Tierra Adentro

Alacena

El blog de la Redacción de Tierra Adentro.
Cartel oficial del debate Peterson vs. Žižek

Cartel oficial del debate Peterson vs. Žižek

 

Primero como farsa y después como circo de tres pistas

A finales del año pasado, Jordan B. Peterson (1962), estrella emergente de la derecha light y anti corrección política, se enfrascó en un debate con un bot que reproduce citas de Slavoj Žižek (1949). El filósofo esloveno no tiene cuentas personales en redes sociales, sin embargo Peterson, como los usuarios de ELIZA e inteligencias artificiales más sofisticadas, creyó involucrarse en una profunda reflexión del Ser en la que solo quedó explicado su ser.

 

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Peterson, comediante y mártir, se convirtió en una figura pública a finales de 2016, cuando se opuso vía YouTube a la propuesta C-16 del congreso canadiense. La reforma a la ley, que fue aprobada en 2017, contempla cambios en el acta canadiense de derechos humanos y el código penal para proteger de la discriminación a la expresión y a la identidad de género. De acuerdo con Peterson, la C-16 abría el camino a la imposición de los pronombres neutros. Mientras que leyes previas en Europa prohíben ciertos discursos (como el negacionismo del Holocausto o el reconocimiento del genocidio armenio), una ley de este tipo sería la primera en obligar a la creación de un discurso específico.

Expertos en la ley canadiense consideraron que Peterson hizo una interpretación errónea, y que el uso incorrecto de los pronombres neutros bajo ninguna circunstancia podría calificarse como discurso de odio. Pero el debate, primero en las universidades canadienses y después en los medios estadounidenses, ya tenía vida propia, y Peterson hábilmente consiguió asignarse el papel de la voz sensata y no-racista del nuevo conservadurismo.

Se apresuró también a publicar su segundo libro y primer éxito de ventas: 12 reglas para vivir. Un antídoto al caos. A juzgar por la portada, es un libro más de superación personal, pero el contenido lo distingue a medias del género. Peterson se retrasa en elucubraciones científicas para apoyar lugares comunes razonablemente aceptados fuera del canon de la autoayuda, como que tener una actitud positiva, aunque sea impostada, permite a las personas tener una relación más asertiva con los demás; o que las buenas compañías son a la larga más beneficiosas y satisfactorias que nuestros intentos de salvación de amigos que no desean más que hundirse en la amargura y la autocomplacencia.

 

 

No son ideas lo suficientemente innovadoras o radicales para justificar su reconocimiento creciente, sin embargo Peterson ha encontrado otros flancos para practicar sus habilidades en la discusión: la influencia de la teoría crítica (a la que llama marxismo cultural) en las universidades, la imposición de leyes a favor de la equidad, la idea de que la performatividad de género no tiene relación alguna con la biología, la brecha salarial entre hombres y mujeres, los mitos y tabús de la izquierda.

 

Lo que nos están dando

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Basta ver una entrevista o algún especial de RT (pero no sobra leerlo) para darse cuenta de que Žižek es una bestia mediática. Su hábito desagradable de sacudirse la nariz como los cocainómanos es ya un sello de garantía y un tic gozoso para sus seguidores. Su mérito inicial, la recuperación de Lacan en tiempos de tal reichianismo que la Redacción de Tierra Adentro escribe desde un acumulador de energía orgónica, fue nutriéndose con su capacidad para poner en cuestión cualquier acontecimiento global (de la crítica liberal a la victoria de Donald Trump al éxito de Roma).

La fama de Peterson y el debate con su bot no dejaron a Žižek indiferente, pero consideró que la popularidad del autor canadiense se debía a la incapacidad de la izquierda para abordar temas incómodos. Peterson aprovechó para retar a Žižek a un debate.

 

 

El resto está a punto de ser historia: este Viernes Santo 19 de abril de 2019, en el Ralston College de Savannah, Georgia, se llevará a cabo el debate entre Žižek y Peterson. El primero, según el cartel del evento, acudirá en defensa del comunismo, y el segundo del capitalismo, con la Felicidad como tema central. Los boletos están agotados, pero por 285 pesos puede verse el debate en pago-por-evento,  y en la Ciudad de México algunos espacios ya han anunciado que tendrán transmisión en vivo.

Profecía: no se espere un debate violento o agresivo, ni en las antípodas ideológicas. Žižek y Peterson comparten el desprecio a la corrección política, el Partido Demócrata de Estados Unidos y a la censura desde la academia. Además, Žižek es un conversador lúcido y entretenido, y está muy dispuesto a encontrar validez en los razonamientos de sus oponentes, como hizo con David Horowitz en el programa de Julian Assange. Y Peterson es fiel al noveno mandamiento de 12 reglas para vivir: “Da por hecho que la persona a la que escuchas puede saber algo que tú no sabes”.

 

 

Será un enfrentamiento interesante entre un peso crucero y un peso medio del pensamiento actual. El debate que preferiría Žižek (y la Redacción de Tierra Adentro) sería Žižek vs. Chomsky. Pero Noam Chomsky, como el zorro, como JD Salinger, como Juan Rulfo, es más astuto, y sabe que un debate con Žižek sería visto, inevitablemente, como la mala segunda parte de su debate con Michel Foucault en la televisión holandesa.

Y es que no todo tiempo pasado fue mejor, pero los setenta estuvieron muy bien.

 

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Mañana sábado 23 de marzo de 2019 se cumplen 25 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio, quien fuera candidato del PRI en la elección presidencial de 1994.

Pocos años en la historia del México reciente han sido tan convulsos y definitorios. La perspectiva de iniciar 1994 con la celebración de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), cúspide del proyecto político del presidente Carlos Salinas de Gortari, se vio interrumpida por el alzamiento en armas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas. En el plano nacional el EZLN se dedicaría a exponer el fracaso del proyecto neoliberal y la permanencia del sistema autoritario, y en el internacional se convertiría en el modelo de referencia para la organización de una nueva izquierda que respondiera a la aplanadora neoliberal globalizada que siguió al desmantelamiento de la Unión Soviética.

Desde finales de 1993 los cárteles del narcotráfico habían dado muestras de un poder incontenible. En mayo fue asesinado el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el aeropuerto de Guadalajara, presuntamente confundido con El Chapo Guzmán, quien fue detenido al mes siguiente y recluido en el Penal de Máxima Seguridad de Puente Grande hasta su primera fuga, en 2001.

1994 estuvo repleto de elementos disruptivos al interior del PRI (entonces partido hegemónico): José Francisco Ruiz Massieu, presidente del PRI en la capital del país y cuñado del presidente Salinas, fue asesinado afuera del Monumento a la Revolución, y poco después desapareció Manuel Muñoz Rocha, diputado priista presuntamente implicado en el asesinato de Ruiz Massieu. Sin embargo el asesinato de Colosio se erigió como el emblema de la descomposición de ese sistema político.

