Tierra Adentro

Portada de la revista MAD, abril de 1959. Extraida de Flickr.

La noticia se propagó por las redes sociales hasta hacerse viral: después de 67 años la revista MAD deja de publicarse.

Luego hubo un desmentido: que no, que se dejaba de publicar material original, para reimprimir material clásico con portadas nuevas, por lo menos hasta cumplir sus obligaciones con los suscriptores y que dejaba de distribuirse en los puestos de periódicos para concentrarse en el llamado mercado directo, es decir, tiendas de cómics.

Al momento de escribir estas líneas, sigue sin quedar muy claro el destino de la publicación satírica de circulación masiva más longeva de los Estados Unidos. No ha habido un comunicado corporativo de parte de DC Entertainment, rama del conglomerado mediático Warner Bros. Entertainment que publica MAD.

La revista fue fundada en 1952 por el editor Harvey Kurtzman en la editorial EC Comics, propiedad de William Gaines. En aquel momento Kurtzman propuso un cómic que parodiara otros cómics, sin embargo muy pronto los otros medios masivos, cine, radio, la naciente televisión así como la publicidad y la política desfilaron por las despiadadas páginas de la revista.

En esa primera etapa, creadores como Jack Davis, Wallace Wood, Bill Elder y Basil Wolverton colaboraron con delirantes historietas. Wood era capaz de imitar el estilo gráfico de cualquier dibujante, lo que resultó en desternillantes parodias de otros cómics.

El éxito de MAD fue tan rotundo que aparecieron docenas de imitadores, revistas satíricas de todas las calidades, con sonoros nombres como Cracked, Panic, Riot, Madhouse (¡vaya cinismo!), Snafu, Yak Yak, Flip, Eh!, Arrgh!, Crazy, Not Brand Eech!, Wild, Get Lost y docenas más que con desaparecieron rápidamente[1] mientras la original siguió apareciendo durante décadas con su mascota, el niño tonto Alfred E. Neuman, en todas las portadas desde el número 21.

Para contextualizar un poco, MAD aparece en los puestos de periódicos durante el momento de mayor esplendor de las revistas de historietas o comic books, conocidos en México como pasquines o cuentos. La popularidad de Supermán, publicado desde 1939, había generado un nuevo mercado, independiente de las tiras de los periódicos.

Para finales de la Segunda Guerra Mundial, millones de personas, principalmente niños, leían cómics en los Estados Unidos. Había revistas de todos los temas imaginables: aventuras, romances, westerns, infantiles y horror. Estas últimas, de gran popularidad, eran la espcialidad de EC Comics. El editor descubrió que entre más cruentas y mórbidas era sus cómics, mejor vendían las revistas.

Ello llevó no sólo a Gaines, sino al gremio en general a explorar los límites del mal gusto y rebasarlo ampliamente. Las historias de EC eran tan extremas que hoy en día resultan bastante perturbadoras (algunas de ellas se adaptaron a la TV hace algunos años en la serie Cuentos de la Cripta, basadas en el cómic Tales From The Crypt)[2].

La saturación de violencia gráfica y crueldad prendió focos rojos entre educadores y padres de familia. Un psiquiatra llamado Fredric Wertham escribió un libelo titulado Seduction of the Innocent,  en el que responsabilizaba a la lectura de cómics violentos de provocar la delincuencia juvenil, la adicción a las drogas y alcohol y la homosexualidad, considerada en aquellos años una perversión. Ello provocó una persecución mediática hacia los cómics que derivó en una fuerte legislación y la creación de un organismo censor auto regulatorio para los editores de historietas, el Comics Code Authority.

Consecuentemente, todas las revistas de Gaines, que era el rey de los cómics violentos, desaparecieron con excepción de MAD. Gaines decidió cambiar el formato de comic book al de magazine, con lo que eludió la censura del Comic Code y dio a MAD otro status. Poco tiempo después Kurtzman abandonó el proyecto por diferencias creativas con el editor[3], pero la semilla estaba plantada.

