Tierra Adentro

La trashumancia es un valor añadido al trabajo de la documentalista Eugenia Montalván Colón, quien se ha acercado a la comunidad a través de pequeñas viñetas de la vida diaria. En su documental Desde que Dios amanece, la artista ensaya sobre Nombre de Dios, Durango, municipio donde un grupo maestros mezcaleros ve en la producción de mezcal un sentido de pertenencia y con ello evita emigrar a los Estados Unidos.

Tu trabajo documentalista ha sido marcado por el nomadismo. Regularmente estás entre un sitio y otro, aprehendiendo las poéticas de los lugares. Tu madre nació en el municipio Nombre de Dios, Durango; quizá este alumbramiento te llevó años después a volver a mirar a los hombres y las mujeres de esta comunidad…

Sí, pero, según yo, mi madre no tuvo nada que ver en mi decisión de volver a Durango, mi tierra, y menos con mi proyecto de cine. Ella vive ahí, ya tiene ochenta años, y su fuerza proviene de allá, del campo, obviamente, sólo que casi no va a su pueblo. Somos polos opuestos, la verdad; sin embargo, mi abuelita y mis primos desde que éramos niños sí procuraron que mis hermanos y yo nos sintiéramos ligados a esta tierra, a ese río, a los árboles de donde colgábamos el columpio, a los caballos, a los burros, a comer elotes… y ahora que somos mayores, nos vemos cada vez con más cariño y ganas. Nos reunimos a cantar, bailar y revivir recuerdos.

Has mencionado que al tomar mezcal el corazón se volatiza, un tropo hermoso. Desde la experiencia de la investigación para realizar lo que llamas «documezcal», vemos que la vida de los maestros vinateros es difícil, hay temporadas en las que producir esta bebida espirituosa se torna angustioso…

Lo difícil no es hacerlo, sino venderlo. Para ellos ir al monte a cortar mezcal (como le llaman al agave) es una aventura. Amanecer en torno al cerro de piñas cocidas a fuego lento es un ritual de fraternidad. Beber las primeras copas de mezcal recién hecho significa que siguen vivos, que son productivos y verdaderos maestros. No podrían vivir de otra manera, es el oficio con el que se han hecho hombres. Es así. Son gente entregada a un oficio por el placer de continuar una tradición y producir una bebida exquisita, única… El esfuerzo que hacen redunda en alegría y, claro, dinero. Por eso te digo que el punto más angustioso es lograr salir al mercado con precios justos.

Los personajes de Desde que Dios amanece encarnan por momentos las pausas y silencios de la narrativa de Juan Rulfo. Son personajes anclados a sus raíces y costumbres. Ver a los vinateros montados a caballo invita al espectador a mirar una historia sobre el mezcal y a encontrar estampas sobre las comunidades de Durango

Ese es el tema. La vida en el campo va a su propio ritmo y en este bendito pueblo de Nombre de Dios lo puedes palpar con tus propios ojos. Mujeres y hombres están inmersos en su mundo de creencias y costumbres, haciendo vida de verdadera comunidad: tenemos el ejemplo de las reliquias, las cabalgatas, los bailes… Imagínate que a una quinceañera o a una boda puede ir cualquiera, sin invitación, a gozar con la música en vivo hasta que amanezca… No te preguntan quién te invitó y te sirven tu buen plato de comida con gusto. Pero no olvidemos que Durango se hace llamar «la tierra del cine» en gran medida por sus extraordinarios paisajes, apropiados para ambientar películas del lejano oeste; sin embargo, los auténticos vaqueros viven totalmente al margen de esa supuesta fama del estado. Dices bien, los personajes andan en su propio mundo, a ellos no les pasa por la cabeza la idea de vivir en la ciudad, ni de dejar de arar la tierra, alimentar a sus vacas, cazar animales para comer, pescar, cosechar el orégano, emborracharse…

Una de las facetas que más me atrae de los documentalistas es aquella donde la investigación se torna fenómeno obsesivo. Los mapas mentales se transforman constantemente según el curso de lo encontrado. Ningún proyecto, creo, termina en lo que se imaginó. ¿Desde que Dios amanece contradice la norma?