Colosio, un candidato joven y carismático, se desdibujaba en las tramas del poder. Comparado con el Subcomandante Marcos, vocero del EZLN, y Manuel Camacho Solís, mediador entre el gobierno y la guerrilla (y al mismo tiempo el mayor crítico de la candidatura de Colosio), parecía difícil de aceptar que era el nuevo hombre fuerte del sistema. Quizá porque era un orador convincente y emotivo, y el último candidato presidencial del PRI con un perfil más político que tecnocrático, su muerte fue lamentada por un amplio sector de la oposición.

Dos acontecimientos recientes nos han obligado a reflexionar sobre Colosio: el 6 de diciembre del año pasado el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) consiguió la liberación del video completo del asesinato de Colosio, originalmente reservado hasta 2035; y el 29 de enero la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad obtuvo la liberación del expediente completo del proceso penal contra Mario Aburto Martínez, asesino confeso de Colosio.

Con esos materiales en mente convocamos a escritores y artistas para reflexionar sobre este magnicidio. En Memoria y mito: sobre el caso Colosio, el ensayista y académico Iván Eliab Gómez hace una revisión crítica del acontecimiento y de las lecturas que ha tenido desde la cultura. Los escritores y músicos Luis Bernal (Niñobomba) y Miguel Rovel realizaron LDC, una pieza de audio conmemorativa, ilustrada por Isabel del Valle y Luis Ham con los materiales del caso recientemente hechos públicos.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Grace Quintanilla (1967-2019).

Grace Quintanilla (1967-2019).

 

El pasado 25 de febrero murió Grace Quintanilla (1967-2019), artista, curadora y gestora cultural. Desde sus distintas facetas creativas, Quintanilla estuvo siempre a la vanguardia en los campos del video, el performance y el arte electrónico. El homenaje que ayer miércoles 27 de febrero se llevó a cabo en el Centro de Cultura Digital (que Quintanilla dirigió con éxito arrollador desde 2012), demuestra que además de la pérdida de una artista valiosísima, la cultura de México se ha quedado sin una de sus personalidades más queridas y entrañables. Tierra Adentro le pidió a Diego Durán la cobertura del evento.


 

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Con una emotiva despedida el Centro Cultural Digital (CCD) rindió homenaje a la vida y obra de Grace Quintanilla (1967-2019), exdirectora del CCD fallecida el pasado lunes 25 de febrero. Mariana Delgado, actual subdirectora del centro, fue la maestra de ceremonias, encargada de ceder el podio a sus compañeros para que expresaran sus condolencias a la familia de la artista y recordar sus últimos momentos. Además, anuncio una exposición futura en el CCD con todas las obras de Quintanilla.

Los vestigios de un artista se traducen en legados”, afirmó Alejandra Frausto, Secretaria de Cultura, quien inició con el homenaje luego de que las cenizas llegaran al recinto y los aplausos prologados cesaran. Frausto informó sobre el último proyecto de Grace Quintanilla: la escuela de arte digital en Tlaxcala, el cual llevará el nombre de la artista (originalmente Quintanilla pensó llamarla La Colmena).

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Grace hizo honor a su nombre al pelear por causas sociales con la mente de una artista. Dejó una verdadera estela de luz; se rodeaba de jóvenes y mujeres talentosas, solo agitaba la tierra para encontrarlos”, recordó Frausto.

Entre la multitud, en la primera fila de las butacas, la hermana menor de la artista visual, Vanesa Quintanilla, subió al podio para tomar la palabra.

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Hay personas que tiene la vida muy ancha; otras tiene la vida muy larga. Grace me dijo esto hace dos días”, relató Vanesa Quintanilla. Las personas más cercanas a los hijos ―Nicolás y Micaela— y el esposo de la artista visual soslayaban la mirada, abrazaban a la familia desde sus asientos. “El protocolo de Grace era el amor”, finalizó.

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El comentario final fue de Roberto Rivero, de la Secretaría de Cultura, quien narró su duelo: “no pude dormir, solo atiné en pegarle a mi computadora. Grace defendió el uso de la imaginación libre: derribar muros para construir ventanas”.

Finalmente, el auditorio apagó sus luces para proyectar un vídeo con fragmentos de la vida de Grace Quintanilla. Eran recuerdos con sus hijos, sus padres, su esposo y sus colaboradores, grabaciones que dejaron una gran ausencia en sus seres queridos, pero un gran legado para el arte. Todo acompañado de la icónica banda inglesa The Rolling Stones con la canción correcta para una persona que, en palabras de Ximena Molina, “dejó una verdadera estela de luz”: she’s a rainbow.

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Autores
Diego Durán nació en la CDMX en 1996. Trabajó en Diario Milenio y actualmente estudia Comunicación y Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón.
Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Ilustración por Mario Cano Dominguez.

 

Hoy 21 de febrero es Día Internacional de la Lengua Materna. Este año la celebración es doble, pues la Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado a 2019 Año Internacional de las Lenguas Indígenas.

En la Redacción de Tierra Adentro hemos querido conmemorar este día. En primer lugar, recordando los esfuerzos históricos de Tierra Adentro por visibilizar a las 69 lenguas indígenas del país. En esa línea sobresale la antología en dos tomos Los escritores indígenas actuales (1992), prologada y compilada por Carlos Montemayor.

También en nuestro catálogo puede encontrarse Ro doni ñätho ñähñu ñuhmu ‘ñuhu (La palabra florida otomí olmeca) (2004) del poeta otomí Serafín Thaayrohyadi.

Los lectores ávidos de tener al alcance un muestrario del panorama poético en lenguas indígenas de América, pueden leer en línea el último número de la colección La Ceibita, titulado Lenguas de América (2016) y compilado por la académica Luz María Lepe Lira. El numero inicia con el poema Canto de pájaros de Humberto Ak’abal, magnifico y célebre poeta guatemalteco en maya quiché, quien murió el mes pasado.

Rescatamos del número 232 de la revista impresa de Tierra Adentro el dossier en (y sobre) lenguas indígenas. A partir de ahora nuestros lectores podrán disfrutar en la web los siguientes textos:

Yuilal Mak abejk’ajon / Fui parto en mes Mak, de Adriana López

Paxlamts’i’, de Marceal Méndez

Bicéfalos, de Nadia López García

Lenguas de nuestra piel, de Hubert Matiúwàa

Una celebración de este tipo en Tierra Adentro estaría incompleta sin colaboraciones de las nuevas voces de la literatura en lenguas indígenas, por ello invitamos a la reconocida poeta en náhuatl Judith Santropiero (1983), quien participa con Cinco poemas.

El poeta, narrador, ensayista y académico en tsotsil y español Mikel Ruiz (1985), una de las voces más potentes y críticas del nuevo ensayo mexicano, publica hoy en Tierra Adentro Mu yanuk mu nichimal jbakutik / Ni misteriosos ni poéticos, una reflexión profunda y heterodoxa sobre el indigenismo y la identidad.

Delmar Penka (1990) es el autor de Sk’ayo ts’unun/ El canto del Colibrí, un ensayo en tseltal y español que se sirve del flujo de conciencia para explorar la transmisión mítica en una comunidad indígena de Chiapas.

Por último, contamos hoy con ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ [Borrego alas de mariposa], un poema visual en zapoteco del antipoeta Rodrigo Pérez Ramírez nák, conocido como Zapoteco 3.0.

