Tierra Adentro

Ilustración por Mariana Martínez.

El caballero de la noche observa desde la penumbra a un hombre asustado debajo de un escritorio, es Dos Caras. En sus manos sostiene un mazo de naipes; a su vez, el Guasón parece tomar el rol de guía turístico del manicomio de Arkham. Batman parece confundido, sus diálogos y acciones lo demuestran. Batman se dirige a Dos Caras con preocupación, desestimando los comentarios del payaso en cuestión. La doctora del manicomio reprende a Batman por dirigirse a su paciente con ese apodo. Lo corrige y le pide que lo llame Harvey Dent. La doctora explica que a Harvey se le ha cambiado su moneda por un mazo del tarot. Dos Caras no se aguanta y defeca en el lugar, le cuesta trabajo decidir con tantas opciones. Batman, sorprendido, cuestiona a la psiquiatra:

Batman: ¿Qué le han hecho?

Ruth Adams: ¿Hecho? Solo curarlo. Estamos en un hospital, Batman. Atendemos a la gente. Por si lo has olvidado. De hecho, hemos atacado exitosamente la obsesión de Harvey hacia la dualidad. De seguro conoces su dólar de plata… tachado de un lado. Sin marcas del otro. Lo usaba para tomar todas sus decisiones. Como si representara las partes contradictorias de su propia personalidad.

Con este episodio arranca la historia de Arkahm Asylum: una casa seria sobre una tierra seria, producto de la pluma de Grant Morrison, que en 2019 cumple treinta años de ser escrito. En este arco imaginario el Guasón es líder, junto al personal del psiquiátrico, de una rebelión de supervillanos que reclaman la atención de Batman para liberar a unos supuestos rehenes. Aquí el Guasón juega el papel de Virgilio y Batman el de un Dante, el cuál debe explorar las zonas más oscuras de uno de los manicomios más emblemáticos de las historietas.

En la historia, Batman parece atrapado entre sus propios recuerdos, los pensamientos de los reclusos y las historias del doctor Arkham. Parece no haber un misterio por resolver y su fantástico método deductivo apenas le sirve para algo. Pues, ahí dentro no hay nada especial por revelar. En esta historia, Batman es un actor pasivo que sólo espera ser inquirido por una serie de villanos creados por él mismo. Su psique es frágil, pues no logra entender su estancia en aquel lugar. Sus tácticas de combate y sus gadgets apenas le sirven para entender que él es el problema, pues como dice el sombrero en su encuentro:

«A veces… a veces creo que el asilo es una cabeza. Estamos dentro de una gran cabeza y existimos porque nos sueña […] Quizás es tu cabeza Batman. Y Arkham es un espejo. Nosotros somos tú.»

Batman es una maldición, es la maldición de Bruno Díaz y de toda Ciudad Gótica. Los criminales y horrores que persigue Batman para el confort de los ciudadanos de ciudad Gótica no son otra cosa más que las pesadillas de un niño. De un huérfano atormentado por las muertes de sus seres querido.

Dentro de los ochenta años de la historia de Batman ha habido cientos de historias y varias etapas del héroe. Reconocido por sus grandes dotes físicos e intelectuales, es el héroe sin superpoderes por excelencia. Una especie de imagen, que vista desde una mirada optimista, es el estereotipo al que todo ser humano debería aspirar. Rico, altruista, fuerte e inteligente. Pero en varios arcos argumentales, escritos por diferentes guionistas, se ha intentado mostrar lo contrario.

En la historia de Morrison, antes citada, Batman es el murciélago, el monstruo que asaltaba por las noches a la madre del doctor Arkham. Es el motivo por el cual, él y su madre, cayeran en las garras de la locura, aunque fueran distantes en la línea temporal. Pues Batman es una especie de entidad errante, producto de una maldición generacional dentro de Ciudad Gótica.

Historias como estás, de corte sobrenatural, son donde nosotros, como lectores, podemos encontrar a un Batman paralizado por el fracaso de sus métodos deductivos, de su tecnología y conocimiento científico. Un Batman vencido por el ocaso de su propia lógica producto de una razón añejada en los jugos de su propio ego.

