Tierra Adentro

Sardar Qasem Soleimani, Wikimedia Commons.

 

Tierra Adentro: El asesinato de Qasem Soleimani ha desatado una discusión virtual sobre una posible Tercera Guerra Mundial. Al margen de que ello ocurra, ¿cuán acertado es decir que esa es la dimensión del conflicto?

Javier Buenrostro: Sobre si estamos al borde de una Tercera Guerra Mundial, me parece que la respuesta es definitivamente no. Si bien es cierto que Soleimani era el segundo o tercer hombre más importante de Irán, a Irán no le conviene entrar en una escalada de violencia. Irán vive una crisis económica derivada de los embargos y bloqueos que les ha impuesto Estados Unidos.

Además, en la política nacional, el pueblo iraní lleva dos años muy molesto con su gobierno. La crisis económica es fuerte, la inflación y la carestía son claras y rampantes. La gente no está contenta con el gobierno, no hay un verdadero respaldo popular.

Entrar en una guerra en este momento implicaría que estas condiciones económicas se recrudecerían. El más afectado sería el gobierno de Hasán Rohaní. Podría haber sublevaciones populares, muchas más protestas de las que ya hay. Pondría en jaque al propio gobierno, aunque los iraníes estén molestos con Estados Unidos. Entrar en una guerra los llevaría a una espiral de violencia, carestía y dificultades económicas. El gobierno de Irán no se lo puede permitir.

Históricamente, Irán ha sido cauteloso, estratégico, pragmático, ha sabido tensar la cuerda pero también ha sabido aflojarla en los momentos de mayor tensión. Hay que recordar lo que sucedió en mayo y junio pasado con el Estrecho de Ormuz, que elevó también las tensiones entre Irán, Arabia Saudita, Estados Unidos y Reino Unido. Supieron salir de esa situación tensando y aflojando la cuerda.

Varios miembros del gobierno (Rohaní, el ayatola Alí Jamenei) han declarado que sí habrá un ajuste de cuentas, pero que no será inmediato, y eso descarta la idea de una Tercera Guerra Mundial.

Aunque en Estados Unidos hay unanimidad para condenar a la figura de Soleimani, los demócratas no quieren hacerle el juego a Donald Trump en este caso. Los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders ya declararon que a Estados Unidos no le conviene entrar en una guerra directa o escalar la violencia, y que deberían evitar esa confrontación a toda costa.

Como Estados Unidos vive el proceso del impeachment y la elección de 2020, todo pasará por cuánto pueda salir perjudicada la imagen de Donald Trump. Los demócratas no quieren hacer nada a nivel local o internacional que implique un apoyo a Trump y que su figura se fortalezca.

 

TA: Nos gustaría que no hablaras un poco de Qasem Soleimani. En la prensa de Estados Unidos se le describe como “implacable” y “sangriento”, sin embargo su reputación es altísima en Irán. ¿Cuál sería una valoración correcta de Soleimani?

JB: Es cierto que en Estados Unidos se le describe como sangriento, como un asesino, mientras que en Irán su popularidad entre la gente es muy alta. Esto no es una contradicción. Soleimani es un militar, un hombre de guerra. Por ello quienes sufrieron su dureza lo juzgarán como un asesino. Para los iraníes es visto como un héroe, como quien defendió a toda costa el proyecto de la Revolución Islámica.

Un balance sería que, como todo hombre metido en la guerra, sea estadounidense, iraní, mexicano, libanés o argentino, es un hombre de claroscuros. Las funciones militares a cumplir implican violencia, fuerza, arrebatar, aplastar, asesinar. Pero me parece que Soleimani era un hombre pragmático. Sabía cuándo ir a la guerra, sabía cuando entrar en negociaciones, incluso sabía cuando entrar en negociaciones con los enemigos, como con Estados Unidos.

