Tierra Adentro

Diamantina. Freepik.

 

El pasado lunes 12 de agosto de 2019 colectivos feministas protestaron en las instalaciones de la PGJ-CDMX en la Zona Rosa de la capital. Jesús Orta, Secretario de Seguridad Ciudadana de CDMX, suspendió el diálogo con las manifestantes cuando le lanzaron brillantina. La manifestación continuó en las instalaciones de la PGJ-CDMX en la Colonia Doctores, donde algunas manifestantes rompieron las puertas de cristal del edificio y realizaron pintas.

La marcha había sido convocada en redes sociales a través del hashtag #NoNosCuidanNosViolan, y obedecía a dos acusaciones de violación contra menores de edad por parte de policías que habrían ocurrido a principios de este mes en las alcaldías de Azcapotzalco y Cuauhtémoc.

El debate se ha polarizado entre quienes consideran que la protesta rompió con la civilidad que exige la manifestación pública y quienes aseguran que la gravedad de los casos está por encima de cualquier otra consideración.

Dos temas nos llaman especialmente la atención en Tierra Adentro: la brillantina reconvertida en símbolo de la lucha contra la violencia de género y la confirmación de que las mujeres son el sujeto de cambio político de este año (y de esta década y este siglo).

A raíz de estos acontecimientos le pedimos a tres académicas y activistas con perfiles ideológicos distintos sus opiniones sobre la actualidad del debate y la lucha de las mujeres en México.

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Gabriela Durán Valis, gestora cultural y activista

TIERRA ADENTRO: ¿Qué medidas tomas diariamente para lidiar con la inseguridad?, de estar en un grupo para este fin, ¿utilizan aplicaciones como WhatsApp u otro servicio de mensajes?

GABRIELA DURÁN VALIS: Depende mucho de las actividades que tenga programadas para el día. Procuro que, al salir de casa, las personas a las que veré o alguien de mi familia sepa qué ruta o transporte tomaré para llegar a mi destino. Cuando es de noche y tengo que trasladarme, envío mi ubicación en vivo desde el celular para que puedan dar seguimiento. No tengo un grupo de contactos únicamente para esto, pero siempre intento que haya personas enteradas de dónde estoy. También intento transitar por calles iluminadas y con mucha gente, elijo mi ropa pensando en no llamar tanto la atención si sé que andaré sola un buen rato, y, si es tarde y tengo que usar el transporte público, procuro que sea acompañada.

En caso de que salga de fiesta, a un concierto u otra actividad nocturna, no ingiero bebidas alcohólicas a menos que esté con amigas o amigos de confianza, y estoy muy al pendiente de que nadie toque o agregue nada a lo que consumo.

Otra cosa que hago comúnmente es estar al tanto de noticias o investigaciones sobre casos de feminicidios, violencia sexual y robos en la Ciudad de México, para identificar corredores que son más riesgosos y así poder evitarlos.

TA: ¿Con qué feminismo te identificas?

GDV: Creo que cualquier feminismo que sea crítico consigo y que luche por construir un mundo en el que las mujeres puedan vivir sin miedo tiene muchas reflexiones que aportarme. Sin embargo, los feminismos de mujeres racializadas -por ejemplo, mujeres negras e indígenas-, me han ayudado a comprender que, si bien el patriarcado y el machismo nos afecta a todas, es fundamental tomar en cuenta que existen otras estructuras o sistemas de opresión como la clase y la raza que no podemos ignorar, puesto que generan particularidades distintas. También he aprendido mucho de los feminismos de mujeres campesinas, quienes con sus conocimientos y luchas dignas nos muestran que las teorías y discusiones académicas sobre feminismo son sólo una parte de este largo camino que es construir libertad.

TA: ¿Qué piensas de la postura que las instituciones y los medios toman ante las protestas feministas?

GDV: Me gustaría hablar particularmente de lo sucedido el pasado lunes 12 de agosto en la marcha convocada para protestar por el actuar de las autoridades judiciales en el caso de una violación a una menor de edad por cuatro policías. Es lamentable y muy doloroso que mediáticamente se haya dado tanta atención a las pintas y a una puerta de cristal rota que al mismo hecho que provocó la protesta.

Vivimos en un país en el que se reportan, en promedio, 99 delitos sexuales cometidos hacia mujeres al día. Que la presencia de miembros de la policía haya significado vulnerabilidad para una menor de edad, en vez de seguridad, es un motivo enorme para reflexionar sobre cómo es que llegamos a este punto y, más importante, qué hacemos para garantizar que mujeres de todas las edades puedan llegar a sus casas tranquilas.