Lo sobrenatural en las historietas de Batman conducen al lector a la misma aflicción de un Bruno Díaz al intentar entender los caprichos de un lunático que sigue al pie de la letra un grimorio mágico para invocar fuerzas oscuras, como el Acertijo en la historia del Caballero de la noche, Ciudad de la noche.

Cuando hablo de historias sobrenaturales suelo referirme a todas aquellas donde el misterio está en las profundidades de la psique, donde la realidad flaquea y los sueños y visiones tienen mucho mayor importancia que unas gotas de ADN o unas muestras de cabello. Los relatos sobrenaturales son sobrecogedores y están alejados de las excentricidades de las historietas producidas en los años sesenta. Lejos de personajes extraños como Batmito, nombrado así durante las publicaciones de la desaparecida editorial Novaro, o mejor conocido como Bat-Mite o Bati-duende. Que han sido retomados en los últimos años para convertirlos en recursos de mayor factura.

Cuando Batman se encuentra frente a estas fuerzas, va más allá del “complejo del sabueso de los Baskerville”, pues en lo que realmente termina convirtiéndose es un personaje principal de un relato de Lovecraft. Es decir, se aleja de los recursos fantásticos y “sobrehumanos” que pueblan las historias de la Liga de la Justicia y de algunos de sus integrantes. El relato sobrenatural en Batman es más complejo ya que su principal obstáculo es resolver un móvil que sobrepasa la normalidad de una lógica deductiva, como está acostumbrado a hacerlo.

En estos relatos podemos comparar a Bruno Díaz como a un Nathaniel Wingate Peaslee, personaje de principal de La sombra más allá del tiempo de H.P. Lovecraft. Personajes de ciencia, racionales, con un olfato positivista y cartesiano. Víctimas de un horror que acecha y que difícilmente puede lograr a entenderse si no nos despegamos de las convenciones propuestas por la realidad que se nos ha entregado.

En estos relatos de Batman no hay cruzadas contra criaturas del universo DC, sino seres que se encuentran entre la delgada línea del horror criminal y las entidades matizadas con una capa fina de mitología y folclore. Es el caso del asesino de ladrones y criminales de poca monta dentro del arco de Romance gótico o el demonio Barbatos, despertado por Thomas Jefferson y una secta de conspiradores del siglo XVIII.

O la fantástica historia titulada Shaman que relata la historia de un joven Bruno Díaz, antes de convertirse en Batman, con el objetivo de rastrear y detener criminales con sus propias manos. Cerca de Alaska, el joven Bruno casi pierde una batalla. A punto de morir de hipotermia es rescatado por una bella mujer y su padre, un chamán de una tribu de nativos, el cual logra curar de sus heridas y regresarlo a la vida por medio de una antigua y secreta leyenda donde se habla de un cuervo atormentado por espíritus y un roedor que lo auxilia llamado murciélago. Donde se cuenta que el roedor, compadeciéndose de su amigo cuervo, logra hacer crecer sus dedos hasta hacer emerger una membrana con la forma de unas alas. El viento generado por el aleteo ahuyenta a los espíritus y salva al cuervo.

Esta leyenda se convierte en el enlace de una serie de hechos para que Bruno Díaz se transforme en ese murciélago y resguarde a ciudad Gótica de la maldad, como si más que una coincidencia, aquello se convirtiese en una profecía. Los personajes rayan entre lo místico y lo ridículo, combinando el tráfico de estupefacientes con el control de masas por medio de los procedimientos rituales de una ceremonia mágica. Sí, los enemigos terminan siendo seres comunes y corrientes, pero la profecía del relato produce en el lector una serie de dudas sobre el origen del murciélago justiciero.

Estos y otros guiones de historietas se realizaron a finales de los ochenta y durante la década de los noventa. Muchos de estos escritores eran ingleses, prófugos del gobierno de Margaret Thatcher, con símbolos y filosofías ocultistas, algunos como practicantes o meros curiosos del arte real. Envalentonados por la guerra fría y una generación oscura. Por personajes como Constantine, Swampthing y Sandman. Por la nueva línea editorial para adultos de DC Comics conocida como Vértigo. Fanáticos de historietas de horror y cine de serie B.

