Tierra Adentro

Alacena

El blog de la Redacción de Tierra Adentro.

Hoy es 14 de febrero y la Redacción de Tierra Adentro amaneció con sentimientos encontrados acerca del amor. ¡Ah, el amor! Ha inspirado a poetas, narradores y dramaturgos desde el inicio de los tiempos, y si a la Redacción de Tierra Adentro le dieran un dulce por cada texto que le llega hablando de él, probablemente no podría escribir esta entrada (es difícil escribir algo sensato atiborrada de azúcar). Seguramente, piensa la Redacción de Tierra Adentro, en esta fecha Pablo Neruda pedía a la imprenta el nuevo tiraje de Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924).

A contracorriente, heterodoxa y desfasada, como inevitablemente es, la Redacción de Tierra Adentro se desveló en la maquetación de esta playlist dedicada al verdadero héroe de hoy: el amor tóxico, antes conocido como amor a secas. Por que sí, de algún modo, las cosas sí cambiaron. Y si te metes a Netflix para hacer un maratón de Friends e indignarte porque es machista y homófoba, mejor ni te acerques al cancionero sentimental, recomienda la Redacción de Tierra Adentro.

Las canciones que todavía coreamos siguen repletas de locos peligrosos y tipificaciones del código penal, y con eso en mente la Redacción de Tierra Adentro seleccionó las canciones. No se asuste nadie: la Redacción de Tierra Adentro no es nostálgica de la musicalización de la desigualdad (la Redacción de Tierra Adentro no es de esas heterodoxas, y de nostalgias nada, salvo de los glaciares en los polos), pero le gusta sacar el dedo flamigero para apuntarse a sí misma y sus guilty pleasures.

Del amor sufridote de Marisela a la mamitis enfermiza de Manuel Acuña en la voz de Chalino Sánchez, hacemos un recorrido con paradas tan violentas como las llamadas neuróticas de “Obsesión”, el romanticismo Bacardí de José José, el acosador del departamento 512, el obsesivo de Sting vigilándote la respiración, la dependencia emocional de los Timbiriche, Gloria Trevi (Campeona Indiscutible de Enamorase del Equivocado) y muchos delitos y muchas faltas y muchos improperios más.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

El pasado 30 de enero publicamos la traducción que hizo Isabel del Valle del primer capítulo de Pride and Prejudice (1813) de Jane Austen. El objetivo de la publicación era celebrar, con dos días de retraso, el cumpleaños 206 de una novela a la que le sobran hinchas en la Redacción de Tierra Adentro.

Agregamos a la traducción una nota que titulamos Yo la adoro a Jane Austen, en la que explicábamos ese singular título: la frase, suponíamos, era una cita de César Aira, que es utilizada en buscadores web como título de una entrevista, sin embargo la cita no aparece en el cuerpo de la entrevista. Con pretensiones más o menos humorísticas explicábamos esa irregularidad.

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Para fortuna de todos, el misterio ha terminado (más o menos). Phillip Penix-Tadsen, uno de los dos autores de la entrevista, se puso en contacto con Tierra Adentro y nos explicó lo que sabe sobre ese título tan irregular. Además tuvo la enorme cortesía de compartirnos ese fragmento de entrevista que no apareció en la edición final. Con el permiso de Phillip reproducimos su mensaje y la respuesta de César Aira.


 

¡Qué buena la traducción de Austen! Tal vez yo pueda ayudar con la duda sobre la cita (yo fui uno de los que hicimos la entrevista a Aira mencionada).

Esa frase sí la dijo Aira, pero por alguna razón u otra la eliminamos de la edición final de la entrevista. Ni Craig ni yo supimos jamás por qué aparece así el título (Yo la adoro a Jane Austen) en las búsquedas de red. Craig me dijo hace unos años que él lo puso como chiste en una de las versiones que compartíamos entre nosotros dos mientras íbamos editando la transcripción de la entrevista. Pero él jura que nunca envío ningún archivo con ese título a la editorial.

En fin, quedamos en la misma: ¿quién sabe? De todos modos, aquí está el párrafo inédito, donde Aira habla de Austen. Y de Duchamp, Proust, Pessoa, Twain…

Phillip Penix-Tadsen


 

 

CRAIG EPPLIN: Y ¿qué lee ahora?

CÉSAR AIRA: Yo leo de todo. Leo mucho sobre artes plásticas porque soy muy estudioso, muy estudioso de la vida y obra de Marcel Duchamp. Tengo una enorme biblioteca de Duchamp, y en cada uno mis viajes siempre, como siempre se están publicando cosas sobre Duchamp, siempre la voy alimentando. Ahora me traje de Barcelona tres libritos, tres libros todos sobre Duchamp. Y leo literatura, lo de siempre, releo ahora mucho. Aunque no he releído mucho en realidad porque tengo muy buena memoria para los libros. Un libro que he leído hace cuarenta años, a poco yo, página por página me desaliento de releerlo porque ya me lo sé demasiado bien. Es lo que me pasa con Proust. Hace años que no lo releo porque lo recuerdo demasiado bien, estoy esperando olvidarme un poco para volver a tener ese placer. Me recuerda esa frase de Pessoa, de Fernando Pessoa, que decía “La mayor tragedia de mi vida fue haber leído The Pickwick Papers, porque ya no lo voy a poder volver a leer por primera vez”. ¿Entiendes? Buena parte de la razón por el efecto [¿?] de ese libro, obra maestra maravillosa, eso ya no lo voy a poder volver a leer por primera vez. Pero confío en el olvido como para volver a disfrutar, y de cualquier manera me queda mucho. En el avión fui leyendo una novela de Jane Austen, […], que yo había leído hace unos años, no es de las mejores. No es Pride and Prejudice ni […], pero está bien, yo la adoro a Jane Austen. Mark Twain decía que “Una biblioteca que contenga los libros de Jane Austen siempre será inferior a una biblioteca que no contenga los libros de Jane Austen”. Qué malo que era, y qué equivocado que estaba porque era muy buena Jane Austen.


