Tierra Adentro

Portadas de las películas: Psicosis, El club de la pelea y El guasón.

De acuerdo con el artículo publicado en Animal Político, “Depresión: en 2020 será la principal causa de discapacidad en México”, firmado por Elizabeth C. Velázquez y Manuel Lino, existe un gran desafío que impide el acceso a salud mental: la “difusión constante de estereotipos a través de medios de comunicación masiva”, pues en ellos se construyen prejuicios negativos de las personas con enfermedades mentales.

La paradoja reside en que las películas cuyo protagonista sufre de algún trastorno, ofrecen a la gente un acercamiento al tema; pero en la sociedad aún persiste un tabú al lidiar con alguien que presenta una condición mental. Conforme al estudio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, “Asociación de estigma percibido y trastornos del estado de ánimo y la ansiedad: resultados de las encuestas mundiales de salud mental”, México se encuentra en el segundo lugar en la lista de los países con mayor estigma hacia la población con padecimientos psiquiátricos.

En entrevista con la doctora María de los Ángeles Balderas, psicoterapeuta y psicóloga social, miembro del Centro Psicoterapéutico PSIBI, se usó un concepto de la teoría psicoanalítica para abordar la contradicción anterior: El mecanismo de defensa de Proyección. “Melanie Klein lo describió como un mecanismo de defensa que la persona utiliza para evitar hacerse cargo de pulsiones, deseos y características propias, que no se quieren reconocer por considerarlas inaceptables, y porque de reconocerlas como propias lesionarían la imagen auto-construida que mantiene la persona sobre sí misma. Así pues, el individuo coloca en el otro lo que le es propio”, explica la doctora Ángeles.

El  cine y la literatura poseen en las tramas algunos discursos con los que uno puede identificarse. “Nos deleita mirar un filme porque de manera inconsciente evocamos algo que deseamos o bien nos repulsa”, profundiza la doctora Ángeles.

“He visto personas llorar tras el final de Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), victimizando la enfermedad mental y satanizando los servicios de salud mental: ‘me identifico con el jefe indio, con Jack Nicholson’, me dicen; pero cuando se acaba la película, se ríen de alguien que habla solo o ignoran a alguien que se dice triste”, expone la psicoterapeuta el comportamiento basado en el prejuicio.

 

Del miedo a Norman Bates a la empatía por “El Guasón”

En las cintas sobre asesinos, a menudo hay un trastorno mental que justifica el arco del personaje. Uno de los filmes más icónicos es Psicosis (1960), dirigida por Alfred Hitchcock, quien destacó por su tratamiento innovador del trastorno mental que titula su película; pero significó el inicio de algunos problemas sociales ligados al tabú.

“El personaje es la clara representación del estereotipo del enfermo mental ya desde 1960, y que hasta ahora sigue fascinando y perturbando”, describe la doctora Ángeles el perfil del protagonista. “El llamado cine psicológico abrió la ventana a la identificación de la enfermedad mental y a la estigmatización”, reitera.

Sobre los efectos que ocasiona una idea sesgada de los trastornos mentales, la psicoterapeuta reconoce que “la gente percibe a los pacientes (de enfermedades mentales) como peligrosos, violentos e incapaces de desarrollar actividades laborales”.

En cuanto a los orígenes del concepto “estigma” en salud mental, de acuerdo a la doctora Ángeles, puede clasificarse en tres ejes: “el estigma de (o desde) la familia, el estigma institucional y el estigma público”; los tres se refieren a la misma acción: determinar “las características que debe tener una persona según las normas culturales”.

Para reforzar el enfoque anterior, la psicoterapeuta se cuestiona “¿cuál es la representación mental cuando se conoce el diagnostico de esquizofrenia?, ¿Norman Bates, John Nash recibiendo un premio Nobel? Algunos de ellos sí, quizá, pero acompañados de la imagen de un asesino, un demente. Ese es el resultado de la estigmatización cinematográfica”, sintetiza los daños de una mirada simplista.

Pese a las críticas hacia las tramas construidas alrededor de una persona con trastornos mentales, se han filmado una infinidad de películas, cuyo recurso ya gastado depende de un protagonista con el famoso “trastorno de identidad disociativo (TID), anteriormente conocido como personalidad múltiple”, aclara la doctora Ángeles. “Recuerdo a Kevin Wendell Crumb, de Fragmentado; a Malcolm Rivers, de Identidad (2003), y claro Tyler Durden, de El club de la pelea (1999)”.