Con Al Feldestein al frente y acercándose a la transición de los cincuenta a los sesenta, el nuevo editor conformó el perfil editorial que conocemos hoy: integró a la pandilla reincidente de idiotas, the usual gang of idiots, que incluyó a Jack Davis, que ya colaboraba con Kurtzman; Al Jaffe; el cubano Antonio Prohías, salido de la isla tras el triunfo de la revolución barbuda por publicar caricaturas anti castristas; Mort Drucker; Angelo Torres; Bob Clarke; Jack Rickard y pocos años después integraría a George Woodbridge, Dave Berg, Paul Peter Porges, Paul Coker Jr. y al mexicano Sergio Aragonés, entre muchos otros dibujantes y a guionistas como Dick DeBartolo, Tom Koch, Tom Richmond, Frank Jacobs y varios más.

En su formato de revista, MAD arremetería contra todo aquello que representara respetabilidad y solemnidad. Por sus páginas se parodiaron películas y series de televisión, políticos y líderes religiosos, movimientos sociales conservadores y progresistas, el consumismo, toda forma de fanatismo y hasta el movimiento punk en un cómic especialmente memorable para quien escribe este ensayo. Nada se salvaba del humor irreverente de MAD.

El producto editorial fue tan exitoso que pronto ramificó en muchos otros productos: libros recopilatorios, playeras, gorras, juegos de mesa y hasta dos series de televisión (animada y con actores) y una serie de videojuegos basados en los espías de Antonio Prohías, además de tener ediciones extranjeras en varias partes del mundo[4].

Era tan próspero el modelo de negocio de MAD que William Gaines se dio varios lujo inusitados en el mundo editorial: pagaba de inmediato a sus colaboradores muy por encima del promedio del mercado, prescindió de publicidad en la revista desde que cambió de formato y hasta la muerte del propio Gaines en 1992 y, lo más atípico de todo, hacer un viaje anual con el equipo editorial y los colaboradores más prolíficos a distintos destinos del mundo, que incluyeron varios países europeos, Asia y, por sugerencia expresa de Aragonés, México.

Ello compensaba la personalidad extravagante y expansiva de Gaines. La salida en 1987 de Don Martin, una de las estrellas de la revista y quien fuera llamado MAD’s maddest artista (“el artista más loco de MAD”), evidenció que la usual gang of idiots no era una familia funcional tan feliz como les gustaba aparentar.

Martin argumentaba que la aparentemente generosa tarifa pagada por Gaines incluía los derechos de reproducción a perpetuidad, que proyectado a largo plazo resultaba desventajoso y leonino para el colaborador.

Lo cierto es que Martin se mudó a las páginas de Cracked, la única revista imitadora de MAD que sobrevivió[5], donde se convirtió en Cracked’s crackedest artista, sólo para salir de pleito pocos años después, lo que hace pensar que el don era bastante conflictivo.

Con los años, nuevos talentos se integrarían al equipo de la revista, pero pocos habrían de consagrarse en el gusto de los lectores: Sam Viviano, Evan Dorkin, Bill Wray, el mexicano Feggo, el argentino Liniers y Peter Kuper, quien desde hace casi treinta años dibuja Spy Vs. Spy  tras la muerte de Prohías.

El desgaste natural de cualquier proyecto editorial fue mermando la popularidad de MAD. En vida, Bill Gaines vendió la revista a la Kinney Parking Company, conglomerado corporativo dedicado a la construcción y los estacionamientos que también adquirió DC Comics (se rumora que con dinero proveniente del crimen organizado). Viejo lobo de mar, Gaines vendió la revista pero retuvo el control editorial hasta su muerte.

Con el tiempo, MAD y DC pasaron a formar parte de Warner Entertainment. La pequeña editorial se volvió una marca más de un corporativo y sus oficinas se mudaron a las oficinas de Warner. Muchos ubican ahí el inicio de una larga decadencia. Una empresa familiar que produce una publicación casi artesanal se convirtió en el activo fijo de un gigante mediático al que no producía suficiente dinero.

Tras la muerte de Gaines, MAD incluyó publicidad en sus páginas por primera vez en varias décadas.

Un golpe previo al tiro de gracia vino cuando, en 2017, Warner mudó su división editorial a Burbank, California. MAD, un producto eminentemente neoyorquino, heredera del humor de vaudeville de los Hermanos Marx, perdió ahí uno de sus elementos fundamentales.

La mudanza coincidió con una espacie de refundación de la revista: tras dejar de publicarse mensualmente para convertirse en cuatrimestral y luego bimestral, se decidió a partir del número 550, tras 65 años de publicación ininterrumpida, empezar de nuevo con el número uno en su nueva periodicidad.