Desde hace mucho tiempo organizaciones y colectivas feministas han solicitado a las autoridades de la Ciudad de México emitir una alerta por violencia de género, protocolos de investigación menos riesgosos para las denunciantes, capacitaciones reales y profundas para sensibilizar a los funcionarios públicos, entre otras peticiones que han quedado en el olvido.

Se han hecho, también, diversas protestas pacíficas para llevar al foco de la opinión pública la problemática que afecta diariamente a las mujeres que habitan la Zona Metropolitana del Valle de México. Sin embargo, las cifras siguen aumentando y el miedo con ellas, ¿qué hacemos frente a ello? ¿Callar?

El uso de la fuerza como estrategia de la protesta social no es nuevo; históricamente grupos organizados alrededor de todo el mundo han conquistado derechos y hecho frente a las injusticias de este modo. Basta de criminalizar las acciones que buscan construir un mundo más humano y digno. Las puertas vuelven, muchas mujeres ya no.

TA: ¿Cómo y por qué han evolucionado las protestas del movimiento feminista?

GDV: Me parece que ante el panorama tan desolador que pinta la realidad actual, el crecimiento del movimiento feminista -con sus divergencias, por supuesto- es un halo de esperanza que emana de la organización de las mujeres. La escalada de violencia en México nos ha obligado a dar pasos enormes para cuidar nuestras vidas, así como para generar acciones que visibilicen la lucha.

Sin duda se trata de un tránsito complejo, cuyo análisis requiere tiempo y compromiso, pero, sin duda, considero que han confluido diversos factores entre los que destaco la movilización estudiantil, la aceleración del flujo de información gracias a las redes sociales e internet, así como el boom de los pañuelos verdes que las hermanas argentinas nos pasan como una estafeta de gran responsabilidad.

Creo que uno de los acentos de las protestas feministas actuales es que la lucha por resignificar nuestros cuerpos se hace más evidente en la manera en la que salimos a las calles: vestidas como queremos, con pintas en la piel, con cabello de colores… nuestro cuerpo es nuestro, solo nuestro.

TA: ¿Cuáles son los nuevos retos del feminismo en México?

GDV: Creo que en un país como México, la lista de retos es infinita y atraviesa la defensa de los territorios, la búsqueda de mujeres desaparecidas, las brechas salariales y un sinfín de dificultades que hacen que todos los días haya una lucha nueva para el feminismo. No obstante, considero de especial relevancia el papel del feminismo en la crisis que ha traído la guerra contra el narcotráfico, sobre todo lo que refiere a la trata de mujeres.

Todavía hay muchísimo por hacer para que todas las niñas y mujeres que fueron arrebatadas de sus hogares vuelvan a ellos, por eso seguiremos gritando.

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Adela Hernández Reyes, académica de la UNAM

TIERRA ADENTRO: ¿Qué medidas tomas diariamente para lidiar con la inseguridad?, de estar en un grupo para este fin, ¿utilizan aplicaciones como WhatsApp u otro servicio de mensajes?

ADELA HERNÁNDEZ REYES: Las medidas que siempre he tomado desde que tengo 15 años, tengo 52: vestirme de manera masculina y tener la suficiente prestancia para enfrentar a los varones que en el transporte público quieren abusar de su presencia física para crear un ambiente de inseguridad. No dudar en apoyar a las mujeres solas y difundir información para mi grupo más inmediato de personas, todas las personas: mujeres, varones, lesbianas, gays. La seguridad es un asunto de todos y todas no de nosotras nada más. No usamos mensajería, todo tratamos de que sea personal para tener la seguridad de tratar con las personas seguras.

TA: ¿Con qué feminismo te identificas?

AHR: Actualmente me cuesta identificarme con cualquiera de los “feminismos” emergentes, porque son muy violentos tanto física, verbal, como psicológicamente. Estoy en una etapa de trascendencia del discurso feminista. Tal vez haya que inventar algo nuevo.

TA: ¿Qué piensas de la postura que las instituciones y los medios toman ante las protestas feministas?

AHR: Son tan diversas las posturas como los tipos de medios que hay actualmente, como que tendrías que especificar qué tipo de instituciones y qué tipo de medios.

TA: ¿Cómo y por qué han evolucionado las protestas del movimiento feminista?

AHR: No se si hayan evolucionado, pero cambiado sí, y cambiaron de una perspectiva diré, amable, a una perspectiva de odio. Hay mucho odio contra los varones en este cambio, donde son los enemigos frontales a los que hay que combatir. Están llenas de rabia, como ellas mismas lo dicen. Ese es el cambio que veo en estos diré neo-feminismos que consideran que destruir al “patriarcado” es estar ahora en lucha, aunque sea con bombas de mermelada rosa, contra los varones.

TA: ¿Cuáles son los nuevos retos del feminismo en México?

