Tierra Adentro

Chris Bailey Photography 2013, CC BY-NC-ND 2.0

Those were the days of our lives The bad things in life were so few Those days are all gone but one thing is true When I look and find I still love you Queen, “These Are The Days Of Our Lives”

I. The Great Pretender

Freddie Mercury entona The Great Pretender mientras desciende de unas escaleras blancas que dan la sensación de extenderse hasta el infinito. En ellas, alineados con cuidado, reposan recortes de cartón de tamaño natural de instantes icónicos de su carrera. Ahí está el Freddie del Magic Tour, ataviado con su corona y capa y el Freddie del video de “It’s a Hard Life” con su traje cubierto de ojos. Mientras transcurre el video, todos los momentos especiales de su vida sobre los escenarios son reproducidos o representados de alguna manera y Freddie canta Oh, yes, I’m the great pretender de la manera que solo él podía hacer, con esa voz que durante años se especuló que era el producto de una educación musical temprana y la resonancia especial creada por los cuatro dientes extra que tenía su boca.

Es su primer sencillo en solitario desde la catástrofe que fue Mr. Bad Guy, su primer disco como solista lejos de Queen, y aunque es un cover de la banda británica The Platters, no hay duda de que esta canción fue hecha para él. En sus manos, “The Great Pretender” se convierte en un performance campy, autoreflexivo y extrañamente melancólico mucho más allá de la balada de amor que era originalmente. Este es Freddie Mercury en su máxima expresión: libre, creativo, y con una potencia salvajemente única. Este es Freddie cuatro años antes de su muerte.

Mucho se ha dicho ya sobre Queen y sobre Freddie Mercury. Con una película biográfica, cientos de documentales y libros dedicados a explorar su vida y obra, el frontman enérgico y desafiante de Queen permanece en nuestro imaginario como el ícono del rock por excelencia. Pero como él mismo dijo alguna vez, quien subía al escenario era una fachada, un personaje, una pretensión que desaparecía en el momento en el que se acababa el show. Lejos de los amplificadores y las hordas de fans, Freddie era simplemente Freddie: amaba el ballet y la ópera, a sus gatos y el arte. A 30 años de su muerte, recordemos su música y los amores que lo conformaron.

II. Los primeros años

Nacido Farrokh Bulsara el 5 de septiembre de 1946 en Zanzíbar bajo la fe del zoroastrismo, Mercury recibió su primer entrenamiento musical en el internado de St. Peter’s Church of England School en Panchgani, India, donde fue enviado a estudiar a los ocho años, lejos de sus padres y de su natal Stone Town.

El trayecto del internado a su casa era demasiado largo y frecuentemente pasaba sus vacaciones en la casa de sus tíos y sus abuelos en Mumbai en lugar de regresar a Zanzíbar con sus padres, a quienes veía una vez al año solo cuando era posible. De esos tiempos, Freddie dijo alguna vez: “Aprendí a cuidarme a mí mismo y crecí rápidamente”, aunque algunos de sus amigos comentaron en el libro biográfico Mercury: An Intimate Biography of Freddie Mercury que el cantante resentía el tiempo que había pasado lejos de su hogar y de su familia inmediata.

Parte del coro de su escuela, pronto empezó a tomar lecciones de piano y dibujo y fue ahí también donde, junto con sus compañeros de clases, creó su primera banda, The Hectics, y donde su nombre empezó a cambiar de Farrokh a Freddie, aunque el cambio de apellido vendría después.

III. El pasado en el pasado

“Años después, cuando descubrí en quién se había convertido, compré varios de sus álbumes y disfruté inmensamente su música. Nunca lo vi actuar en vivo y eso siempre me ha decepcionado. Sin embargo, uno de nuestros amigos de la escuela fue a verlo a un concierto de Queen. Intentó encontrarlo entre bastidores, pero cuando logró verlo cara a cara, Freddie tan solo lo miró y le dijo: ‘Lo lamento, pero simplemente no sé quién eres’. Ahí fue cuando supe que no quería tener nada que ver con nosotros. Estaba determinado a dejar el pasado atrás.”

Gita Choski, amiga de Freddie del colegio en una entrevista para el libro Mercury: An Intimate Biography of Freddie Mercury.