Todas las ilustraciones son de Mario Eduardo Cano (1994), artista plástico y diseñador mexicano, cuya inspiración parte de las culturas originarias de América.

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Autores
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Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.

El amor no es ciego. Leland Francisco. Flickr.

Autoengaño de origen y destino difuso, cabalismo, aprecio irrestricto al sistema decimal o mero olvido. La Redacción de Tierra Adentro no se decide en el autodiagnóstico, pero definitivamente intentará enmendar la plana.

Antier, 14 de febrero, la Redacción de Tierra Adentro publicó ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, una nota en la que 5 autoras y 5 autores hablaban de lo que ellos entendían por amor. Sin embargo, esas no eran las únicas respuestas que la Redacción de Tierra Adentro tenía en el buzón.

A modo de disculpa, decidimos publicar con dos días de retraso estas respuestas tan validas e interesantes como las anteriores.


 

Diana del Ángel

Una niña me preguntó una vez: qué es el amor? Se lo habían dejado de tarea. Lo primero que atiné a decirle fue: Todo lo que te hace bien. Todavía no puedo decir algo mejor.

 

Rubén Cantor

25 de junio de 2013, Josh Pettitt, London Evening Standard. Una “alegre” niña de siete años murió después de caer más de treinta metros desde un balcón del piso once. Se llamaba Nawaal Sayid y tenía dificultades de aprendizaje. Los paramédicos llegaron al lugar en Finsbury el martes a las seis cuarenta y cinco de la tarde, pero falleció un corto tiempo después en el Royal London Hospital. Penny Barratt, directora del Bridge School en King’s Cross, donde Nawaal estudiaba, le rindió homenaje. Ella dijo: “Nawaal Sayid, una de nuestras alumnas en la primaria, tuvo un trágico accidente y posteriormente murió. Nawaal era una niña extremadamente feliz, alegre y amante de la diversión que disfrutaba mucho todas las actividades en las que estaba involucrada en la escuela. Ella trajo sonrisas a los rostros de todos los que llegamos a tener contacto con ella. Realmente la extrañaremos.” Fueron dejadas flores a la entrada del edificio de departamentos donde ocurrió el accidente. Uno de los mensajes, cuya letra pertenecía a una niña, decía: “Descansa en paz, pequeño ángel. Siempre estarás en nuestros pensamientos”. Nawaal fue una de las tres hijas de Deeqa Mohamed, quien ha vivido en ese piso durante los últimos tres años. Se sospecha que Nawaal se cayó del balcón cuando su mamá acudía a atender la puerta. Un tendero de la zona dijo: “Yo traté de asistirla para ayudar pero la mujer, quien yo creo era la madre, sólo gritaba ‘aléjese, esto no le incumbe’. Fue muy impactante.” La muerte de Nawaal está siendo considerada como inexplicable y la policía está investigando. La autopsia se realizará esta semana.

 

Arturo Loera

Lorca decía, con cierto aire de falsa humildad, que no sabía decir qué cosa era un poema, pero que sabía reconocer un poema cuando lo veía. Algo así imagino que pasa con el amor. Se le reconoce, no se le define. Muta. Deja de ser romántico para pasar a ser dos individualidades que se juntan, como decía Tzeitel. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? No lo sé. El amor, y la vida hasta cierto punto, radica en su indeterminación. Divago. No confundas el amor con las ganas de ir al baño, decía mi madre. Es lo más honesto que se puede decir al respecto.

 


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Hoy es 14 de febrero y la Redacción de Tierra Adentro amaneció con sentimientos encontrados acerca del amor. ¡Ah, el amor! Ha inspirado a poetas, narradores y dramaturgos desde el inicio de los tiempos, y si a la Redacción de Tierra Adentro le dieran un dulce por cada texto que le llega hablando de él, probablemente no podría escribir esta entrada (es difícil escribir algo sensato atiborrada de azúcar). Seguramente, piensa la Redacción de Tierra Adentro, en esta fecha Pablo Neruda pedía a la imprenta el nuevo tiraje de Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924).

A contracorriente, heterodoxa y desfasada, como inevitablemente es, la Redacción de Tierra Adentro se desveló en la maquetación de esta playlist dedicada al verdadero héroe de hoy: el amor tóxico, antes conocido como amor a secas. Por que sí, de algún modo, las cosas sí cambiaron. Y si te metes a Netflix para hacer un maratón de Friends e indignarte porque es machista y homófoba, mejor ni te acerques al cancionero sentimental, recomienda la Redacción de Tierra Adentro.

Las canciones que todavía coreamos siguen repletas de locos peligrosos y tipificaciones del código penal, y con eso en mente la Redacción de Tierra Adentro seleccionó las canciones. No se asuste nadie: la Redacción de Tierra Adentro no es nostálgica de la musicalización de la desigualdad (la Redacción de Tierra Adentro no es de esas heterodoxas, y de nostalgias nada, salvo de los glaciares en los polos), pero le gusta sacar el dedo flamigero para apuntarse a sí misma y sus guilty pleasures.

Del amor sufridote de Marisela a la mamitis enfermiza de Manuel Acuña en la voz de Chalino Sánchez, hacemos un recorrido con paradas tan violentas como las llamadas neuróticas de “Obsesión”, el romanticismo Bacardí de José José, el acosador del departamento 512, el obsesivo de Sting vigilándote la respiración, la dependencia emocional de los Timbiriche, Gloria Trevi (Campeona Indiscutible de Enamorase del Equivocado) y muchos delitos y muchas faltas y muchos improperios más.


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La Redacción de Tierra Adentro, como tantas personas y Redacciones, vuelve siempre a Raymond Carver. En el mes del amor todo carveriano que se respete relee De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981), y de su relectura 2019 la Redacción de Tierra Adentro apenas se quedó con el título, que entre signos interrogativos entregó a cinco autoras y cinco autores que han pasado y pasarán por aquí.


 

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR?

 

Ana Fuente Montes de Oca

No lo sé. La definición más acertada que conozco es la de Stendhal, que sostenía que el amor es una flor maravillosa pero hay que estar dispuesto a acercarse al filo del precipicio para ir a buscarla. Pienso en el amor y recuerdo cuando presencié cómo María cambiaba el cómodo de su hija desahuciada días antes de que falleciera a los 42 años; cuando supe que José viajaba en bicicleta de Tlaxcala a Veracruz para visitar a Ana antes de que existieran los autobuses; cuando Luis perdió la memoria y lo escuché repetirle una y otra vez la misma anécdota a su hijo Miguel, que se mostraba tan asombrado como la primera vez aunque fuera la enésima; cuando visualizo la mirada cansada de Jaime mientras pacientemente esperaba a que terminara otra de las crisis depresivas de su mujer. Pienso en el amor propio cuando recuerdo que Sara dejó una vida de privilegios para alejarse de la toxicidad de su padre y cuando Mariana no cedió a la presión de nadie y formó una familia con Natalia. He sido testigo de las decisiones más arriesgadas y de los mayores sacrificios en nombre del amor. El amor motiva, inspira y envalentona, pero también envilece: he visto al sensato perder la cordura, al amante transmutado en verdugo, al suspiro convertido en arcada.