Mira: nadie me dijo cuánto mezcal iba a tomar durante el rodaje… Ni cuánto iban a gozar los camarógrafos y el sonidista brindando una y otra vez con estos personajes maravillosos. Nuestro mapa mental estuvo siempre embebido de mezcal, del olor del agave cocido, del fuego, y ésta es la parte sublime del trabajo. En la práctica, me sorprendo de haber descubierto a un compositor fuera de serie: Sergio Ramírez, mejor conocido como El Calcetín (él dice que le dicen así porque siempre que abre la boca mete la pata), autor de la música original del documezcal. Todo Nombre de Dios lo conoce porque es el conserje de la secundaria, yo lo conocí subido en una troca acompañado de un tecladista amenizando una cabalgata, y ahí decidí que sería uno de los protagonistas de esta película.

Como creadora es importante saber tu punto de vista acerca de los apoyos a los artistas. ¿Consideras que las instituciones cabalgan entre un acercamiento forzado con los creadores y un mal necesario con el cual convivir?

No, no, no, no me toques ese tema. Pensé que iba a conseguir apoyos institucionales fácilmente porque el mezcal, como tema, en Durango estaba empezando a tomar cierto auge en 2013, cuando llegué. Pasó el tiempo, y hubo funcionarios que ni siquiera me dieron cita ni respondieron mis cartas. Un amigo recién acababa de ganar las elecciones como diputado local; también confié en que me ayudaría, y sí, pero no económicamente, sino con su buen humor y compartiendo muchas idas a Nombre de Dios. Él estaba en campaña y Nombre de Dios era parte de su distrito; fuimos juntos muchas veces, es fotogénico y divertido; la pasamos muy bien porque nos conocemos desde niños. Gracias a él conocí a don Rafael Herrera, muy cercano al gobernador (Jorge Herrera Caldera), y él fue quien me brindó su apoyo para algunas gestiones cuando supo que había terminado la película. Eso para mí es importante porque realmente deseo seguir haciendo promoción de mi documezcal, sobre todo fuera de México. Al gobierno federal no me he acercado y detesto los menesteres burocráticos porque, apropiándome de tus palabras, me desespera la calma con la que cabalgan los funcionarios.

Es cierto que las tecnologías más recientes han modificado la manera de distribuir cine. Como documentalista, ¿qué problemas has encontrado para dar a conocer tu trabajo?, ¿cómo afrontas las nuevas maneras de distribución digital?, y ¿qué piensas de los derechos digitales como creative commons, de uso libre en internet?

Confío en los métodos tradicionales. Confío en vender algunos DVD y que la gente consuma cine de esta manera; aparte de eso, tengo interés en seguir vinculada a las plataformas de los promotores de la cultura y cine que existen y surgen continuamente; por ejemplo, este documezcal lo presenté en Australia gracias al Agave Love, evento dedicado a exaltar las virtudes del mezcal y el tequila, y fue un éxito; allá hice contactos con el dueño de un bar en Londres, y gracias a un paisano nuestro que realiza el Tequila & Mezcal Fest en Inglaterra, estoy programada en su agenda, y la Embajada de México en Cuba me invitó a La Habana en una plataforma de promoción cultural muy particular, también. Eso me gusta. Es más, a veces sueño con que Los personajes andan en su propio mundo, a ellos no les pasa por la cabeza la idea de vivir en la ciudad, ni de dejar de arar la tierra, alimentar a sus vacas, cazar animales para comer, pescar, cosechar el orégano, emborracharse. Durango me nombre embajadora del mezcal, ¿será mucho pedir? Sí me gustaría que la película sea de libre acceso a través de internet para todo el mundo, pero después de que cumpla una serie de presentaciones donde pueda mirar a los ojos a la gente y brindar con ellos. Con esta película creo que así tiene que ser.

