Tierra Adentro

Fernando de Magallanes. Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Flickr.

La expedición de Magallanes-Elcano (1519-1522) y el sistema global


La primera circunnavegación de la Tierra

En la isla de Mactán, Filipinas, se encuentra la pequeña ciudad de Lapulapu. En el centro de esta ciudad existe un monumento muy particular: la escultura de un indígena semidesnudo y de cabello largo, armado con un cuchillo y escudo. Este sujeto le dio el nombre a la ciudad y es considerado por los filipinos como un héroe histórico. En un acto de resistencia frente a la invasión colonial europea derrotó a las huestes de Fernando de Magallanes.

El 16 de marzo de 1521 la expedición de Magallanes llegó a las islas Filipinas. Ya en la isla de Cebú, el explorador portugués consiguió la cooperación de ciertos pobladores liderados por Huambón y comenzó a someter exitosamente a los habitantes. Rápidamente se enteró de la existencia de Lapulapu, el jefe nativo de la vecina isla de Mactán, enemigo de la gente de Huambón.

Días después, el 27 de abril de 1521, Magallanes, junto con varias decenas de soldados españoles, tocó tierra en la isla de Mactán con el fin de someter al temido Lapulapu. Los nativos salieron victoriosos en la llamada “Batalla de Mactán”, debido a la ventaja numérica. En diversas narrativas populares, se dice que fue el mismo Lapulapu quién mató a Magallanes, sin embargo, parece que fue una horda de guerreros que se abalanzaron sobre él los que causaron su muerte. De esa manera llega a su fin la vida de Fernando de Magallanes, quien llevaba casi dos años comandando la que sería la primera circunnavegación de la Tierra.

La expedición de Magallanes tenía como objetivo generar rutas comerciales con la región de las “islas de las especias” por occidente —tal y como lo había buscado Cristóbal Colón—. Esto se lograría encontrando al comunicación marítima entre el océano Atlántico y el océano Pacífico, que en ese momento era llamado Mar del Sur, bautizado así por el español Vasco Núñez de Balboa, tras descubrirlo al cruzar el istmo de Panamá en 1513. En 1518 el rey Carlos I, nombra almirante a Magallanes y le otorga una serie de privilegios sobre los territorios descubiertos y los bienes extraídos.

Fueron cinco las naves que zarparon del puerto de Sanlúcar de Barrameda, Cádiz el 20 de septiembre de 1519. A finales de septiembre la expedición hizo una escala en Tenerife, una de las Islas Canarias y desde ahí llegaron a las costas brasileñas, arribando a finales de noviembre de 1519.

Es preciso recordar que el territorio de Brasil y sus habitantes indígenas, tuvieron su primer contacto con los conquistadores europeos en 1500 a través de una expedición liderada por el capitán lusitano Pedro Álvares Cabral. Los portugueses tuvieron el pleno derecho de conquistar dicho territorio gracias al Tratado de Tordesillas de 1494 -que sirvió para delimitar las áreas de navegación y conquista del océano Atlántico y del Nuevo Mundo entre la Monarquía Española y el Reino de Portugal-.

La línea divisoria mantenía a las costas brasileñas en los dominios portugueses. El 13 de diciembre llegaron a la Bahía de Santa Lucía -hoy Río de Janeiro- y continúan su viaje hacia el sur.

En enero de 1520 pasaron por el Río de la Plata -descubierto por Juan Díaz de Solís en 1516-. A principios de marzo llegaron a la bahía San Julián, que exploraron en busca de un posible paso hacia el Mar del Sur, sin ningún éxito.

Magallanes, en vista de la llegada del invierno, decidió permanecer allí hasta la primavera. Durante aquellos meses algunos miembros de la tripulación intentaron amotinarse pero fracasaron; Magallanes mandó a matar a los amotinados y a otros los abandonó en San Julián cuando, en agosto de 1521, retomó la ruta hacia el sur.

A más de un año de haber comenzado la expedición, en octubre, Magallanes arribó al Cabo de las once mil Vírgenes. El 1 de noviembre, la expedición comenzó a navegar por el estrecho que bautizaron como Todos los Santos.  Años más tarde se le cambiaría el nombre a Estrecho de Magallanes.

