Tierra Adentro

Ilustración realizada por Eduardo Ramón Trejo

A medio siglo de la famosa declaración de Nixon1en la cual “Estados Unidos designaba como el enemigo público #1 al abuso de drogas”2, la política antidrogas estadounidense daría un cambio considerable a aumentar las penas y la persecución tanto a consumidores como a traficantes, esto sin duda tendría consecuencias para todo el mundo, pues el poderío económico e internacional norteamericano impulsaría a muchos otros países a adoptar medidas similares, ello con sus respectivos resultados cuestionables en su eficacia y contradictorios en otros casos.  Sin embargo, antes de explicar todo esto es necesario hacer una breve recopilación de la historia de las drogas y su seria regulación hasta antes de la segunda mitad del S. XX.

 

Drogas y capitalismo en los siglos XIX y XX

La principal droga3 comercializada en un principio como medicamento en numerosas preparaciones (como el Láudano, tintura hecha con alcohol y opio) se basó principalmente en el empleo de la goma obtenida de los bulbos de la adormidera, al ser raspada con una navaja y la resina colectada y secada para obtener la sustancia que hoy conocemos como opio. Éste último, fue empleado desde tiempos precristianos como un eficaz analgésico, narcótico, antiemético, antidiarreico y antitusivo entre otras propiedades, no obstante, desde entonces se documentaron las propulsiones adictivas de quienes lo consumían de manera reiterada, y ello nos remite al siguiente cuestionamiento: ¿si ya se tenían identificados los efectos adictivos del opio, por qué nunca llegó a haber tal cantidad de adictos y efectos nocivos para la sociedad derivado de esta sustancia?

Esto, por lo menos desde nuestra perspectiva tiene dos respuestas, una relacionada a la tecnología y otra a la economía.  En el caso de la primera, tenemos que derivado del gran proceso científico y tecnológico ocasionado por la revolución industrial (S. XVIII-XIX), grandes avances y descubrimientos se realizaron en el campo de la química, la física, biología y otras ciencias naturales y sociales, de las cuales, dos productos fundamentales vendrían a acelerar el impacto negativo del opio en la salud pública mundial, por un lado, tendríamos la pipa y la aguja hipodérmica.

Relacionado a dichos inventos, se demostró que la potencialidad con la cual la droga actuaba sobre el organismo era mucho mayor al calentar la sustancia e inhalar los humos para absorber los alcaloides del opio vía pulmonar directo al torrente sanguíneo, y para la aguja hipodérmica, no solamente se descubrió que la droga podía entrar de manera directa al cuerpo vía sanguínea, sino que gracias a los avances hechos hasta el momento en química por dicha revolución industrial, se pudieron generar derivados del opio (llamados opioides) como la morfina y la heroína, cuyos efectos ya conocidos necesitaban de menor cantidad de sustancia para actuar sobre el cuerpo, pero también pudieron desarrollarse derivados del opio de carácter sintético (opiáceos) como la metadona, el fentanilo, la oxicodona y el carfentanilo entre muchos otros, que necesitaron inclusive mucho menos sustancia para producir un efecto. 4

Desgraciadamente, esto también tuvo repercusiones negativas en materia de salud pública en EE. UU., Europa y Asia principalmente, pues el empleo recreativo del opio y sus derivados ya fuese inhalado o inyectado generaría un aumento preocupante en el número de adictos a esta droga a inicios del S. XX. Lo anterior nos lleva al segundo punto de nuestra respuesta, el aspecto económico, para ello sirva de ejemplo el caso de las Guerras del Opio (1839-1842, 1856-1860), caso abierto del más puro imperialismo mercantilista 5ejercido por las potencias mundiales durante todo el S. XIX, y que tendría como uno de sus resultados a principios del siguiente siglo la generación de dos Guerras Mundiales que abordaremos en su momento.

Regresando al caso de las Guerras del Opio, en términos generales, Inglaterra (potencia dominante en ese entonces), comerciaba con té, jade y seda hacia su territorio, y a cambio proveía de plata a la China del Imperio Qing, pero, ello no resultaba tan favorable en términos económicos para el gobierno de la Reina Victoria, por tanto, decidieron sustituir en dicha dinámica de intercambio el opio a costa de la generación de un sinnúmero de adictos chinos.