Autores
Phillip Penix-Tadsen es Profesor Asociado de Español y Estudios Latinoamericanos en la University of Delaware, EE.UU. Obtuvo su doctorado de Columbia University con la tesis “Marketing Marginality: Resistance and Commodification in Contemporary Latin American Cultural Production.” Prof. Penix-Tadsen es autor del libro Cultural Code: Video Games and Latin America (MIT Press, 2016) y editor de la antología próxima a publicarse Video Games and the Global South (ETC Press, 2019).
Gabriel S. Delgado C., Venezuela ecléctica, Flickr.

Gabriel S. Delgado C., Venezuela ecléctica, Flickr.

 

1. Andrés Bello, “Las ovejas”, Obras completas I (1883)

 

«¿Líbranos de la fiera tiranía

de los humanos, Jove omnipotente

¡una oveja decía,

entregando el vellón a la tijera?

que en nuestra pobre gente

hace el pastor más daño

en la semana, que en el mes o el año

la garra de los tigres nos hiciera.

Vengan, padre común de los vivientes,

los veranos ardientes;

venga el invierno frío,

y danos por albergue el bosque umbrío,

dejándonos vivir independientes,

donde jamás oigamos la zampoña

aborrecida, que nos da la roña,

ni veamos armado

del maldito cayado

al hombre destructor que nos maltrata,

y nos trasquila, y ciento a ciento mata.

Suelta la liebre pace

de lo que gusta, y va donde le place,

sin zagal, sin redil y sin cencerro;

y las tristes ovejas ¡duro caso!

si hemos de dar un paso,

tenemos que pedir licencia al perro.

Viste y abriga al hombre nuestra lana;

el carnero es su vianda cuotidiana;

y cuando airado envías a la tierra,

por sus delitos, hambre, peste o guerra,

¿quién ha visto que corra sangre humana?

en tus altares? No: la oveja sola

para aplacar tu cólera se inmola.

Él lo peca, y nosotras lo pagamos.

¿Y es razón que sujetas al gobierno

de esta malvada raza, Dios eterno,

para siempre vivamos?

¿Qué te costaba darnos, si ordenabas

que fuésemos esclavas,

menos crüeles amos?

Que matanza a matanza y robo a robo,

harto más fiera es el pastor que el lobo» .

Mientras que así se queja

la sin ventura oveja

la monda piel fregándose en la grama,

y el vulgo de inocentes baladores

¡vivan los lobos! clama

y ¡mueran los pastores!

y en súbito rebato

cunde el pronunciamiento de hato en hato

el senado ovejuno

«¡ah!» dice, «todo es uno».

 

2. Perfil de Simón Rodríguez, mentor de Simón Bolívar

 

3. Novena sinfonía de Beethoven, Orquesta Sinfónica de Venezuela Simón Bolívar, dirigida por Gustavo Dudamel

 

4. Entrevista de Tierra Adentro con el poeta Rafael Cadenas

 

5. La novela Memorias de Mamá Blanca (1929) de Teresa de la Parra

 

6. Juan de Castellano, Elegías de varones ilustres de las indias (1847)

 

Se dijo Venezuela de Venecia,

Y ansí llamamos todos esta tierra,

Que muy prolijos términos encierra.

Los naturales della son desnudos,

Todas sus proporciones muy bien hechas,

Alentados, fornidos y membrudos,

Prontiísimos al arco y a las flechas.

 

7. Oscar d’ León, Que Bueno Baila Usted

 

 

8. Bolivar y Ponte (1858) de Karl Marx

 

9. La primera novela venezolana: Los mártires (1842) de Fermín Toro

 

10. Los Amigos Invisibles, La que me gusta

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Recuerdo que a las fiestas de la universidad (esas que tenían lugar en departamentos o en casas de amigos, donde se bebía cerveza caliente y que terminaban a las 5am porque a esa hora volvían a abrir el metro) asistía un misterioso compañero, desaliñado y torpe, que no sabíamos realmente por qué iba. Llegaba sin saludar, no platicaba con nadie, hurgaba todas las conversaciones de la fiesta y finalmente se iba, sin más.

