Tierra Adentro

Foto: Marco Antonio Murillo, Lorena Ventura y Moriana Delgado.

Esta década se ha encargado de elevar a la memoria centenaria a grandes escritores mexicanos. Octavio Paz, José Revueltas, Efraín Huerta en 2014; Juan Rulfo en 2017 y Alí Chumacero en este año que corre.

Para conmemorar los cien años del poeta nayarita, la Secretaría de Cultura organizó en el marco del homenaje Miro nacer la tempestad. Cien años de Alí Chumacero una plática con autores de Tierra Adentro en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, junto con la proyección del documental Alí Chumacero. Palabras en reposo, que hace un recorrido por los noventa años del escritor, en el que se rescatan varias de sus facetas personales, su visión casi fatalista y su incuestionable humor. Con voz cansada aunque severa, Chumacero aparece leyendo sus poemas, algunos de los más conocidos y por los que está seguro que su nombre seguirá vigente, como “Poema de amorosa raíz”:

 

Antes que el viento fuera mar volcado,
que la noche se unciera su vestido de luto
y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo
la albura de sus cuerpos.

 

Antes que luz, que sombra y que montaña

miraran levantarse las almas de sus cúspides;
primero que algo fuera flotando bajo el aire;
tiempo antes que el principio.

 

Cuando aún no nacía la esperanza

ni vagaban los ángeles en su firme blancura;
cuando el agua no estaba ni en la ciencia de Dios;
antes, antes, muy antes.

 

Cuando aún no había flores en las sendas

porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo.

 

En la charla, una vez que la reunión congregara más gente, participaron Marco Antonio Murillo, Lorena Ventura y Moriana Delgado como moderadora, quienes profundizaron en la figura de Alí Chumacero y su importancia en el trabajo tanto literario como editorial en el campo cultural. Chumacero, a pesar de ser un escritor que tiene asegurado su lugar en la historia de la literatura mexicana no siempre es muy difundido, y su obra tiene el acierto de enraizarse en cierta complejidad. Ventura comenta al respecto: “Entre más barroco, mejor. Chumacero encabeza este grupo, el de los herméticos y barrocos”.

Tras un intercambio de comentarios, breves interrupciones y un corresponsal que se mostró como ferviente opositor de las fotografías hechas por celulares, Marco Antonio dio paso a la lectura de “Monólogo del Viudo”, mientras Ventura concluyó que quizá una de las premisas que rige la poesía de Chumacero sea: “Estamos solos en el mundo y vamos a morir, pero a veces ocurre que nos enamoramos, y el amor logra detener el tiempo”.

 

Abro la puerta, vuelvo a la misericordia
de mi casa donde el rumor defiende
la penumbra y el hijo que no fue
sabe a naufragio, a ola o fervoroso lienzo
que en ácidos estíos
el rostro desvanece. Arcaico reposar
de dioses muertos llena las estancias,
y bajo el aire aspira la conciencia
la ráfaga que ayer mi frente aún buscaba
en el descenso turbio.

 

No podría nombrar sábanas, cirios, humo

ni la humildad y compasión y calma
a orillas de la tarde, no podría
decir “sus manos”, “mi tristeza”, “nuestra tierra”
porque todo en su nombre
de heridas se ilumina. Como señal de espuma
o epitafio, cortinas, lecho, alfombras
y destrucción hacia el desdén transcurren,
mientras vence la cal que a su desnudo niega
la sombra del espacio.

 

Ahora empieza el tiempo, el agrio sonreír

del huésped que en insomnio, al desvelar
su ira, canta en la ciudad impura
el calcinado son y al labio purifican
fuegos de incertidumbre
que fluyen sin respuesta. Astro o delfín, allá
bajo la onda el pie desaparece,
y túnicas tornadas en emblemas
hunden su ardiente procesión y con ceniza
la frente me señalan.

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