Tierra Adentro

poesía

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Maquetación de Luis Ham.
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Esperas quince minutos antes de recoger el cambio y salir de la cafetería.
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    La madurez te vuelve siempre un poco más místico mientras tu pupila (la lente que persiste) se achica y detiene los acercamientos como en pausa comercial así es la conciencia se ensancha en la frente empieza a palpitar un tercer ojo expandible hilado por las cuentas de vidrio que arroja la fe el destino la reverencial mutable olorosa a incienso acumulación capitalista frente a ti en el Mercado.
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Querido Santa,    Cada día tu navidad me derrota, cada minuto que paso en centros comerciales, con villancicos hasta la corona como la corona que mi familia colgará en el umbral.
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      A media noche, aterrado, débil y ponderando extraños tomos de vetusto folclor olvidado—  se mecía mi cabeza, casi en siesta, cuando una aldabada sonó, como de alguien llamando a la puerta de mi habitación.
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1.
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I Alguna vez me contasté que entre los tarahumaras hay algunos que siguen siendo gentiles, que no se han bautizado ni se deben bautizar y que el resto los llama gawí tónara, los pilares del mundo.
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Durante cada lunes de septiembre, en Tierra Adentro publicamos la obra de una poeta sueca contemporánea, en aras de enriquecer el panorama poético joven mexicano.
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A Mauricio Ortega Valerio, desaparecido el 26 de septiembre del 2014 en Iguala, Guerrero     I Mauricio Mi voz se hizo nido el día que te agarraron, ¿Que no saben que todo lo que te hagan me lo hacen a mí?, aullé el relámpago en tu boca, donde anduvimos con los nuestros y ahora, ya no, ¿Dónde amarraré este dolor que enciende la esperanza? ¿Quién trae la cabeza del pueblo? ¿En qué cruces colgaré aves que sepultan mi lengua? ¿En qué tierra he de encontrar tus pasos, ahora, que tu cuerpo se acobija en el miedo y crece la espiga de nuestra rabia?       II Escóndete en la cueva, espera que baje la neblina y termine la caza, los que huelen la carne se llevan nuestros sueños en autobuses que no tienen vuelta, en su sigiloso acecho se visten de lluvia y cuentan los dedos por los que estamos en la Montaña, los de la mano oculta, los de la tierra roja, los que vivimos en la casa de Lucio.
Secretaría de Cultura