Hay que recordar que mucha de política para derrotar al Estado Islámico pasó por las manos y la cabeza de Soleimani. Finalmente, junto a Bashar El Assad y Rusia, fueron quienes pusieron los hombres y las estrategias, y quienes ayudaron a Estados Unidos a derrocar al Estado Islámico. Se ayudaron mutuamente en esa ocasión, pues el Estado Islámico representaba un peligro no solo para Estados Unidos, sino también para Irán. Soleimani no tuvo empacho en unir su mente, su estrategia y su fuerza militar con los estadounidenses.

¿Por qué la popularidad de Soleimani? Soleimani es un hijo de campesinos, nacido en la pobreza, con instrucción de hasta quinto de primaria. A los doce años empezó a trabajar para ayudar a sus padres. Fue un hombre que se hizo a sí mismo. Antes de la Revolución Islámica, empezó a hacerse religioso. Encontró en la religión un soporte para su vida, y para cuando llegó la revolución él ya era un convencido del islamismo de Jomeini. Participó en los primeros años de gobierno, uniendo las fuerzas de las guardias revolucionarias para contrarrestar los intentos de asesinato contra Jomeini y los movimientos contrarrevolucionarios.

Por eso era una figura muy popular del régimen. Era un hombre convencido de la religión, convencido del papel de Irán, de la revolución islámica. Entendió desde el principio el papel que tenía que jugar para ayudar a Irán, el papel de hombre fuerte, de estratega militar.

Durante los ochenta, en las incursiones de la guerra Irán-Irak, era un personaje que iba al frente de las misiones. Aunque esta sea una imagen idealizada, lo que se dice y la gente cree es que no estaba detrás de su escritorio mandando hombres a la guerra, sino que era alguien al frente de batalla, que participaba activamente. Esto le hizo ganarse una reputación entre su gente y subordinados.

Soleimani se volvió más popular en 2002 y 2003, debido a la guerra de Estados Unidos con Irak, con sus intervenciones al frente de la política militar exterior de Irak. Por su carácter religioso y afable, se dice que ayudaba mucho a las familias de los soldados muertos, de los compañeros muertos en acción, y se ganó la reputación de compañero de armas solidario, sensible a los muertos, leal. Incluso algunas fuentes lo describen como un filósofo, un asceta, una figura mística, algo difícil de encontrar en un militar.

Es más fácil encontrar al hombre fuerte, pero estos hombres fuertes tienen claroscuros que los llevan a ser figuras más contradictorias. Aunque él también fuera fuerte y con claroscuros, se forjó toda una imagen de él como leal, místico, religioso, con una vida ascética, y eso, en un país religioso como Irán, tiene una connotación alta de estima y valor.

Es difícil hacer un juicio exacto, equilibrado, Soleimani es un hombre de guerra que fue implacable y duro, pero también supo negociar y, en otros casos, con los suyos, mostró compasión y lealtad, y es lo que le valoran el pueblo iraní y los líderes religiosos.

 

TA: Una de las cosas que más se ha mencionado es que no hay un plan detrás del asesinato de Soleimani, ¿existe un plan imaginable o efectivamente solo puede tratarse de una acción sin sentido?

JB: Me parece que sí hay un plan. Hay versiones de un intento de asesinato de hace un año. A él no le importo, y por ello su reputación en Irán. Una figura heroica que, aunque estaba en la mira, no le importaba haber pasado de las sombras a la luz, y que estuvo en confrontación directa con Estados Unidos.

Hay un interés y un plan de Estados Unidos, lo que no sabe del todo es cómo va a reaccionar el adversario. Pero lo que quería el gobierno de Estados Unidos era que, en medio del impeachment y en plena carrera presidencial, Trump apareciera como un líder que salvaguarda los intereses estadounidenses, un patriota; para ello durante su carrera ha elegido dos blancos preferidos: Irán y México. Aunque tiene abiertas dificultades con Rusia, y aliados como Francia y Alemania, Irán y México han ocupado el lugar primordial de su narrativa.