Al ver que aquello se convertía en un azote para la salud de su pueblo, el emperador decidió clausurar todos los lugares en donde los europeos distribuían la droga, y declarar abiertamente una guerra en contra del opio en China. Ello sin duda no gustó a las potencias involucradas (Reino Unido, EE. UU.6y Francia) y decidieron forzar por medio de las armas (gracias a una superioridad militar considerable) al imperio chino a pagar reparaciones a los empresarios afectados, generar zonas especiales para el comercio irrestricto británico y europeo, y posterior al segundo enfrentamiento, la legalización en territorio chino de la venta y consumo del opio. Después de aquellos conflictos, el uso recreativo del opio y su posterior adicción fue exportado principalmente a EE. UU., pues aquel país en ese entonces se encontraba en plena expansión territorial e industrial, por lo que muchos inmigrantes europeos y asiáticos (chinos mayoritariamente) acudirían al oeste norteamericano para trabajar en la construcción de los ferrocarriles que conectarían al territorio de océano a océano.

 

El inicio del problema para Estados Unidos (y el mundo)

 Hacia principios de 1900, el problema de adicción a los opioides en EE. UU. no solamente estaba confinado al consumo en fumaderos de opio7, sino también a mujeres (ellas representaron un mayor segmento de población de esta epidemia de adicción8) que, bajo prescripción médica para dolores relacionados a la menstruación, jaquecas, dolor dental etc. Recurrieron al uso reiterado de opioides como analgésicos que a la postre derivaría en adicción.

Esto aunado al comercio desregulado mundial de opio y a una inestable situación estadounidense en Filipinas (causado en parte por una epidemia de adicción al opio), recién arrebatada a España luego de la Guerra de 1898, llevó al gobierno de Teodoro Roosevelt (1901-1909) a crear una de las primeras legislaciones orientadas a la regulación de las drogas. En 1906, se aprueba en el congreso estadounidense la “Pure Food and Drug Act” que junto a la legislación británica de 1868 (Pharmacy Act) constituyeron los primeros intentos serios de cualquier país del mundo en atender el problema en ciernes relacionado al control e información al consumidor sobre el contenido de medicamentos y alimentos9, así como para generar consciencia respecto al uso indiscriminado de drogas como el opio, el cannabis y la cocaína entre otras.

Dentro de este periodo, también es notable los primeros esfuerzos auspiciados por Washington para convocar a los países (con la 1ª y 2ª Convención del Opio en Ginebra) a firmar para inicios de 1912 un tratado orientado a regular el abuso en el consumo de opioides y cocaína, al igual que nuevas sustancias susceptibles a generar situaciones de abuso similar. Firmado por representantes de Rusia, Francia, EE. UU., Inglaterra, Italia, Japón, Holanda, Persia, Portugal, Siam y China constituyó el primer acuerdo no vinculante, pero que expresaba el interés de varios grandes productores de opio en ese entonces de atender la cuestión planteada por el gobierno estadounidense.

Paralelo a esto, en territorio norteamericano se aprobaba en 1914 (Acta Harrison) por vez primera una ley orientada a regular, la producción, distribución y tasación de la importación de opioides y cocaína, cuatro años después de esto, el congreso pasaba el Acta Volstead que para 1920 y hasta 1933 dejaría a un Estados Unidos cortado legalmente de consumir de manera libre alcohol y drogas. Los efectos no se hicieron esperar, pues ya para 1915 el precio de 1gr de heroína pasaría de costar 23¢ de dólar a 3.5$, y para el caso del alcohol queda el recuerdo popular y mediático de la mafia estadounidense comandada por grandes capos como Al Capone, los bares clandestinos o speakeasy, y la fastuosidad y el hedonismo desbordado plasmado por novelas como El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald por citar solamente algunos ejemplos. Más allá de ello, el fenómeno del tráfico ilícito de drogas, junto con los efectos a la salud pública obtendrían mayor fuerza, sino también la capacidad financiera y coercitiva de grupos criminales en Estados Unidos, y el cual no solamente se vería limitado a este país, sino a muchos otros que siguieran el mismo camino de la legislación punitiva y restrictiva de control sobre las drogas.

