Tierra Adentro

Foto tomada de Pixabay

La reciente participación del equipo mexicano de futbol Tigres de la UANL, significó para cualquier equipo en la historia del balompié mexicano, la mejor participación en este torneo desde su inauguración en el año 2000, superando actuaciones destacadas como la del Necaxa enfrentando al Real Madrid por un tercer lugar o a las de Monterrey y Atlante jugando grandes partidos contra Liverpool y Barcelona a pesar de perder. ¿Pero cuales fueron las claves de este equipo regiomontano que tanto da de que hablar para bien o para mal?  Acá algunos detalles de este controvertido equipo:

 

André Pierre Gignac o el temple de un gitano

Es la noche del 22 de julio de 2015, minuto 17 y Rafael Sobis se prepara para sacar un tiro de esquina. En el área solo hay cinco Tigres esperando el servicio. El brasileño patea de pierna derecha un mal córner que queda corto. La defensa del Inter despeja sin problemas hasta el medio campo en donde Israel Jiménez controla sin problemas y extiende el balón por la banda derecha a Jürgen Damm quien, sin pensarlo, desborda hacía el fondo y mete un centro bombeado casi perfecto: “el remateeeeeeee goooooooooooool de Andre Pierre Gignaaaaac se estrena como goleador de Tigres”. A partir de ese momento, la leyenda del Bomboro comenzaría en tierras regias.

El francés llegó a México con el incentivo de jugar las semifinales y una posible final en la Copa Libertadores (torneo de clubes más importante de América) y desde luego, con un sueldo de los más altos que daba la liga en ese momento. El click con sus compañeros, cuerpo técnico y afición fue casi inmediato, su carisma y entrega lo hicieron adaptarse muy rápido a nuestro país, anotando 28 goles y asistiendo en 4 ocasiones en su primer año. Gracias a este desempeño, jugó la Eurocopa de 2016 e su país natal, quedando subcampeón ante Portugal de Cristiano Ronaldo.

Pero quizás Gignac tenía un plus sobre otros extranjeros que llegaron a México con etiqueta de superestrellas y con mayores expectativas como Bebeto Djalminha, Solari (ahora técnico del America), Donovan y hasta Ronaldinho. El francés nació en una familia de gitanos españoles y después vivió entre los Manouches, muy cerca de la ciudad portuaria de Marsella, así que, en su niñez y parte de su adolescencia, se la pasó viajando de un lado a otro a bordo de casas rodantes, vendiendo o trabajando en ferias, cazando ciervos o conejos para comer, y adaptándose a la vida errante que le tocaba.

Infancia es destino, ya lo sabemos y Gignac no parece ser la excepción. Él mismo cuenta que esa primera vida como gitano le enseñó a nunca medir esfuerzos cuando se trata de estar en la cancha. Quizás esa fuerza lo ha ayudado a sobresalir en cada torneo que ha jugado para los Tigres, a diferencia, por ejemplo, de esos otros dos franceses (Jeremy Menéz y Andy Delort) que desde otros equipos trataron de replicar el efecto Gignac y no lo lograron. Ni siquiera se le acercaron un poco.

Gignac se peleó con su técnico Didier Deschamps por no rendir lo que tenía que rendir cuando ambos estaban en el Marsella FC; conquistó a Marcelo Bielsa por su entrega y por contagiar de animosidad, garra e ímpetu a sus compañeros; enamoró al más enojón y exitoso de todos los técnicos que hay en México (Tuca Ferreti); y reconquistó a su antiguo entrenador para llevarlo a la Eurocopa portando la camiseta número diez y dejando fuera a jugadores que jugaban en equipos y ligas más importantes.

El francés más mexicano, o quizás, más regio, siempre se sintió querido por la afición de Tigres, a tal manera y a solo 4 meses de estar jugando en Monterrey, en un amistoso Francia vs Alemania en el 2015. Monsieur Gignac le dedicó un gol a la porra Libres y Lokos, con la seña característica de estos hinchas: hizo la doble “L” entrecruzando los dedos y las manos desde el otro lado del charco.

