Tierra Adentro

Portada Tierra Adentro ilustrada por Rosario Lucas

Acercarnos a primeras obras es siempre un misterio y al mismo tiempo un deleite, estamos acudiendo a indagaciones primigénias, cargadas de instinto y de una búsqueda real, sin los manierismos y las mañas que nos dan, algunas veces, el tiempo y la llamada trayectoria. Como lectores, siempre estamos ante una apuesta: elegir dedicar nuestro tiempo a un autor o autora con algunos libros publicados, optar por leer publicaciones canónicas u obras de autores clásicos o darles una oportunidad a los nuevos autores y acercarnos a ellos, casi sin ninguna expectativa, esta elección puede llevarnos a grandes sorpresas.

Sapos en la lluvia (FETA/2021), el primer libro de la novísima escritora Ghada Martínez, es una muestra de esto, es decir, un conjunto de cuentos cargados de instinto, pericia que sorprenden a su lector. En esta ópera prima, su autora nos presenta seis cuentos de largo aliento con paisajes en los que conviven la infancia y lo terrible que se susurra, se intuye, se guarda.

Sus personajes se contienen ante lo siniestro y casi impronunciable que está siempre cerca, en casa, en la intimidad de la familia, en los secretos. Y esta contención no es otra cosa más que la certeza de que no hay otra salida. Guardamos silencio o eso nos dijeron, para no hacer daño con una verdad que rompería con el orden establecido y lastimará al otro que nos oye pronunciándola.

Son cuentos que se narran desde diferentes voces y ópticas; la de un niño, la de una maestra, la de una adolescente cristiana, por mencionar algunas, pero en todas ellas se puede percibir la pérdida de la inocencia, es decir, nadie está a salvo en este libro.

Los vínculos de los personajes con la madre serán un hilo conductor definitivo desde el cual se desenvuelven. Son madres terribles, tiránicas, cómplices, que prefieren mirar hacia otra parte antes que hacer algo que confronte su propia existencia o rompa con enseñanzas heredadas por sus congéneres. En estos relatos, la autora desmitifica la idea de la madre santa y protectora y la hace incluso una fuente de violencia más.

No obstante, no solo la figura de la madre es puesta al ruedo, en Sapos en la lluvia, encontramos que en general, los vínculos familiares, que se nos han presentado como sagrados e intocables son sometidos al escrutinio de la narradora, para decirnos que la familia glorificada y perpetuada como un lugar seguro, no lo es tanto, dicho de otro modo; el lobo se viste de oveja en nuestro propio techo.

En estas historias, la autora también da un vistazo a los rituales religiosos y a la fe cristiana, ciega a necesidades reales, como sucede en “El vestido de los domingos”, en el que el personaje se avergüenza de la sobreexposición física y espiritual a la que es sometida.

Los ambientes en los que se construyen estas atmósferas son oscuros, sórdidos en muchas de las ocasiones. Sus personajes están perenemente sometidos al abuso sistemático y a la violencia como el pan de sus días, sin encontrar una salida o un remedio más allá de ser resilentes al maltrato. La derrota y la soledad serán denominadores comunes en estos relatos.

La autora logra incomodarnos y replantearnos el silencio y la complicidad de quien permite ser vulnerado hasta el extremo de desconocerse a sí mismo, como es el caso del

personaje central de “La madre espera” o del pequeño Arturo, el protagonista de “Caminitos de tierra”, el primer relato de Sapos en la lluvia. Ambos sometidos a violaciones e improperios recurrentes, negados a una justicia:

“Arturo sabe que si se queda quieto todo es más rápido. Cierra los ojos, aprieta los dientes y aguanta en silencio. Después de un rato Vicente le arroja el carrito azul sin una rueda y le dice que no puede contarle a nadie porque si se enteran de que es puto le va a ir como en feria. Los tres chicos salen del cuarto. Arturo se levanta lentamente, siente tantas ganas de orinar que le duele. Observa los hilillos cafés que bajan por sus muslos, caminitos de tierra y sangre seca”.

Solamente con seis relatos, porque no necesita más, Ghada Martínez, explora, asedia y somete a su lector hasta volverlo espectador, a la manera de los circos romanos, de la tragedia y el dolor que viven los otros.

Es una narradora que se permite mostrarnos la brutalidad en su forma más descarnada y pura en Sapos en la lluvia, sin endulcorarnos la violencia o el abuso con trucos literarios rebuscados o juegos del lenguaje que confundan a su lector. Y es justo esto uno de los más grandes aciertos en estos relatos: mostrar uno de los rostros más reales y por lo tanto más necesarios de narrar de la existencia humana, quiero decir, por desgracia: el de la brutalidad.

Y lejos de lo que podría esperarse a la hora de retratar barbarie y violencia, Ghada Martínez no recurre al morbo o al melodrama que podría resultar de las tramas en las que sitúa a sus personajes, por el contrario, echa mano de la lucidez y la lógica, incluso de la objetividad a la hora de relatar la crudeza de las vejaciones que sufren, que prefieren contener.

Sapos en la lluvia, es un libro perturbador, pero también que nos da la posibilidad de confrontar nuestra realidad con la otredad, la desigualdad de libertades e incluso nos plantea y nos invita a salir de nuestra zona de confort para descubrir panoramas nuevos en nuestra literatura mexicana, cada vez más poblada de libros de escritoras jóvenes, ambiciosas y arriesgadas como Ghada Martínez.


Autores
(Guerrero, 1988), poeta. Ha sido becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas, en el periodo 2014-2015, y del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca, en el periodo 2017-2018. Ganadora del Premio Nacional de Poesía Tijuana 2018, es autora de los libros Una jacaranda en medio del patio (2018), Cosas comunes (2019) y La arista que no se toca (2019).
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