Tierra Adentro

Crítica: libros

  Principia, primer libro de Elisa Díaz Castelo, toma su nombre de Principia Mathematica, de Isaac Newton, del que también proviene el epígrafe: «Y para nosotros es suficiente que la gravedad realmente exista y que actúe de acuerdo a las leyes que hemos explicado y sirva de sobra para dar razón de todos los movimientos de los cuerpos celestes y de nuestro mar».

  «Se pueden publicar malas las novelas, pero el cuento es el cuento», escribe Mónica Lavín en el prólogo a El discreto encanto de narrar.

  Tiembla es una selección de treinta y cinco textos, y un ensayo fotográfico, antologados por Diego Fonseca.

  La manera en que Alessandro De Rosa —un compositor en ciernes— abordó a Ennio Morricone, siendo ya uno de los compositores más importantes del siglo XX, es igual a la que hemos tenido los escritores jóvenes con nuestros ídolos literarios: alcanzándolos después de cualquier presentación y dándoles una copia de lo que escribimos, a sabiendas de que si, se toman la molestia de leer el papel, probablemente luego lo echarán a la basura.

  Cada página dividida en dos: un dibujo y un verso en inglés: un bosque y una idea, un hombre subiendo por una cuerda y la segunda frase, «There was perhaps/ no illusion at all», o tal vez la tercera, o quizá la cuarta o la quinta o, si se quiere, la décima quinta, «There was perhaps/ a darkness inside».

  Al estar leyendo Libros, la historia del libro en México que escribe Tomás Granados Salinas, recordé la famosa aseveración de Roland Barthes en Introduction à l’analyse structurale des récits: «Innumerables son los relatos del mundo».

  Todo buen escritor es un farsante.

  La cuarta de forros de La ciudad blanca es generosa en elogios para la novela de Karolina Ramqvist: «una narración de alta tensión, pasmosa profundidad, reverberación perdurable», «una voz única en la literatura sueca contemporánea», «escrita con una pericia increíble », «una pequeña joya», «una novela sin fisuras y perfectamente controlada» y un extenso etcétera sobre las mismas líneas.

  «Amanece y ya está con los ojos abiertos».

Para ir leyendo...

LOS FARELLONDES DE LA COSTA CHILENA Tres imágenes de los acantilados de la costa Norte de Chile abren el volumen de 750  páginas que inicia con un diálogo fuera del tiempo entre una ausencia paterna  que nunca responde y que pareciera emanar desde un cielo anterior, aunque presente y una orfandad, la de aquel Little boy que es una de las tantas identidades desde las que hablará el autor del libro quien, como un testimonio de su paso por la Tierra, podría escribir, con letras de luz, en esos farellones contra los que golpea el mar y los cuerpos de los desaparecidos por la dictadura en Chile convertidos en limo y memoria, sus últimos 22 versos de amor, de locura, y de muerte: Cielo abajo Mañana me marcho papá (…).
Secretaría de Cultura