Tierra Adentro

En México existe una gran veta de documentos fotográficos que se encuentran resguardados en las fototecas de nuestro país o en manos de privados, y que continúan sin ser explorados a profundidad. Aunque existen muchos estudios sobre fotografía, la realidad es que algunos acervos privados y públicos no cuentan con un inventario, y mucho menos con un trabajo de restauración, catalogación y digitalización de dichos materiales. Esto sucede, por ejemplo, con la colección privada de fotografías de Carlos Monsiváis (que se estima en más de veinticuatro mil piezas) que está siendo inventariada y ordenada por la dirección del Museo del Estanquillo en la Ciudad de México en coordinación con el Centro de la Imagen. Cuando esto finalice, la colección privada de Monsiváis será una fuente primaria de nuevas investigaciones en torno a la imagen y a la historia de México. La idea es que la colección tenga salida por medio de una exposición que, se espera, pueda ser presentada en el mes de octubre de este año.

Pero, ¿qué explica este interés por el resguardo de la fotografía en la actualidad en nuestro país? ¿Se están haciendo esfuerzos a nivel estatal por el rescate de acervos histórico-fotográficos? ¿Qué tanto énfasis se ha puesto en el estudio de la historia de la fotografía en los últimos años en nuestro país? Para contestar estas preguntas, se debe hacer hincapié en la creación de la primera Fototeca Nacional en 1976 (a partir de la adquisición del archivo Casasola por parte del gobierno) ya que ésta impulsó el interés por el resguardo y por el estudio de la fotografía en nuestro país.

La creación de las fototecas a nivel estatal e institucional desde la segunda mitad del siglo pasado, ha permitido un desarrollo en distintas áreas: restauración, archivística e investigación histórica. Lo que pretende el Sistema Nacional de Fototecas es «normar y coordinar las tareas de resguardo, conservación, catalogación y reproducción de los archivos fotográficos que el Instituto Nacional de Antropología e Historia y los archivos afiliados de otras instituciones, tanto públicas como privadas, con el propósito de contribuir a la protección y difusión del patrimonio fotográfico del país».[1] Algunas han dado pie al interés por la fotografía como un nuevo documento histórico a ser interpretado. El encargado de la Fototeca Juan Dubernard, menciona que «está conformada de principio por el acervo generado por los investigadores en los años sesenta, esto en relación a que fue creada la delegación  del centro regional Morelos-Guerrero en 1968». Se encuentra dentro del Centro INAH Morelos, que a su vez se encuentra en las instalaciones de la que fuera la Casa del Olindo, perteneciente a Maximiliano de Habsburgo durante el Segundo Imperio y localizada en Acapatzingo. El nombre de la fototeca se instauró en reconocimiento al ingeniero Juan Dubernard, quien donó su colección cultural al INAH en la década de 1970, entre la cual se encontraban registros fotográficos de conventos, haciendas y zonas arqueológicas del estado de Morelos. En ella se resguardan aproximadamente cuarenta mil piezas fotográficas. «Estamos precisamente en ese conteo para saber con cuanto material se cuenta. Se está haciendo una labor de normar precisamente esos trabajos, así como una labor de digitalización con las  normas establecidas por SINAFO», comenta Erick Alvarado.

Las fotografías resguardadas por la fototeca han sido parte de la producción realizada por investigadores del INAH, aunque también se han adquirido de colecciones privadas por medio de concursos y de donaciones. «A lo largo de estos veinte años se han  hecho concursos de fotografía. De principio, en 1995, se hicieron el concurso de Cuernavaca y un concurso en Cuautla, ambos celebrados entre el Ayuntamiento y el INAH. Posteriormente se realizó en Jiutepec en 1995 y en 1997». Los concursos no sólo han permitido que fotografías en manos de privados lleguen al acervo de la fototeca, además con ellas se han abierto nuevas posibilidades para una construcción de la historia regional. Al mismo tiempo, el acervo permite la investigación en torno a la capital y a otros estados.

En el caso del Fondo Carmen Cook, nombrado así por una arqueóloga de la primera mitad del siglo pasado que realizó investigaciones y estudios arqueológicos en distintos estados de la Republica Mexicana, y a quien pertenecían las fotografías, su colección está compuesta por material con temas familiares y material generado en su trabajo. La colección de Cook, según comenta Erick Alvarado, había estado protegida en la casa en la que Cook pasara sus últimos años de vida, en Amatlán de Quetzalcoatl, en Morelos, hasta que pasó a manos del INAH gracias al acercamiento que hubo con la antropóloga Gisele Canto. En su mayoría, «son retratos de funcionarios públicos inmiscuidos en la cuestión de la expropiación petrolera. También hay imágenes en las que se retrata mucho a los otros también, sin embargo, aún no hemos logrado identificar al fotógrafo».

Actualmente el equipo de la fototeca, integrado principalmente por Erick Alvarado y la antropóloga Xochitl Zambrano, trabaja en el inventario y la digitalización del material. Además de ello, comenta Alvarado «tenemos implementado un sistema de consulta automatizada, es decir, un catalogo electrónico en el cual todo público puede ver lo que tenemos. Para esta labor de gestión, nos hemos apoyado desde hace un año en Jorge Reyes, licenciado en informática, para llevar a cabo un proyecto que es el Centro de Información y Documentación. El objetivo principal es ligar lo documental y lo gráfico para que un usuario tenga acceso fácil al hacer investigación. La idea es que la fototeca se una al proyecto cid (Centro de Investigación y Documentación)».

Las labores de resguardo, restauración, catalogación y digitalización siguen en marcha y es importante observar que la creación de la fototeca no fue un hecho aislado, puesto que a finales del siglo xx hubo un interés generalizado por crear espacios propicios para el estudio de la imagen. El Centro de la Imagen, una de las instituciones más reconocidas en la actualidad, inaugura sus instalaciones en 1994, mismo año en el que se creó la Fototeca Juan Dubernard en Morelos con una muestra de la vi Bienal de Fotografía.[2] Al mismo tiempo, el interés por la fotografía, tanto antigua como contemporánea, responde a una necesidad de conocer más el pasado haciendo uso de fuentes visuales que permitan plantear nuevas preguntas, nuevas lecturas y nuevos espacios de difusión de la imagen.


[1] Información consultada en: http://sinafo.inah.gob.mx/pagina-ejemplo/mision-y-vision/
[2] Luna cornea, num. 33, pág. 69.


Autores
(Distrito Federal, 1991) estudió Historia en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Durante su carrera enfocó sus investigaciones a la fotografía del México decimonónico. Ha tomado cursos de retrato y fotografía digital en la Escuela Activa de fotografía y en la Facultad de Artes de la UAEM.
Secretaría de Cultura