A más de cinco años de su llegada, convertido en el máximo goleador en la historia de Tigres, con un hijo mexicano y en camino a ser uno de los más grandes del club, se le preguntó sobre su país de origen al terminar de jugar la final (en la que se le reconoció como el segundo mejor jugador del torneo), y Dédé, como también se le conoce, respondió con una sonrisa: “supe que pasaron el partido en Francia, mi familia pudo ver el partido… extraño un poco Francia, pero estoy muy bien en México”.

 

Por lo menos a semifinal

Llegar al Mundial de Clubes para los equipos mexicanos es casi una obligación, y ganar el torneo (Liga de Campeones de la Concacaf) que los catapulta al Mundial es casi como un día de campo dependiendo de la seriedad con la que los equipos lo tomen, ya que sus rivales del área no tienen ni la infraestructura y ni el poder monetario que generan los equipos de la liga mexicana. Si acaso, los equipos de EUA (que cada vez son mejores) ponen mejores trabas pero aún son muy pocas.

Al jugar el Mundial suele pasar lo mismo, los campeones de Oceanía, África o Asia no suponen una verdadera amenaza, es por eso que la mayoría de la prensa, exige a los equipos llegar por lo menos a semifinal, pudiendo perder o ganar según la lotería que les toque en el sorteo (al enfrentar primero al campeón de Sudamérica o de Europa) pero siempre con ese partido como mínimo. Algo similar a lo que se le exige a la Selección Mexicana de llegar a un quinto partido como premio y como obligación a octavos de final en el Mundial de Futbol.

Necaxa, América Chivas, Monterrey, Pachuca y hasta el Atlante, han participado en el torneo, siendo las Chivas del 2018 y Pachuca del 2007, los equipos que peores registros dejaron en el torneo. Monterrey en cambio, fue el último equipo que mejor sabor de boca dejó al jugar con enorme categoría la semifinal contra Liverpool en el 2019, sin embargo, los ingleses les ganaron 2-1 a instantes de alargar el juego en tiempo extra. Al final los Rayados se quedaron con el tercer lugar al ganarle en penales al campeón de África.

Como se puede ver, parece que los equipos regiomontanos han dominado los últimos años la liga mexicana y, de cierta forma es verdad. Tanto Monterrey (FEMSA) como Tigres (CEMEX/UANL), son los equipos más prósperos de la liga mexicana económica y deportivamente hablando, son los que mejor pagan e invierten en buenos jugadores ya probados o consagrados, que les reditúa en buenos resultados, a diferencia de equipos que poco a poco pierden la grandeza (como Cruz Azul) o se han estancado al ser dueños de varios equipos de futbol (Grupo Pachuca).

 

Nahuel Guzmán y el arte de defender

En espera de la entrega de trofeos y medallas, cada equipo espera en su lado, sin embargo, un intruso se acerca de a poco al equipo alemán: Es Nahuel “El patón” Guzman. Neuer se da cuenta y lo intercepta, pero el portero argentino con un breve saludo lo aparta y se dirige a su objetivo que esta más atrás. Llega frente a Robert Lewandowski y le reclama que utilizó la mano en el gol con el que ganaron la final. El nueve polaco se sorprende y le dice una, dos veces, tres, que no, que él no metió ninguna mano e incluso gesticula con sus brazos que no hizo esa trampa. Nahuel se ve triste más que enojado y decide apartarse, ya nada se podía hacer, pero para el arquero, Lewa tenía que enterarse de que lo que hizo estaba mal.

Nahuel Guzmán le ha dado una solidez tremenda al equipo de Tigres, pocas veces se equivoca y tiene una presencia bárbara en el área. Es capaz de poner nerviosos a sus rivales a la hora de atajarles penales (una de sus especialidades), sabe manejar los tiempos de cada partido, juega con los pies y tiene gran juego aéreo, sabe perder el tiempo e incluso fingir un golpe inexistente cuando se requiere. Es colmilludo, marrullero y polémico, de no existir el VAR, haría más cosas ilegales para favorecer a su equipo. Sin duda “El Patón” es un gran portero como los de antes, que infinidad de veces ha ganado partidos él solo para los Tigres.

