Tierra Adentro

Lugar y Año: Estados Unidos , 2016 (segunda temporada)

Productor: Netflix

No puedo hablar de la segunda temporada de Narcos sin hablar de Netflix y su perfl de líder del streaming en el mundo, sin recapitular algunos hechos. Antes, cuando Televisa mandaba en el mundo de habla hispana, no teníamos manera de conocer más televisión que la de ellos. Hace no mucho, un experto en televisión me comentaba que Televisa filtraba todos los productos que nos llegaban. Tenía, de alguna manera, primera mano de cualquier producción que deseaba llegar a nuestro país. «Se le escaparon varios éxitos, por ejemplo, Los Simpsons y Los años maravillosos. Eso nunca se lo perdonaron», me dijo, muy feliz. Durante años la televisora de San Ángel nos dictó gusto musical, de vestido, de horarios, entre otros deseos, debido principalmente a que no había otra opción. La televisión estatal era vista por una minoría.

Televisa fue víctima de su soberbia como lo fue Blockbuster. Ambos emporios nunca vieron que el negocio estaba cambiando y que debían acoplarse o arriesgarse a morir. Un día, el creador de Netflix le ofreció asociarse a los dueños de la empresa de renta de películas, pero ellos se rieron. Años después, la gran N roja es líder del mercado mientras Blockbuster sólo es un recuerdo.

Televisa, ante la caída de la venta de sus telenovelas, creó el concepto «Series originales: hecho en casa». Arrancó en el tardío año de 2007 con cuatro títulos: El Pantera, SOS, Y ahora qué hago(sic) y 13 Miedos. Fueron un fracaso, debido principalmente a que querían igualar a producciones norteamericanas y eliminar el color local. El Pantera es la más representativa de ellas: Gervasio Robles, tomado de la historieta de donde se adaptó la serie, es un chilango bastante naco y ése es su encanto. En la televisión fue encarnado por su antítesis, el puertorriqueño Luis Roberto Guzmán. El producto no tuvo el éxito esperado y Televisa decidió dejar de invertir en series.

Cuando Netflix incursionó en el mercado televisivo debajo del río Bravo, contrató a un equipo latinoamericano de probada solvencia. Primero decidió irse por un tema común a todos: el narcotráfco. Empezó por Pablo Escobar y lo hizo bien. A diferencia de El patrón del mal, sacó el melodrama de la historia y apostó por una trama policiaca. Creó a la antítesis de Pablo Escobar, un policía de la DEA incorruptible llamado Steve Murphy. Escogió a varios directores latinoamericanos, entre ellos al brasileño José Padilha, a los mexicanos Guillermo Navarro y Gerardo Naranjo y al colombiano Andrés Baiz. Juntó a actores brasileños, colombianos, mexicanos, argentinos y norteamericanos.

La idea principal de la serie, basada parcialmente en «hechos reales», es contar la épica latinoamericana del gran barón de la droga. Una especie de Cien años de soledad con narcotráfico. Los norteamericanos llevan años contado historias y haciéndolo bien. Nos han convencido de que ellos ganaron la Segunda Guerra Mundial, aunque en realidad hayan sido los soviéticos.

Nos convencieron de que su patria era una donde el sistema funcionaba y donde la justicia llegaba siempre. Nadie se quejó de estos supuestos en la primera temporada. Nadie dijo que Narcos no se ceñía a la verdad. Lo cual es cierto, esencialmente porque es ficción.

En esta segunda temporada, Netflix ya es el líder del mercado. Televisa y Univisión van en picada y sus producciones cada vez pierden más puntos de rating. Así que los millennials han comenzado a ver a Netflix como el enemigo. Sin embargo, las circunstancias son diferentes. Televisa era la única opción y la guía. Netflix es una opción entre muchas más. Es decir, para criticar al líder del streaming debes pagarle; a Televisa la veías gratis y por obligación.

Esta circunstancia es importante porque muchos «críticos» se han ido contra su serie insignia Narcos debido a que quieren desestimar a la empresa. Pero la serie, en su segunda temporada, demuestra la misma calidad que en la primera. Tiene sus mismos fallos y sus precipitadas resoluciones, sus precarios movimientos de cámaras, su mazacote de acentos y nacionalidades. Sí, Wagner Moura habla un español pésimo, que muchas veces no se entiende; sí, el policía encarnado por Boyd Holbrook es insufrible por incorruptible; sí, Bruno Bichir ni siquiera hace el intento de fingir el acento colombiano; sí, hay muchos huecos narrativos, hay situaciones imposibles y muchas veces el vestuario parece recién salido de la tienda, pero… carajo, funciona como narrativa. No es The Wire ni pretende serlo. Y tal vez por esa falta de pretensiones es que ha conquistado a millones de espectadores.


Autores
(Ciudad de México, 1976): Es narrador y crítico de cine. Ha publicado Entropía, entre otros.
Secretaría de Cultura