Tierra Adentro

Niña con conejos, técnica mixta sobre madera, 18.5 x 18.5 cm.

“Valentino Clemens y los chicos perdidos de Wonder-Nada” de Isabel Quiroz es la obra ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2018. Forma parte del volumen Teatro de la Gruta XVIII del Fondo Editorial Tierra Adentro en el que aparece junto con las obras finalistas del certamen. 


1

Back in the Game

 

Regreso a mi casa.

En el hospital no quisieron retenerme mucho tiempo.

Soy un pinche sobreviviente.

Aplausos para Valentino Clemens.

¿Qué se dice de él?

 

—Está bien.

—¿Quién?

—Valentino,

—Sigue con vida, sólo que un poco desubicado.

—¿Quién?

—Valentino.

—Nada que con terapia no se solucione. Rodearse de gente que le haga saber lo importante que es le hará bien.

—¿A quién?

—¿Quién?

 

Todos están tres metros bajo tierra.

Lorel, Max, Roxine y, para colocar la cereza en el pastel, mi madre sustituta.

Maravilloso, ¿no?

¿Terapia?

Mi mamá decía: “Eso de ir al psicólogo es sólo para los loquitos; tú nomás estás medio pendejo”; así que no.

Además, cero dineros. Ni cómo pagar.

 

—Crucen la calle, que ahí viene.

—No lo miren. Quiso matarse. No se junten con él.

—¿Quién?

—Valentino.

 

Pinche hospital de pobres. Podía estar a medio freír, pero como no tengo ni un peso: “Lárgate”, “vete de aquí”, “no me interesas”, “bon voyage”.

Salgo. Sorpresa: encuentro a mi tía en la entrada con la cara parecida a una tabla.

Un consejo para cuando planeen matarse:

en verdad mátense.

No hay nada más vergonzoso en esta puta vida que ver la cara del único familiar que medio sabe tu nombre saliendo del hospital y gritando:

“Pero qué vergüenza… ¿en qué estabas pensando? Eres igualito a ella, igualito.

Piensa ahora qué vas a hacer como están las cosas…”

… y peor si le vas a tener que pagar ese pequeño “error”.

“Me hice cargo de los gastos, pero no me es posible cuidarte.

 Mientras, puedes quedarte en mi casa.”

Querida tía, si algún día me escuchas: el dinero no importa,

estoy vivo y es más de lo que muchos de mi edad podrían decir;

por ejemplo, mis amig… No importa.

Salud por la vida, amigos.

 

Max: Señoritas, es hora de hacer un brindis: éste es el momento de nuestras vidas.

Roxine: ¿De qué carajos hablas?

Max: Roxi, querida, no vamos a ser jóvenes para siempre. Éste es el único momento: cada respiro nos acerca a la muerte. Levanten sus cervezas, por favor. Tú también, Valentino.

Lorel: ¿No pensaban esperarme? Y ya hasta me remplazaron… Espera, te conozco: eres el chico que estaba el otro día afuera del bar… qué coincidencia.

Roxine: Valentino estaba solo en las profundidades de esta asquerosa fiesta y de repente, puff, ya lo teníamos al lado.

Lorel: Cuéntame, Valentino, ¿eres de aquí o cómo llegaste a Wonder-Nada?

—Wonder ¿qué?

Roxine: Wonder-Nada.

Lorel: En otras palabras, esta pinche ciudad.

Max: Parece que no escucharon lo que acabo de decir.

Lorel: Yo no.

Max: Estas caras se irán borrando poco a poco. No van a ser más bellas mañana.

Roxine: Da igual, ¿quién quiere vivir para siempre?

Max: Ésa es mi niña. ¿Lorel? ¿Valentino? El tiempo corre… Ay, ya, salud.

Roxine: Por Wonder-Nada.

Lorel: ¿Estás bien, Valentino?

Roxine: No tiene cara de que beba mucho.

Max: Tú déjalo. En todo Wonder-Nada no vas a encontrar personas más jodidas que nosotros, y es en serio: hemos hecho estudios; no profundos, pero sí encuestas y son de fiar.

Lorel: ¿Encuestas?; la gente ni nos mira. ¿Estudias?

—Ya terminé la carrera.

Roxine: ¿Trabajas?

—A veces.

Max: ¿En qué?

—En una tienda. Mi tía tiene una tienda de abarrotes.

Lorel: ¿Y estudiaste?

—Sí. Es temporal.

Max: Claro, y nosotros estamos en esta vida de manera temporal. Pinche Wonder-Nada. Pinche Wonder-Nada, un día nos vamos a terminar tragando sus putas flores y ni así se nos va a quitar el hambre.

Por algún extraño motivo me atraían.

Me pegué a ellos en todas las fiestas, en todos los bares,

en todos los cafés; era su sombra, su groupie, hasta que…

 

Roxine: Estuvimos hablando. No es que nos importe, pero tienes que darte cuenta de que no eres como nosotros.