Pero como buen equipo defensivo con el sello característico de Ricardo “Tuca” Ferretti, Nahuel necesita socios y los encontró en sus defensas centrales (Diego Reyes y Carlos Salcedo) y sus mediocampistas defensivos (Guido Pizarro y Jesús Dueñas), jugadores fuertes, aguerridos e incansables que, a excepción de Dueñas, llegaron de equipos europeos como el Sevilla, el Porto o el Frankfurt. Cinco piezas inamovibles comandadas por el portero argentino que lograron un par de partidos tremendos en este mundial, antes de jugar la final contra el Bayern Munich.

 

Tigres-Palmeiras la verdadera final

Que los equipos mexicanos jueguen contra equipos sudamericanos, en especial brasileños o argentinos siempre es un espectáculo. Los sudamericanos pierden el tiempo, patean, cortan el juego, fingen faltas y lo mejor de todo es que el árbitro siempre está a su favor. Esta historia la conocemos desde 1998 cuando los equipos mexicanos fueron invitados por primera vez a jugar la Copa Libertadores. Es por eso que cada equipo de México que logró llegar a semifinales o finales de ese torneo o de la Copa Sudamericana, se merece elogios aparte.

Cómo olvidar las actuaciones de jugadores como el Bofo Bautista ganándose escupitajos y todo el odio del estadio de Boca Junios, o el temple y los goles de Cuauhtémoc Blanco frente a equipos brasileños, o la fuerza y convicción de Paco Palencia al anotar el gol que empataría la final contra Boca Junios en medio de un infierno de gritos y gases lacrimógenos aquella noche en la Bombonera. Contra todo y todos, la mayoría de equipos mexicanos que llegaron a esas instancias dejaron una huella imborrable y crearon una empatía tremenda a pesar de no hinchar por ellos.

Con Tigres fue algo similar más no igual porque no son un equipo que cree esa empatía de otros equipos históricos y esta vez no se jugaría con las reglas de la Conmebol, afortunadamente para el equipo regio. A los brasileños del Palmeiras se les trató como a los mexicanos, incluso se vieron exhibidos de lo malos que eran, esta vez se toparon con el equipo más sudamericano que tiene la liga mexicana y que, además, sabe jugar bien cuando se lo propone.

Palmeiras salió a hacer lo que lo llevo a ganar la final de la Libertadores, romper el juego, esperar, contraatacar, intimidar y pegar cuando se debía, no por nada tenían en sus filas a Felipe Melo, un clásico jugador incendiario acusado de mala leche y de golpear y lesionar a jugadores contrarios cada que le place sin temor a sanciones o consecuencias. Tigres hizo lo suyo y en una primera mitad de golpes mutuos, supo aguatar el juego brusco de los brasileños con mejor futbol, destacando jugadores como Rodríguez, Salcedo, Nahuel, Quiñones y desde luego Gignac.

El partido terminó al minuto 53, cuando Gignac marcó desde los once pasos, un penal de los brasileños sobre González. Como bien sabemos en México, nunca es bueno que primero te anoten los Tigres, porque después, es casi imposible darles la vuelta. Después del gol empezó otro partido, si bien Palmeiras lo intentó, simplemente no pudieron contra la barrera que el equipo de Ferretti les puso, aunado a la gran actuación de Nahuel que comenzó a mover los hilos del juego como más le gusta. Sin duda, este partido, menos disparejo y más peleado, nos recuerda la necesidad de restablecer los vínculos entre las federaciones americanas para elevar el nivel competitivo. Es donde quizás CONCACAF y CONMEBOL deberían trabajar más y no solo esperar un partido cada año.

