Tierra Adentro

Ilustración realizada por Mildreth Reyes

Ella y su cuerpo anunciaban una transformación más. Había entregado sus ojos al

cielo, convencida de que ahí se iba a encontrar a sí misma una y otra vez.

Amorosamente.

Lía García.

Junio está por terminar, el verano se ha manifestado con la humedad como bandera. El frenesí del color se observa por algunas ciudades del país y el despliegue de marchas y los pronunciamientos de colectivas sostienen una memoria cuyo origen se encarna en medio de diversos estallidos sociales del siglo pasado. Ni los partidarios de las “buenas costumbres” ni lxs compañerxs de lucha —iniciadores de lo que hoy reconocemos como la comunidad LGTBI+—, hubieran imaginado el escenario que se extiende por todo el país: pendones arcoíris que iluminan celebratoriamente edificios públicos, la legalidad del matrimonio entre parejas no heternormadas, clínicas especializadas para tratar a pacientes con VIH y SIDA, clínicas especializadas y gratuitas para transicionar, el reconocimiento de infancias transgénero, la formación de familias diversas y sus derechos. Aunque es, sin duda, un escenario construido con múltiples limitantes. Ante un contexto en donde la barrera más importante sigue siendo la discriminación y el uso de la violencia, vale la pena analizar algunos aspectos que crean una correspondencia directa con las víctimas invisibilizadxs de tales mecanismos.

De acuerdo con el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), en la Encuesta de Discriminación de la Ciudad de México realizada en 2021, el 81.8% de las personas encuestadas considera que existe discriminación para las personas gays y lesbianas, así como 70% hacia las personas transgénero y transexuales y 55.9% para las personas intersexuales.1 De igual forma, hasta marzo de 2022, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) había registrado 1175 quejas relacionadas con personas pertenecientes a la comunidad, de las cuales: “708 corresponden a actos relacionados con homofobia; 240 por lesbofobia, 220 por transfobia, cuatro por intersexfobia y tres por bifobia”2.

En este contexto, tener un trato digno sin importar su preferencia y género, así como experimentar una vida libre de violencia, parece un lujo que no todxs pueden tener. Desde la heteronormatividad, la normalización de los discursos de odio hacia la comunidad sigue siendo alarmante, mismos que devienen agresiones y asesinatos. De acuerdo con el Observatorio Nacional de crímenes de odio contra personas LGBT de la Fundación Arcoirís, en 2021 se tienen registrados 87 crímenes de tal naturaleza en México, de las cuales el 47% corresponden a mujeres trans.3 La configuración de esta clase de conductas delictivas se sostiene mediante comportamientos violentos ante las diferencias sociales y culturales de un grupo social o comunidad. Es una trama que se teje desde la ignorancia, el desprecio y el rechazo, y que conduce a las actividades delictivas.

Este fenómeno invita a repensar las narrativas que construyen los imaginarios al interior de la comunidad y a la esfera social amplia, y hacia el rescate de la memoria.

Si bien la primera marcha de la comunidad (Marcha del Orgullo Homosexual) fue el 29 de junio de 1979, un antecedente data de ocho años antes, en 1971, cuando un empleado de una tienda departamental fue despedido por expresar su preferencia sexual, a partir de lo cual se formó el Frente de Liberación Homosexual de México, que logró congregar a estudiantes y al que se unieron Carlos Monsiváis y Nancy Cárdenas.

Después de la matanza estudiantil de 1968, el país estaba en llamas, y la movilización social sostenía la profunda necesidad de un cambio que atendiera a las dolencias de la cuerpa social que al día de hoy no hemos podido extirpar. Diversas capas donde la moral de índole religiosa ha prevalecido en los discursos del Estado, lo que ha creado una resistencia al respeto, la dignidad y la salvaguarda de quienes han tenido que esconderse sea por su clase, raza, género y diferencia sexual.

Toda manifestación social dentro del espacio público sostiene necesariamente un sentido político, de manera que salir de los enormes armarios que el adoctrinamiento y la ignorancia han construido, es una lucha constante que se ha peleado desde diversos campos.