Juan abandonó a su esposa y a sus nueve hijos a su suerte porque no resistió la mirada de su segunda esposa, con quien fundó una nueva familia. Mireya mató a sus hijos y se suicidó para evitar que su padre siguiera abusando de ellos. Lisa Marie condujo catorce horas continuas para asesinar a la novia de su amante. Yasmiry roció con gasolina e incendió la casa de su expareja cuando la abandonó. En la Ciudad de México los crímenes pasionales están entre las cinco causas más frecuentes de homicidios.

Dicen por ahí que cada quién habla según como le fue en la feria. Me atrevo a decir que en esta a todos –sin excepción– alguna vez nos han sacudido hasta la náusea.

 

Adrián Chávez

En tiempos de Octavio Paz, dos se besaban y un mundo nacía; hoy nos besamos para refugiarnos de un mundo aplastante. Hablar de amor es ahora, creo, hablar de resistencia, de la posibilidad de sinapsis en un siglo de individualidades. Hablar de amor, de amor de veras, es también hablar en contra del amor marca registrada, ese autómata armado con expectativas prefabricadas y roles de género que funciona a base de un conflicto, en el que, como decía Amado Nervo, “el beso no es sino una variación de la mordida”. En cambio amar en serio es querer el bien del otro no por adoración sino por empatía, abolir el vasallaje emocional en favor de vivir en equipo. Hablar de amor, pero sobre todo ejercerlo, es hoy en día la pequeña revolución de una sonrisa fuera de contexto.

 

Ari Volovich

Después del Antiguo Testamento, el amor ha de figurar como la ficción más peligrosa de todas.

 

Elma Correa

Así que, carverianamente, esta es la pregunta: ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

En mi caso, con esta mala educación emocional de la que por más que intento no puedo escapar, estaríamos hablando básicamente de obsesión y codepencia. Es lo que te vengo manejando desde que aprendí que me gustaban los guapos y patanes. Shame on me.

 

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Hernán Bravo Varela

1. De una pregunta formulada por Raymond Carver en su libro homónimo de cuentos, y cuya mayor dicha es una tautología: la conjugación de “hablar”. Un verbo que, precisamente, se opone al amor como acción suprema. (Lo cual no significa que el amor esté exento de habladurías.)

2. A punto de cumplir los ochenta, Octavio Paz cumplió el capricho, largamente acariciado en su poesía, de definir el amor. Según La llama doble (1993), el amor es “la apuesta, insensata, por la libertad. No la mía, la ajena”. Aún consumido por el fuego del surrealismo, Paz no veía en el amor un ejercicio de los derechos y las responsabilidades íntimas que exige la esquizoide democracia actual, sino una servidumbre voluntaria del yo que garantiza la libertad a segundas y terceras personas. (Un novísimo amor cortés, a cuya breve consumación carnal sigue una perdurable inflamación del espíritu.)

La poesía hace una apuesta semejante por la “libertad bajo palabra” de las personalidades múltiples que nos habitan y del yo ajeno, ávido de especulaciones frente al espejo de cuerpo entero que los otros son para él. En forma simultánea y a la vez contradictoria, la poesía se vuelve soberana del sentido cuando se somete al mundo y sus lugares comunes; el mundo, a la par, se vuelve súbdito del sentido cuando somete a la poesía y conquista sus tierras incógnitas.

3. No quieras decir tu amor, / el amor nunca se dice; / pues suave se agita el viento, / silencioso e invisible. (William Blake)

4. La oscuridad estilística de Jacques Lacan atinó, sin embargo, a definir el amor como “dar lo que no se tiene a alguien que no es”. La frase suele citarse mal: “dar lo que no se tiene a quien no lo necesita”. Entre ambas variantes se abre un abismo. La primera aborda la imposibilidad real de quien ama y es amado: se entrega una carencia a un imposible. La segunda, más esperanzadora, matiza la primera: al amar, obsequiamos algo insospechado a quien no sospecha su imperiosa necesidad.

Se mire por donde se mire, el amor surge de una carencia mutua. Acto filantrópico entre ciegos, labores para resolver un crimen que no se ha cometido —un crimen, siguiendo a Lacan, sin móvil ni evidencias.

5. “En El mundo del silencio (1954), el genial Max Picard suena mucho a William Blake: Los amantes son los conspiradores del silencio. Cuando un hombre le habla a su amada, ella escucha más el silencio que las palabras dichas por su amado. ‘Guarda silencio’, parece susurrar. ‘¡Guarda silencio para pueda escucharte!

Esto no quiere decir “cállate”, sino tan solo “deja de hablar”. La diferencia lo es todo, en el amor y en el arte. (Leonard Michaels)

6. Los amantes son los conspiradores del silencio, dice Picard en la cita de Michaels. Una frase retórica como la pregunta de Carver, aunque no tan memorable. ¿Contra quiénes conspirarían los amantes mudos de Picard?

Tal vez contra los teóricos, legisladores y gramáticos del amor que dan sesudas respuestas a preguntas gratuitas. Pero eso es suponer de más: los amantes son y su práctica de campo, su propio estado de derecho, su lengua privada.

7. El brillante editor Gordon Lish reescribió párrafos y finales enteros de Carver. En De qué hablamos cuando hablamos de amor, por ejemplo, redujo a la mitad el número de palabras que había en las primeras versiones de los cuentos y reescribió el 80% de sus desenlaces. La leyenda Carver se debe, en buena medida, a un ilustre desconocido. Si yo no hubiera revisado a Carver, ¿le pondrían la atención que le han puesto?, se pregunta Lish, quien dio a Carver lo que no tenía.

 

Zel Cabrera

Perras

“Está bien no caerle bien a todos, perras”.
“Por nuestra cuenta hasta el infinito, perras”.
el lápiz labial vengativo, violento, enojado, harto y refinado manchó un sobre.
“Estaré condenada si soy sumisa, perras”.
“¿Cómo nos llamaste? ¿Qué nos dijiste?”
¿cómo se llama esa clase de amor, perras?
Melissa Lozada Oliva

Nos comimos el amor sin masticarlo.
Le ladramos al amor apenas lo olfateamos
a la distancia.
Le ladramos al albañil, al cartero,
al repartidor de pizza,
al señor que nos surte los garrafones
de agua. Lo mismo al ladrón que intentó
allanar nuestra morada y al amante
trasnochado que llegó al departamento
con un six de cervezas lager
y una caja de cigarros.
No hubo diferencia. El enemigo
siempre usa pantalones y perfume
barato.

El amor era la carnaza
pero nunca fue la recompensa.

Las perras no eran ariscas. Nos hicieron.
Salimos más perras que bonitas.
Marcamos la casa con orín,
el aroma que brota
de nuestras entrepiernas.
Esta casa es nuestra porque huele como nosotras.

Mordimos las almohadas, los cojines,
el colchón. Mordimos el amor
sin pronunciarlo antes.

El amor, esa palabra.