Max: Que sea como se le dé su chingada gana y, si se siente incómodo, que se vaya y ya.

 

Debía cambiar la música que escuchaba,

Los cantantes que amaba, las revistas, los horóscopos, la

gente que quería en mi vida, mi familia;

nada correspondía ya con mi verdadero yo.

 

Lorel: Sorry, pero de tanto que estamos juntos hasta nos parecemos.

 

Voy a contarles cómo me convertí en este maravilloso ser que ven aquí.

Sí, a ustedes, porque ustedes son una maravillosa audiencia.

 

Música:

Mi madre sustituta dice:

“Clemente…”

Sí, ése es mi verdadero nombre; Valentino es el artístico.

“… Clemente, consíguete otros amigos

que sean de bien,

otro trabajo

que pague bien,

otra vida

que sea de bien.

Sé tú.”

Yo digo:

“Madre sustituta, eres…

mi madre sustituta,

lo que significa que no tienes que meterte en mi vida;

la única que puede ya no está con nosotros, así que…

cállate.

Silence.”

 

Madre S: ¿Qué haces aquí?

—Dijiste que podía venir cuando necesitara tu ayuda.

Madre S: No tengo dinero, si eso quieres.

—Préstame ropa.

Madre S: ¿Qué?

 

Los cambios siempre son buenos.

 

Primera fase: Vestuario.

 

Madre S: Pero cómo se te ocurre que voy a dejarte salir así.

—¿Cómo me veo?

Madre S: ¿No me escuchaste? Esto es idea de esos con los que te juntas, ¿verdad?

—No critiques a mis amigos y no me juzgues. Éste es mi verdadero yo.

Madre S: No es cierto.

—Lo sabrías si me hubieses cuidado, pero no; y mamá Jenny no tenía dinero para andarme comprando ropa: me ponía de la tuya.

Madre S: No pongas pretextos pendejos; no quiero que se rían de mí por tu culpa.

—Se ríen de ti por andar de puta, nada tengo que ver. Luego te la devuelvo, adiós.

 

Mamadas.

Si está encima de mí y me gusta, es mío.

Aplica para todo: ropa, mujeres y dinero.

Como pueden ver, no la regresé.

De todos modos no creo que le haga mucha falta.

Segunda fase: Un poco de base para mi brillante rostro.

Max lo hacía; es natural.

And I’m ready.

Like a star.

Llego al bar amarillo donde siempre estaban:

una cantinita que lleva como cien años en pie,

con el piso parecido a un tablero de ajedrez,

vasos que dan la impresión de no haberse lavado nunca,

una rocola y la escoria más jodida de la ciudad.

Entra una estrella: yo. Aplausos.

 

Lorel: Tarde; ya nos vamos.

Max: Te vi y pensé: “Ese individuo no puede ser de este planeta, pero es el señor Valentino”. Nice outfit. Siéntate, hermano.

Roxine: Espero, en verdad, que no tengas familia.

Really? Bueno, hora del drama.

—Mamá Jenny murió hace poco. Me quedé solo y…

Lorel: ¿Cuántos años tienes?

—Veinticinco.

Roxine: Qué tragedia.

—Tengo una madre sustituta con un montón de hijos y una tía rica, soltera y medio jodona.

Roxine: Qué verdadera tragedia. ¿Es de ella la blusa?

—No, es mía.

Lorel: Sí, se ve.

—¿Y ustedes?

Roxine: No tenemos familia. Yo crecí en la calle, usé ropa que encontré en la basura: de niño, niña o lo que fuera.

Lorel: Igual, no existe.

Max: Yo sí tengo, adoptiva, pero tengo. Espera, ¿qué es eso de la madre sustituta?

—Es mi madre biológica; me abandonó y apareció cuando mi mamá Jenny murió y…

Max: Cállate… Nuestra canción. Denme las manos, niñas, David Bowie sólo estará con nosotros por dos minutos y cincuenta y ocho segundos; no lo podemos hacer esperar.

 

Y Valentino se queda ahí como idiota. Ellos hablan de

lo que sea; se ríen por lo que sea; viven. Yo…

A la mierda la ropa brillosa, a la mierda la familia, a la mierda ellos.

Ya no están, hijos de puta. Valentino, solo como siempre.

—¿Dónde están?

—Lejos.

—En la segunda estrella después del amanecer.

—Lejos de Wonder-Nada


Autores
(Ciudad de México 1988). Estudió la licenciatura en teatro en la Universidad Veracruzana. Ha dirigido varias puestas en escena y se ha desempeñado como actriz y asistente de producción en distintos montajes. Es beneficiaria del Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico (PECDA) y trabaja en el grupo independiente Periferia Teatro y en Casa 13 Espacio Cultural en Xalapa.
Secretaría de Cultura