Tierra Adentro

Time Divisa 310, 311, 314

Aproximadamente durante cinco años, el proyecto Time Divisa consistió en trescientos sesenta y cinco intercambios de tiempo que tuve con varios presos del penal de Santa Martha Acatitla, ubicado al oriente de la ciudad de México. Hacíamos simultáneamente la acción que el otro requiriera, en un día y hora elegidos de común acuerdo, intercambiando como moneda la documentación de las acciones realizadas por cada parte.

Escribo este texto desde Mazatlán, después de un par de años de haber acabado este proyecto, con un viaje a la prisión de las Islas Marías preparado para partir en pocas horas. Después de este tiempo fuera, y con un contacto cada vez menor con la cárcel, aparecen en mí sensaciones muy particulares y recuerdos que se aclaran lentamente. Viéndolo a la distancia, intentaré compartir algunos postulados y reflexiones tanto del proyecto como de otras líneas de pensamiento que surgieron a partir de él.

Creo en dos formas fundamentales de concebir el tiempo. La primera: el tiempo objetivo, un ente cuantificable que se puede representar en segundos, minutos, horas, días, meses, periodos de trabajo, vacaciones, etc. Creo, también, que uno de los fines fundamentales para que el tiempo sea cuantificable es que, gracias a ello, es posible cambiarlo como un bien. El dinero es el tiempo objetivado como mercancía, una refinada y brutal representación que permite tanto su flujo y negociación como su acumulación. Las grandes acumulaciones de capital son también grandes acumulaciones de tiempo de vida necrosada. Hay, sin embargo, otra visión del tiempo que se opone a la anterior de la misma manera que la mecánica cuántica lo hace con la física newtoniana: el tiempo subjetivo. En esta concepción el tiempo pasa de diferente manera: si se sufre, si se está enamorado, si se tiene tedio o si se tiene alegría, paradójicamente, vale lo mismo para todos; este es uno de los andamios principales sobre los que se sostuvo el proyecto Time Divisa.

Creo que sólo puede haber un intercambio si hay una noción de igualdad entre las partes: el proyecto se basa en la idea de que el tiempo de todos vale lo mismo. Cuando sucedía un intercambio de tiempo entre alguno de los reclusos y yo, no intercambiábamos una hora por una hora o diez minutos por diez minutos, únicamente elegíamos una hora específica en la que cada uno daría comienzo a la acción que el otro le pidiera. Debíamos empezar el encargo del otro de manera simultánea; esto tenía una razón: crear un vínculo. Cada preso sabía que mientras hacía lo que le pidiera, ellos hacían, a través de mi cuerpo, lo que deseaban. Si bien comenzábamos al mismo tiempo, otra condición era que ellos terminaran la acción cuando creyeran que yo la había terminado, sabiendo de antemano que estábamos conectados. Esta simultaneidad y acuerdo de sincronía provocaba que, en términos cuantitativos, el intercambio fuera dispar: a veces tardaba días haciendo una acción a cambio de que la otra parte tardara un par de horas, y viceversa. Esta asimetría era fundamental, pues me interesaba intercambiar lo incuantificable.

Uno de los castigos más brutales del sistema penitenciario es la conciencia de que el tiempo de vida, a pesar de ser experimentado, no le pertenece al sujeto. La noción de duración cuantificada y su conteo es un instrumento de control y sumisión; lo fundamental para enfrentar una condena es no contar.

La prisión funciona como una microsociedad que reproduce características de la sociedad que la contiene. Me gusta pensar que, al ser más pequeña en comparación, las acciones que se hagan al interior repercuten de forma más nítida. Estas mínimas repercusiones simbólicas constituyen el cuerpo de las metáforas sobre las que me interesa trabajar. No tenemos nada salvo el tiempo.

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Autores
(Distrito Federal, 1980) es egresado de la ENAP, donde estudió Artes Visuales. Su obra es una exploración de carácter multidisciplinario acerca de las nociones de trabajo, valor e intercambio. Ha expuesto en Holanda, Suecia, Estados Unidos, Brasil y Rusia, entre otros países.
Secretaría de Cultura