Después de haber comenzado a escribir en este blog de Tierra Adentro como quien llega a una fiesta en la que no se divierte, y haber escrito casi cincuenta textos en un año y medio, creo que es hora de irme sin más. Ni siquiera quiero que esto parezca un texto de despedida: es, en todo caso, el sonido del portazo que escuchamos cuando alguien ya se fue.
Me invitaron a colaborar en Tierra Adentro porque, además de tener dos cualidades —ser menor de 35 años y no ser de la Ciudad de México—, presentaba la ventaja de estar muy dispuesto a escribir por ser un editor de casa. Agradezco mucho el espacio y agradezco a todos los lectores que me leyeron en el blog. Agradezco especialmente a aquellos que se burlaron de mi prosa, que cuestionaron radicalmente mis argumentos y que incluso me llamaron idiota a secas.
He decidido dejar de escribir en el blog porque considero que, al ocupar un cargo público —es decir, al ser un funcionario— no debería ocupar los espacios, tan pocos que son, destinados a los escritores. Mi opinión sobre muchos temas —y no lo digo decorativamente— importa menos que la de otras personas. Si se trata de traducción, de literatura francesa, de historia literaria, puede ser que tenga algo que decir y algo digno de ser tomado en cuenta, pero ha de ser en otro espacio donde lo publique.
Por último sólo quisiera dar una explicación que nadie me pidió. Elegí los temas sobre los que escribí porque los conocía. En fin, porque sabía de eso más que de otras cosas. Sé que tengo una especialidad, la literatura francesa del siglo XIX, porque eso estudié y porque traduzco, escribo y edito mejor este tema que otros. Sin embargo, también debo decir que muchos textos los escribí desde el cansancio y otros más desde la ansiedad, por lo que no estaría mal dosificar las dosis de verborrea de vez en cuando y ahorrarme la fatiga de escribir por compromiso.
Después de todos estos meses, creo que lo más cómodo para mí hubiera sido pensar que el lector es un conformista. Yo prefiero pensar, y espero que se note, que el lector es la persona más inteligente que conozco. Por eso tengo la certeza de que sabe que, al dirigirme a él con estas palabras, me estoy mordiendo la lengua.


Autores
(Durango, 1988) es editor y traductor. Estudió Lengua y Literatura Francesas en la UNAM. Actualmente trabaja para el FCE.

En la redacción de Tierra Adentro nos llena de alegría que galardonaran a Fernando del Paso con el Premio Cervantes 2015. Hemos tenido una relación de lectores, aficionados e incluso colaboradores con el autor de Noticias del Imperio. Para no ir más lejos, el primer número que salió de nuestra revista con el sello de Conaculta tiene en la portada su obra gráfica, y el número 200 lo dedicamos a su obra narrativa con motivo de sus ochenta años, a continuación reproducimos el texto editorial con el que abrimos ese dossier.

El primero de abril de 1935 nació Fernando del Paso, artista multifacético que se ha desenvuelto como novelista, ensayista, dramaturgo, periodista y pintor. Para adelantar las celebraciones por los ochenta años de este escritor, dueño de la trilogía más importante de novelas que se escribió en México en la segunda mitad del siglo XX, decidimos homenajearlo desde la lectura. En la obra narrativa de Fernando del Paso la realidad histórica se mezcla con las memorias de fantasmas (José Trigo), recuerdos de juventud (Palinuro) e investigaciones de personajes históricos (Carlota). Acaso ningún otro escritor ha logrado plasmar en sus letras la evolución de la realidad histórica nacional.

Como se dice sobre el joven Palinuro, hay personas cuya vida está tan íntimamente ligada a su territorio que el nombre del país se convierte en una especie de apellido: así celebramos a Fernando de México.

No nos queda más que extender una felicitación al polifónico de México y una invitación a leer toda su obra.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Supe que sería un día raro cuando un testigo de Jehová me ofreció una mamada. Caminaba por la avenida Fray Tomás cuando lo encontré. Parecía un loco, tenía la bragueta abierta y un moño rojo. Su traje era azul, sucio pero planchado. Los carros parecían avispas, como si la calle fuera un panal golpeado. El tipo estaba recargado en un señalamiento que prometía una catedral a la derecha. Había mucha gente y su soledad cimbraba. Regalaba libros de esos que dicen que las tormentas vienen de la sodomía. Pasé a un costado sin mirarlo, olía a limpiador económico.

—Buenas tardes, señor. ¿Gusta que se la chupe? —di la vuelta extrañado y negué de inmediato.

Detrás de mí, una señora que escuchó me miró horrorizada.

—Muchas gracias, llevo prisa. Que tenga buen día —contesté por diplomacia.

No podía aceptar su mamada pero aplaudí su voluntad por servir a la comunidad. No son tiempos de andar regalando nada a nadie, mucho menos mamadas. Pensé en la vida de ese hombre. No debe ser fácil existir con un dios tan demandante. Yo soy católico en temporada alta, nada más: Navidad, el mundial de futbol, Día de la Virgen, Semana Santa, etcétera. Los testigos de Jehová deben reclutar inocentes, vestirse como idiotas y trabajar en domingo. No es poco. En fin, cada quien sus catedrales. Cualquier cosa es mejor que ser ateo; suena aburridísimo. Los ateos no tienen ostias gratis ni iglesias bonitas donde puedan verles las piernas a sus vecinas. No tienen música sacra ni villancicos, y éstos son mi parte favorita de la Navidad. No podría elegir uno en particular, todos son asombrosos. Rodolfo el reno, El niño del tambor, Los peces en el río, y otros más, me hacen desear haber nacido en un pesebre. Además, crecer sin un bautizo es mera burocracia, es como ir a tu graduación sin emborracharte. Piensen en las bodas, sin toda la parafernalia sería como darse de alta en Hacienda.