 

Diego Casas Fernández

Paradójicamente, como sucede en el cuento de Carver, quien pregunta qué es el amor es el primero en recelar de la duda. Con la singular cacofonía carveriana que nos obliga a desconfiar de lo que nos rodea, nos damos cuenta de que no podemos definirlo con certeza. El amor se mantiene intacto hasta que queremos saber lo que significan esas malditas cuatro letras que hace poco creíamos ejecutar a la perfección. No es casualidad que el título del relato sea una pregunta, al parecer, sin respuestas, o con muchas, como muchos somos los que creemos haber amado alguna vez.

Sospechar del amor —cuestionar nuestros te amos— no es más que otra manera de buscarlo.

Cuando conocí a Stephanie, con frecuencia dudaba del amor que le tenía. Como si no fuera suficiente o estuviera condenado a extinguirse, era enfático y reiterativo cada vez que se lo demostraba. Tenía miedo de que no fuera suficiente.

Con el tiempo supuse que mi amor por ella consistía en interpretarla, es decir, hacer una lectura personal y subjetiva de sus aficiones, propósitos y miedos hasta lograr poseerla. Como si el amor semejara la interpretación de un lenguaje encriptado y complejo, ella hizo lo mismo, y por un tiempo nos amamos con el silencio de los malentendidos. A los pocos meses, cuando comenzamos también a malinterpretar ese silencio (creyendo que hablar no era necesario cuando hacíamos el amor) vino entonces la ruptura. Nació una grieta a la par de nuestro cariño que se hizo evidente entre los dos. Pronto nos acostumbramos a la rutina de las palabras a medias.

Tuvimos entonces que tomar terapia para entender que la solución estaba, literalmente, en la punta de nuestra lengua. Y no hablo de los besos, sino de la palabra (aunque uno y otro sean siempre la respuesta).

Amar no es descifrar sino preguntar. Pero no preguntar qué es el amor sino de qué manera quiere ser amada la otra persona y, sobre todo, cómo esa otra persona puede amarnos. Allí encontraremos las respuestas.

Pues en el amor, la pregunta llega hasta donde la privacidad lo permite.

 

Fabiola Eunice Camacho

Probablemente sea la pregunta más complicada de responder desde la mirada feminista, y lo es porque un aspecto importante dentro de nuestra interminable agenda tiene que ver con desarticular la idea del amor romántico, un imaginario que ha cobrado miles de vidas. No sería el espacio para describir esa clase de amor, pues todas lo conocemos de manera tan íntima, tan cotidiana que estoy segura que hasta la más férrea feminista en algún momento ha sentido la necesidad de bajar la guardia, de perderse en alucinaciones que el coctel de sensualismo y fatalidad proponen como la idea de una imagen que poco o nada tiene que ver con nuestros cuerpos o en sí con el amor.

En todo caso sostengo mi disertación entre dos puntos desde los cuales se desplaza esa energía que puede incluso quebrar por completo la idea de seres dóciles o mujeres embriagadas de amor. Esas dos coordenadas dentro de la cartografía personal serían el deseo y el compromiso. Una sin la otra se desvían y crean lo que hemos conocido por diversas lecturas y miradas, una clase de energía sin sentido o sin cabeza. Imagino ese amor como un ser acéfalo, una corporalidad con una fuerza que no hace otra cosa que detener, oprimir. Sin oídos, sin lengua, tan solo con una contención sobrenatural que logra sostener aquel cuerpo quebrado al mismo tiempo que lo subyuga.

Seguramente un amor sin deseo debe ser el estadío más infértil e insípido que el cuerpo pueda conocer. Ya Rosario Castellanos advertía de manera oportuna que sus hijas y nietas —dentro de la tradición moderna y contemporánea de la literatura mexicana— acabaríamos de maneras poco decorosas o deseables para aquel contexto donde las mujeres ya estaban tejiendo para nosotras una red infinita de saberes y deseos.

Creo que la trama más fuerte tiene que ver con la hilaza que une el saberse dueña de sus ideas, —de su tiempo, de su cuerpo— con el hacer valer sus placeres por encima de cualquier otra cosa que, desde luego, resultará ser menos importante. ¿Pero qué pasa cuando el amor también tiene que ver con nosotras mismas, con el compromiso que adquirimos con nuestra voz, nuestros labios, nuestras vibraciones, nuestro onanismo o con las personas que emergen de nuestras cavidades luego de treinta y ocho semanas?

La pedagogía del deseo de Hélène Cixous abre un espacio distinto para pensar el amor desde la experiencia de ser mujer. Como Hélène pienso que la escritura y todo lo que tiene que ver con ella, —incluido mi cuerpo, sus cambios, su correspondencia bisexual y su constante estado de continencia y vaciamiento— se encarnan debidamente en una clase de amor que ante todo pide el tiempo necesario para hacerse resonar, amar. Luego entonces en quién pensamos cuando escribimos, porque sí escribir es un acto de amor, en este, como en el onanismo, se convoca al cuerpo deseado con el fin de guiar esa pulsación eréctil hacia nuestros centros.

Si acaso es para ti, para mí, está bien, porque más allá del deseo —de la llama interna— me pregunto quién será la lectora o lector que escuche mis gritos, que repose en mis pausas, en mis silencios.

Cixous más que tatuar su impronta, desata un maremoto dentro de los esquemas y estructuras culturales para comprender la manera en que aman y hablan las mujeres.

Spoiler alert: el amor definitivamente es una construcción cultural.

Al ser una construcción que se desarrolla en imaginarios, obras de arte, libros, productos culturales y demás chácharas y fetiches, podemos revertir los procesos, espacios de poder y posiciones que han intervenido durante la historia de la humanidad la edificación de ese amor, incluidos sus salones de prácticas violentas y sus salas de estar en depresión continúa.

El compromiso encarna amor a nosotras y al cuerpo deseado, pues al aceptar el desafío de hablar desde sí, toda la lubricidad se correrá al momento de hacernos resonar, “la mujer asentará a la mujer en un lugar distinto de aquel reservado para ella en y por lo simbólico, es decir, el silencio. Que salga de la trampa del silencio. Que no se deje endosar al margen o el harén como dominio”. Siguiendo la tesis de Cixous, sin importar sus preferencias, sin importar incluso si se encuentran en la cumbre de la soledad, si acaso sólo se trata de las nuevas formas de deseo y amor milenial, hágase cucharita con todo el amor y pruebe escribirse desde sí.

 

Instrucciones para escribir una carta de amor

Hacer jadear al texto
Lubricar la idea
Paladear la memoria
Corromperla
Adentrarse en las oquedades y llanuras del deseo
Echarse una mano
Escribir con la otra
Gritar, explotar, leerla en voz alta
Decir me amo, te amo.

 

Hiram Ruvalcaba

Algunas notas para hablar de amor

Noemí escribía su nombre con n de nunca. Yo tenía novia y ella tenía novio. Pero la primera vez que nos encontramos descubrí que medía exactamente lo mismo que mi deseo, tan alto a los 17 años. De eso estaba seguro —ponía tanta atención cuando la miraba—. Su novio era un sujeto agradable, a decir verdad. Jamás supe qué pensó ella de mi novia, quien debió ser agradable también. Supongo. A veces los veía de la mano o ella nos veía a nosotros, pero eso no me impidió medirla, memorizarla cada vez que nos encontrábamos para que no se hicieran largas aquellas noches que no pasaría con ella.