AHR: No se en plural, los retos, pero sí se uno en específico: leer y crear grupos de lectura para leer, discutir y debatir el libro Acoso de Marta Lamas, entre mis grupos de alumnas y alumnos, para comenzar a pensar juntos un problema que nos atañe a todas las personas del mundo.

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Alicia Hopkins, especialista en Filosofía Política y activista

TIERRA ADENTRO: ¿Qué medidas tomas diariamente para lidiar con la inseguridad?, de estar en un grupo para este fin, ¿utilizan aplicaciones como WhatsApp u otro servicio de mensajes?

ALICIA HOPKINS: En primera instancia, medidas básicas de alerta, atención y observación en los tránsitos que hago en la ciudad. Pienso siempre por dónde caminar: si por arriba o por debajo de la banqueta, si cerca o lejos de los automóviles, a contrasentido o en su mismo flujo; cuándo bajarme de la micro (nunca al final) o cuándo no subirme (cuando van pocas personas o muchos hombres); a qué horas caminar y a qué hora más bien tomar un taxi (pasando por la previa reflexión -dependiendo de las posibilidades económicas del momento- sobre qué tipo de taxi tomar).

Comparto, además, con mi mejor amiga la información de dónde estoy, cuándo voy a salir y más o menos en cuánto tiempo llego al destino esperado. Ella y otras amigas saben mis contraseñas para poderme localizar por la ubicación de Google en mi celular en caso de que en algún momento deje de responder (cuido siempre la batería de mi celular para evitar quedarme incomunicada), además tenemos una red de compañeras a quienes podemos acudir en caso de alguna emergencia.

TA: ¿Con qué feminismo te identificas?

AH: Me identifico con el cruce de varios feminismos: desde la disidencia sexual que se rebela contra los roles de género y las identidades heteronormativas útiles para la reproducción del capital. Desde el feminismo comunitario, autónomo, decolonial, latinoamericano que apuesta por la reconstrucción de las relaciones sociales comunitarias como una de las formas antagónicas fundamentales contra el capitalismo y que pone el acento sobre la diferencia con otros feminismos del centro, blancos, coloniales. Para mí la lucha feminista no es una lucha por la igualdad en un mundo que han construido los hombres a su imagen y semejanza, sino por la destrucción de eso que han construido.

TA: ¿Qué piensas de la postura que las instituciones y los medios toman ante las protestas feministas?

AH: Para ciertos sectores feministas en la ciudad la respuesta de la Jefa de Gobierno, que ha criminalizado la reciente protesta, es una sorpresa al mismo tiempo que una decepción. Pero para muchas de nosotras la respuesta es casi un resultado lógico. Por una parte, el Estado se sostiene a sí mismo bajo el supuesto legítimo del monopolio de la violencia y debe defenderlo: cualquier acto que ponga en riesgo la legitimidad del Estado será tildado de violento además de ilegítimo. Se buscará que la protesta deje de serlo para encauzarla por las vías institucionales que logren conducirla bajo sus propias reglas y ritmos. La lógica política del Estado es autorreferencial, siempre va a buscar protegerse a sí mismo por encima de cualquier otro interés. Por otra parte, en este caso, la protesta es contra la policía, lo cual provoca que el antagonismo sea mayor, ya que es la fuerza de orden que el Estado posee para defenderse a sí mismo, además del ejército.

La protesta del lunes pasado asomaba de alguna manera un problema fundamental: no es el caso de algunos policías que violaron mujeres como si de personas aisladas se tratara. El hashtag #NoMeCuidanMeViolan denuncia a todo el sistema policial y pone en entredicho la política de seguridad del nuevo gobierno -local y nacional- apelando no a una consigna retórica sino a la enumeración y memoria de múltiples casos que han sido denunciados incluso frente a instancias internacionales y que han demostrado que en México la policía tortura sexualmente a las mujeres, nos secuestra, nos viola, nos asesina.

Los terribles casos recientes de las chicas que fueron violadas, vienen a sumarse a una larga lista de agravios en nuestra contra perpetrados por la policía pero también por el ejército.

En suma, la política de seguridad no está funcionando, no para nosotras. Llenar las calles de policías en bicicleta, a pie o en patrullas y de militares cargando armas de alto calibre no nos produce una sensación de mayor seguridad ni nos hace sentir protegidas. Todo lo contrario. Queda claro para nosotras que el argumento de que las fuerzas del orden tienden al bien si obedecen órdenes de buenos gobernantes es ingenuo e ineficaz.

Las instituciones no pueden exigir que sean tomadas sus vías para la resolución de conflictos porque han perdido su legitimidad. Y la legitimidad última es la que se construye en la defensa de la vida, no de las instituciones. Nosotras cuando salimos a protestar lo hacemos con la legitimidad de estar defendiendo nuestra vida, fundamento último ético y político de la legitimidad. Pensar que la legitimidad está en la ley y en las instituciones es parte de la lógica autorreferencial del Estado que a todas luces es injusta –aunque sea legal-.