Pasé a la tienda a comprar un refresco. El doctor me los prohibió, pero era domingo. Me atendió una vieja extremadamente vieja, parecía que moriría en cuestión de segundos. Usaba un camisón de satín rosa, tan viejo como ella. Del cuello le colgaban más de cinco escapularios y estaba tan maquillada como una drag queen. Le mostré la bebida que me llevaría y lanzó un quejido gutural que no revelaba la cifra. Saqué el dinero cuando pasó la mano por encima del mostrador. Su palma entera temblaba, hacía un esfuerzo titánico por suspenderse frente a mí. Con una moneda de diez pesos lista, dudé. Sentí que esa mano se rompería si depositaba el pago bruscamente. Además, por el temblor, temí errar y tirar el dinero. Sus piernas no aguantarían inclinarse a tomar la moneda. Dejé el refresco, un billete de veinte y salí corriendo. Eso habría hecho Cristo, pensé en ese momento. Eran muchos escapularios, pero no la juzgo, si fuera a morir sería capaz hasta de disfrazarme del Papa y aprenderme el credo.

Seguí mi camino: era domingo y eso se hace los domingos. Llegué a la plaza principal, frente a la iglesia de San Bartolomé. Un tipo hablaba al micrófono. No era un mal espectáculo, había muchas palomas y un globero. Un grupo de niños destruía burbujas con aplausos mientras el vendedor cambiaba monedas por botellas. Me invadió un olor a elote que venía de un puesto cercano; pensé en comprar alguno, pero me conformé con el aroma. Decidí sentarme en una banca blanca, oxidada pero funcional. El metal estaba caliente, el sol cumplía su trabajo. Empezaba a relajarme cuando llegó una tipa y gritó:

—¿Me das un abrazo? —dijo antes de abalanzarse sobre mí sin esperar respuesta—. Funciona mejor si me ayudas a abrazarte.

Decidí callar y esperar a que se fuera. No tardó más de tres segundos.

Son un fastidio esas personas neocristianas que creen que Dios sonríe cada vez que ellas lo hacen. La señora, gorda de caderas y alegría, se retiró callada, ocultando su molestia. Un niño me vendió un mazapán. Lo compré mitad por compasión, mitad por antojo: balance positivo, a mi ver.

Desde la banca, el discurso al micrófono se volvió inteligible: Jesús nos sigue esperando, nos sigue perdonando. Hay gente que cree que es pobre, pero no es pobreza de dinero, es pobreza de espíritu. ¡Jesús puede volverlos ricos! Es una riqueza distinta que vuelve pobre al demonio. El demonio nos habla, nos dice «roba», «mastúr-bate», «masturba a tu vecino»: perdonen mis palabras, Dios sabe que doy un ejemplo. Vivir en gracia es hablar con Dios, combatir al pecado. El pecado quiere derrotarnos, quiere llenarnos de pornografía, de abortos…

¿De dónde salen estos predicadores? Independientemente de sus creencias, gritar en una plaza siempre será una locura. Era un hombre pequeño, no debía medir más de 1.60. Estaba vestido de blanco y tenía una Biblia azul bajo el brazo. Parecía un niño manoteando; nadie le hacía caso. Hablaba de un tsunami y de Adán y Eva, estaba haciendo el ridículo. La señora de los abrazos hablaba con un grupo, personas igual de tristes que ella. «Disfruta la vida», decía su playera, como si todo se tratara de un puto abrazo. No me malinterpreten: es la verdad.

…cada clavo le rompió los huesos. Perdió tanta sangre que titubeó, pero siguió estoico, dueño de ese espíritu que tanta falta nos hace. Nosotros permitimos que los homosexuales se besen, como en Sodoma; permitimos que la gente se divorcie como si fuera un juego; dejamos que nuestros hijos vean caricaturas violentas, que escuchen narcocorridos…

«Me encanta Dios», dijo un poeta. Pero creo que no es para tanto. Si al creador o a su hijo les molestaran esos asuntos, ya hubieran exterminado a todos los transgresores. Es decir, yo odio a los funcionarios públicos y si tuviera poderes les hubiera derretido los genitales, mínimo. Dios no odia a las personas homosexuales: las respeta o no le importan.

Unos niños comenzaron a pelear. No vi el motivo. Cuando volteé ya estaban trenzados y la gente comenzaba a rodearlos. «¡Déjalo, cabrón!», gritó una señora desde atrás: era la misma que me abrazó. Dio unos pasos, tomó a su hijo de la mano y se retiró maldiciendo entre dientes a los testigos y a la vida misma. ¿Lo ven? De eso hablo. Por más que nos guste vivir y los pájaros y las mariposas y la comida rápida, la vida es una perra.

…sólo Jesús puede ayudarnos, sólo él puede sanarnos las heridas de la soberbia y la lujuria. ¿Quién si no él puede abrirnos los ojos? Los problemas económicos son problemas de fe. Hay familias que se mueren de hambre, que no encuentran trabajo, que tienen problemas con sus hijos y dicen que no saben por qué. ¿En verdad no saben? La respuesta es Jesús, siempre la ha sido. Los pecadores se lamentan…

Un grupo de monjas pasó a un costado de mí. Algunas miraron al señor del micrófono molestas. Eran unas siete, caminaban como hormigas, enfiladas sin permitirse mayores distracciones. Las religiosas se detuvieron a comprar un helado en la esquina.