Por otro lado, la renuncia del editor Bill Morrison, veterano dibujante que había hecho fama en los cómics de los Simpson, encendió focos rojos. Morrison duró apenas unos meses en el puesto, en contraste con las largas carreras de sus predecesores, que solían durar décadas en la revista.

Finalmente, la filtración en los primeros días de julio por parte de algunos colaboradores de la revista se convirtió en pocas horas en trending topic de las redes sociales: Warner anunciaba que la usual gang que dejaba de publicar material original para sólo imprimir clásicos con nuevas portadas, por lo menos hasta cumplir sus compromisos con los suscriptores. No tomará nuevas suscripciones, se venderá sólo en tiendas de cómics y probablemente la revista desaparecerá.

Como se indicó líneas arriba, al momento de redactar este texto no ha habido un comunicado formal de Warner sobre el destino de MAD y si toneladas de especulación en línea. Expertos como Mark Evanier coinciden en que se trata de una marca muy valiosa, con casi 70 años de presencia en el mercado, como para dejarla morir. Él mismo, veterano guionista de cómics y colaborador de Sergio Aragonés en su cómic Groo The Wanderer, ha refutado la idea de que MAD se anquilosó, perdiendo el interés del público.

La presunta baja de MAD es otra más de las víctimas del agonizante mercado de las revistas, heridas de muerte por las plataformas digitales, con cuya inmediatez es imposible competir desde lo impreso.

Cualquiera que sea el destino de la revista, su legado es amplio e incalculable. El humor corrosivo e impertinente de MAD transformó profundamente primero a los Estados Unidos y luego al mundo entero. Es probable que la semilla de la contracultura hippy se haya sembrado en las mentes infantiles de los baby boomers en los primeros números de Kurtzman, como reconocen los historietistas underground Robert Crumb o Gilbert Shelton, entre otros.

El humor satírico contemporáneo en los Estados Unidos, desde la troupe de Saturday Night Live y el de los hermanos Zucker hasta el de comediantes como Jerry Seinfeld tienen una deuda impagable con MAD. Y más allá de las fronteras gringas, Sacha Baron Cohen, Les Luthies, Takeshi Kitano en su faceta de comediante y el humor del gran Andrés Bustamante y del historietista francés Gotlib, entre muchos otros regados por todo el globo, tienen una influencia innegable con el engendro de Harvey Kurtzman y sus muchachos.

Si la desaparición de MAD es inexorable[6], quedará para siempre su legado, impregnado en los memes (en el sentido con el que acuño la palabra Richard Dawkins) de nuestro sentido del humor durante los siguientes setenta años o más.

Así que como dijo Alfred E. Neuman, “What me worry?”

 

 


 

[1] Los interesados en revisar una somera historia de los imitadores de MAD pueden revisar el libro Behaving Madly, de Ger Apeldoorn y Craig Yoe (Yoe Books / IDW Publishing, 2017).

[2] No se piense que Gaines sólo publicaba cómics de horror. La editorial, heredada de su padre, originalmente se llamó Educational Comics y en sus inicios, en los años 30, publicaba historietas educativas y hasta adaptaciones de pasajes bíblicos. Al morir Max Gaines en un accidente de lancha, su hijo Bill hereda el negocio y lo convierte en Entertainment Comics. Además de los muy famosos títulos de horror publicaba westerns, cómics bélicos, románticos, policiacos y de ciencia ficción. En una de sus revistas, Weird Fantasy, Wallace Wood adaptó a cómic el cuento “Vendrán lluvias suaves” de un muy joven Ray Bradbury, décadas antes de que este medio tuviera respetabilidad cultural.

[3] Kurtzman fundaría su propia imitación de MAD, Humbug, financiada por Hugh Heffner, editor de Playboy. Pese a tener más recursos económicos, la publicación fracasó.

[4] La primera encarnación de MAD en México, llamada MAD en español, se editó en Monterrey por una empresa llamada Litográfica Industrial, SA de CV a finales de los años 70 e integró al dibujante mexicano Sergio Flores. Hubo otras dos o tres corridas editoriales del título en nuestro país. Ellas merecerían su propio artículo.

[5] Convertida en el sitio cracked.com desde hace varios años, es probable que la más famosa competidora de MAD sobreviva a la revista de Kurtzman en la era digital.

[6] Recordemos como ejemplo a la revista inglesa Punch, publicación satírica que desapareció tras 131 años (de 1881 a 1992).

 

Secretaría de Cultura