México ha sabido sortearlo, el presidente, López Obrador, y el canciller, Marcelo Ebrard, han sabido mantener buenas relaciones. Irán también ha sabido sortearlo, pero con más costos económicos, por los embargos y los bloqueos. El propósito de Estados Unidos es salvaguardar la imagen de Trump en tiempos del impeachment y la carrera electoral. Sabiendo que, antes las dificultades económicas, Irán no iba a responder de una manera abierta.

Habra represalias, dificultades y complicaciones, pero también queda lugar para las negociaciones.

 

TA: ¿Cómo podría alterar el equilibrio de poder en la región? ¿Cómo cambia la relación de Estados Unidos con Rusia, la otra potencia implicada en la región?

JB: Por el momento no hay grandes cambios. Evidentemente no es algo que les agrade a China y Rusia; Irán ya se había acercado a ambos países y ya habían hecho maniobras militares conjuntas. Mi expectativa es que, como ni siquiera Irán dará una respuesta directa, ellos tampoco lo harán, ni tampoco les interesa empujar a Irán a que tome ese tipo de decisiones.

Se verá en la ONU, China seguirá presionando por el lado económico, cuanto le convenga; Rusia hará algo similar. Lo harán para minar la fuerza de Estados Unidos en los organismos internacionales y en los tratados económicos.

Quienes me parece que sí sufrirán consecuencias, son los aliados de Estados Unidos en la región: Arabia Saudita e Israel. Especialmente Arabia Saudita. Podrían revivirse las tensiones en el Estrecho de Ormuz, que se complique la situación de los cargueros que salen del golfo, podría provocar un alza del precio del petróleo.

 

TA: El gobierno de Irán aseguró que vengará la muerte de Soleimani. ¿Qué tipo de respuesta podría esperarse? ¿Directa o por-proxi?

JB: Soleimani fue una figura del poder durante dos décadas, para algunos el segundo hombre más fuerte del país, más que el presidente, solo después de los Ayatolas, por eso que dijeran que vengarían su muerte es algo esperado, una cuestión de honor nacional.

No es momento para entrar en una guerra directa con Estados Unidos. Esperarán para vengarse. Lo que sí puede suceder es que Irán abandone el acuerdo nuclear, las complicaciones en el estrecho de Ormuz, y una guerra asimétrica e híbrida o, como se decía en la guerra fría, las proxi-wars. Esto en el territorio de Irak, donde ocurrió el asesinato.

Las milicias chiitas que controlaba Irán en Irak, y que influyen mucho en el gobierno de Irak, podrían enfrentarse a las fuerzas estadounidenses que siguen en el país. Lo mismo podría pasar en Afganistán. En Líbano podría aumentar el financiamiento a grupos como Hezbolah.

Dentro de las represalias podría haber guerras asimétricas, especialmente en los territorios donde es importante la comunidad chiita: Siria, Líbano, pero sobre todo Irak, de donde Estados Unidos tendrá que sacar a sus fuerzas, pues si los deja seguramente tendrán muchas bajas.

 

TA: ¿Qué efecto podría tener el ataque en la política de Estados Unidos?

JB: La política exterior de Estados Unidos es una extensión de la política interior. Es común que cuando un presidente de Estados Unidos sufre de popularidad, abra un frente en el extranjero para hacer un llamado a la unidad nacional. Trump desde el principio lo ha intentado para presentarte como un patriota.

No se irá a una confrontación directa, pues sería muy costoso y es algo que no quieren apoyar los demócratas. No les conviene tampoco a los republicano, pues la imagen de Trump podría desgastarse de manera paralela al impeachment.

Hay un reflejo directo, una incidencia directa, hay un asesinato de una figura importante, pero esto no nos llevará a una guerra convencional, ni a la histeria colectiva de la tercera guerra mundial. Se ha movido una pieza del ajedrez, pero lo que provocará son negociaciones.

 

 

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