Tierra Adentro

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

Actualmente, la literatura vive un sometimiento del mercado que amenaza constantemente la creación. Un ejemplo que me viene a la mente es cuando, detrás de un importante premio literario, estaban tres hombres guionistas ocultos en un seudónimo femenino. La crítica, por supuesto, es por el “discurso” de estos tres hombres como “víctimas” de un sistema editorial que no los publica, según ellos, por ser hombres.

Independientemente de la moral detrás de este discurso, creo que estos autores en realidad demostraron que, efectivamente, la industria editorial está operando de cierta manera que más que congruente resulta lucrativa, utilizando la cuota de género como una estrategia absolutamente comercial.

Esta problemática no solo invade los espacios de los grandes sellos editoriales, probablemente también permea en otros proyectos editoriales y sellos independientes que buscan un lugar en la mesa de novedades.

Las antologías literarias cada día toman más relevancia. Al mismo tiempo que publican muchas voces jóvenes y nuevas plumas, estas nobles publicaciones no están exentas de lo que parece ser un vicio de la industria. Conversé con Laura Sofía Rivero en relación a su libro Dios tiene tripas, que ganó el Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez 2020, y en forma de anécdota me contaba cómo se ven golpeados por este problema aquellos proyectos que recolectan voces jóvenes.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

El libro de Laura tiene como punto central la caca, así como nuestra relación íntima y colectiva con aquello que nos resulta incómodo compartir con los demás aunque sea para hablar de ello. El tabú de verbalizarlo y la reflexión en torno a cómo tenemos una necesidad de ocultar todo lo relacionado con lo escatológico.

El texto que Laura mandó para una antología de jóvenes escritoras a la que la invitaron fue precisamente el ensayo con el que comienza Dios tiene tripas. La buscaron particularmente a ella porque había poetas y narradoras pero no ensayistas para esa edición.

– Queremos algo más femenino –, le dijeron a Laura Sofía al recibir el texto. – Por qué no nos mandas algo más como tu relación con la naturaleza o con la maternidad–.

¿Qué más femenino puede ser si lo escribí yo misma? Me dijo. ¿Qué más relación con el cuerpo que la caca? ¿Por qué escribir de maternidad si es un tema que ni siquiera me cuestiono o me interesa? Sentí que me estaban obligando a escribir sobre temas que ni siquiera me importan.

En ese sentido, algo que me parece muy positivo de los premios es que te lean sin saber quién eres, mientras que en otros espacios publicar tiene que ver más con quién eres y cuántos seguidores tienes.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

El mercado no esconde sus intereses como nosotros ocultamos lo escatológico. Estos intereses pueden determinar mucho las conductas de los artistas que hoy necesitan espacios para difundir su obra.

La reflexión sobre la creatividad es algo que está presente en muchas y muchos creadores, sobre todo jóvenes. Me parece que cuestionar el sistema y crear obra, a pesar de estos claros lineamientos, es una especie de disidencia ante la ola inminente del mercado y la industria, que toman como bandera a grupos y causas vulnerables al mismo tiempo que los banalizan con tal de comercializar a cuesta de ellos.

Para Laura, la creación es algo que va separado de la figura de autora. Las responsabilidades, e incluso las actividades de cada rol, van quizás hasta en direcciones opuestas. Laura escribe los libros que le gustaría leer. La industria, por su parte, exige una figura de autor. No parece bastar con la calidad literaria, sino que exige el reconocimiento de la conducta social del que escribe.

Laura Sofía Rivero-4

Me resulta inevitable recordar las conversaciones que he tenido con varios otros autores que ya han publicado en sellos reconocidos y la reflexión de cómo los contratos ahora puntualizan la necesidad de tener actividad en redes sociales personales como parte de la campaña de comunicación y promoción del libro. Es decir, algunos sellos están buscando promover a los autores por encima de su obra.

Ha sido clara esta parte del proceso en el que escribir es un acto autónomo y personal, que no necesariamente depende de la industria, sino que se llega ahí quizás como una consecuencia.

Como lectora, me acerqué al ensayo porque era el género que me hacía pensar en cosas que no pensaría si no hubiera leído ese texto. Para mí, la mejor experiencia como lectora es cuando, a través de un texto, puedo pensar en cosas que ese día no me habrían pasado por la cabeza sin esa lectura.

Me gusta leer no solo para tener de tema lo que sucede en la vida pública o las redes sociales. Cuando la literatura parece recoger los mismos temas de los que se está hablando me desespera mucho como lectora.

Al ser un producto de sí mismo en las redes sociales, también detesto esa parte de escribir. Me gusta mucho escribir pero me molesta ser escritora. Mi vocación profesional es ser maestra y me parece muy ajeno esto de tener que hacerse publicidad.

La literatura está pasando por un momento de mucho reflector, que pudiera resultar complicado para la creación. Por eso mismo, al igual que Laura Sofía, considero que los premios –por lo menos algunos– tienen esta virtud de confiar ciegamente en lo que creen, sin la necesidad de encontrar una causa de la cual colgarse al mercado. Quizás esto sea la parte más loable de una editorial y me hace confiar en que seguiremos leyendo el pensamiento crítico de las nuevas plumas a pesar de lo que suceda con el mercado y la industria.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.


Autores
(Xalapa, 1991) Es fotógrafo de retrato; su trabajo como tal está plenamente comprometido con la industria cultural. En 2017 comenzó su proyecto “Cartografía íntima: Habitaciones literarias” que ha documentado a más de 150 autores residentes en México, Italia, España, Francia, Suiza y Alemania; entre ellos: Jordi Sierra i Fabra, María Fernanda Ampuero, Yásnaya Aguilar, Emiliano Monge, Santiago Gamboa, Carmen Boullosa, Camila Fabbri, Patricio Pron, Marta Sanz, Juan Pablo Villalobos, Lorea Canales y Jorge Carrión. Su trabajo se ha exhibido en el Seminario de Cultura Mexicana, el Fondo de Cultura Económica y la Galería Oscar Román de la Ciudad de México, así como en distintos recintos culturales de la República Mexicana. Ha hecho documentaciones especiales para la Presidencia de México, el Proyecto Cultural Chapultepec, el Fondo de Cultura Económica, el Colegio Nacional y el Seminario de Cultura Mexicana y recientemente ilustró un boleto conmemorativo de Lotería Nacional para el 80 aniversario del Seminario de Cultura Mexicana.
Secretaría de Cultura