Marcaron pauta aprovechándose de la nueva era de la historieta, una más brutal que las de sus antecesores, sin tapujos ni recursos baratos del cliché. Dentro de estas historias se crearían pesadillas sobrenaturales, violentas y cargadas de una imaginación retorcida, parecida al trabajo publicado por la editorial EC en los años cincuenta, o las magníficas historias de la revista Heavy Metal.

Estás historietas pueden ser reconocidas por dos elementos compartidos, que se repiten una y otra vez intentando dar sentido a la cruzada suicida del hombre murciélago. El primer elemento es conocido por todos, sucede cada vez que Bruno Díaz tiende a dudar de sus habilidades como ser humano y superhéroe. La muerte de sus padres en un callejón oscuro, las perlas cayendo, los agujeros de bala y un malhechor que muta según las necesidades del autor y enemigo en turno.

En Batman Condenado es el momento exacto de la muerte de Bruno y es el inicio del infierno para él mismo. Es el bucle temporal que lo ata a Ciudad Gótica, a sus recovecos y a su maldición. Es el hecho trágico por el cual Batman existe dentro de nuestro héroe y viceversa.

En La tragedia que llegó a ciudad Gótica es el evento necesario para terminar con la maldición del padre de Bruno y la tragedia sobre sus hombros. También es el momento preciso y necesario para crear al murciélago que liberará a un demonio aprisionado hace doscientos años en las entrañas de Ciudad Gótica.

Las perlas caen y eso atormenta al usuario del animal alado, no lo puede superar y es el inicio de un héroe condenado, el cual también terminará condenado a toda una ciudad por su ego y los pecados de una familia fundadora. En este punto, el segundo elemento registrado emerge en esta clase de arcos narrativos. La ciudad como una maldición para Bruno y su Batman. No es fortuito que un recinto tan perturbador, como el manicomio de Arkham, abriera sus puertas en un lugar como ciudad Gótica, ni tampoco es fortuito la galería de horrores y villanos, y por supuesto su propio superhéroe.

Ya lo decía de broma un personaje intrascendente, el cual sólo existe para ser víctima dentro de la historia de Gotham después de medianoche: mejor me hubiera mudado a Metrópolis. Pues ciudad Gótica parece ser el epicentro de la maldad y Batman su heraldo. Sus habitantes y herederos han escondido maldiciones y secretos bajo sus suelos.

Como el que mora en las cloacas en la Tragedia que llegó a ciudad gótica, producto de la ambición de unos cuantos que realizaron un ritual, confinando a la ciudad a una necesidad de sangre. Esto se relata aquí, desde lo extraño y lo grotesco, pero también es claro en el Batman de Miller, O´Neil y Snyder, pese a su narrativa realista, rayando en la suciedad y en la crítica de una América en llamas, consumida por los excesos neoliberales y su violencia que no termina.

Ciudad Gótica está maldita y maldijo a Bruno, pero éste regresó a su ciudad con una maldición aún mayor llamada Batman. Citando la historia del roedor que salvó al cuervo:

«Cuando el murciélago alejó la enfermedad del cuervo, la cogió y la llevó al nido del buitre»

Aunque existen otras historias donde la fantasía, lo sobrenatural y lo extraño son parte de la narrativa de Batman, mis referencias principales las presento en forma de lista para que el propio lector pueda disfrutar y sacar sus propias conclusiones.

Romance gótico (Gothic: A romance, 1990)

-Caballero oscuro, ciudad oscura (Dark knight, Dark City, 1990)

-Shaman (Shaman, 1989)

-Condenado (Batman: Damned, 2018)

-La tragedia que llegó a ciudad Gótica (The doom that came to Gotham, 2000-2001)

Arkahm Asylum: una casa seria sobre una tierra (Arkham Asylum: a serious house on serious earth, 1989)

-Gotham después de medianoche (Gotham after midnight, 2009)

-Condado de Gotham (Gotham county line, 2009)

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