Una de ellas, a todas luces la más gorda, devoraba su barquillo con una técnica claramente felativa. El día transcurría extraño. Decidí levantarme y dar unos pasos. Involuntariamente me acerqué al predicador y encontré todo un show: el hombre le hablaba a tres personas, dos policías y un drogadicto. Supe que era drogadicto porque trataba de inhalar el polvo de la banqueta. Uno de los uniformados lloraba mientras que el adicto parecía no enterarse de nada. El tercero miraba al orador con atención científica, anotando en una pequeña libreta.

…el pecado vive en las computadoras que transmiten sexo y violencia las veinticuatro horas. Nuestros hijos no saben, por supuesto que no. Son pequeños, no saben diferenciar lo bueno de lo malo. Pero nosotros los grandes sí, el pecado vendrá por nosotros y nos arrancará del Cielo. ¿Ustedes creen que a Dios le gusta…

Madonna ha cambiado tres veces de religión. Fue judía, cristiana y musulmana: la triple alianza. No sé si verdaderamente cambiaría de religión, no es como cambiarse los calcetines. No me vean así, no es moralismo ni nada. Uno no puede pasar de no desear a la mujer de su prójimo a cortarle la mano a los ladrones. Un primo se volvió rastafari: no entiendo lo que dice pero está drogado todo el tiempo. Sostiene que si se legalizara la marihuana todos seríamos libres, quizá sea cierto.

El sol perdió intensidad cuando sonaron las campanas. Miré la iglesia y un padre regordete me hacía señas desde la puerta, gritaba y movía su brazo señalándome un camino que quería que siguiera. No entendí palabra alguna. El bullicio se esfumaba como si alguien le bajara el volumen al día. Sentí cómo los vapores de los antojitos abandonaron mi nariz. De pronto, el tipo del micrófono cambió notoriamente de tono, exaltándose y gritando con horror.

¡Es él! El tiempo de los pecadores está por acabar. El mal les cobrará la factura, no habrá perdón para los ciegos, para los callados, para los corazones tibios. Jesucristo les abrió el corazón, pero le cerraron la puerta. El tiempo terminó. ¡Aquí está, es el Pecado! Ustedes creen que bromeaba. ¡Mírenlo! ¿No lo reconocen? Cristo lo advirtió…

Sentí una fuerza tremenda apretarme el pecho y la cabeza, como si el cielo entero me apachurrara. Estaba desconcertado. Todo se había detenido: las palomas parecían disecadas, las campanas quedaron mudas, el sacerdote era una estatua. El tipo del micrófono seguía hablando. Alcé la vista: la plaza entera estaba quieta. Las personas parecían haberse congelado. Los pájaros no aleteaban, quedaron suspendidos en el aire como focos o alguna clase de escenografía barata. Mi entorno era como un tablero de ajedrez, como una maqueta en tamaño real. Sin darme cuenta caminé hacia el orador, aferrándome a mi cuerpo en un autoabrazo. Toqué al policía que lloraba, pero era como un muñeco, no sentí su respiración.

—¿Tú me escuchas, debilucho? ¡No estorbes! Voy a enfrentarme al Pecado —dijo el predicador mientras sacaba un bate de béisbol detrás de una bocina.

—¿Qué es esto? —respondí como el idiota que soy. Me estaba cagando de miedo.

—Todos los domingos viene el Pecado a combatir con nosotros: los hombres de Dios.

—¿Yo soy un hombre de Dios?

—¡Uy, sí, pendejo! Seguro has hecho mucho por serlo. ¡No!, eres un error en el software de Dios, nada más. Sólo escóndete. Puedo manejarlo.

—Te oías más amable hace rato.

—Yo no escribí nada de eso…, sólo me aprendí el guión. Además, ¿qué te importa? Lárgate o te vas a morir. El Pecado llegará en cualquier momento.

—¿Viene el Pecado? ¿Qué vas a hacer?

—Todos los domingos rezo aquí como idiota —dijo señalando el lugar donde estaba parado—, es para debilitarlo. Yo también quisiera estar de huevón como tú, pero alguien debe enfrentarlo. Por más cabrón que sea el Pecado, nadie soporta dos batazos en la jeta.

—¿Por qué nadie se mueve? ¿Cuánto durará esto? ¿Te puedo ayudar en algo?

—¡Deja de preguntar, cabrón! —me gritó el predicador mientras ondeaba el bate de un lado a otro como si esperara que una bola cayera del mismísimo cielo—. Me estás distrayendo. ¡Hazte a un lado! Ya viene.

—Corrí de inmediato al árbol más cercano, como si los pinches árboles fueran a refugiarme de algo tan… ¿cómo decirlo?, ¿bíblico? Cerré los ojos mientras mi corazón golpeteaba al resto de mis órganos. Me toqué el pecho buscando algún crucifijo, pero sólo me topé con una baratija china que compré quién sabe cuándo. Lamenté no tener los escapularios de la señora de la tienda. Hasta pensé en la mamada del testigo de Jehová, no sé, pudo funcionar.

Una bocina estalló: había iniciado.