IV. Queen

Hay que volver de tanto en tanto a Queen, a esos 20 minutos de presentación en el estadio Wembley de Londres como parte del concierto Live Aid en 1985 que los regresaron a la vida; a la grabación de “Bohemian Rhapsody” y las múltiples tomas repletas de “galileos” que grabaron una y otra y otra vez hasta lograr el efecto operístico exacto que buscaba Freddie; hay que regresar a todos los momentos de gloria y esplendor, pero también a las peleas, los malentendidos, los celos y todas esas veces en las que la banda casi dejó de ser. Gracias a todo eso, Queen sobrevivió por tanto tiempo (Brian May y Roger Taylor dirían que continúa sobreviviendo), mutando y cambiando de sonido, desdibujando las barreras entre lo posible y lo imposible.

Antes de Queen estaba Smile, la banda en donde tocaban Brian May y Roger Taylor. Pero después de una serie de conciertos y la grabación de un EP que nunca llegó a ver la luz del sol, Smile seguía sin terminar de aterrizar y su vocalista decidió dejarlos, ahí fue cuando el entonces Freddie Bulsara entró en escena.

Brian y Roger conocían bien a Freddie, quien había pasado un tiempo yendo de banda en banda, presentándose en donde se pudiera y aunque nunca habían colaborado con él, pronto se dieron cuenta de la gran química que tenían juntos. Así que decidieron llevar sus sueños a un nuevo grupo de rock conformado por la guitarra de Brian, la batería de Roger y la voz de Freddie.

Al momento de nombrar a su nuevo grupo, escogieron de una larga lista de nombres, no sin peleas, el que Freddie había propuesto y Queen vio por primera vez la luz del sol. El bajo de John Deacon llegó después y la banda estuvo completa junto con el logo creado por Freddie juntando los signos zodiacales de sus integrantes: dos leones para Deacon y Taylor, que eran leo, un cangrejo por May, que era cáncer y dos hadas para Bulsara, que era virgo. Después, Freddie cambió su apellido y se convirtió en Mercury, como el mensajero de los dioses.

Juntos, llenaron estadios al rededor del mundo, vendieron cientos de miles de copias de sus discos, revolucionaron el entonces incipiente mercado de los videos musicales y compusieron cientos de canciones en diferentes géneros y estilos. Queen estaba en la cima del mundo y parecía que nada los pararía.

V. Algo grande y pomposo

“En ese momento, era escandaloso. El nombre se prestaba para muchas cosas, mucho teatro. Era algo muy grande, muy pomposo; significaba mucho, era agradable, y no era solo una etiqueta precisa. Significaba mucho más.”

Freddie Mercury sobre llamar a la banda Queen,

en una entrevista con Bob Harris, 1977.

VI. Mary Austin

La relación de Freddie con Mary Austin empezó después de un concierto en el Imperial College. Ahí, Brian May la había invitado a salir, pero cuando las cosas no funcionaran entre ellos, Freddie le pidió que se la presentara y así empezó un amor que lo acompañaría por el resto de su vida.

Se mudaron juntos y Freddie le pidió matrimonio una navidad en la que le entregó un regalo envuelto en una caja enorme; dentro de ella había otra caja y dentro de esa caja otra y otra, hasta que Mary llegó a una caja pequeña donde descansaba un anillo.

Pero el romance no duró, mientras Freddie comenzaba a explorar su sexualidad, Mary quería casarse y tener hijos. El fin de su vida como pareja llegó cuando Freddie le confesó que era bisexual. “No, Freddie, creo que eres gay”, le respondió ella.

Ahí se acabó su relación, pero su amor siguió mutando con el tiempo. Mary siempre se mantuvo al lado de Freddie, transmutando su relación de amantes a amigos y confidentes. Él la amaba, de eso nadie tenía duda y siempre la quería cerca, llegando a contratarla como su asistente y comprándole un departamento cerca de su casa de Londres. Aún en los últimos días, cuando Freddie estaba demasiado cansado para levantarse de la cama, Mary lo visitaba frecuentemente. Fue ella quien recibió la mayor parte de su fortuna, la casa de Garden Lodge y el pedido de enterrar sus cenizas en un lugar secreto del que nadie más tiene información.

VII. Lo amaba

“Mientras más lo conocía, más lo amaba por quién era él. Tenía cierta calidad de persona, lo cual es raro en estos días. Sabíamos que podíamos confiar el uno en el otro y que nunca nos haríamos daño a propósito”.

Mary Austin sobre su relación con Freddie Mercury.

