Tierra Adentro

 

Hace 30 años se estrenó New York Stories (Historias de Nueva York, 1989), un extraño experimento cinematográfico a cargo de tres probados neoyorquinos: Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Woody Allen. Tierra Adentro le pidió a Bruno Villar una valoración de la película con motivo del aniversario.


 

 

Existen artistas cuyo inmenso genio, talento y capacidad para contar historias y transmitir emociones está más que probado. Son creadores que suelen emocionarte, y cuyas nuevas creaciones esperas con entusiasmo y la ilusión de no ser decepcionado. A veces, estos genios se juntan para crear algo en conjunto y el producto suele palidecer a comparación de los trabajos que hacen individualmente. Esto me sucede con los discos de los Traveling Wilburys o con aquel disco titulado Riding with the King, que hicieron Eric Clapton y BB King. Y no es que no me hayan gustado o me parezcan malos, pero es evidente que no están a la altura de lo que se espera sea el resultado de la colaboración de esos artistas, poseedores de trayectorias tan sublimes.

 

Algo parecido me ocurre con Historias de Nueva York (New York Stories, 1989) película que reúne a tres directores cuya genialidad no está puesta en duda: Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Woody Allen. Tres neoyorquinos icónicos que han retratado la ciudad a través de sus obras, a veces, casi siempre, con amor y una belleza exultante, otras veces desde el desamparo y la crueldad, mostrando el lado más oscuro de la existencia. Tres directores que han hecho de Nueva York algo más que un simple escenario donde ambientar los dramas y los dilemas que ocurren a los personajes de sus historias, que han trascendido y logrado hacer de la ciudad un verdadero emblema de sus filmografías.

Pero no solo de sus filmografías, también de nuestra memoria cinematográfica. No existe cinéfilo que no conozca Nueva York aún si haber estado ahí jamás. La cinefilia, a través de las imágenes de todas aquellas películas vistas, crea un mapa mental de las calles, los edificios, de Central Park. Y estos tres señores han sido responsables, en gran medida, de esto.

El Nueva York de Scorsese, un Nueva York que da miedo, un Nueva York nocturno. El Nueva York de Taxi Driver y de Mean Streets.

El Nueva York de Woody Allen, el del Upper East Side y Brooklyn, el de Hannah y sus hermanas y Annie Hall. Ese Nueva York retratado en el blanco y negro más potente que jamás se recuerde en una película, con las primeras notas de la Rapsodia en Azul de fondo y una voz en off que te dice: “Capítulo uno. Él adoraba la ciudad de Nueva York, la idolatraba fuera de toda proporción, la romantizaba fuera de toda proporción. Para él, sin importar qué estación era, ésta aún era una ciudad que existía en blanco y negro y que latía al son de las melodías de George Gershwin. Nueva York era su ciudad. Y siempre lo sería.”

O el Nueva York de Coppola, el de El Padrino o La Conversación.

Historias de Nueva York reúne tres mediometrajes a modo de homenaje a la ciudad estadounidense: Apuntes al natural (Life Lessons, de Martin Scorsese), Vida sin Zoe (Life without Zoe, de Francis Ford Coppola) y Edipo reprimido (Oedipus Wrecks, de Woody Allen).

Se trata de tres historias diversas, completamente distintas entre sí, que no muestran punto alguno de conexión, sin nada que las una ni que permita construir un discurso cinematográfico en común, lo que la convierte en una obra un poco informal, pero también es precisamente allí donde reside su riqueza: en la variedad de estilos e historias que en ella se pueden encontrar. Se podría hablar de pinceladas menores de grandes autores, a excepción de Apuntes al natural, el capítulo filmado por Scorsese, el cual sobresale en la película y funciona como una película independiente, que tiene vida por sí misma.

Apuntes al natural cuenta la historia de un reconocido artista plástico (Nick Nolte) y la atormentada relación con su asistente (Rosanna Arquette) de la que está enamorado. Se trata de el episodio más destacable de la película y supone una rareza dentro de la filmografía del propio Scorsese, poco habituado a sumergirse en este tipo historias, alejado de las mafias y los gangsters. En Apuntes al natural la ciudad toma importancia en la medida en que los propios personajes se la dan. El dilema de la protagonista, que consiste en abandonarlo todo, incluida la ciudad, expresa, de mejor manera que los otros dos mediometrajes, lo que significa Nueva York para mucha gente.

 

Vida sin Zoe, una especie de cuento de hadas escrita por Sofia Coppola, hija del director, cuando era apenas una niña y cuenta la historia de Zoe, una niña millonaria cuya misión en la vida es conseguir que sus padres, casi siempre ausentes, se reconcilien, es el episodio más flojo de los tres, casi olvidable.

 

Woody Allen, quien suele atinar en más ocasiones de las que suele no hacerlo, firma la entrega más divertida, hilarante y surrealista de la película, al contar la historia de un hombre agobiado por la relación que lleva con su madre. Es Woody en estado puro.

 

El resultado es bastante desigual, siendo Scorsese quien sale mejor parado de los tres y Coppola quien corre con menos suerte. Woody Allen divertido, a secas. Historias de Nueva York no logra hacer justicia a la ciudad a la que tantas veces han hecho honor estos tres grandes cineastas.

Secretaría de Cultura