No hace falta decir las maneras en que desde el lenguaje se ha sostenido esta carga y el acecho que el propio Estado sostuvo a partir del Porfiriato. Dentro de la historia de la prensa en México, una página del 17 de noviembre de 1901 quedó como el inicio de tales prácticas discriminatorias por parte del gobierno de Porfirio Díaz, como lo rescata Miguel Ángel Barrón Gavito en su artículo “ El baile de los 41: representación de lo afeminado en la prensa Porfiriana”, o las diversas notas periodísticas entre las que se pueden mencionar “La aristocracia de Sodoma”, aparecida el 21 de noviembre de 1901 en El hijo del ahuizote, y las notas de El popular, los grabados de José Guadalupe Posadas e incluso la novela de Eduardo A. Castrejón, Los cuarenta y uno: novela crítico social, que construyeron una memoria que incluso invisibiliza a quiénes fueron arrestados:

Lo mucho y poco que se sabe del invento de los 41 afeminados se debe a los impresos, como fue el caso de los periódicos porfirianos que reportaron el suceso, de los grabados de José Guadalupe Posada que fijaron una representación visual de ellos, y de la novela de Eduardo A. Castrejón, la cual pretendió se una crítica social de los vicios de la modernidad.[…] Sin embargo, ninguno de ellos se refiere a los “afectos-efectos” de representación que la nota informativa pretendía producir en los lectores como parte de las reglas del impreso.4

Tales reglas que nombra Barrón Gavito, hoy podemos reconocerlas como el programa disciplinar que constituye desde el Estado y sus instituciones un proyecto de modernidad capitalista y, desde luego, la idea de sanidad corporal y moral que dependía del dispositivo sexo-genérico; no es complicado imaginar el escarnio social, por ejemplo, en la nota de El popular, su cierre es revelador: “No daremos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo asquerosos”5; era el asco ante las prácticas sexuales que por no estar dentro de la heteronorma eran vistas como repulsivas, y al mismo tiempo hacían referencia al asco y negación social hacia las mujeres. El escondite, más que una práctica de los homosexuales, las lesbianas y quienes practicaban el travestismo, era una salvaguarda.

Casi dos décadas después, entre los Contemporáneos, el secreto se mantenía, el deseo y las llamas ante la piel del amado quedaban veladas en su poesía —como es el caso de Xavier Villaurrutia—, sin embargo, con esta generación el secreto y el escondite encontró su punto de quiebre mediante la obra de Salvador Novo. Entre su herencia literaria encontramos obras como La estatua de sal, autobiografía que, si bien Novo terminó de escribir en 1945, no sería publicada sino hasta 1998. En una época donde la respetabilidad lo era todo, incluso en el campo artístico, la prosa de Novo delineó su impronta en la memoria de la comunidad, como lo identifica Monsiváis en el prólogo de La estatua de sal:

Desde muy joven su prestigio y su desprestigio son intercambiables, y los mantiene al costo de lo que sea. Es un afeminado que no se oculta, un desfachatado que elige las “fachas” del dandismo, un poeta de primer orden que opta en su defensa por los sonetos “obscenos”. El método con el que Novo, al decir de Jorge Cuesta, su compañero de generación “decepciona a nuestras costumbres” enfurece a la soberbia patriarcal, al ritual de las apariencias en la sociedad que lo va readquiriendo con cierto atropellamiento, y al anti-intelectualismo. Al persistir y, más que eso, al entronizar a su personaje, Novo ejerce las libertades a su alcance y las multiplica, no sólo en lo tocante a la preferencia sexual sino a la representación del excéntrico. En un medio delimitado por el prejuicio, ¿cómo sobrevive al conjunto de desafíos: el amaneramiento, el maquillaje no tan ocasional, la voz dulcísima, las cejas depiladas, la ropa que le ahorra declarar sus pretensiones de modernidad?, y más tarde, ¿los anillos colosales y la variedad de pelucas como trofeos de la guerra contra el choteo? Nada estimula tanto a Novo como su condición de exiliado de la respetabilidad. Esto en una época donde, al ser tan reducido el ámbito social, la respetabilidad suele serlo todo. 6