El Pecado era terrible, no hay otra palabra que lo describa. Desde que dio el primer paso supe que no vería algo más horroroso. Era una bestia mitad animal mitad transexual. En la mano derecha empuñaba un dildo y en la izquierda un feto que gritaba la palabra sexo de manera mecánica. La mitad humana estaba llena de tatuajes y perforaciones. Usaba una falda de piel negra, además de una camiseta de Cannibal Corpse. El Pecado parecía arrastrarse y dejaba condones a su paso. Tenía cuernos, eran de alambre, se los quitó para limpiarse el sudor. El hombre del micrófono rezaba cada vez más fuerte, hasta que el Pecado le lanzó un Xbox que aterrizó en su boca. La mitad animal era un misterio: su cuerpo parecía de oso pero con menos pelaje, una especie de yeti con alopecia. Donde deberían estar sus genitales había una grabadora que tocaba villancicos al revés. Supe que eran villancicos porque soy un experto en el género. Al hombre del micrófono lo estaba vapuleando la bestia. Empecé a rezar el padrenuestro, pero no surtía efecto. De pronto supe también que el Pecado había desarrollado anticuerpos contra los rezos usuales. Digo «deprontosupe» por-que de-pronto-supe, fue como si alguien insertara la información en mi disco duro. A estas alturas no dudé en que fuera Dios. Digo, un predicador se estaba agarrando a golpes con una bestia infernal: recibir tips del creador no era absurdo. Así me enteré de que el Pecado se alimenta de orgasmos y horas frente a videojuegos violentos. Cada vez que un hombre penetra a otro el Pecado aumenta su masa muscular. También me enteré de que está relleno de marihuana y entrena masturbándose y haciendo pole dance. Come dos horas después de haberse llenado y dedica cinco horas diarias a navegar en YouPorn. Dios o algún ángel, o aquello que me estuviera ayudando, quería que hiciera algo. Cerré los ojos y comencé a rezar con mayor intensidad y convicción, pero no parecía funcionar. Levanté la mirada, la bestia estaba asfixiando al predicador con una revista pornográfica. Tomé el bate que estaba a un par de metros de mí y corrí a darle un golpe en la espalda. La bestia soltó al predicador y lanzó una patada que me proyectó en contra de uno de los carros estacionados junto a la plaza. Quise tomar el cuchillo de una señora que vendía gorditas. Imposible, parecía estar pegado a su mano y pesar una tonelada. Noté que, gracias a mí, el predicador había ganado terreno y golpeaba al Pecado con el bate que solté mientras volaba. El valiente religioso se había arrancado la camisa y usaba el arma con una destreza profesional. El Pecado comenzó a gemir como si copularan dos adolescentes. El predicador retrocedió, volvió a tomar la Biblia y se la pegó al pecho. El Pecado se arrancó la camiseta y dejó asomar una teta tan satánica como perfecta. De ella salían disparadas latas de cerveza que hirieron al predicador. La bestia reía. Se detuvo y giró su seno como un engrane. Volvieron los gemidos adolescentes y del pezón salieron varios libros electrificados que inmovilizaron al predicador. Eran copias del Manifiesto comunista, supe de pronto. El Pecado tomó el bate y le propinó un golpe en la nuca al predicador. El sonido adelantó que el valiente había muerto. El predicador quedó con la cabeza partida, no pude ni mirarlo. Recordé al sacerdote en la puerta de la iglesia, y entonces entendí que había dicho la palabra villancico. Nada había sido al azar, Dios me eligió por mi talento navideño. Cerré los ojos, uní las palmas del modo más virgenístico posible y comencé a cantar El niño del tambor, por mucho, mi canción predilecta. Me subí la playera y simulé un tambor palmeando mi panza desnuda. Cada palabra parecía quemar al Pecado, era como si conjurara los hechizos más dolorosos. Cuando pronuncié los últimos versos, el demonio comenzó a lanzar rayos gay de color arcoíris que apestaban a semen. Uno de los rayos alcanzó mi brazo y lo hizo sangrar, pero sabía que estaba a punto de vencerlo. Una luz surcó el cielo, como cuando va a pasar algo celestial, y aterrizó en el bate que voló hasta mi mano. Lo levanté como demandaba el dramatismo de la escena y mi arma se transformó en una espada de fuego. La empuñé como supuse que sería correcto y grité mientras corría hacia el Pecado, visiblemente debilitado por el villancico. Le corté el cuello sin problemas. Entre la sangre de la bestia habían tangas, dildos y algunos clítoris que se movían como insectos agonizantes. La bestia estaba muerta.

Regresó el sol a la plaza, en un parpadeo la vida volvió a inyectarse en los árboles, en los globos. Las campanas volvieron a escucharse. Miré al sacerdote que me sonreía satisfecho. Los niños corrían de nuevo, perseguían palomas, aplastaban burbujas. No había más huella de la pelea que el cuerpo del predicador con el torso expuesto. El periódico dijo que fue víctima de un infarto. Sólo yo sabía el resto de la historia. Lo enterraron con su Biblia, dicen que nunca la soltaba. Me repuse de las heridas. El rayo gay me dejó algunas secuelas: tengo erecciones cuando escucho a Frank Sinatra, nada grave. A veces sueño que estoy en un video porno, es todo. Me quedé con el bate y un condón de recuerdo. Así es como comencé a predicar.


Autores
(Querétaro, 1990) es escritor y panadero. Responsable de la cápsula Versando Patria, transmitida por Radio UAQ. Con este cuento obtuvo el Primer Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila.