Las pocas veces que pudimos platicar, me habló de sus planes de vivir en el norte del país, y con sus palabras se iban volando mis esperanzas hacia tierras lejanas. Pasé más tiempo del que estoy dispuesto a admitir convenciéndome de que un muchacho como yo (nacido en una comunidad rural, recién llegado a Tlayolan, y con novia) no tenía oportunidad con una mujer como Noemí. Me convencía de esto a pesar de que ella rehuía mi mirada y, de vez en cuando, la sorprendía observándome de lejos. Midiéndome. Memorizándome.

Cuando nos graduamos de la preparatoria supe que se me escaparía la vida sin decirle todo lo que despertó en mí. Sin embargo, por una afortunada casualidad, nos encontramos cierto día en la calle y tuvimos una hora o dos para platicar a solas. Era lo justo para hacer una confesión vital apresuradamente. Y vaya que le confesé todo. Desde el primer día que la vi trabajando en un café y sentí que el azul del cielo llovía sobre mi alma; todo hasta el momento en que se fue de mi vida de la mano de su novio, que me caía bien, en realidad. Nunca sabré si fue por compasión, o si aquélla fue la manera de corresponderme, de decirme que había sentido lo mismo: Noemí me abrazó por el cuello y besó mi mejilla, justo en la curva donde empezaban mis labios.

Algunos meses después se separó del novio y se fue a vivir a Nuevo Laredo, para hacer carrera en derecho aduanal. O algo así. Llegó hasta tercer semestre. Luego unos hombres la asaltaron en la calle, la tumbaron a golpes y la arrastraron a una camioneta para que diera el último paseo de su vida. Me lo contó aquel que había sido su novio. “Fue terrible”, me dijo, “destrozó a su familia”, y yo pensé en la comisura de mis labios y en que hay historias que no deberían existir.

No encontraron el cuerpo. Hasta donde sé, aún podría seguir viva. Pero es poco probable. En su boca cabían los nombres de todas las cosas que amaría en mi vida.

Una historia de amor auténtica no tendrá un final feliz. Éste es el primer pacto y la primera verdad.

Punto.

Una historia de amor auténtica es una enfermedad que ataca cuando no se tiene tiempo que perder, y uno acaba perdido.

 

Esta es la primera que recuerdo.

En la Edad Media circuló un mito acerca de un trovador que se enamoró de la esposa de un noble. Le cantaba continuamente, molido por saber que su amante jamás sería solo suya. Los cantos desventurados siguieron hasta que el esposo de la dama se enteró del romance. Celoso, el marido mandó asesinar al poeta, e hizo que trajeran hasta su palacio el cadáver. Cuando lo tuvo a su alcance, le extirpó el corazón y se lo llevó al cocinero, pidiéndole que preparara el manjar más exquisito en la historia del reino —y de paso, de la literatura—. Cuando el platillo estuvo listo, el noble hizo que su mujer lo comiera la misma noche del asesinato. Una vez que terminaron de comer, la mujer confesó que nunca había probado un platillo de tal calidad, y el esposo, triunfante, pudo entonces revelarle el ingrediente principal.

Muchas versiones se han escrito acerca de esta leyenda del corazón devorado, y cada una hace variar el desenlace. Mi favorita es la siguiente: la mujer, loca de amor, se hizo asesinar esa misma noche por su dama de mayor confianza, y ordenó que le sirvieran su propio corazón al marido la mañana siguiente. El noble devoró sin mesura la carne de su mujer, muerta de venganza y, cuando se hubo enterado de lo que sus celos provocaron, juró no probar más bocado después del corazón de su esposa. Como cumpliera su promesa, murió nueve días después.

De la historia del corazón devorado inferimos el segundo pacto: en una historia de amor auténtica sólo existen villanos.

Una vez conocí a un hombre que se sacó los ojos el día que su mujer lo engañó para no verla nunca en los brazos de otro.

Así, ciego, siguió viviendo con ella.

Se llamaba Amador, pero su nombre no es importante para esta historia. Lo único que quería destacar es que esta podría ser una historia de amor auténtica.

Una historia de amor auténtica no necesariamente es una historia real.

He aquí una historia real.

Mi amigo Salvador y yo fuimos por unas cervezas a un bar de mala reputación en el centro de Tlayolan. Pasaba la medianoche, y el lugar tenía ese aroma que despiden ciertos espacios que transforman tu vida. Desde nuestra llegada habíamos estado tensos, porque a pocos metros de nosotros se hallaba una pareja de amorosos que no había dejado de discutir en toda la noche.

Aunque debo ser más exacto.

El hombre discutía severamente; sin gritar demasiado pero con insistencia. Ella intentaba acercársele para acariciarlo, intentando que se calmara. Él la apartaba de sí, primero empujándola, después dándole patadas o golpes discretos.

Lloraba mucho, ella. A veces miraba alrededor. A veces fijamente hacia donde estábamos nosotros; intentaba sonreír.

Marco estaba muy animado, hacía lo posible para que yo dejara de mirar hacia la peculiar pareja, cuya discusión se tornaba cada vez más acalorada. No quería notarlos.

Fue inútil.

 

Hacia las dos de la mañana, el hombre lanzó un certero puñetazo al rostro de la mujer. Siguió otro, y otro más. Ella cayó al suelo. La música paró. La gente hizo un círculo a su alrededor. Todavía alcanzó a recibir un par de patadas antes de que Marco llegara hasta el hombre y le reventara una botella de mezcal en la cabeza. Pateó con saña su rostro ensangrentado. Nadie se acercó a separarlos. Me quedé en la barra y me acabé la cerveza, mientras veía a mi amigo tomar pausas para recuperar su aliento justiciero.

La mujer, aún aturdida, se levantó a duras penas y se abalanzó sobre Marco. Le arañó el rostro, gritó majaderías, golpeó su pecho y sus brazos y su espalda con sus manos pequeñas mientras le hablaba, por su nombre. Mi amigo se detuvo, se apartó de los amorosos sin decir palabra. Todavía le dedicó a ella una mirada llena de incendios antes de salir del lugar. Pude verlo: había en él un fuego distinto a la violencia.

Pagué la cuenta. Lo seguí.

Cuando estuvimos solos, Marco dijo:

—Se llama Valeria.

No me lo dijo a mí. Más bien fue como si dejara que sus palabras se diluyeran en el aire. Y después:

—Ya lo decía la Biblia, no codiciarás a la mujer de tu prójimo en vano…

Desde lejos llegaba el rumor de la música y las luces titilantes de las patrullas que rodearon el lugar apenas cuando nos fuimos.

Una historia de amor auténtica es miserable. No hay bendiciones, ni buena estrella, ni buenos deseos. Se escribe con tintas malignas, porque el amor empieza donde Dios acaba.

Una historia de amor auténtica vive siempre en la amoranza.

Éste es el tercer pacto.