Es preciso de igual forma notar que tanto la Primera como Segunda Guerras Mundiales (1914-1918 y 1939-1945) servirían como los campos de prueba de no solamente nuevas formas de exterminio humano, sino que se evidenciaría de manera amplia los efectos negativos del abuso de analgésicos derivados del opio, y peor aún, el desarrollo industrial farmacológico privado y gubernamental echaría ojos a la experimentación de nuevas medicinas y drogas en soldados10.Al término de aquellos conflictos y con el inicio de uno de carácter mayor que involucró a la mayor parte del mundo (Guerra Fría), EE. UU. comenzaría una política dual y en algunos casos contrapuesta, la cual por un lado se fijó en establecer controles más severos en el tráfico y producción de drogas, pero por otro lado siguió alentando el desarrollo civil y militar de medicamentos y drogas. Como uno de los grandes vencedores de la Segunda Guerra Mundial, EE. UU. no solamente contribuyó a la recuperación de las naciones devastadas con la guerra, codificó también un nuevo corpus de derecho y comercio internacional en el que tuvieran mayor participación y vinculación todos los países del mundo. Y el aspecto de las drogas no fue la excepción.

En 1946 se firmaba el Protocolo del Lago Success, con el cual la idea del fundamento prohibicionista de regulación de las drogas se haría extensivo a todo el globo, no obstante, sería hasta 1961 que convenios legales internacionales, que servirían como guías de gobernanza a los demás países miembros de la ONU, verían la luz al margen de la Convención Simple en Drogas Narcóticas, la cual el uso, producción y comercio de aquellas sustancias se limitaba a fines científicos y médicos. Mientras esto último pasaba, el mundo entero entraba en una nueva fase en el consumo de drogas, impulsado por la recuperación europea de la segunda posguerra y la crítica a los valores tradicionales hechos por los jóvenes de aquella época agrupados varios de ellos en la corriente hippie, no solamente cuestionaron el modo de actuar de sus gobiernos, sino asuntos multifactoriales como la guerra, el amor, la música y el arte por mencionar unos cuantos, empero, el problema de abuso de sustancias continuaba bajo el cobijo del tráfico ilegal internacional.

 

Los 60 y las drogas sintéticas, un añadido

La prosperidad económica experimentada en Estados Unidos, lo colocó al frente del escenario mundial como potencia dominante en términos económicos  y comerciales a partir de la segunda mitad del S. XX, sin embargo, este crecimiento vendría a ser cuestionado por su papel intervencionista en múltiples conflictos regionales como la Guerra de Corea, las dictaduras y guerrillas en Latinoamérica, el proceso de descolonización e independencia en África y el Sureste Asiático, especialmente con su participación en la Guerra de Vietnam (1955-1975), pues ello no solamente generó muerte y sufrimiento a la población local, de igual forma, miles de soldados heridos generarían una vez más adicción a los opioides, aunado a esto, millones de jóvenes de la clase media estadounidense en expansión comenzarían a encontrar nuevas formas de “protestar contra el sistema”, una de muchas sería el consumo de drogas, incluidas las de carácter sintético de desarrollo reciente como el LSD.

 

El inicio de la cruzada antidrogas:1971-2000

Hacia fines de la década de los 60, el equipo de campaña de Nixon identificó a dos opositores a la futura administración: la comunidad afroamericana y la izquierda radical anti-guerra (de Vietnam), para hacerles frente y someterlos al control judicial, Nixon empleó el uso de marihuana a la comunidad hippie y la heroína a la afroamericana con los respectivos costos legales y sociales incorporados a su declaración respecto a la “guerra contra las drogas”11.Para llevar a cabo tan ardua tarea, el gobierno de Nixon creó la Administración de Control de Drogas (DEA), dependiente del Departamento de Justicia de EE. UU. y ya no de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA), con lo cual se daba el giro punitivo al consumo, distribución y producción de drogas en territorio estadounidense.