En este tramo, pasaron por una gran isla en la que vislumbraron las fogatas y sus altas columnas de humo, generadas por los nativos de la región; este territorio fue nombrado Tierra del fuego. Después de un arduo camino,  el 28 de noviembre de 1520, dejan Cabo Deseado, la puerta al Mar del Sur, que rebautizaron como Maris pacifici debido a la calma con que los recibió.

Pasaron dos meses desde que comenzó la travesía en el Pacífico, hasta pasar por una isla en medio del océano: la Isla de los Tiburones el 21 de enero de 1521. Por fin, el 6 de marzo de ese año, Magallanes llegó una isla en la que los navegantes aprovecharon para descansar y recoger víveres. En este sitio se habrían de encontrar con nativos que ofrecieron obsequios a los navegantes. Habían arribado a la Isla de los Ladrones -probablemente la actual isla de Guam– en el archipiélago de las Marianas.

Al terminar su travesía por el Pacífico, logró llegar a las islas Filipinas en marzo. Durante ese mes, exploró las islas aledañas. En esta exploración es donde, el 27 de abril de 1521, muere Fernando de Magallanes en la ya relatada batalla de Mactán.

Los expedicionarios continuaron la navegación hasta las islas Molucas o “islas de las especias”, original objetivo del viaje, donde designaron a Juan Sebastián Elcano para capitanear el viaje de regreso.

Navegando hacia el oeste por el océano Índico y dando la vuelta a África, el 6 de septiembre de 1522 la Victoria, única nave que quedaba en la expedición, retornó a Sanlúcar de Barrameda con su carga de especias, convirtiéndose en la primera embarcación de la historia en dar la vuelta al mundo[1].

 

El mundo de los nuevos mundos: la crónica de viaje

La expedición de Magallanes se inscribió en la llamada Era de los descubrimientos. El expansionismo de las potencias europeas —sobre todo España y Portugal— y la búsqueda de eficientes rutas comerciales provocaron la conquista de distintos espacios, desde América hasta regiones de África, Asia y Oceanía que eran desconocidas por los europeos.

El mundo y las ideas sobre él se ampliaron: los nuevos mundos se integraron a la añeja cosmovisión. Los viajes, las rutas y los descubrimientos -naturales y culturales-, de estos nuevos mundos fueron plasmadas en papel por cronistas y cartógrafos.

En el caso de la expedición Magallanes-Elcano, fue el cronista Antonio Pigafetta quien relató este viaje alrededor del mundo en su Relación del primer viaje alrededor del mundo, publicada después de la expedición.

Como toda crónica de viaje, el autor plasmó los elementos más significativos de la expedición. A manera de documento probatorio para las autoridades españolas y como un artefacto de la memoria, recopiló los pormenores del viaje y la vida de los navegantes, así como la descripción de los paisajes, la flora y la fauna con la que se encontraron en esas regiones. Pigafetta también realizó el primer mapa del Estrecho, así como dibujos del archipiélago de la Tierra del Fuego  y de las Islas Molucas.

Antonio Pigafetta, mapa del Estrecho de Todos Los Santos, 1520.

Antonio Pigafetta, mapa del Estrecho de Todos Los Santos, 1520.

Sobre la fauna encontrada en los territorios explorados,  Pigafetta describe una población de pingüinos en una isla cercana a las tierras antárticas:

Nos detuvimos en dos islas que sólo encontramos pobladas por pingüinos y lobos marinos. Los primeros existen en tal abundancia y son tan mansos que en una hora cogimos provisión abundante para las tripulaciones de las cinco naves. Son negros y parece que tienen todo el cuerpo cubierto de plumas pequeñas, y las alas desprovistas de las necesarias para volar, como en efecto no vuelan: se alimentan de pescados y son tan gordos que para desplumarlos nos vimos obligados a quitarles la piel. Su pico se asemeja a un cuerno.[2]

Posteriormente describe detalladamente a los lobos marinos:

Los lobos marinos son de diferentes colores y más o menos del tamaño de un becerro, a los que se parecen también en la cabeza. Tienen las orejas cortas y redondas y los dientes muy largos; carecen de piernas, y sus patas, que están pegadas al cuerpo, se asemejan bastante a nuestras manos, con uñas pequeñas, aunque son palmípedos, esto es, que tienen los dedos unidos entre sí por una membrana, como las nadaderas de un pato. Si estos animales pudieran correr serían bien temibles porque manifestaron ser muy feroces. Nadan rápidamente y sólo viven de pescado.[3]

Otras descripciones son integradas en esta crónica. Por ejemplo, durante el viaje en el Pacífico, la tripulación se vio fuertemente afectada por las plagas y enfermedades como el escorbuto. El cronista agradece a Dios el no haber padecido de esos males:

La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas. El agua que bebíamos era pútrida y hedionda. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a comer los trozos de cuero que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas no se estropeen contra la madera… Muy a menudo, estábamos reducidos a alimentarnos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una de ellas… Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos atacados por una especie de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que nuestros dientes quedaban escondidos…[4]

Pigafetta narra la batalla de Mactán y lo sucedido el 27 de abril de 1521. La ardua batalla y la muerte de Magallanes:

Como [los indígenas] conocían a nuestro capitán, contra él principalmente dirigían los ataques y por dos veces le tiraron el casco; sin embargo se mantuvo firme mientras combatimos rodeándole. Duró el desigual combate casi una hora. En fin, un isleño logró poner la punta de la lanza en la frente del capitán, quien, furioso, le atravesó con la suya, dejándosela clavada. Quiso sacar la espada, pero no puedo, por estar gravemente herido en el brazo derecho; diéronse cuenta los indios, y uno de ellos, asestándole un sablazo en la pierna izquierda le hizo caer de cara arrojándose entonces contra él. Así murió nuestro guía, nuestra luz y nuestro sostén. Al caer viéndose asediado por los enemigos se volvió muchas veces para ver si nos habíamos salvado. No le socorrimos por estar todos heridos; y sin poderle vengar, llegamos a las chalupas en le momento que iban a partir. A nuestro capitán debimos la salvación porque en cuanto murió todos los isleños corrieron al sitio en que había caído.[5]

Líneas más adelante, se elogia al fallecido Magallanes de la siguiente manera:

Pero la gloria de Magallanes sobrevivirá a su muerte. Adornado de todas las virtudes, mostró inquebrantable constancia en medio de sus mayores adversidades. En el mar se condenaba a sí mismo a más privaciones de la tripulación. Versado más que ninguno en el conocimiento de los mapas náuticos, sabía perfectamente el arte de la navegación, como lo demostró dando la vuelta al mundo, lo que nadie osó intentar antes que él.[6]

A pesar de que Magallanes murió sin haber completado la vuelta entera, Pigafetta menciona que el resto del viaje comprendía un tramo que los navegantes portugueses ya conocían. El capitán Elcano -que no fue mencionado en la crónica de Pigafetta-, retomaría la ruta por el Sur de África (cabo de Buena Esperanza), siguiendo la ruta de Vasco da Gama, para lograr llegar de nuevo a Europa. La sección más complicada y desconocida, fue superada por el genio de Magallanes, diría el cronista.

 

Un viaje y sus consecuencias: el sistema-mundo moderno

Las representaciones cartográficas son una gran herramienta para ejemplificar el proceso en el que la se transformó la concepción y representación de un mundo interconectado.

El explorador Américo Vespucio, en 1503 publicó sus Cartas de viaje en las que aseguraba que las tierras descubiertas por Colón eran un Mundus Novus, como proponía llamarlas. En 1507 Martin Waldseemüller publica su planisferio titulado Universalis Cosmographia. En el aparece el territorio del Nuevo Mundo aparece por primera vez como “América”.

Martin Waldseemüller, Universalis Cosmographia, 1507.

Martin Waldseemüller, Universalis Cosmographia, 1507.