TA: ¿Cómo y por qué han evolucionado las protestas del movimiento feminista?

AH: No creo que haya algo así como una “evolución” de las protestas del movimiento feminista. Creo que desde siempre han existido múltiples formas de manifestación y de protesta las cuales se activan frente a ciertos escenarios y en determinadas coyunturas.

En este sentido, no me parece que lo sucedido el lunes pasado sea una escalada en la manifestación de rabia de la protesta. A lo largo de estos años, en múltiples ocasiones, las feministas hemos sido denostadas por la manera en la que ocupamos el espacio público y las calles y cómo protestamos.

Desde las consignas -que a oídos castos son irrepetibles- como “verga violadora a la licuadora”, hasta los tendederos de denuncia y los escraches, la reacción siempre es la misma: la forma no es correcta, el mecanismo no es el adecuado; siempre estamos en algún punto excediéndonos, siempre se nos conmina a seguir un manual de buenas costumbres políticas, como si de no alertar a nadie se tratara. Pero no, justo uno de nuestros objetivos es ese: alertar. Y lo gritamos en una de nuestras consignas cada vez que salimos “¡Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente! ¡Señor, señora, no sea indiferente, se viola a las mujeres en la cara de la gente!”.

Me parece importante también pensar en el paradigma clásico del rol de género en el que hemos sido educadas las mujeres para el cual la delicadeza y la debilidad, por ejemplo, nos son consustanciales. Y entonces una protesta como la del lunes socava y pone en entredicho también esa constitución de lo que somos como mujeres: también nosotras podemos ser agresivas, nos han llegado al tope y estamos dispuestas a defendernos, que quede claro que nuestra agresividad es tan natural como la de cualquier ser vivo que se defiende buscando preservarse de algún peligro. Cuestionar algo tan fundamental con un manual de las buenas costumbres políticas bajo el brazo no sólo es ridículo, sino perverso.

TA: ¿Cuáles son los nuevos retos del feminismo en México?

AH: Me parece que no solo en nuestro país sino por lo menos en toda América Latina, hemos logrado dar un avance sustancial en la ruptura del consenso machista de nuestras culturas. La ola violeta ha llegado a lugares que antes no hubiéramos imaginado, las discusiones feministas han proliferado en múltiples espacios y difícilmente alguien no se ha sentido de alguna manera interpelado o cuestionado por ellas. Eso nos ha dado una sensación de fortaleza a muchas mujeres, es innegable que las filas del feminismo han crecido a nivel nacional e internacional y sabemos que es el movimiento internacionalista más vivo actualmente.

Sin embargo, al mismo tiempo, estamos enfrentando una reacción feroz que nos produce una sensación de vulnerabilidad, de inseguridad, incluso de miedo que nos debilita enormemente. En este país están asesinando a 10 mujeres al día, hay cifras alarmantes que sostienen que una mujer es violada cada 18 segundos. Nuestros cuerpos aparecen en canales de agua sucia, en los desiertos solitarios, en fosas clandestinas, pero también en nuestras propias casas, en las escuelas.

Diariamente las noticias nos arrojan escenas e historias de terror que nos ponen a temblar y al mismo tiempo nos sacan espuma por la boca. Uno de los retos importantes que tenemos es detener la guerra en contra nuestra que se ha convertido en el arma más eficaz ahora que hemos venido poco a poco ganando la narrativa y estableciendo nuevos pactos entre nosotras que debilitan los pactos patriarcales.

Pero también tenemos otros retos al interior de nuestro universo político y afectivo: la construcción de alianzas interseccionales, enfrentar juntas el despojo de los territorios, de nuestras formas de vida, de la precarización de nuestro trabajo, de lograr el consenso sobre aquello que nos vincula y tenemos en común más allá de las rupturas ideológicas que en ocasiones nos desgastan –como a cualquier otro movimiento-.

Más allá de la importancia de sumarnos a las agendas coyunturales del movimiento, también tenemos claro que tenemos como reto seguir elaborando estrategias que nos permitan seguir luchando contra el capitalismo y contra la destrucción de la vida en la Tierra: todas las formas de organización productiva, comunitaria, autogestiva, de economía sorora que estamos practicando forman parte de un universo múltiple y a veces invisible del trabajo que hacemos desde nuestras colectividades y encontrándonos con otras. Seguir tejiendo esas redes –que también son de afectos-, seguirnos multiplicando también es uno de los bellos retos por los que apostamos diariamente.

 

Secretaría de Cultura