 

El arte de la trascendencia

La polémica comenzó cuando algunos jugadores de Tigres dijeron que, al jugar el Mundial de Clubes, no representarían a México sino a su club en específico, a la institución solamente. Esta declaración seguramente vendió portadas de diarios, visitas a sitios webs y enojó a gran parte de la afición mexicana necesitada de logros ajenos más que los propios. Después el técnico y algunos jugadores salieron a decir que siempre sí representaban al país, pero el daño ya estaba hecho.

En ese afán de vanagloriar lo inmediato y olvidar lo que se construye con años de trabajo, al Club Tigres se le ha tratado de llamar equipo grande (al nivel de América o Chivas), equipo de la década (por los títulos recientes). Sin embargo, el equipo no tiene relevancia más allá de los aficionados regiomontanos, que además están divididos por su rival y vecino el Club de Futbol Monterrey. Sumado a eso, dichas declaraciones aumentaron la polémica y dan la razón a los que dicen que Tigres está muy lejos de ser un equipo grande ya que solo representan a una región y ni siquiera tienen un número considerable de aficionados fuera de Monterrey. Quizás su grandeza venga cuando sean el equipo con más títulos en la historia de la liga, pero aún están lejos de lograrlo.

En cuanto a la cancha tampoco es un equipo que podamos considerar o equiparar con los grandes, los que juegan siempre a ganar porque de eso depende su historia y su prestigio. En la mayoría de sus partidos Tigres juega a no perder, a defender y “dormir” la pelota el mayor tiempo posible, a meter como se dice, el camión en la portería para no recibir goles, la prensa y los rivales se burlan de esto llamándole el Tucamión. Basta recordar la final contra el León del 2019, en la que, en el partido de ida, con gol de Gignac ganaron 1-0. La vuelta terminó 0-0 con un León desbordado al ataque, pero sin nada que hacer ante un equipo experto en defender y romper el juego.    Algo similar pasó en la final del Mundial frente al Bayern Munich: pocas llegadas, todos abajo y que el rival se desgaste. Si bien Gignac intentó lo más que pudo al ataque, Ferretti decidió jugar a lo de siempre y conformarse con lo que ya tenía ganado antes de que empezar el juego: el segundo lugar.

Los tigres, fieles al estilo de su entrenador se dedicaron esperar, a intentar dormir la pelota, a los contrarios y desde luego, a los espectadores. No a sus aficionados pues ellos ya están acostumbrados a eso, pero sí al público en general que los vio por el morbo de qué pasaría si lograban llevar al Bayern al menos a los penales, que seguro, era el plan de Ferretti ante la enorme confianza que le tiene a su portero.

En general el encuentro fue aburrido, más allá de un primer tiempo bueno en el que los Tigres generaron buenas jugadas, los alemanes estaban a tiro y era cuestión de tiempo para que anotaran. Presencia nomás se dice en el barrió cuando se sabe que un equipo es más fuerte y ganará solo con presentarse. Quizás si los Tigres hubieran apretado más, los alemanes hubieran hecho un mejor encuentro, pero no pasó nada, ellos también hicieron lo mínimo para ganar y el equipo regio hizo lo que mejor sabe hacer para aumentar la polémica de sus detractores: jugar a no perder.

Como aficionado al futbol me hubiera gustado que los Tigres jugaran de otra manera, más apegado a los buenos equipos mexicanos que han existido, o bien, a los partidos (contados) en los que esos mismos Tigres, han aplastado a sus rivales. Ojalá que, como dijo Gignac, los Tigres regresen a ese torneo más fuertes y puedan trascender en la historia de los equipos que se quedan en la memoria, los que hace algo más de lo que ya tienen ganado, los que se vuelven grandes en momentos como este.


Autores
(Ciudad de México, 1985). Es narrador y periodista. Escribe sobre música, futbol, terror y literatura en diversos medios impresos y digitales. Fue becario del FONCA (2015-2016) y del PECDA del Estado de México (2014-2015), en ambas como joven creador en letras con especialidad en cuento. Estudió la Licenciatura en Creación Literaria en la UACM y la Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Actualmente da clases de periodismo y de escritura creativa.
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