Tierra Adentro

¿Llegará un día en que el olor del sexo pueda ser tan sugestivo

que nos haga desear indefectiblemente a un hombre o a una mujer,

y como en los tiempos de hambre y de caza,  

vayamos con todo por tenerlos?

 

Cierta tarde, Florencia Márquez Velosso recibió un anuncio a su casilla de correo. El remitente era L.R., su marido, pues era de su conocimiento el interés causado por los avisos oportunos. El asunto decía: Para que escribas un cuento de fetichismo.

 

De: Néstor Adrián <nestor.adrian@hotmail.com>

Asunto: Te compro tus pantimedias usadas…

Hola, ¿ya vas a tirar tus pantimedias usadas? No las tires, sácales una lanita, véndemelas, mientras más sucias de la vagina estén, mejor, mientras más, más te pago ¿Qué te parece? O ustedes chicos róbenle las medias jaladas a su mujer y véndanmelas, así se hacen de una lanita y si las usaron para hacer el amor con ellas puestas mmmmm mejor!!! Me gusta que tengan flujo y que huelan a sudor y yo me hago del fetichismo que tanto me gusta, las pantimedias de mujer usadas… escriban a este mail. También compro tangas usadas…

 

Florencia repasó el mensaje y lo que más le entusiasmó, antes de escribir cualquier historia, fue ponerse en contacto con ese individuo. A ella le gustaba la corsetería fina y había escuchado que los jóvenes robaban prendas íntimas femeninas porque, a decir de las leyendas urbanas modernas, “así disipaban sus aires de nobleza”. También recordó lo que puede hacer alguien por conseguir una prenda linda para el tacto, el olfato o su uso; como cuando descubrió sus primeras bragas de encaje en la habitación de la mujer que ayudaba en la casa de sus padres. Cuando le preguntó, la joven dijo que le gustaron mucho. Florencia decidió regalárselas.

Es curioso, pero Florencia se imagina hasta ridícula la palabra contacto cuando la gente ni siquiera pretende tocarse. Contacto telefónico, contacto por carta, por internet; cuando lo que se necesita, es una prótesis que nos permita mantenernos cercanos al mundo o hacer tierra.

“Pantimedias usadas o tangas, y mientras más usadas, mejor”. Lo importante era que conservaran el olor del sexo, el sudor o la lujuria impregnada en ellas, desmenuzaba Florencia en su mente cuando se decidió a responder el anuncio. Luego de varios ensayos, escribió:

 

Néstor Adrián: Mi esposo me hizo llegar este anuncio, y dejé pasar mucho tiempo; sin embargo, por fin me pongo en contacto con usted. Me gustaría enviarle unas pantimedias usadas y también unas bragas. Tal vez para él hubiera sido más sencillo ponerse en contacto con usted, aunque no he notado ausencias en mis cajones, así que creo que no lo ha hecho. Dígame si le interesan…

Reciba saludos,

Florencia Márquez

 

El primer paso se había dado. Sintió nervios mientras pensó qué escribir y cómo dirigirse al individuo, sopesando si podría sobrevenir algún problema. Incluso creyó que para su suerte y para no enfrentarse con sus miedos —a los primitivos “deseos” hoy se les llamaba “aspiraciones” del hombre domesticado—, el tal Néstor Adrián no le respondería, pero se equivocó. No tuvo que esperar mucho, solo 24 horas.

 

Hola: Desde luego que me interesa, al contrario, le agradezco que se haya puesto en contacto conmigo, me encantaría comprarle esas pantimedias usadas, solo le menciono las condiciones en las que me gustaría comprarlas, me gustaría que las haya usado sin ropa interior para que tengan su olor y flujo directo de su cuerpo, mientras más sucias estén más me gustan, no me importa marca ni nada, pueden ser las más baratas, mientras más transparentes mejor, me gustaría también que les pusiera una marca mientras las usa y me envíe una foto de usted usándolas donde se aprecie la marca solo con el fin de comprobar que sí fueron usadas por una mujer, por qué créame, me he llevado cada fiasco. En fin, solo eso, que hayan sido usadas por usted y estén muy sucias. Si las usó para hacer el amor mejor, ya que así estarán llenas de su dulce sabor.

