Tierra Adentro

Fotografía: Salvador Castañeda. H / SC-INBA

En esta entrevista, concedida durante la promoción del libro Cervantes & compañía, Ignacio Padilla reflexionó sobre el autor del Quijote, y la manera en que influyó en su vida y en su obra.

En contra de las lecturas acartonadas que genera la visión de que los escritores clásicos son nuestro santoral laico, Ignacio Padilla reunió en Cervantes & Compañía (Tusquets, 2016) cinco trabajos que analizan distintos problemas sobre la obra de Miguel de Cervantes Saavedra. Algunos de estos textos, como «La aritmética de Cervantes» y «Elogio a la impureza», ya habían sido dados a conocer por el autor en el coloquio del Museo Iconográfico Cervantino convocado por Eulalio Ferrer, y en su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua en 2012, respectivamente. Si bien el libro tiende más a un análisis de las preocupaciones teóricas, críticas y de recepción de la vida y literatura del alcalaíno, Padilla se sirvió de un estudio complementario de la biografía y obra de William Shakespeare para exponer cómo los dos escritores cumbre de la lengua española y de la lengua inglesa, a pesar de compartir época, tuvieron condiciones de creación y aceptación casi diametralmente opuestas.

Padilla, sin perder su carácter de cuentacuentos, narró y analizó polémicamente las circunstancias bajo las que tanto el bardo inglés como el español produjeron sus obras literarias más notables; para ello contendió contra diversos críticos legendarios, entre ellos Harold Bloom, Margit Frenk, Francisco Rico, Ron Rosenbaum, Jean Canavaggio, Francisco Márquez Villanueva y Juan Bautista Avalle-Arce.

Más allá de esto, Padilla contestó en su libro a diferentes polémicas éticas y estéticas con las que se ha intentado enjuiciar al «Manco de Lepanto». En su intento por salvar del cadalso al autor del Quijote, Padilla llamó a los lectores a recordar que el padre de nuestra lengua no es intachable sino ferozmente humano.

Además del 400 aniversario luctuoso de Shakespeare y Cervantes, ¿qué te llevó a realizar este libro?
Es antiguo mi recorrido por las obras de ambos autores. En Escocia, mientras trabajaba en la obra de Shakespeare, hice mi lectura de madurez de la obra de Cervantes. De modo que esta pasión por ambos clásicos me nació de manera conjunta, y desde entonces me ha acompañado en cada una de las fases de mi vida, tanto personal como literaria y académica. Había escrito algunos textos cervantinos que no podían entrar en un proyecto ensayístico amplio llamado El diablo y Cervantes. De modo que, al aproximarse la celebración del cuarto centenario de las muertes de ambos autores, decidí entregar a mi editor esta compilación que en buena parte reúne mis quijotadas, obsesiones y opiniones sobre Cervantes por espacio de casi veinte años.

Me parece que en el libro hay una suerte de militancia en pro de recuperar a Cervantes como persona y desplazar la visión que se tiene de él como un dios intocable. Más allá de la importancia que dicho prejuicio puede tener sobre la crítica especializada ¿de dónde viene esta preocupación tuya de luchar contra la devoción acrítica?
Como cualquiera, crecí en un ámbito que dio por leído al Quijote y que se convenció de la idea de que el caballero era un personaje positivo y romántico, triunfador absoluto. Cuando al fin me enfrenté a la obra descubrí cuán lejos estábamos de entender a un personaje que sin duda es más completo, más rico que eso. Me aterró descubrir que habíamos reducido a don Quijote y a Sancho a una mera alegoría, cuando el Quijote, como la vida y los clásicos, es cualquier cosa menos una alegoría. De allí parte mi quijotesca— por inútil— campaña por devolver a don Quijote y sus compañeros un carácter, una complejidad humana que se encuentre más allá de la representación y que nos permita entenderlo y entendernos mejor a través de ella, seamos académicos o escritores, o simples lectores de a pie.