VIII. Ballet

En 1979 se anunció al invitado especial de una presentación benéfica del Royal Ballet de Londres: Freddie Mercury.

En una coreografía donde fue alzado en el aire por un conjunto de bailarines, Freddie, iluminado por los reflectores y vestido con un traje lleno de brillos plateados y descalzo, cantó “Crazy Little Thing Called Love” y “Bohemian Rhapsody”.

Para el final de la presentación, entonó la última nota de “Bohemian Rhapsody” de cabeza y la sala estalló en aplausos. Freddie empezaba a desprenderse de la imagen del frontman de Queen para tomar la del artista multifacético con la que se le conocería en adelante y años después seguiría recordando la experiencia con el Royal Ballet con cariño, nombrándola frecuentemente.

IX. Amigos de verdad

“Es difícil para otras personas comprenderme[…] No tengo amigos de verdad, no creo tenerlos, las personas me dicen que son mis amigos y no creo que lo sean. No me dan miedo las personas, pero da miedo [hacer nuevos amigos] y algunas veces, cuando me acerco mucho, parece que me destruyen. Tal vez es mi naturaleza. Cuando me desnudo frente a los demás encuentro mi fin. Tal vez ese sea mi papel en la vida, pero bueno, la vida continúa.”

Freddie Mercury en una entrevista con David Wigg, 1985.

X. Barbara Valentin

Para inicios de la década de los 80, la mayor parte de la banda estaba en el proceso de construir sus vidas familiares. Con hijos en camino, matrimonios a punto de ser establecidos y un deseo de sentar cabeza, Deacon, May y Taylor poco tenían que ver con los deseos de fiesta constante de Freddie, quien permanecía con su entonces novio Winnie Kirchberger, viviendo con desenfreno entre las múltiples fiestas de la escena gay de Munich. Fue entonces que Barbara Valentin, la actriz, llegó a su vida.

Una noche, en uno de los múltiples bares que ambos frecuentaban, se sentaron juntos y comenzaron a platicar. No pararon hasta haberse contado sus secretos más profundos. Con ella, decía Freddie, podía ser él mismo y pronto comenzaron un romance que, como el amor que Freddie sentía por Mary Austin, una vez terminada la relación, persistió como amistad y entendimiento mutuo.

XI. Que Mary Austin sea la viuda

“No quiero lastimar a nadie, que Mary Austin sea la viuda […] Yo estaba completamente enamorada de él y él me había dicho que me amaba. Incluso habíamos hablado de casarnos. Desde luego, aún así él seguía trayendo a casa decenas de hombres, pero no me importaba. Suena, demente, pero esa era la vida que vivíamos y también yo continué tomando otros amantes […] Freddie y yo éramos igualmente malos. Nos identificábamos el uno con el otro. Al final, éramos los únicos a los que el otro podía acudir. Si él no me hubiera tenido y yo no lo hubiera tenido a él, los dos habríamos muerto hace mucho tiempo.”

Barbara Valentin en una entrevista para el libro Mercury: An Intimate Biography of Freddie Mercury.

XII. Live Aid

En 1985, la banda vivía un momento de crisis. Estaban en el proceso de reagruparse tras una pausa en la que se habían dedicado a sus carreras en solitario. No todo estaba perdido, pues en 1983 habían tenido éxito con The Works, que contenía las famosas “I Want To Break Free”, “Radio Ga Ga” y “Hammer to Fall”, pero se habían distanciado. Ninguno de sus sencillos recientes había llegado al puesto número uno y estaban comenzando a perder popularidad en los Estados Unidos. Queen tenía grandes canciones, eso era indiscutible, pero corrían el riesgo de quedar relegados al pasado. Aunado a todo eso, tenían mala reputación tras haber roto el veto cultural tras presentarse en una Sudáfrica segregada por el apartheid.

Cuando la organización para el concierto de Live Aid empezó, no pensaron que serían invitados, ya que primero se había convocado a un seleccionado grupo de artistas para sacar un sencillo navideño para el que no habían sido llamados. Aún así, llegó la invitación: Queen tocaría junto con artistas como David Bowie, Elton John y Madonna, el lugar estaba asegurado, pero ahora corrían el riesgo de ser un acto poco memorable entre todos aquellos con álbumes recientes mucho más exitosos que los suyos.

Sin embargo, Queen fue más inteligente que los demás, se tomaron el concierto más en serio y en lugar de un acto promocional, vieron en Live Aid una oportunidad para decirle al mundo que seguían estando vivos y que no pensaban irse a ninguna parte.

