”. ¿Retraso? Por favor, tiene seis años, ¿quién sabe sumar a los seis años? Me dejaste una hija retrasada. “Creemos que las cosas no marchan bien en casa. Necesita mayor atención.” ¿Atención? Lo único que hago es ponerle atención. “Le cuesta trabajo hacer amigos, relacionarse con otros de su edad. ¿Dónde duerme?” “En… no entiendo la pregunta.” “Pensamos que no está bien llamarla Pollito.” “A ella le gusta.” “Pero no es un nombre, al menos no un buen nombre para una niña.” ¿Qué les importa cómo se llama nuestra hija? “Sería importante hablar con el papá.” ¿Puedes creerlo? Quieren hablar contigo. “¿Podemos hacer una cita con él?” “Él… La cambiaré de escuela. No, mejor yo la educo en casa.” “No es lo adecuado para un pequeño…” “¡Ya! Tenemos bastantes libros en casa y… total, si ya es tonta, no necesita más. Le bastamos nosotros.” De verdad son insoportables.
Pollito (imitando a Mamá): “insoportables”.
Mamá: Pollito, ¿nos enseñas cómo le hacen las vacas?
Pollito: Muuuuu, muuuuu.
Mamá (acariciando la cámara): Así te siento más cerquita.

Pollito le extiende los brazos a Mamá.

Mamá: No. No voy a cargarte. Ya estás muy pesada. Mamita es flaca, y Pollito, gorda. ¿Quieres lastimar a mami? Ninguna comerá más pastelitos. Te tendré que coser tu piquito. A ver, muéstrame el pico.
Pollito: No. No me cocines el piquito.
Mamá (riendo): ¡En aceite! (más risa). Eres muy ocurrente. Mami solo necesita un piquito de su Pollito. Un piquito así.

Mamá para la boca. Pollito sonríe y besa a Mamá: un beso tierno y polluelo.

Mamá: Mmm, ¡qué rico! ¿Qué le tienes que decir?
Pollito (mirando la cámara): Te extrañamos.
Mamá: Así no te va a creer. Recuerda lo que ensayamos.
Pollito (exagerando): Regresa.
Mamá: Vamos, debes hacerlo mejor. Como cuando estás
sola. ¿Crees que no te he visto?
Pollito (dramática): ¿Con quién haces el animal ahora?
Mamá: El amor.
Pollito: El amor.
Mamá: ¡Muy bien!, casi me convences.
Pollito (con sinceridad): Quiero ser electricista.
Mamá: ¿Para qué?
Pollito: No sé.
Mamá: No puedes ser electricista.
Pollito: ¿No? Mami, ¿qué sí puedo ser?
Mamá: Pollito y punto. Anda, mejor dile que me imagino su barba haciéndome cosquillas aquí… y aquí… y que nos sentimos…
Pollito: Shhh, yo lo digo. (con gestos que bien pueden ser de Mamá) ¡Uy, nos sentimos tan solitas!, ¡uy, uy, uy!
Mamá: Ahora manda besito.
Pollito: Mua, mua. (emocionada, abraza a Mamá) Te quiero.
Mamá: ¿De nuevo? No es necesario que lo repitas todo el tiempo. ¿Qué quieres escuchar? No pongas cara de puchero. Ten (besa a Pollito, un beso no tan tierno. Voltea a la cámara). ¿Cuándo regresas?
Pollito: ¿De nuevo?

Mamá mira a Pollito de manera fulminante.

Mamá (a la cámara): ¿No vas a contestar? Se fundió el foco de la cocina, el del baño…
Pollito: Nos bañamos en la oscuridad.
Mamá: Se hace pipí en la cama.
Pollito: No le cuentes.
Mamá: Es papi, tiene que saber que todo se acaba en casa. (a la cámara) La alacena se vacía y la carne se pudre; aquí solo tú comías carne. La cama, nuestra cama, pierde tu aroma. Sigue tu espacio reservado, intacto.
Pollito: A veces mamá me deja dormir allí.
Mamá: Mis lunares te esperan impacientes y oscuros. Huye la luz de nuestra casa. ¿Escuchas cómo lloran mis lunares? (acaricia su piel, sus piernas, su pecho. Una de sus manos se desliza por su cintura. Un dedo travieso llega a su ombligo. Siente la mirada de Pollito y se cubre). ¿Qué haces?
Pollito: ¡Quiero ver!
Mamá: Sal de aquí. Deseo estar sola con él.
Pollito: ¿Puedo mirar?
Mamá: No. Hoy no tengo ganas de tu mirada. Ve al jardín.

Pollito se tira en el piso, se revuelca, aletea.

Pollito: ¡Pío, pío, pío!
Mamá: No, por favor. Ya sabes que detesto los berrinches. ¿Qué les pasa a las berrinchudas?

Mamá hace un gesto que asusta a Pollito, quien se levanta y avanza hacia la puerta.

Mamá: Espera. ¿No vas a despedirte?

Pollito regresa, se acerca a la cámara, sonríe y besa el lente con mucha fuerza.

Mamá: ¡Ya!, no lo ensucies. Deja algo para mí.

Pollito le saca la lengua a Mamá y sale corriendo de la habitación.

Mamá (a la cámara): ¿Me quieres? (muerde sus labios, los cuales revientan y sangran. Lleva sus dedos a la boca y el foco empieza a parpadear). Te dije… a la luz le gusta escaparse.

Secretaría de Cultura