En el primer capítulo contrastas el protagonismo que tiene Cervantes en sus textos con la fantasmagórica presencia de Shakespeare como autor de sus obras. ¿Crees que para el lector no especializado la presencia autoral de la que hablas influye en su lectura de una manera distinta que en el lector profesional?
Creo que todo influye sobre la lectura, también esto. La ubicuidad de Cervantes en su obra interviene en cómo la leemos, así como la presencia de la ausencia de Shakespeare en la suya nos afecta en pareja medida. Para el lector común la figura de un autor es aún más importante que para un académico. Nos gusta pensar que alguien escribió una obra dada, preguntarnos qué pensó y como vivió su propia obra. Saber poco o mucho de un autor determina sin duda una parte —sólo una parte— de nuestra experiencia lectora de los clásicos.

cervantes

En tu libro mencionas el carácter atormentado de Cervantes y varios acontecimientos problemáticos de su vida. Ya que siempre te ha gustado hablar de monstruos, ¿cuál consideras su mayor demonio?
He dedicado muchos años a estudiar y ensayarme en la religiosidad y la psicología de Cervantes, así como en la de sus personajes. De esa obsesión han nacido ya tres volúmenes: El diablo y Cervantes, Cervantes en los infernos y Los demonios de Cervantes. Los monstruos del autor y de sus personajes, no menos que de su época y de la nuestra, los he reunido bajo la idea demoniacoangélica, pero en realidad creo que los monstruos, los demonios de autores y personajes, son sobre todo los que llevamos dentro, los que determinan cómo nos resignamos o cómo nos enfrentamos a la vida, a las instituciones, a nuestras decepciones, amores y sueños. El monstruo nos muestra, y la literatura, en cuanto espejo, en sí misma es monstruosa.

En los textos reflexionas sobre la cercanía de Cervantes y Shakespeare con nuestra cultura y explicas que Shakespeare está más arraigado a nuestra tradición gracias a que medios como el cine o la televisión permiten su adaptación. ¿Cuáles son las imposibilidades que encuentras en llevar fielmente el Quijote u otros textos cervantinos a estos medios?
El Quijote se basa en un efecto de irrealidad dentro de la realidad literaria que lo vuelve refractario a la adaptación. Además, es un texto ante todo episódico, lo cual impide adaptaciones cinematográfcas (creo que es más adecuado, por ejemplo, para las versiones televisivas).

En otra entrevista mencionaste que la errónea lectura romántica que se tiene del Quijote se debe a los alemanes, ¿por qué?
Los románticos alemanes, con Goethe a la cabeza, leyeron el Quijote sin una de las herramientas indispensables para mejor comprenderlo: el humor. El pensamiento romántico, especialmente a partir de Schelling, era maniqueo y reduccionista, con trabajos toleraba la ambigüedad, no digamos el realismo. De esta suerte, don Quijote queda consagrado como símbolo del ideal y su escudero como alegoría de la realidad. Ningún personaje clásico merece que se le reduzca a la signifcación de nada.

Has dicho antes que pocos siglos se parecen tanto al Siglo de Oro español como la llamada Posmodernidad, lo que parece hacer del Quijote una novela vigente para nosotros. ¿En qué encuentras el parecido?
Son numerosísimas las semejanzas. En ambos casos se trata de épocas de virtualidad, enmascaramiento, encumbramiento de lo irreal ante el derrumbamiento de la realidad. En ambos casos se vive un barroco propicio para el mundo después del fin del mundo.

Pasando a temas más personales, ¿de dónde viene tu obsesión por Cervantes?
Me emociona esta obra tan cercana pese a ser antigua. Mi patria es mi lengua, y el rey de esa lengua, imperfecto y genial como es, fue sin duda Cervantes. Como lector y como escritor, debo muchísimo al Quijote.

¿Cómo ha influido Cervantes en tu escritura creativa?
En todo, supongo, aunque no es el autor que más me ha influido. Por detrás de Borges y muchos otros autores contemporáneos en español, Cervantes me ha servido sobre todo para apuntalar mi idioma, mi discurso y mi imaginario.

En el libro mencionas que eres un «cuentacuentos». ¿Consideras que tu capacidad imaginativa, tu trabajo como escritor creativo, influye cuando escribes textos más académicos o ensayísticos, como es el caso de Cervantes & Compañía?
En realidad, el término «cuentacuentos» en México se limita a los narradores orales. Quizás debería decir «contador de historias» o físico cuéntico. He escrito largamente sobre por qué creo que me siento más a gusto y expreso mejor mis neurosis en el relato breve, antes que en la novela, que es para gente más laxa. Sí, creo que mis ensayos, como mis novelas y mi teatro, son siempre textos vistos, pensados y escritos desde lo único que soy, que es eso, un contador de historias.


Autores
(Ciudad de México, 1994), se dedica al periodismo cultural. Ha publicado varios artículos sobre literatura y arte en distintos periódicos y revistas culturales.
Secretaría de Cultura