Aunque realmente la política antidrogas durante la presidencia de Nixon se orientó hacia la rehabilitación de los afectados y no tanto a la persecución de consumidores y productores, y con las eventuales presidencias de Gerald Ford y James Carter (1974-1981), en el plano internacional se prepararon nuevas convenciones de drogas (1971) en la que se incluían (y tomaban de la ley norteamericana) la clasificación de sustancias conforme su grado de adicción y su potencial para el abuso, esto con el propósito de tomarlo en cuenta para el eventual control de la venta y distribución por parte del gobierno hacia la sociedad. Sin embargo, durante toda la década de los 70, se gestaría un problema mayor que el propio opio en su momento, en América Latina se comenzaría a producir de manera industrial una droga ya conocida pero que a la postre resultaría una de las preferidas por el mundo del espectáculo y los mercados estadounidense y europeo: la cocaína.

Durante las administraciones de Ronald Reagan y George Bush (1981-1993) la política interna antidrogas en EE. UU. tomaría un carácter persecutorio y punitivo en su mayoría, pues encabezada por la DEA, todo traficante y consumidor de alguna sustancia prohibida sería condenado a servir penas de cárcel, así el flujo de condenados en el país aumentaría considerablemente. Mientras tanto, en el exterior el gobierno de Washington promovería una política dual respecto al tráfico de drogas, por un lado combatiría de manera abierta y encarnizada en Colombia a los cárteles de Medellín y de Cali, liderados por uno de los narcotraficantes más famosos de la historia, Pablo Escobar, lo cual también le permitiría establecer una presencia y apoyo militar en dicho país contra movimientos guerrilleros de orientación socialista (apoyados de manera encubierta por Cuba y la URSS) de carácter casi permanente, pues hoy en día la colaboración militar y de seguridad entre ambos países se mantiene.

Por otro lado, y de manera paradójica durante este periodo, EE. UU por medio de la supuesta 12participación de agencias nacionales como la CIA, orquestarían planes de financiamiento ilegal por medio de la venta mundial de cocaína y heroína para financiar grupos contrarios a todo aquel de ser sospechoso de tener tendencias de izquierda o suponer una amenaza socialista para la influencia norteamericana en el mundo, esto bajo el margen de la última recta de crudo enfrentamiento entre las dos superpotencias de la Guerra Fría: la URSS y Estados Unidos. Es así como movimientos como los Muyahidines de Afganistán (1989), los contras en Nicaragua (1979-1990), facciones de los cárteles colombianos, y hasta gobiernos nacionales como el de Manuel Antonio Noriega en Panamá (1983-1989) encontraron bajo el cobijo de la CIA una fuente de ingresos constante y elevada, pues al tener leyes prohibiendo la distribución y tráfico, el precio se mantendría alto ante una demanda en crecimiento.

Para la última década del S. XX, la política antidrogas de EE. UU durante el gobierno de William Clinton (1992-2000) a pesar de tener orientación demócrata, continuó la misma línea de captura y persecución a traficantes y consumidores de drogas, sin embargo, a pesar de todos los miles de millones de dólares invertidos en operaciones nacionales y extranjeras para combatir el problema, nuevos elementos vinieron a agregarse y agravarlo, de los cuales destaca el aumento sostenido en el desarrollo y distribución de drogas de diseñador enteramente sintéticas (que buscan emular los efectos narcóticos, estimulantes o analgésicos de sustancias tradicionales como la heroína o la cocaína), y que conllevaron un mayor riesgo a la salud de los consumidores, pues al no estar regulada su producción, cualquier sustancia, venenosa para el organismo inclusive, era empleada para aquellos procesos peligrosos de manufactura de diversas drogas, y que en la actualidad permanece como una constante ante el panorama prohibicionista imperante.