Parece que actualmente los modelos de pensamiento posmoderno han sucumbido ante la hegemonía del capital, como si lo que hubiera surgido hace ya más de cuatro décadas a partir de la escuela de pensamiento francés, hoy fuera sólo un lindo recuerdo de lo que pudo ser. Los posmodernos trabajaron en deconstruir el pensamiento hegemónico, en apoyar al pensamiento de la diferencia, de lo otro, eso que es intersticio, que es margen, periferia; también intentaron lo mismo que las vanguardias pero parece que «el orden» o «lo impuesto» siempre es más fuerte que lo que se intenta decantar o lo que se intenta iluminar: la sombra.

Para la filósofa argentina Patricia Didiglio el pensamiento de la diferencia ha sido muy importante para  los posmodernos, pues rompe con la idea de unidad e incorpora ideas divergentes y heterogéneas. En una conferencia sobre dicho tema, Didiglio menciona que:

(…) El parergon (defectuoso) resiste y está permanentemente en combate con el ergon. Eso que excede, eso que es accesorio (que nunca será ciencia ni obra) que es suplemento del ergon, hace posible la ciencia y obra. Lo parergon es lo uno que no se hace presente, suplemento exterior, pero que al mismo tiempo es constitutivo del ergon.

En el teatro mexicano es difícil saber cuál es el ergon y cuál es el parergon, qué es lo realmente «diferente». La hegemonía teatral —teóricamente se diría— es el drama, el teatro de representación, aunque muchas veces se constituye como algo que no logra revelarse como obra, ni de un autor, ni de un director. Pareciera que sólo se trata de un espectáculo porque no logra constituirse como una copia perfecta de la imagen real y no llama a ningún tipo de reflexión. Por otra parte, lo que parece periférico (parargon), se constituye como hegemónico pues tiene un discurso; en él, la retórica sobre la realidad es más contundente gracias a que habla y trabaja sobre ella, pero se queda en un vacío de contenidos estéticos porque los individuos tampoco aparecen dentro de la obra.

Este pensamiento de estar dentro del sistema, dentro de un mecanismo ya objetivado (como lo marca Foucault en su obra) da la ilusión de que los mecanismos de poder siempre llegan a dichas propuestas para seguir creando dispositivos y relaciones desde de lo hegemónico. Aquí se plantea la pregunta de si en realidad el artista puede crear una obra que cuestione con verdad —aunque sea subjetiva— la realidad; el pensamiento de la diferencia se diluye mientras más se intenta asir.

La modernidad separó todo en partes, las hizo funcionales y nos las colocó a disposición para su consumo. Pero hoy pareciera que no encontramos las formas para pensar las líneas que unen esas partes, o para armarlas de otra manera, no armarlas, dejarlas separadas y bailar sobre ellas. A partir de este pensamiento, del hámster dentro de la rueda, podemos plantearnos, ¿para qué el arte?

Las disyuntivas entre pensamiento y práctica, se muestran ante una inmediatez que no permite reflexionar, los creadores escénicos no siempre tenemos tiempo para reparar en estas preguntas porque la producción va primero, y para crear una obra de teatro hay que pensar en el público, vender funciones, ser aceptado en los teatros, pagar a los actores y demás colaboradores; a diferencia de otras artes que permiten el silencio (como las letras), el teatro no permite la espera.

De aquí las contradicciones en la praxis de esa innovación, por ejemplo, la convocatoria para la Muestra Nacional de Teatro que este año intentó hacer la diferencia aceptando propuestas de otra índole, sin embargo, no logró llegar a su objetivo. Ya en la solicitud pedían un dossier que explicara la deconstrucción de la obra y luego un plano de iluminación aunque uno dijera que no había, que no hacía falta, que el teatro se puede hacer sin iluminación ni telones. Así,  intentar  exponer lo creado desde otro lugar se vuelve imposible porque hay un mecanismo difícil de romper.

Y entonces me pregunto si hoy en día es posible voltear a ver el parargon o sólo entramos en un remolino de pensamientos alternos que simplemente forman parte del ergon, propuestas que como collage han perdido identidad y objetivo.

Patricia Didiglio continúa en su conferencia:

Hay mucho y variado en esto que se quiere hacer pasar por tan homogéneo. Un fondo inquieto que se agita más de lo que la superficie anuncia, y que está presente en la inauguración misma de la razón moderna. De manera que esta modernidad que hoy como novedad se anuncia en crisis, parece haberlo estado desde siempre o, por lo menos, parece haber estado siempre en tensión consigo misma.

Parece que el pesimismo es más un discurso de época y ya no una búsqueda frente al desconsuelo de lo que ha producido nuestro presente. Lo único que queda para la posmodernidad es la idea individuo. Y así como pensamos en la modernidad y la posmodernidad, quizá deberíamos pensar en el teatro, ese que sin recursos, sin técnicas y sin mayores objetivos se forja a diario en miles de salas de teatro con algunos espectadores, en algunos espacios alternativos con grandes discursos y estudiantes, en movimientos subrepticios que no logran configurarse en red, ni grupos ni compañías que reproducen sin reflexión más allá de la que pide la gestión cultural.

Todo el pensamiento como legado de la posmodernidad nos llega entonces como algo que se creía «diferente» pero que ante la contundencia de la realidad, es difícil de aplicar: cuando no encaja, parece que la reflexión y las pequeñas acciones no tienen fundamento.

