Tierra Adentro

Generación X - Artículo original (fotocopia) - Firmado - Doug Coupland. Attribution-NonCommercial-ShareAlike 2.0

El miedo a envejecer como una nueva patología se inauguró en la década de los noventas.

La perspectiva de la cancelación del futuro fue la canción de cuna de la Generación X. Una crisis que moldeó un nuevo pesimismo, marcado por la rabia y el desencanto. Esto dio origen a un nuevo existencialismo: uno signado por la letra equis. Lo indefinido, lo condenable, lo que no importa.

El libro que mejor capturó esta crisis histórica fue la novela Generación X de Douglas Coupland. Una obra de ficción que bien puede leerse como un reportaje de televisión sobre tres personajes producto de su época.

A treinta años de su publicación, y de que su autor cumpla 60 (el cabello se le ha caído por completo así como MTV se ha traicionado así misma), Generación X ostenta el título como la primera narración decididamente pop de fin de siglo.

Por estos días en que el análisis de los 90s comienza a inundar las pantallas de streaming, el documental sobre Woodstock 99 abunda en la rabia juvenil que estalló durante el festival, habrá que revalorar Generación X. Si bien es cierto que no ha envejecido del todo bien, como la otra gran novela sobre la maldad inherente a los 90s, American Psycho, y que su presencia en librerías no ha gozado de tantas reediciones como la obra de Easton Ellis, en Generación X Coupland fue un visionario al vislumbrar que se encontraba ante el fin de la historia.

Todas las décadas regresan, los cincuenta, sesentas, setentas, ochentas, pero la última en experimentar la reapropiación cultural sería los noventas. A partir de entonces, las modas se han convertido en un loop. Coupland fue un pionero que atisbó el reciclaje histórico. El énfasis de sus personajes por la frivolidad del consumismo, la tecnología y la abulia lo convirtieron en un vanguardista, pero al entronizar el vacío en realidad estaba narrando la decadencia de la cultura occidental.

Coupland fue el primero en olfatear la macdonalización del mundo. Los macjobs que pueblan la narración son el único subterfugio para una generación que consume eslóganes como los yuppies esnifaban chatarra corporativa: “Tú no eres tu ego”.

Ambientada en Palm Spings, Generación X emplea la metáfora del desierto como único escenario probable para la melancolía (entonces) moderna. Pese a la futilidad de la época, nada vale verdaderamente la pena para luchar por ello, la novela parece desarrollarse en un set de televisión, con anuncios a todo lo ancho de la página. Las vidas de los personajes no son memorables en absoluto. Pero las leyes del juego han cambiado. Ahora para aparecer en televisión no hace falta ser hermoso, basta un look zarrapastroso, una camisa a cuadros y unas botas de leñador, un atuendo grunge.

Emparejado a la desazón imperante, el 91 trajo un estallido musical que sería el soundtrack ideal para los antivalores postulados por Generación X. Es el año en que se lanza Nevermind, a la par de otros discos de rock alternativo. Como bien lo dice el nombre del documental de Sonic Youth: es el año que el punk la rompió. Sería la última gran década que viviría un renacimiento musical digno de ser adherido al corpus del ROCK con mayúsculas. Y Coupland, Easton Ellis y Palahniuk sería sus principales filósofos.

A estos tres autores les ocurrió lo mismo que le sucede a las bandas de rock: de no figurar en el mapa pasaron a convertirse en celebridades. Era algo que no ocurría hacía tiempo en el campo de literatura, que un escritor fuera tratado como de estrella de rock.

En el documental de Woodstock 99, al ver los destrozos del público, Jewel afirma: “la gente de mi generación estaba enfadada y no sabía por qué ni contra quién”. Para entender por qué el festival se salió de control, y por qué estaban enfadados los asistentes, hay que acudir a Generación X. Ahí está la raíz. El terror a envejecer, el pánico al no future explica la debacle ocurrida durante el festival. Algo que ya no ocurriría ahora. En el presente las generaciones están lo bastante domesticadas por el sistema como para rebelarse por sí mismas.

Cuando Jewel se refiere a la gente de su generación parece referirse al público, pero los músicos mismos también estaban encabronados con el orden de cosas, así lo deja ver la reacción de Anthony Kids de los Red Hot Chili Peppers cuando uno de los organizadores del festival le pidió que tratara de apaciguar al público. Su reacción fue que la banda tocara “Fire” de Jimi Hendrix para añadirle más combustible al caos.

Generación X marca el inicio de toda esa era de inconformidad que se avecinaba. No es una obra del todo inocente. En su interior abundan las claves para comprender todo el deterioro social que se viviría durante todos los 90s. Así como los sesentas terminaron en Altamont, los noventas lo hicieron en Woodstock, donde también hubo un muerto, con un marco más enrarecido debido al fin de milenio. El 2000 estaba a la vuelta de la esquina y había que sacar la ansiedad por ese cambio de forma violenta.

“Stop a la historia”, clama Generación X en el interior de sus páginas. Su autor no sabía que su petición sería escuchada y se convertiría en realidad.

 

 

 

 

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