Cuando tenía diez años, una vecina cuarentona, amiga de mis tíos, me invitó a pasar a su casa. Una vez en el interior, me dio de comer (caldo de pollo, aún recuerdo que tenía arroz rojo en el fondo del plato) y luego me dijo que la acompañara a su habitación. Una vez dentro, se levantó la falda y pude notar que no usaba calzones. Se sentó en su cama y abrió las piernas para que yo mirara. En ese instante el mundo apareció explicado ante mí definitivamente.

En una historia de amor auténtica no hay puntos suspensivos, sólo una sucesión de tres puntos finales.

Esta la contó mi padre.

Todos los años, en abril, una mujer salía temprano de su casa, subía a un autobús, viajaba dos horas y media hasta El Limón, Jalisco, y visitaba una tumba en el cementerio municipal. Iba sola. Rara vez llevaba flores o cualquier objeto que denunciara la visita a un ser amado. (Pero sí tenía cuidado de llevarse, siempre, la misma ropa: un vestido blanco, gastado aunque elegante, rebozo gris que cargaba con orgullo y dignidad.) Volvía a casa poco antes de que la noche soltara sus lebreles en la Sierra del Tigre. Limpia, como al momento de su salida, sus ojos denotaban que se habían desbordado en llanto.

 

En esta historia sonaba —al menos en la versión de mi padre—, una canción ranchera. Según él, durante toda su vida la mujer puso aquella canción siempre que quiso llorar. “Cruz de olvido”.

La barca en que me iré lleva una cruz de amor… Lloraba a lágrima viva o, más exactamente, a lágrima muerta, a lágrima alimentada de una sustancia insoportable: sus ojos clavados en el espacio vacío, en el lugar que debió ocupar alguien que no tenía nombre, ni rostro, ni fecha.

Un día me enteré de que aquella mujer había tenido un hijo antes de su matrimonio, que lo había gestado en sus mares y lo había visto nacer: leche de sí. Del niño no había fotografías, ni siquiera llegué a saber nunca su nombre. La mujer lo vio morir: muerte de sí.

Un día no volvió. Salió de su casa temprano. Tomó el autobús. Viajó dos horas y media. Bajó en El Limón. Fue al panteón municipal. Iba sola y sin flores. Lloró cruces de olvido. No volvió. Ni al día siguiente volvió, ni al siguiente del siguiente. No volvería ya a su casa en Tlayolan: se la tragó el mes de abril sin dejar rastro.

Mi padre contaba esta historia, y creo que vale la pena decir lo siguiente.

La mujer era su madre.

Algunos dicen que la encontraron en junio, abrazada a una tumba con un nombre desconocido. Cuentan que lloró hasta morirse.

La canción ranchera la conocí hace un par de años, cuando supe que el padre de mi padre había prohibido que la tocaran en su casa.

Aunque esto, por supuesto, tampoco es una historia de amor auténtica.

Pero no se decepcionen, todo lo que he dicho es para declarar que las historias de amor existen, están ahí.

Y que una historia de amor auténtica comprende todo el bien todo el mal.

Pero aún está por verse.

 

Selene Carolina Ramírez

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

Cuando hablamos de amor hablamos del constructo romántico
que nos heredaron los abuelos.
Aquellos que durmieron en camas separadas hasta el final de sus días.
Los que vivieron muchos pequeños amores
a escondidas del gran amor que dormía a su lado,
pero en otra cama.
Porque hablar de amor se conjuga en pretérito
y todo aquello que es anterior al amor es más grande que el amor.

El amor es la tarde caliente con los pies descalzos.
Es ese salto hacia los espacios sombreados
para evitar la ampolla en las plantas de los pies.
Es que el amor siempre viene después
y nos toma de repente con tres pesos en las manos sudorosas
sin saber cuántos chicles de bola nos darán de cambio.

Dejaron de fiar en esa tienda de personas amables.
Dejaron de fiar porque falsificaron las carteras de Marlboro.

El amor nunca será la primera vez,
ni la tercera,
ni la quinta.
Amar no puede ser sufrir el rompimiento de todos lo hímenes adolescentes
que idealizados se vuelven objetos exclusivos del placer.
Amar tampoco es golpearse el estómago con un bate cada vez que se piensa estar encinta.
Ni quererse tirar de la torre más alta cuando el amor encontró otro amor.
Terri cree que hablar de amor se resume a un tiro en la boca.
Mel cree que el amor será sólo un recuerdo pasajero
al lado de un nuevo amor
que se convertirá a su vez en un recuerdo,
si acaso.

Cuando hablamos de amor los ojos se encienden
pero no sabemos de dónde viene el brillo
si del llanto o de la esperanza.

Hablar de amor es querer al gato,
es adorar al gato.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1984). Estudió la licenciatura en lengua y literaturas hispánicas en la Facultad de Filosofía y letras de la Universidad Autónoma de México (ffyl-unam). De 2015 a 2016 fue becaria del Programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca). Se ha desempeñado como traductora de inglés y francés y profesora de secundaria, preparatoria y universidad. Es colaboradora de las revistas La Peste y Coma Suspensivos e imparte talleres de cuento en Ensenada, Baja California, donde reside actualmente.
(Ciudad de México, 1984) es maestra en estudios latinoamericanospor la FFyL y la FCPyS de la UNAM. Becaría de la Fundación de Letras Mexicanas en el área de ensayo.
(Ciudad Guzmán, 1988) Es licenciado en letras hispánicas por la Universidad de Guadalajara e ingeniero ambiental por el Instituto Tecnológico de Ciudad Guzmán, además de maestro en estudios de Asia y África por El Colegio de México. Ha sido becario del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico en Jalisco en la categoría Jóvenes Creadores. En 2016 fue ganador del Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela. Ha publicado los libros de cuentos El espectador (2013) y Me negarás tres veces (2017), así como, en colaboración con Sandra Ruiz, la antología Kwaidan. Extrañas narraciones del Japón antiguo
Elma Correa es narradora. Aparece en el libro de entrevistas Veintitrés y Uno. Charlas con 23 escritoras de Óscar Alarcón y su trabajo está incluido en compilaciones como Sólo cuento IX, Breve colección de relato porno, Lados B, Cuadernos del Periodismo Gonzo, Narrativa del norte, Pan de muerto, dos números especiales de ficción de Vice, entre otras. Ha publicado textos en revistas como Vice, Punto en Línea, Pez Banana, Shandy, El Septentrión, Tierra Adentro y emeequis. Que parezca un accidente (Nitro/Press, 2018) es su primer libro de relatos.
Diego Casas Fernández (Puebla, 1992) es autor del libro de ensayos Punto ciego editado por Ediciones de Punto de Partida y la Dirección de Literatura UNAM. En 2014 fue beneficiario, en el área de ensayo, del Pecda-Puebla. En 2015 obtuvo el Primer Premio de Ensayo en el concurso 46 de la revista Punto de Partida.
(Ciudad de México, 1979) es poeta, ensayista y traductor. Autor de Hasta aquí, entre otros títulos.
(Iguala de la Independencia, Guerrero, 1988) es poeta. Ha publicado las plaquetas de poesía Naufragios y Troya sobre una muralla.