 

Actualidad de la lucha: 2000- en adelante

 Al inicio del nuevo milenio, y tras casi 60 años de lucha conjunta de distintos países del mundo encabezados por EE. UU, los resultados no eran muy esperanzadores, pues el problema del tráfico y la criminalidad aunada a ello se trasladaban en Latinoamérica de focalizarse en el sur (Colombia) a trasladarse gradualmente hacia sus propias fronteras (México), pues con la caída de los grandes capos sudamericanos, el poder de los narcotraficantes mexicanos crecía al apoderarse de las rutas y el desarrollo de una compleja red de tráfico, empezando por los  productores en los campos, hasta la corrupción de funcionarios medios y altos en la administración nacional. Todo lo anterior, junto con una renovada política militarista y de persecución criminal ejecutada por las administraciones de George Bush y Barack Obama (2000-2016) vino a inflamar todo el territorio mexicano y desatar una ola de violencia sin precedentes en el país, desbordándose aquella hacia Centroamérica y generando un nuevo proceso de flujos migratorios hacia EE. UU.

 

Mientras todo ello ocurría en el continente americano, en Europa, diversos países comenzaron a separarse de la política dictada por Washington relativa a las drogas, pues Portugal (2001) y Dinamarca (2010)13comenzarían a ejercer un nuevo método de acercamiento al problema, el cual estaría centrado principalmente en descriminalizar al consumidor y en vez de ello ofrecer tratamientos orientados a considerar el uso y abuso de drogas como un problema de salud pública y no de seguridad y justicia. En ese tenor, diversos gobiernos europeos, como Alemania (2000), Noruega (2010), República Checa (2013), Irlanda (2015) siguieron el ejemplo portugués de descriminalización y en sustitución a ello optaron por campañas de prevención de adicciones, junto con facilidades a consumidores para reducir los daños a la salud (uso de jeringas, prevención de sobredosis, programas de tratamiento etc.) individual y colectiva. Adicionalmente a ello, diversos estados de la Unión Americana han legislado de manera local para descriminalizar y legalizar en algunos casos el consumo de sustancias como la marihuana, de los cuales destacan Colorado (2012), Washington (2012), Oregon (2014), Alaska (2014), DC (2014), California (2016) e Illinois (2019). Como resultado principal, al asumir el control estatal la distribución y el consumo de dicha droga, las ganancias en materia tributaria aumentaron y ellas pueden dedicarse a proyectos de infraestructura pública, incluyendo programas de tratamiento para personas adictas.

Desafortunadamente, en muchos países (incluido México), especialmente aquellos que producen diversas drogas ilegales para consumo estadounidense o europeo, la actual política sigue centrada en un solo eje orientado al combate frontal a la producción, consumo y tráfico, lo cual a nuestro parecer contribuye a fortalecer el poderío de los grupos criminales que controlan aquella actividad pues al ser un elemento prohibido, solamente ellos tienen el monopolio para su venta con ganancias extraordinarias pues ese propio carácter ilegal dispara el precio ante una constante y creciente demanda. Con esto último me gustaría ofrecer una serie de conclusiones al respecto del control de drogas: Actualmente, es más que evidente que la estrategia de criminalización y prohibición total de las drogas está destinada al fracaso, los resultados materiales y criminales son prueba de ello. De seguir por este camino solamente podemos esperar el recrudecimiento y el perpetuo traslado de centros de narcotráfico mundial hacia distintos lugares del orbe, con sus daños colaterales derivados (violencia, diversificación criminal del narcotráfico, militarización de actividades de seguridad pública etc.) sin resultados contundentes hacia el triunfo.

Con los programas políticos ejecutados previamente por diversos países y estados de EE. UU, se tiene un laboratorio invaluable del cual pueden tomar nota otras naciones, incluidos nosotros, para recabar información que nos permita establecer nuevas formas de abordar el problema del consumo y tráfico de drogas, ello en el sentido de ofrecer una política que no tienda ni a relativizar el consumo como algo bueno y benéfico para la salud pública, pero tampoco a una que tienda a prohibirlo de manera total desde una óptica cuasi paternalista de gobierno, en su lugar, es preciso encontrar una tercera vía que establezca una especie de balance entre ambas perspectivas. Pero, y con ello me gustaría terminar, es imperativo no olvidar que cualquier solución destinada a resolver un problema tan complejo en los últimos dos siglos, debe de tener una esencia integral, pues no solamente es menester de la potestad estatal contribuir a su abordaje y solución, sino también a la sociedad como individuo y ente económico (grupal y solitario), político y social.