Ser un exiliado de la respetabilidad social en sí era una declaratoria, una praxis política entendida no como el ejercicio generado desde el Estado, de manera absolutista e incuestionable, sino proyectada desde el cuerpo, lo que sin duda es un ejemplo de una narrativa que hace frente a los imaginarios violentos que relegaron a la comunidad a la sombra. Esta biopolítica nacida desde lxs actantes que ejercen su sexualidad y la socializan en el espacio público quedó suspendida entre quienes fueron afines como una práctica que, al igual que los humedales del deseo, se extiende de manera orgánica, con una furia que solamente las corporalidades obligadas a mentirse extienden como el almizcle más fulminante hasta el olfato de los perpetradores. Los temerosos a admitir que también esa humedad se ha extendido hasta ellos los ha ungido.

Dos décadas más tarde de que Novo escribiera su autobiografía, se publica la primera novela de tema homosexual en México, El diario de José Toledo, escrita por Miguel Barbachano Ponce y publicada en 1964 por él mismo. Escrita a modo de diario, Barbachano visibilizó la densidad del deseo diverso, así como la violencia y ambiente trágico que se da entre quienes buscan el amor en un contexto de profunda crisis social y económica. La novela arranca con una nota que señala el viaje del antihéroe: “Quitóse la vida el señor José Toledo” 7.

En cinco décadas, tanto en las poéticas como en la demanda de derechos, las transformaciones sociales han podido enfrentar ciertas barreras, las formas en que la violencia opera contemporáneamente no nos ha sacado del todo de la penumbra y del cobijo de nichos, sean espacios abiertos como algunos parques, algunos centros recreativos o espacios de apoyo de diversas ONGs. No hay duda de que en las páginas de Barbachano muchxs siguen encontrándose, y las obras que siguieron han dado cuenta incluso en nuestro presente del uso del escondite en el resto de quienes conforman la comunidad LGTBI+, como podemos observarlo en la obra de la poeta sáfica Julieta Gamboa, ganadora en el 2018 del Concurso de Ediciones Digitales Punto de Partida, convocado por la UNAM. En su obra El órgano de Corti, se encuentra la organicidad del descubrimiento y los secretos desde la profundidad de la cuerpa y los elementos que la constituyen, así como del proceso de esconderse del que todxs somxs parte, como se observa en el siguiente fragmento de su poema Un juego:

Los que sólo miran

Miden el espacio vital en pequeños cuadrados,

en centímetros.

Dan vueltas en una casilla pequeña,

milimétricamente ajustada,

Sin engrosar el cuerpo,

sólo lo mínimo.

No dejan de ser niños,

Jugando al esconderse,

contando del uno al diez al veinte8.

Es posible salir del juego del escondite y materializar las rutas del deseo. Las formas políticas de actuar sobre el espacio público han llevado a poner la cuerpa como un dispositivo que logre desanclar la heteronorma. Dice Camila Sosa Villeda en Las malas, “el cuerpo es la patria”, por lo que cada corporalidad configura un archivo que visibiliza, sostiene y propone y demanda identidad y derechos.

En las XLIV Marcha del Orgullo LGTBTTTIQ+ de la Ciudad de México esta politicidad se hace visible en el cuestionamiento hacia los diversos cultos religiosos que no admiten el matrimonio en la diversidad y en el enfrentamiento con facciones ultraconservadoras de la política en México, como el diputado Gabriel Quadri.