Su set de canciones fue el “más obvio”, como luego dijo Roger en una entrevista, pues contenía todos sus grandes éxitos en veinte minutos llenos de fuerza: “Bohemian Rhapsody”, “Radio Ga Ga”, “Hammer to Fall“, “Crazy Little Thing Called Love”, “We Will Rock You” y “We Are The Champions” fueron las canciones elegidas.

Esa tarde, frente a la multitud del estadio Wembley, los asistentes observaron a Queen dar un espectáculo como nunca se había visto antes y quizás no se vería después. Detrás de la voz potente de Freddie, se escondían ya los primeros indicios del sida. Tenía nódulos en las cuerdas vocales y sus doctores le aconsejaron no cantar. Pero él no les hizo caso y produjo uno de los conciertos más memorables de su vida. Lejos de los espectáculos con luces que caracterizaban sus conciertos, Queen solo tenía el talento de sus integrantes, la potencia de sus canciones y el poder de conducción de Mercury para demostrar su valía y eso fue más que suficiente.

XIII. Perfección

“Queen fue la mejor banda del día. Tocaron mejor que los demás, tuvieron el mejor sonido, usaron su tiempo al máximo. Comprendieron la idea [del concierto] a la perfección, se trataba de una rocola mundial. Simplemente llegaron y tocaron un éxito tras otro. Fue el escenario perfecto para Freddie: el mundo entero, donde podía saltar cantando ‘We Are The Champions‘ ¿Qué más perfecto podía ser?”

Bob Geldof, organizador del concierto Live Aid.

XIV. Montserrat Caballé

Freddie Mercury siempre había amado la opera, así que cuando fue al Royal Opera House para ver Un ballo in maschera de Verdi, lo hizo para escuchar en vivo a Pavarotti, su cantante favorito. Sin embargo, se olvidó por completo de él cuando Montserrat Caballé entró en escena. La voz de Montserrat lo encantó de tal manera, que cuando le preguntaron en su siguiente entrevista quién era su cantante favorito, Freddie no dudó en decir: “Montserrat Caballé”. Ella vio la entrevista y poco tiempo después se conocieron, desarrollando una amistad única, fruto del amor a la música y la admiración mutua.

De ese encuentro nació Barcelona, un álbum de 10 canciones compuesto por Freddie e interpretado por ambos. Dos de sus amores musicales por fin se encontraban en una colaboración única tan significativa para él que el tema que le dio el nombre al disco “Barcelona” sonó en su funeral en 1991.

Montserrat Caballé recordaría ese encuentro años después al decir en una entrevista: “Me emocionó porque estábamos haciendo algo muy especial y eso no pasa a menudo; no siempre tienes la suerte de cantar con alguien que se va, que lo sabe, y estar interpretando con él su último adiós”.

XV. Jim Hutton

Un día, Jim Hutton estaba sentado en un bar del que era cliente asiduo cuando Freddie Mercury se ofreció a comprarle un trago. Jim no sabía quién era y lo rechazó. Ahí pudo haber quedado todo, de no ser porque volvieron a encontrarse meses después. Cuando Freddie volvió a acercarse para comprarle un trago, Jim ofreció mejor comprarle uno a él. Lo que siguió fue el inicio de la relación más estable que tendría Freddie en la vida.

Jim era un hombre normal, trabajaba como peluquero en la barbería de un hotel y a menudo se iba a dormir temprano. No era salvaje ni necesariamente fiestero, pero quería a Freddie con fuerza. Al inicio, Merc Winnie, pero con el tiempo Freddie y Winnie rompieron y Jim permaneció.

Se enamoraron y Jim se mudó a Garden Lodge, la casa que Freddie había comprado en Londres y de la que Jim eventualmente fue el jardinero. Ahí, vertió su tiempo en diseñar el paisaje del jardín, crear un estanque de peces koi y cuidar de Tiffany, Dorothy, Delilah, Goliath, Lily, Miko, Oscar y Romeo los gatos que eventualmente se convirtieron en los verdaderos dueños de la mansión.

Mientras Freddie estuvo sano, vivieron entre fiestas, viajes, lujos y giras de conciertos, pero cuando las complicaciones del sida crecieron, ese estilo de vida mutó para convertirse finalmente en una rutina hogareña juntos en Garden Lodge.

