Tierra Adentro
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Revista Tierra Adentro núm. 96

Aproximación a la danza
Febrero-marzo de 1999
80 pp.
 

Carlo Pellicer, poeta rítmico y plástico por excelencia, celebró, en no pocas ocasiones, la belleza de la danza. En un poema de su libro Hora y 20 escribió: “Pie fugaz de la danza, pie divino/ cuyo tacto doró la última tierra. / Paso de onda, libertad que encierra/ sangres y viento en la flor de su destino”. Antes, en otro libro, 6, 7, poemas, la había celebrado del siguiente modo: “Danzaba, / sobre una pradera de violetas. / Sus brazos creaban la Arquitectura, / y los dioses habían tocado sus piernas. / Danzaba/ entre un coro de ángeles y bestias:/ claros, vagas, / altos, bajas. / Lugar de Dios era medido/ por los pasos divinos de la danza”.

Lo que Pellicer denomina “un ideal de geometría” es el orden perfecto, la armonía de los cuerpos; el arte excelso de la danza que tanto admiró el poeta y que reflejó en sus versos con honda sensibilidad. “Serán –dice- sus brazos mis maestros;/ tocaré sus piernas y pondré mi oído/ donde puso sus plantas”. Tal es la emoción que suscita la danza en el espectador que pone en ella la plenitud de sus sentidos, en correspondencia a la armonía de los artistas.

La danza en México tiene una tradición milenaria y llega a nuestros días de marcada por esa historia remota y renovada por su múltiples, variadas y ricas apuestas dentro de la modernidad y lo contemporáneo.

A decir de la maestra Guillermina Bravo, aunque la coreografía no puede enseñarse porque el artista no surge en las escuelas, en éstas, sin embargo, se brindan ciertas herramientas para realización del oficio, las cuales son importantes si se adquieren en un proceso de autocrítica, intercambio crítico y profesionalización.

En el presente número, Tierra Adentro, abre sus páginas a los testimonios, las valoraciones y las reflexiones de reconocidos profesionales de la danza y de otros artistas de disciplinas diferentes que han tenido contacto con la danza. El resultado es esta aproximación que parte de un ejemplo concreto (el trabajo en el Centro Nacional de Formación y Producción Coreográfica de Morelos) para contribuir a un diálogo que admite incluso la discusión dentro de la rica tradición dancística mexicana y su no menos ricas y múltiples rupturas.

Agradecemos, profundamente, en la realización de este número, las facilidades y el apoyo brindados por el Centro Nacional de las Artes y el Instituto de Cultura de Morelos, en cuyo Centro Morelense de las Artes tiene su sede el Centro Nacional de Formación y Producción Coreográfica. Del mismo modo hacemos público este agradecimiento a Lydia Romero y Lucina Jiménez, quienes apoyaron en la coordinación de este número.

Secretaría de Cultura