También has puesto la mirada en José Revueltas a raíz de los cien años de su natalicio, un trabajo que en 2014 te llevó a Cuba a investigar a fondo a este emblemático escritor con el apoyo del Instituto de Cultura del Estado de Durango (ICED). Cuéntanos acerca de este rodaje.

José Revueltas es otro cantar. Sus Evocaciones requeridas me trastocaron el alma. Cada una de las entrevistas que hice para ese documental rebosan amor y respeto hacia ese hombre fuera de serie. Ahí reside la grandeza de su perdurabilidad. Por eso el título del documental es Hay Revueltas para rato.

A veces se piensa que Revueltas, por debajo de la figura sacramental de Octavio Paz, ya ha sido estudiado a fondo. Tu punto de vista en este documental no fue hacer un análisis de su obra sino encontrar, me parece, los puntos de quiebre con los amigos que lo rodearon…

Cuando Sofía Piña, del ICED, me invitó a dirigir un documental sobre José Revueltas coincidimos en el enfoque de la obra: dar a conocer al personaje en sí mismo, desde cómo nació hasta su muerte, para llegar a todo público, y lo logramos. La gente que ha visto el documental se queda con ganas de saber más de este escritor que sí, posiblemente se ha estudiado mucho, pero se conoce poco. Y tienes razón, Hay Revueltas para rato recoge testimonios de los amigos de José Revueltas, pero también de su familia, como Moura, la hija que dejó en La Habana, y Eva Bodenstedt, nieta de Rosaura Revueltas, y Philippe Cheron, quien pone el dedo en la llaga sobre temas que al padre de su mujer, Andrea Revueltas, le interesaron especialmente, como la equidad de género, anticipándose al discurso que más adelante se pondría de moda, por decirlo de alguna forma. A Philippe Cheron lo conocí gracias a Manuel Fuentes, el más allegado amigo de Pepe en sus últimos días, y él me hizo ver cómo los juicios de José sobre la degradación social han recobrado actualidad en nuestros días, y quizá en eso se distingue de Octavio Paz, quien tal vez también miró de frente a los desposeídos para escribir sobre ellos, como hace poco me enteré, pero obviamente con un enfoque diferente. Paz y Revueltas no se comparan y por eso celebro la frase que se le ocurrió a algún loco visionario, difundida ampliamente en pleno centenario de las dos grandes guras de la literatura mexicana: «menos Paz y más Revueltas».

Apuesto a que serás una excelente embajadora del mezcal en el mundo. Quizás a Octavio Paz le faltó beber más mezcal duranguense. ¿Supiste si Revueltas fue un consumidor del destilado?

El poeta Eduardo Lizalde cuenta que él y otros amigos llegaron a introducir vodka en Lecumberri cuando iban a visitar a José Revueltas porque su querido amigo se quejaba de que el tequila se los vendían carísimo; bueno, evidentemente no metieron botellas, sino que la mujer de uno de ellos se las ingenió para no ser sorprendidos in fraganti, ¿te imaginas? Y Manuel Fuentes es muy dado a contar que su querido Pepe bebía vino, especialmente. Claro, siendo tan viajero y culto, Revueltas habrá disfrutado toda clase de alcoholes, y obviamente bebió mezcal en las cantinas del Distrito Federal, pero ante todo en sus esporádicos viajes a Durango, como cuando fue invitado a dar una conferencia en la universidad y aprovechando la ocasión le pidió a sus amigos que lo dejaran en el Jardín Hidalgo, cerca de donde nació, para caminar por las calles de su infancia y recorrer con la imaginación la casa donde vivió los primeros años de su vida.


Autores
(Distrito Federal, 1982) es autor del libro Pantone 8602 (Bonobos, 2011).
Secretaría de Cultura