De esos tiempos, queda una serie de fotografías capturadas por Jim del último día bueno de Freddie, antes de que las complicaciones por el sida lo dejaran postrado en cama. En ella, parado en el jardín de su casa y rodeado de flores, Freddie sonríe al lado de Oscar, su gato naranja.

Al tiempo que Freddie se debilitaba, Jim permanecía, constante y amoroso, para ayudarlo en lo que fuera necesario. Al final, cuando no podía levantarse, Jim siguió a su lado, al borde de su cama, hasta el día de su muerte.

XVI. Mr. Bad Guy

“En su canción ‘Mr. Bad Guy’, una línea hacía que se me pararan los pelos de la nuca cada vez que aparecía: ‘Yes, I’m everybody’s Mr Bad Guy – can’t you see, I’m Mr Mercury, spread your wings and fly away with me’. Para mí, Freddie fue siempre uno de los buenos. Cuando volví a escuchar la canción [después de su muerte], pensé que habíamos volado juntos hasta que nuestras alas fueron cruelmente cortadas.”

Jim Hutton, Mercury and Me.

XVI. Delilah

Los últimos días de Freddie Mercury fueron tan pacíficos como frenéticos. Una horda de reporteros acampaba día y noche afuera de su casa, decididos a obtener noticias sobre su estado de salud. Pero Freddie estaba decidido a grabar todo lo posible mientras su salud se lo permitiera, y salía de casa para tener sesiones constantes con Brian May y preparar lo que se convertiría en su álbum póstumo con Queen: Made in Heaven.

Aún cuando ya casi no podía mantenerse en pie, fue al estudio para grabar el video musical de “These Are The Days Of Our Lives”, del último álbum que lanzaría en vida: Innuendo. Dolorosamente delgado, con un maquillaje pesado para ocultar las marcas rojas y moradas que evidenciaban su estado de salud y vestido con un chaleco pintado a mano con los retratos de todos sus gatos, Freddie cantó y sonrió para la cámara.

Al regresar a casa, Jim Hutton lo recibía y pasaban juntos la tarde y al llegar la noche, Delilah, Miko, Oscar, Tiffany, Goliath, Lily y Romeo lo reconfortaban.

Freddie siempre había amado a los gatos, pero Delilah, su gata calicó, era su favorita. Para ella compuso “Delilah”, una canción que incluyó en Innuendo. En esa última etapa de su vida, sus gatos se convirtieron en un soporte tan importante como Jim, Barbara o Mary.

Antes de su muerte, Jim acomodó a Delilah junto a él y levantó su mano para acariciarla, pues Freddie estaba tan débil que ya no podía moverse. Eso fue lo último que hizo antes de adentrarse en el sueño profundo del que ya no despertaría. La mañana siguiente, varios testigos vieron una silueta felina alejarse de Garden Lodge, sin Freddie, Oscar, su gato naranja nunca más regresaría.

Freddie Mercury falleció la madrugada del 24 de noviembre de 1991 en Garden Lodge, su casa de Londres. El día anterior, había salido un comunicado anunciando su larga lucha contra el sida. Gracias a que hizo oficial la causa de su enfermedad, ayudó a combatir el estigma que rodeaba al VIH. Su vida nunca estuvo libre de controversias, pero ahora, treinta años después de su muerte, lo que permanece de él no son los titulares escandalosos ni las especulaciones de la prensa, sino las canciones en las que se vertió a sí mismo. Permanecen su amor por la música, su carisma y su voz.

 

Referencias

– Hutton, Jim y Tim Wapshott, Mercury and Me, Bloomsbury, 1994.

– Jones, Lesley-Ann, Mercury: An Intimate Biography of Freddie Mercury, Touchstone Books, 2012.

Documentales:

– O’ Casey, Matt, Queen: Days of Our Lives, BBC, 2011.

– Fothergil, John, The Freddie Mercury Story: Who Wants to Live Forever?, 2016.

– Rossacher, Hannes y Rudi Dolezal, Queen: Magic Years A Visual Anthology, 1984.

– Rossacher, Hannes y Rudi Dolezal, Freddie Mercury, the Untold Story, 2000.

– Thomas, Rhys, Freddie Mercury: The Great Pretender, 2012.

– Bird, Christopher y Simon Lupton, The Show Must Go On: The Queen + Adam Lambert Story, Netflix, 2019.

Secretaría de Cultura