Tierra Adentro

El joven Paz

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En un poema de Árbol adentro, “1930: Vistas fijas”, Octavio Paz retrata las calles y plazas de su adolescencia, un barrio de Mixcoac y una Ciudad de México que, debido al desaforado crecimiento de la urbe, no existen más del modo en que lo hacían durante la primera mitad del siglo xx.
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El corpus literario de Octavio Paz está regido por la fidelidad a sí mismo: son sus cambios los que expresan la continuidad y la lógica interna de una obra en constante reescritura.
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¿Qué o quién me guiaba? No buscaba a nadie, buscaba todo y a todos: vegetación de cúpulas azules y campanarios blancos, muros color de sangre seca, arquitecturas: festín de formas, danza petrificada bajo las nubes que se hacen y se deshacen y no acaban de hacerse, siempre en tránsito hacia su forma venidera, piedras ocres tatuadas por un astro colérico, piedras lavadas por el agua de la luna; los parques y las plazuelas, las graves poblaciones de álamos cantantes y lacónicos olmos, niños y gorriones y cenzontles, los corros de ancianos, ahuehuetes cuchicheantes, y los otros, apeñuscados en los bancos, costales de huesos, tiritando bajo el gran sol del altiplano, patena incandescente; calles que no se acaban nunca, calles caminadas como se lee un libro o se recorre un cuerpo; patios mínimos, con madreselvas y geranios generosos colgando de los barandales, ropa tendida, fantasma inocuo que el viento echa a volar entre las verdes interjecciones del loro de ojo sulfúreo y, de pronto, un delgado chorro de luz: el canto del canario; los figones celeste y las cantinas solferino, el olor del aserrín sobre el piso de ladrillo, el mostrador espejeante, equívoco altar en donde los genios de insidiosos poderes duermen encerrados en botellas multicolores; la carpa, el ventrílocuo y sus muñecos procaces, la bailarina anémica, la tiple jamona, el galán carrasposo; la feria y los puestos de fritangas donde hierofantas de ojos canela celebran, entre brasas y sahumerios, las nupcias de las substancias y la transfiguración de los olores y los sabores mientras destazan carnes, espolvorean sal y queso cándido sobre nopales verdeantes, asperjan lechugas donadoras del sueño sosegado, muelen maíz solar, bendicen manojos de chiles tornasoles; las frutas y los dulces, montones dorados de mandarinas y tejocotes, plátanos áureos, tunas sangrientas, ocres colinas de nueces y.
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Primera   Entre los Años de 1931 y 1933, dos jóvenes que serían figuras excepcionales de las letras mexicanas comenzaron una larga amistad: José Alvarado (1911-1974), recién llegado de su natal Nuevo León a la Ciudad de México, y Octavio Paz (1914-1998), quien aún vivía en la casa familiar, en Mixcoac.
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“El hombre”, escribe Ortega y Gasset, “constantemente hace mundo”.
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El número 66-67 (septiembre de 1967) de la Revista de la Facultad de Derecho de México contiene una nota necrológica que lauda la memoria de Arnulfo Martínez Lavalle, abogado, catedrático universitario, funcionario del Poder Judicial y de distintas dependencias de la Federación.
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La familia de Efraín Huerta Romo se mudó a la Ciudad de México en 1930, encabezada por su madre, Sara Romo Liceaga, con el objetivo de que sus hermanos mayores, Salvador y José ingresaran a la Universidad Nacional a la carrera de Derecho.
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Se sabe que la revista Barandal fue una publicación dirigida por Octavio Paz, quien a su vez, compartió dicho espacio con coetáneos intelectuales de su generación en la Escuela Nacional Preparatoria.
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Típico principio: unos chicos estudian juntos y desean convertirse en escritores.
Secretaría de Cultura