Los comités y colectivas encargados de la organización de la marcha trabajan en pro de la visibilización de la lucha de la comunidad. Sin embargo, el sentido político de la marcha queda desdibujado ante la proliferación de campañas comerciales. Las estéticas del consumo sustituyen a las demandas y evidencian que la libertad de exponer la cuerpa y ejercer derechos está reservada a aquellos que cuentan con capitales económico y simbólico sostenibles. La socialización vía el consumo, lejos de crear estructuras para hacer valer nuestra legitimidad, nutre a la violencia mediante las reglas del capitalismo. Como lo denomina Sayak Valencia:

Dichos fenómenos aunados a la creciente socialización por el consumo —como única vía de mantener vínculos sociales— y al hecho de que “las presiones y las actitudes consumistas no se detienen en las fronteras de la pobreza y hoy se extienden por todas las capas sociales, incluidas las que viven de la seguridad social”, así como la desculpización, la trivialización [y la heroificación] de la delincuencia [tanto] en las zonas sociales de exclusión, como a través del bombardeo televisivo, el ocio, la violencia decorativa y el biomercado. Nos conducen a la ejecución de prácticas gore como algo lógico y legítimo dentro del desarrollo de la sociedad hiperconsumista. La violencia y las prácticas delictivas no son concebidas ya como una vía éticamente distópica, sino como estrategias al alcance de tod@s para gestionar el uso de la violencia, entendida como herramienta, para hacerse con el dinero que les permitirá costearse tanto vienes comerciales como valoración social.9

Se vuelve necesario un ejercicio crítico que advierta las problemáticas que son visibles, pero que no encuentran un eco o un cambio verdadero de inclusión y respeto. Así, la brújula vuelve a orientarnos hacia la búsqueda de otras estéticas y narrativas que verdaderamente compartan la memoria y politicidad de quienes han puesto la cuerpa.

La agenda parece ser interminable para extinguir las enfermedades nutridas del odio y también la violencia económica. De nuevo, la cuerpa como patria sostiene igualmente al gozo como una herramienta política. En el documental Casa Roshell, de 2017, Camila José Donoso expone otra forma de hacer política mediante las pedagogías de la ternura y la exigencia de los derechos. Como en el espacio travesti que Roshell Terranova administra desde el amor como elemento político y de transformación.

El momento apremia, y el acontecer político exige una transformación del presente, un cambio que se registre en las memorias del grueso de la cuerpa social más allá de junio y de las novedades con arcoíris. Con la suficiente resonancia para repensarnos no desde la exclusión, sino desde el respeto, la autonomía y la ternura.

Fuentes consultadas

4 Cfr. Barrón Gavito, Miguel Ángel El baile de los 41: la representación de lo afeminado en la prensa porfiriana. Historia y Grafía [en linea]. 2010, (34), 47-76[fecha de Consulta 23 de Junio de 2022]. ISSN: 1405-0927. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=58922689003

5 Cfr. “42 hombres aprendidos, unos vestidos de mujeres”, El popular (México), año V, núm. 1764, 20 de noviembre de 1901.

6 Monsiváis, Carlos “El mundo soslayado (Donde se mezclan la confesión y la proclama” en La estatua de sal, FCE, México, 2008, pp. 10-11.

7 Barbechano Ponce, Miguel, El diario de José Toledo, México, 1964, p. 7.

8 Gamboa, Julieta, El órgano de corti, México, Ediciones Digitales Punto de Partida, UNAM, 2018, p. 31.

9 Sayak Valencia, Capitalismo gore, España, Melusina, 2010, p. 52.


Autores
(Ciudad de México, 1984) Investigadora, docente, escritora y crítica. Es maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y Doctora en Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Realizó una estancia de investigación en la Universidad de Buenos Aires y ha publicado artículos y reseñas en revistas como Este País, Pliego 16, Fundación, Casa del Tiempo, Revista de la Universidad, Écfrasis, Tierra Adentro. En 2011-2013 fue Becaria de la Fundación de Letras Mexicanas en el área de ensayo y en 2019 fue Becaria Fonca en el área de ensayo. Fue finalista en el Premio Internacional de Literatura Aura Estrada en su edición 2020 y aceptada por Ucross Foundation para hacer una estancia artística en el verano del 2021.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
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