Aunque la modernidad y la posmodernidad se unen para conformar una especie de ouroboros, esta situación nos da la oportunidad de preguntarnos si la única salida es alejarse del círculo, tanto del pensamiento que lo configura como de las acciones que conllevan lo uno y lo otro en el teatro: ni drama ni posdrama, ni ficción ni presentación, volver al principio y tratar de quitarnos la máscara. Tal vez no exista ya ninguna cara que deconstruir, quizá no tiene relevancia (la misma producción del arte a veces no la tiene), tal vez nos hemos vuelto una envoltura de papel celofán y no nos hemos dado cuenta.

 

 

 


Autores
(Ciudad de México, 1978) es dramaturga, escritora de narrativa y ensayo, directora teatral e investigadora. Sus textos se han llevado a escena y se han presentado en festivales de dramaturgia en Canadá, España, Argentina y México. Recibió el Premio Airel de Teatro Latinoamericano, Toronto, 2013 por su obra Palabras Escurridas y el Premio Internacional de Ensayo Teatral 2013 por Territorios textuales. Sus relatos se editan tanto en México como en España. Actualmente prepara dos nuevos montajes con su compañía Mazuca Teatro e imparte el seminario El teatro como territorio de la palabra en 17, en el Instituto de Estudios Críticos.

Número con número, nuestra mayor intención es dar voz al universo que nos permite conocer no sólo el trabajo de los colaboradores, sino el de todas las constelaciones que los rodean. Para esta edición imaginamos un dossier que pusiera en circulación la idea de activar el trabajo de los fotógrafos sub-35, y fiel a la visión de Tierra Adentro, que diera como resultado un escaparate de catorce artistas, nacidos después de la década de los ochenta. Sus imágenes muestran distintos registros y realidades inmediatas de nuestro presente. Empezamos con un ensayo introductorio del fotógrafo Gerardo Montiel Klint, quien nos habla de la importancia de mantener el contacto con las nuevas promociones de artistas, y terminamos con una selección del trabajo de: Robin Canul, Guillermo Serrano, Mauricio Palos, Dolores Medel, Rodrigo Maawad, Patrick López Jaimes, Ruth Prieto, Carlos León, Luis Arenas Aguirre, Octavio López Jiménez, Alexander Lucatero, Koral Carballo, Karina Juárez y Diego Moreno.

Acompaña a este número un intercambio de correos entre Gustavo Sainz y la poeta Alejandra Peart Cuevas, una crónica sobre la construcción de la ciudad de Monterrey a partir de la sed de cerveza, una entrevista con Agustín Fernández Mallo y la entrega otoñal de La Ceibita, nuestra plaquette de poesía.

tierraadentro208

Dossier

Revelar el presente

Una fotografía que quema

Por Gerardo Montiel Klint

Portafolios

Robin Canul Guillermo Serrano

Mauricio Palos

Dolores Medel

Rodrigo Maawad

Patrick López Jaimes

Ruth Prieto Arenas

Carlos León

Luis Arturo Aguirre

Octavio López Jiménez

 Alexander Lucatero

Koral Carballo

Karina Juárez

Diego Moreno

En primera persona

Agustín Fernández Mallo

Por Stephanie Alcantar

Cuento

Combatir al Pecado

Por Fernando Jiménez

CRÓNICA

Carta Blanca City. La cerveza como símbolo de identidad

Por Ximena Peredo

conversación abierta

Archivo Sainz

Por Gustavo Sainz y Alejandra Peart Cuevas

Crítica: libros

El borde afilado de la última poesía cubana

Por Lauri García Dueñas

La soledad del mal: entre la novela policiaca y el existencialismo

Por Diego Salas

CRÍTICA: ARTE

De gravedades, colisiones y meteoritos

Por Balam Bartolomé

CRÍTICA: MEDIOS

Miniaturas sobre la grandeza formal de Tin Tan

Por Praxedis Razo

FORMAS BREVES

Nice Dream

Por Aniela Rodríguez


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

CINETEKTON! Film Fest. Festival Internacional de Cine y Arquitectura es el único festival en México dedicado a la exhibición cinematográfica y formación especializada en Arquitectura, Diseño de Producción y Dirección de arte y el segundo en Latinoamérica.  Su interés es generar nuevas perspectivas de reflexión sobre la ciudad y sus manifestaciones arquitectónicas mostrando la importante e imprescindible relación entre la persona y su entorno construido, por ejemplo con el largometraje Las aspas del molino.

La ciudad de Buenos Aires alberga un edificio icónico que se caracteriza por un molino en el frente y que años atrás albergó una confitería. Hoy la construcción se encuentra sumamente deteriorada y muchos temen que con el paso del tiempo, este edificio desaparezca llevándose una parte de la identidad bonaerense. Ante la alza en los precios que hacen muy difícil acceder a una renta, el lugar alberga a personas (en su mayoría migrantes) que día con día afrontan un peligro inminente debido al estado del inmueble.

Las aspas del molino busca adentrarse en las problemáticas que rodean a la antigua Confitería del Molino, y en cómo es que un símbolo de Buenos Aires se cae a pedazos sin que las autoridades muestren interés por reanimar este espacio en donde, además, la comunidad quiere dar cabida a actividades culturales en pro de la recuperación histórica local.

Consulta funciones y horarios aquí. 


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