Tierra Adentro

Ilustraciones de Jonathan Rosas

Ya se ha dicho todo. Ya se ha hecho todo. Ya hemos visto todo. No es un secreto. Vivimos en el tiempo después del tiempo; el apocalipsis llega todos los años y ya hasta nos aburre. Los muertos resucitan como hologramas y ahora los jueces que deciden el destino de las pobres almas que penan sobre estos días aciagos somos nosotros; nosotros y nuestras inquisidoras cámaras de celulares somos los Minos de hoy. El fin ya llegó y a nadie le importa. La catástrofe es la rutina. Los héroes somos todos, personas normales, únicas e iguales a los demás. Por eso los héroes tampoco existen ya. No nos creemos las grandes historias, no nos creemos la innovación. Y así en los cómics. Todo está hecho, todo está dicho. Aparentemente.

¿Qué queda por hacer después del fin? ¿Qué tiene que ver esto con el webcómic? El curioso mundo de Nathan y Joo si bien no da una respuesta a esas preguntas —sería ingenuo, sí explora los terrenos minados por años de palabras, ilustraciones, temas y estructuras. (El webcómic, en general, es un producto del fin del mundo: es un juego virtual con muchos otros géneros, siempre parodiando o dialogando con sus pa(d)res; el webcómic es arte en un medio cuya dinámica es una democracia sin control, que raya con un estado salvaje: todos tienen voz, todos son gente común y corriente, todos tienen y no algo que contar; el webcómic es la historia y la experimentación al alcance de todos; es un principio hecho a partir de un fin: cuando el papel es insuficiente, cuando la distribución es insuficiente, cuando el diálogo es insuficiente, siempre estará la Red).

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El curioso mundo de Nathan y Joo es una historia de un mundo que no se puede terminar. En ese universo, la tragedia ya pasó, pero no termina de morir porque aún hay muchas cosas por vivir. La historia es re-conocible: Nathan, un niño extraño (sin brazos), junto Joo, su compañero peludo y bestial, y más amigos no menos extraños, combate unas fuerzas malévolas que no pueden explicarse bien, pero que están poniendo en peligro el bienestar de todos. (Seamos más detallados: Nathan y Joo viven en un mundo donde los cuervos infectan a la gente y vuelven sus cabezas y sus vidas un cuadrado. Ellos dos, junto con otros cazadores, y no sin toquines, chistes y amoríos de por medio, tienen que combatir la plaga). Pero hay más. De esa historia que es todas las historias surge algo que aún es capaz de sorprender, de enganchar. Y no es por casualidad: Jonathan Rosas, el autor de este webcómic, finalista del premio SecuenciArte 2014 y becario del FONCA del ciclo 2015, sabe su oficio. Conoce las historias en sus detalles, guiños y trucos. Sabe qué queda por decir y hacer.

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El curioso mundo de Nathan y Joo encuentra en las ruinas de este mundo (y en el juego con ellas) mecanismos que le permiten crear después de la catástrofe del todo-está-hecho. Rosas, a través de sus páginas, entregas y capítulos, construye un documento de un pasado o un futuro incierto; en su historia hay estructuras y temas que ya hemos visto o leído, pero el tratamiento que les da no aumenta el desgaste, sino que encuentra en sus grietas aproximaciones rejuvenecedoras.

Joven. Esa es una palabra que dice mucho sobre el trabajo de Rosas. En El curioso mundo es uno de sus centros: los protagonistas son jóvenes, teniendo pláticas de jóvenes, haciendo cosas de jóvenes en un mundo viejo y marchito. Esa fuerza creadora y juvenil que llamea en el desierto de su webcómic, pero también de las historias y el arte, sin embargo, no es ingenua. Nada aquí lo es. La juventud que atraviesa la historia es una que ha madurado y se arriesga en su propuesta. Porque cuántos artistas jóvenes no conocemos que, en su ingenuidad, utilizan la bandera de lo joven como algo revolucionario, anti institucional y provocativo, pero terminan siendo todo lo contrario: inofensivos, onanistas.

No es el caso de Jonathan Rosas. La amalgama de formas y exploraciones que hace en los guiños a libros, cómics y películas, o el uso de la acción, el amor, la comedia, la ciencia ficción, el western y el enigma se basa en tropos o lugares revisitados, pero no comunes. La obra de Rosas es una sobre el (des)conocimiento de los tiempos que nos tocan. El mundo curioso de Nathan y Joo trabaja con ruinas y descubre nuevos usos de las cosas que habitan (y se descomponen) en un mundo viejo. Lo exploran; se acercan a las bombas que no explotaron y que yacen en medio de los campos olvidados. En el estilo de su trazo se asoman re-creaciones (o sea, contar más allá del fin) que le dan refresh a la narrativa gráfica digital de largo (o mediano) aliento. Por eso, entonces, los colores que usa son una puesta en tensión de lo viejo y lo nuevo: frente al amarillo, blanco y negro del desierto y la desolación, siempre se impone el rojo que combate a la plaga, el rojo de lo nuevo, de lo que nace y crece. Por eso, también, las batallas delirantes, los monstruos y los desastres que narra no podrían estar hechos sino en su particular estilo caricaturesco. Porque todo tiene algo de monstruoso ahí: los personajes principales son animales parlantes, niños con brazos que flotan; ¿qué tanto los diferencia, entonces, de los cuervos, de los infectados? Hay una plaga más profunda que se extiende por las páginas de Nathan y Joo: la consciencia de que todo surge del fin y se dirige hacia allá. Y lo celebra…

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El curioso mundo de Nathan y Joo es un palimpsesto virtual que, en la reconstrucción de su historia, se permite también hacer una de la nuestra y proponer una forma única de narrarla. Porque no sólo es las aventuras de los cazadores, músicos y amigos; también es una crítica de las dinámicas sociales de ahora (el México violento, el México kitsch) y hasta del mismo webcómic. Después del fin de las cosas ya no queda nada por contar, pero las exploraciones continúan. Con el fin, los espacios se reconfiguraron y ahora esos terrenos se tienen que volver a explorar.

Actual e intemporal, local y universal, El curioso mundo de Nathan y Joo da cuenta de cómo se configuran hoy las historias, el arte y los hábiles mecanismos con los que resuelven sus interrogantes; pero no sin olvidarse de ser y divertirse como nunca, endemoniadamente, como si no hubiera un mañana.


Autores
(Metepec, 1993) escribe la columna «Apuntes de nigromancia» en Penumbria, sobre videojuegos y arte fantástico. Publicó Raíces en editorial Paraíso Perdido.
Secretaría de Cultura