Tierra Adentro

Titulo: Grados de miopía

Autor: Andrea Chapela

Editorial: Fondo Editorial Tierra Adentro

Lugar y Año: México, 2019

Quizá de no haber cercanía entre la ciencia y el arte, Andrea Chapela (Ciudad de México, 1990) no habría escrito un ensayo. Quizá de no haber ensayado, otro sería el género, otra la voz y el cuerpo que se reflejan en la escritura de este libro. Quizá de no verse reflejada, leeríamos un tratado sobre óptica y no literatura. Grados de miopía existe porque todo lo anterior no es una suposición sino una verdad.

Merecedora del Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez de 2019, la autora –química de formación, aunque escritora de toda la vida– decide reconciliarse con la ciencia por medio de la escritura. El resultado es lo que ella denomina ensayo lírico, con el que preserva la curiosidad en su búsqueda de reinventar el lenguaje científico por medios estéticos. La metáfora es uno de ellos permitiéndole conectar dos mundos aparentemente irreconciliables.

Estudiar las palabras hasta que yo, como ellas, pueda habitar esos dos mundos.

Andrea Chapela no ha sido la primera escritora mexicana cuyo esfuerzo por terciar en el diálogo entre ciencia y literatura nos ha dado la oportunidad de leer sobre otros temas. El patólogo y ensayista Francisco González Crussí tampoco renunció a la medicina para escribir en clave literaria sobre el cuerpo humano. No dudo que los lectores recuerden decenas de escritores más. Sin embargo, al igual que González Crussí, Andrea Chapela reivindica la afortunada reciprocidad que existe entre filósofos y médicos, matemáticos y narradores, químicos y poetas, físicos y ensayistas.

Si bien en Grados de miopía no hay una intención explícita por proyectar la imagen femenina de una escritora joven, el orden en que su autora divide el libro muestra una yo totalmente consciente de sí misma. No en vano uno de los elementos con mayor simbolismo que aparecen en el texto es el espejo. La escritura ensayística es un espejo que refleja a quien cree conocerse pero termina sorprendiéndose con lo que descubre en el camino. Búsqueda especulativa, ensayar permite llegar a nuestra propia imago prima.

No quiero que esto sea un amago de autorretrato, pero tampoco puedo ignorar que estos pensamientos tienen cuerpo.

Grados de miopía está dividido en tres apartados: “El acto de ver a través”, “El acto de verse” y “La historia de ver”. El ensayo lírico debe su nombre a dos instancias que le permiten escribir a Chapela: la curiosidad y la belleza. Si el ensayo basa su búsqueda en la prueba y el error, la poesía construye imágenes o, para ser más precisas, busca imágenes en la realidad. Experimenta. Por eso me sorprende la brecha tan grande que, por ignorancia o malicia, se ha abierto hasta hoy entre ciencia y arte. En este sentido comparto frustración con la autora:

Basta decir que A y yo estamos de un lado, defendiendo la ciencia, y los artistas del otro, poniéndola en duda. Sobre todo recuerdo mi frustración, como si habláramos idiomas diferentes y fuéramos incapaces de comunicarnos.

El orden del libro se opone al viaje natural de la mirada. En vez de ir de adentro hacia afuera, el análisis parte del exterior para encontrar resultados en el interior de la ensayista. Dicha disposición en la escritura sigue la idea de Jacques Lacan, a quien Chapela cita, respecto al estadio del espejo. A esta acción que viaja a contrapelo de la proyección convencional (que va hacia adelante en un intento de salirse del sujeto u objeto proyectado para entonces duplicarse), Lacan la nombra “éxtimo”; la capacidad del sujeto para construir su intimidad no solo mediante lo que hay en sí mismo sino también por medio del exterior como factor circunstancial.

No somos únicamente lo que creemos ser sino lo que los otros ven (de) (en) nosotros. Esta es la primera imposibilidad a la que se enfrenta la autora: ¿cómo ensayar el yo a través del yo si lo que conozco de mí está distorsionado por mi propia perspectiva? No hay manera de verse sin ayuda. Chapela lo reconoce como un fracaso anunciado:

Estoy tan cerca de mí que es difícil distinguir el todo que formo. Cualquier idea que tenga de mí misma es imaginaria.

Toda escritura del yo, sobre sí mismo, es mera especulación. Es decir, un reflejo. Al ensayar se especula.

En el apartado “El acto de verse”, por ejemplo, se revela la imposibilidad de mirar eso que somos. Pero también la imposibilidad de escribir al respecto. Aquí es más clara la imagen de Andrea Chapela como una mujer que escribe. Y no solo que escribe, también que vive, que experimenta la realidad. Una mujer acosada por la mirada indiscreta de un taxista. Una mujer que desde pequeña tuvo un espejo en su cuarto, a diferencia de su hermano menor, varón liberado de la condena que implica ser mirada. Una mujer que escribe para encontrar a una mujer distinta a la que ella y los demás creen que es. ¿Qué devuelve el espejo a estas mujeres reunidas en una misma mujer? Tal vez una imagen filtrada, distorsionada, ajena. Una imagen que no les pertenece. Romper el espejo y escribir sobre cada fragmento es otro modo de resistencia.

¿De dónde viene la necesidad de replegarme en mí misma cuando estoy tanteando mis alrededores? ¿O es solo un bálsamo reconfortante el abrir la puerta del clóset, mirarme en el espejo y, como Vilariño a los once años, decirme ahí estoy?

La escritura de Andrea Chapela en Grados de miopía no puede aspirar más que a los añicos que busca ordenar nuevamente con tal de mirar la imagen perdida, que no obstante siempre es virtual: la imagen original a la que aspiran poeta y científica. Con este libro la autora no busca verdad en la poesía, como sí lo hace en la ciencia. De intentarlo, tal vez habría escrito un tratado científico sobre el acto de ver. Su búsqueda va más allá de lo descriptivo. De ahí su declaración de intenciones:

Quiero volver a acercarme a la ciencia, mirarla con nuevos ojos. Por eso comienzo con esta confesión: a mí la ciencia me parece bella y, al escribir, quiero explorar esa belleza.

Con su libro, Andrea Chapela propone una suerte de meta-mirada. Reflexiona en torno al acto de verse en el ver, analizar el análisis, mirar el modo en que la humanidad se ha mirado todo este tiempo. De ahí su título: una imagen que no se alcanza a percibir o que se ve a medias y siempre a expensas de los demás. ¿Existen nuevas formas de verse? Grados de miopía afirma que sin duda las hay:

Es un visor de descomposición que me permite acercarme y alejarme, girar y separar lo que me rodea en formas y colores geométricos. Pienso que es una buena metáfora para lo que estoy escribiendo. Con cada giro busco en estas imágenes, en estas palabras, nuevos patrones, otras formas de ver.


Autores
Diego Casas Fernández (Puebla, 1992) es autor del libro de ensayos Punto ciego editado por Ediciones de Punto de Partida y la Dirección de Literatura UNAM. En 2014 fue beneficiario, en el área de ensayo, del Pecda-Puebla. En 2015 obtuvo el Primer Premio de Ensayo en el concurso 46 de la revista Punto de Partida.
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