El pasado 30 de enero publicamos la traducción que hizo Isabel del Valle del primer capítulo de Pride and Prejudice (1813) de Jane Austen. El objetivo de la publicación era celebrar, con dos días de retraso, el cumpleaños 206 de una novela a la que le sobran hinchas en la Redacción de Tierra Adentro.

Agregamos a la traducción una nota que titulamos Yo la adoro a Jane Austen, en la que explicábamos ese singular título: la frase, suponíamos, era una cita de César Aira, que es utilizada en buscadores web como título de una entrevista, sin embargo la cita no aparece en el cuerpo de la entrevista. Con pretensiones más o menos humorísticas explicábamos esa irregularidad.

rgr

 

Para fortuna de todos, el misterio ha terminado (más o menos). Phillip Penix-Tadsen, uno de los dos autores de la entrevista, se puso en contacto con Tierra Adentro y nos explicó lo que sabe sobre ese título tan irregular. Además tuvo la enorme cortesía de compartirnos ese fragmento de entrevista que no apareció en la edición final. Con el permiso de Phillip reproducimos su mensaje y la respuesta de César Aira.


 

¡Qué buena la traducción de Austen! Tal vez yo pueda ayudar con la duda sobre la cita (yo fui uno de los que hicimos la entrevista a Aira mencionada).

Esa frase sí la dijo Aira, pero por alguna razón u otra la eliminamos de la edición final de la entrevista. Ni Craig ni yo supimos jamás por qué aparece así el título (Yo la adoro a Jane Austen) en las búsquedas de red. Craig me dijo hace unos años que él lo puso como chiste en una de las versiones que compartíamos entre nosotros dos mientras íbamos editando la transcripción de la entrevista. Pero él jura que nunca envío ningún archivo con ese título a la editorial.

En fin, quedamos en la misma: ¿quién sabe? De todos modos, aquí está el párrafo inédito, donde Aira habla de Austen. Y de Duchamp, Proust, Pessoa, Twain…

Phillip Penix-Tadsen


 

 

CRAIG EPPLIN: Y ¿qué lee ahora?

CÉSAR AIRA: Yo leo de todo. Leo mucho sobre artes plásticas porque soy muy estudioso, muy estudioso de la vida y obra de Marcel Duchamp. Tengo una enorme biblioteca de Duchamp, y en cada uno mis viajes siempre, como siempre se están publicando cosas sobre Duchamp, siempre la voy alimentando. Ahora me traje de Barcelona tres libritos, tres libros todos sobre Duchamp. Y leo literatura, lo de siempre, releo ahora mucho. Aunque no he releído mucho en realidad porque tengo muy buena memoria para los libros. Un libro que he leído hace cuarenta años, a poco yo, página por página me desaliento de releerlo porque ya me lo sé demasiado bien. Es lo que me pasa con Proust. Hace años que no lo releo porque lo recuerdo demasiado bien, estoy esperando olvidarme un poco para volver a tener ese placer. Me recuerda esa frase de Pessoa, de Fernando Pessoa, que decía “La mayor tragedia de mi vida fue haber leído The Pickwick Papers, porque ya no lo voy a poder volver a leer por primera vez”. ¿Entiendes? Buena parte de la razón por el efecto [¿?] de ese libro, obra maestra maravillosa, eso ya no lo voy a poder volver a leer por primera vez. Pero confío en el olvido como para volver a disfrutar, y de cualquier manera me queda mucho. En el avión fui leyendo una novela de Jane Austen, […], que yo había leído hace unos años, no es de las mejores. No es Pride and Prejudice ni […], pero está bien, yo la adoro a Jane Austen. Mark Twain decía que “Una biblioteca que contenga los libros de Jane Austen siempre será inferior a una biblioteca que no contenga los libros de Jane Austen”. Qué malo que era, y qué equivocado que estaba porque era muy buena Jane Austen.


Autores
Phillip Penix-Tadsen es Profesor Asociado de Español y Estudios Latinoamericanos en la University of Delaware, EE.UU. Obtuvo su doctorado de Columbia University con la tesis “Marketing Marginality: Resistance and Commodification in Contemporary Latin American Cultural Production.” Prof. Penix-Tadsen es autor del libro Cultural Code: Video Games and Latin America (MIT Press, 2016) y editor de la antología próxima a publicarse Video Games and the Global South (ETC Press, 2019).

Leo Testut, Traité d'anatomie humaine, 1895. (Flickr)

Homenaje a cinco años de la muerte de Sergio Loo


Ésta es la operación al cuerpo enfermo: la transfusión de mi voz a tu carne roja.
Sergio Loo

 

En una conversación con Ricardo Piglia, Roberto Bolaño señala un final de camino para los lectores latinoamericanos y la apertura de un abismo para los escritores. La salud del chileno le prometía solo un par de años más sobre la tierra, y un abismo se abría entre él y sus lectores. Un abismo creador y destructor que auguraba el término de su vida y la oportunidad de elaborar su opera magna en caída libre.

La muerte de un escritor —especialmente la muerte temprana de un escritor a causa de la enfermedad— invierte los papeles que Bolaño describe: con la muerte ya no se enfrenta el escritor al abismo, sino que es heredado a los lectores, que en nuestra condición de estatuas detrás de la página solo podemos imaginar la obra que pudo existir.

La muerte de Sergio Loo en 2014 nos heredó un enorme abismo poético. Desde 2006 sus textos prometían configurar una poesía nueva, y con la publicación en 2007 de Sus labios en mi boca rodando quedó claro que estábamos ante una voz estridente que no ignoraba la tradición ni temía subvertirla.

Entonces era notable la influencia de Abigael Bohórquez en la comparación del amor homoerótico con la divinidad cristiana, la angustia en la voz social, el ataque a la sintaxis y la profundidad de la experiencia poética. Después las publicaciones de Sergio desafiaron géneros: sus poemas, que pueden leerse como novelas (y viceversa), nos llevan de un lado al otro de la ciudad buscando, siempre buscando.

Sergio supo enfrentarse al abismo de la literatura. Para él vuelo, caída, velocidad y gravedad son términos relativos. Nos han dicho que no saltemos, que nos aferremos a la orilla, y la obra de Loo es un grito que pide lo contrario.

En Operación al cuerpo enfermo, obra póstuma de Sergio, las circunstancias, la estructura, la carencia de género y la resonancia poética lo vuelven una suerte de fantasma. En una escena imagina en su propio funeral: su abuelo se cerciora de que tenga los ojos cerrados, su abuela reza un rosario, su madre no puede hablar.

Es un libro en el que la imagen del cuerpo enfermo se construye por capas: el cuerpo está enfermo de cáncer, el cuerpo está enfermo de amor (y sus amantes crecen dentro de él como cáncer), el cuerpo está enfermo de sociedad.

Un libro en caída libre, desde el que Sergio se preparaba para un viaje más largo, más definitivo. Uno que lleva ya cinco años, durante los cuales Sergio nos ha acompañado en relecturas, en homenajes. En su ausencia así llevamos a Sergio, hablándonos desde nuestra propia carne roja.


Autores
(Guanajuato, 1996) es poeta y editor. Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Sus poemas han aparecido en Periódico de poesía.
Secretaría de Cultura