El protagonista de El club de la pelea ha sido trascendente en la cultura popular. En opinión de la doctora Ángeles, “su éxito depende de la estructuración romántica del TID. El estereotipo aquí es la dualidad en la personalidad: bueno y malo, blanco y negro, y más profundo: consciente e inconsciente”, retoma la psicoterapeuta aquella dicotomía y la lleva al terreno del psicoanálisis.

“En esta cinta –explica- se hace énfasis en el esquizofrénico revolucionario, el que obtiene un beneficio de su condición aquel que conjuga sus dos personalidades para la mejora social y por supuesto que al final, después de su liberación, obtiene grandes resultados del TID. Lo cual hace mayormente deleitable la enfermedad”, enfatiza en el último punto para denunciar un concepto ilusorio.

“¿Cuántos no quisieran ser Tyler Durden por las noches?, cuestiona la doctora Ángeles y prepara el remate de lo que significa tener una enfermedad: es “el estereotipo hollywodense del TID, la proyección de una vida que nos gustaría tener, claro sin el dolor de padecer el trastorno mental”.

Las afectaciones que atraviesa una persona con un padecimiento psiquiátrico no solo comprenden a una condición física y neuronal, sino a una imposición social, apoyada en desinformación, ignorancia y estigmas.

Una de las últimas películas que retomó tales problemáticas fue El Guasón (2019), debido a que en la trama se abordó cómo la sociedad trata a los enfermos mentales y marginados; pero la lectura de la doctora Ángeles direcciona la cinta hacia otro rumbo: “es un intento de reivindicar la explotación de temas psicológicos en el cine, no pretende enfatizar el estereotipo del enfermo mental o la estigmatización, busca exponer ‘la exclusión social’ que viven las personas con alguna enfermedad mental”, sentencia respecto al propósito del filme, desde su visión como psicóloga social.

Uno de los enfoques de esta película es la exclusión, al respecto, la doctora Ángeles admite que “la falta de participación en la vida social, educativa y profesional de las personas con problemas psicológicos genera aislamiento, soledad y marginación, tal como ‘El Guasón’; sin embargo, -replica la doctora- el cine da un giro en la percepción de los trastornos mentales: en el 2020 presenta al enfermo como paria, excluido y parte de la minoría que pide a gritos atención social. De nuevo la prioridad es ‘estereotipar’ más allá de hablar sobre la inclusión”, destaca la doctora Ángeles la necesidad que se ha ignorado en repetidas ocasiones.

Por último, ofrece una línea de tiempo cinematográfica: “temerle a Norman Bates en 1960 (por ende al esquizofrénico), pasando a la admiración hacia Tyler Durden en 1999 (anhelando la disociación) y concluyendo en 2019 con el repudio a la discriminación de Arthur Fleck, el que por todo ríe.  Hollywood ‘La fábrica de sueños’ también ha fabricado estereotipos y estigmas”, lanza un dictamen certero en cuanto al cine.

 

La comunicación contra el temor

De acuerdo con la Organización mundial de la Salud (OMS), “cerca de 1000 millones de personas viven con un trastorno mental” alrededor del mundo. Por esa razón, es esencial fomentar un contexto sin discriminación.

Los comunicólogos deben promover un diálogo libre de prejuicios, con un lenguaje que busque una compresión clara de los trastornos, las soluciones y los resultados positivos después de acudir a terapia.

En palabras de la doctora Ángeles, “el comunicador podrá dar un giro a través de imágenes, palabras (la difusión del cuidado a la salud mental) que hagan reestructurar el concepto antes fijado; por ejemplo enfocarse no solo en la sintomatología sino también en la recuperación”.

Una campaña de comunicación deberá priorizar “la nueva impresión de imágenes no en tono romántico o aterrador, sino con el propósito de generar un concepto de apertura”, es decir, un intercambio de ideas para combatir los estigmas.

El enfoque que los medios de comunicación podrían adoptar para lograr estos objetivos debe evitar una reiteración del miedo a los trastornos. La doctora Ángeles reconoce “que es complejo eliminar el estereotipo de la enfermedad mental, (pues) tenemos imágenes o frases condicionadas, entonces el discurso del medio de comunicación no debe ir enfocado a eliminar el estereotipo a través del ejercicio del temor”.

“En resumen –concluye la doctora Ángeles-, (el comunicólogo debe) divulgar las alternativas de tratamiento y recuperación, enfatizar los avances en psicoterapia, medicina y neurociencia”.

Secretaría de Cultura