 

 

Bibliografía

Winter, Jerrold, Our Love Affair with Drugs: The History, the Science, the Politics, Oxford University Press, EEUU, 2020.

 

Gahlinger, Paul M., Illegal drugs: a complete guide to their history, chemistry, use, and abuse, Plume, EEUU, 2004.

 

Armenta, Amira y Jelsma Martin, The UN Drug Control Conventions: A Primer, 8 de ocatubre de 2015, en tni.org, disponible en: https://www.tni.org/en/publication/the-un-drug-control-conventions#:~:text=There%20are%20three%20United%20Nations,Traffic%20in%20Narcotic%20Drugs%20and, consultado el 20 de mayo de 2021.

 

Escohotado, Antonio, Historia General de las Drogas, Espasa, España, 1989.

 

Porter Roy y Teich Mikuláš, Eds., Drugs and Narcotics in History, Cambridge University Press, Reino Unido, 1995.

 

 

 

 

 

  1. Hecha durante una conferencia de prensa pero previamente expuesta como uno de los ejes de la campaña de elección presidencial en 1968.
  2. S/A, Thirty Years of America`s Drug War: a Chronology, S/F, en pbs.org, disponible en: https://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/drugs/cron/, consultado el 25 de mayo de 2021.
  3. Definido como cualquier sustancia que altera el funcionamiento normal de la mente, deriva de el vocablo holandés antiguo “druug” que significa polvo seco y “duup” que significa salsa.
  4. De acuerdo con estimaciones, el fentanilo es 100 veces más potente que la morfina, mientras que el carfentanilo es 10,000 veces más potente que la morfina, lo cual en términos de tráfico y capacidad de sufrir una sobredosis mortal también tuvo sus severos impactos.
  5. Comportamiento agresivo por parte del Estado por medio de acciones coercitivas directas o indirectas, orientado a mejorar sus condiciones económicas y de sus empresas privadas mediante la apertura de nuevos mercados a sus productos, un intercambio comercial a su favor entre otras.
  6. Uno de los involucrados en el tráfico de opio en China sería Warren Delano Jr., abuelo del futuro presidente estadounidense, Franklin Delano Roosevelt (1933-1945).
  7. Curiosamente de esta experiencia, los consumidores habituales de opio desarrollaban úlceras en las caderas de pasar tanto tiempo en posición lateral fumando opio, a aquella actividad se le llamó “being on the hip” o “estar sobre las caderas”, frase que después de unos años vendría a derivar en “estar a la moda” o being hip” y que eventualmente resultó en la acuñación del término “hippie” para referirse a aquellas personas relacionadas con la escena artística de vanguardia y con el mundo de las drogas, incluido el opio.
  8. Kandall, Stephen R., Women and Addiction in the United States—1850 to 1920, 6 de junio de 2001, en web.archive.org, disponible en: https://web.archive.org/web/20010612144609/http://www.nida.nih.gov/PDF/DARHW/033-052_Kandall.pdf, consultado el 26 de mayo de 2021.
  9. En la receta original, el refresco de cola patentado por John Pemberton (1886) contenía extracto de la hoja de coca, de la cual se obtiene la cocaína, sin embargo, después de la ley de narcóticos de 1914 en EEUU, la sustancia fue reemplazada por otra de carácter no estupefaciente.
  10. A este respecto consúltese: https://amuedge.com/super-soldiers-performance-enhancing-drugs-and-the-military/
  11. Winter, Jerrold, Our Love Affair with Drugs: The History, the Science, the Politics, Oxford University Press, EEUU, 2020, p. 166.
  12. Autores como Gary Webb en su libro “Dark Alliance” que estudia la implicación de dicha agencia en el tráfico de cocaína en Centroamérica y la epidemia crack en Los Ángeles en los 80, o Alfred McCoy en su libro “The politics of heroin: CIA complicity in the global drug trade”.
  13. Para mayores detalles, consúltese: https://www.theguardian.com/news/2017/dec/05/portugals-radical-drugs-policy-is-working-why-hasnt-the-world-copied-ithttps://www.drugpolicyfacts.org/region/denmark
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