La expedición de Magallanes sirvió para confirmar definitivamente la teoría de Vespucio, así como el carácter esférico de la Tierra. Los hallazgos en la expedición fueron representados por primera vez en el planisferio de Diego Ribero, Cosmógrafo Real de la Casa de Contratación de Sevilla, del año 1529.

Diego Ribero, Mapamundi, 1529. La ruta de Magallanes fue añadida posteriormente.

Diego Ribero, Mapamundi, 1529. La ruta de Magallanes fue añadida posteriormente.

Con el desembarco de Elcano en el puerto de Sanlúcar, se cerró aquel largo viaje que uniría al mundo bajo una visión particular del globo. Una hazaña técnica que fue acompañada de una hazaña imaginativa que sirvió para terminar integrar los elementos dispersos del mundo. Todo esto, como un complejo telón de fondo la dominación colonial por parte de las potencias capitalistas europeas.

Durante la era de los descubrimientos, la imagen y representación del planeta —conocida en la historiografía como imago mundi— cambiaron con rapidez. De la misma manera, cambió la forma de comprender al mundo: ya no se trataba de distintos “mundos” aislados o separados, si no como un todo interconectado.

El “nuevo mundo” y otros descubrimientos no fueron más que los últimos pasos que faltaban para comprender la totalidad del sistema global. En palabras del recién fallecido científico histórico-social Immanuel Wallerstein, durante aquella época no sólo tiene origen el capitalismo mercantilista, sino el moderno “sistema-mundo, que hasta entonces tan solo era un sistema-mundo europeo”.[7]

Evidentemente, esta concepción totalizadora está dictada desde las potencias europeas, cuyo afán colonizador fue el verdadero motor de el proceso de integración —tanto simbólica como económicamente— del mundo en su totalidad.

Samir Amin menciona que la idea común de que el capitalismo europeo fue el primer sistema en unificar y conectar al mundo entero, es el epítome del discurso de dominación colonial[8]. Sin embargo, evadiendo una perspectiva totalizadora y única, pero sí de interconexiones globales, la circunnavegación de la tierra cambió la manera en la que las regiones y los pueblos del mundo, percibieron a la otredad.

La nao Victoria, que fue el único navío que se logró regresar al puerto de  Sanlúcar de Barrameda como sólo 18 de los 216 navegantes que iniciaron la expedición, fue representada en un mapa de Abraham Ortelius de 1589.

Se presenta de forma gloriosa y debajo del dibujo de la nave se lee —como epitafio de la aventura—: “Fui la primera que rodeó el mundo volando a vela. Magallanes, te dirigí al nuevo estrecho. Y al rodea el mundo gané el nombre “Victoria”. Son mis velas alas; mi premio, la gloria; mi lucha, el mar.”

Abraham Ortelius, Maris Pacifici, 1598

Abraham Ortelius, Maris Pacifici, 1598

 

 

 


 

[1] Se puede acceder a la ruta completa del viaje desde Google Earth y Google Maps en el sitio: “Ruta Elcano” en: https://www.rutaelcano.com/versiones-del-mapa

[2] Pigafetta, Antonio. Primer viaje alrededor del globo (1524), Ediciones Orbis, Barcelona, 1986, p. 22. Edición disponible en: http://www.archive.org/stream/primerviajeentor00piga#page/187/mode/2up

[3] Idem.

[4] Ibid., p. 89

[5] Ibid., p. 114

[6] Ibid., p. 115.

[7] Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI, México, Siglo XXI, 1979, pp. 17. La perspectiva del sistema-mundo, también conocida como economía-mundo o sistema mundial, ha sido un aporte teórico de la crítica posmarxista que intenta explicar el funcionamiento y estructura  de las relaciones sociales, políticas y económicas a lo largo de la historia en el planeta Tierra. Es una teoría historiográfica, geopolítica y sociológica con presencia en los debates actuales sobre ciencias sociales e historia.

[8] Cfr. Samir Amin, “The Ancient World-System versus the Modern Capitalist World-System” en Fernand Braudel Center Review, Vol. 14, No. 3, 1991, pp. 349-385. Disponible en: https://www-jstor-org.pbidi.unam.mx:2443/stable/40241188?read-now=1&seq=1#page_scan_tab_contents

 

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