De antemano le menciono que su esposo no se ha puesto en contacto conmigo, así que eso explica que no haya ausencias en sus cajones. En fin, sí me interesa y mucho me interesan tangas y pantimedias usadas llenas de flujo y olor a sudor, por favor dígame si las condiciones le parecen adecuadas y si no, siempre podemos negociarlas, lo que me interesa es la prenda usada. Gracias por ponerse en contacto y hasta muy pronto, espero.

Néstor Adrián

 

Florencia mantuvo el juego y escribió con la distancia que proporciona el usted:

 

Néstor Adrián: Creo que deberé esperar unos días entonces, para cumplir con las condiciones. Solo tengo una reserva, la de mandarle una fotografía usando la pantimedia. Me señaló que existe posibilidad de negociar, así que quisiera saber si ello es o no negociable. 

Por otro lado, quiero preguntarle cuánto paga por la prenda en las condiciones deseadas y cuál es el proceso que sigue; aunque por mi parte, más bien me gustaría un trueque. Quedo atenta a su respuesta,

Florencia

 

Después de haber mencionado que, en lugar de vender unas pantimedias usadas sin fotografía de por medio, se pudiera realizar un trueque, Florencia comenzó a imaginar qué podría pedirle. Lo obvio resultaba, sin duda, tener afición a los calzoncillos de hombre y pedirlos en las mismas condiciones que él había solicitado los de mujer, pero eso no le generaba ningún placer y tampoco tenía conocimientos químicos como para considerar extraer olores ni quería remitirse a Patrick Suskind y su El perfume.

A Florencia le costaba creer que el único y genuino interés de ese tal Néstor Adrián, fuera coleccionar prendas femeninas en ese estado, ¿para qué? ¿Cuánto tiempo podría durar el olor? ¿Dónde las guardaría? ¿Cómo haría las clasificaciones? Todas las preguntas surgían al ponerse en el lugar del coleccionista y se preguntó algo más, si habría comunidades fetichistas concretas. En medio de su investigación descubrió las más diversas. Le parecía un mundo desconocido donde la búsqueda no solo era el contacto con la tela. Florencia prefería relacionar imágenes y texturas, no así el olor, pero de todo hay, reflexionó.

¿Envías primero la prenda y luego te pagan? ¿Al revés? ¿Cómo confiar? Debía ser una broma, una persona aburrida enviando correos electrónicos, para ver quien caía.

Para Florencia era difícil creer que pudiera generarse una obsesión por las prendas y los aromas con el objetivo de alterar la libido ¿Pagar por oler? ¿Pagar por conservar un olor, el propio, el de uno en una prenda… el de alguien que ni siquiera conoces y de quien solo puedes tener unas letras de Internet y quizá no ser quien dice ser?

Sus elucubraciones iban acompañadas de pensar qué pantimedia le ofrecería, cuál braga, y si sería capaz de usarla por varios días o hacer el amor con ella; si le diría a L.R., su marido, para que la ayudara a seguir el juego y así ponerse a escribir o si al menos la portaría mientras hacía su ejercicio diario para sudar.

La respuesta de Néstor Adrián llegó a su buzón electrónico, digna de una lectura cuidadosa.

 

Asunto: re: Me interesan…

Hola: En efecto, las condiciones son negociables… Y si para usted no es pertinente la foto, está bien, podemos ignorarla y pasar a la siguiente parte. Como le dije, a mí lo que me interesa es la prenda. Contaré con su palabra de que la prenda fue usada por usted misma, el olor y sabor me lo confirmará más adelante…

ME LLAMA LA ATENCIÓN QUE ME PIDA UN TRUEQUE… DESDE EL INICIO LO ESTIPULÉ, QUE LAS CONDICIONES SON NEGOCIABLES Y LO DEL TRUEQUE ME GUSTA MÁS, ES, DIGAMOS, ALGO MÁS… PERSONAL, POR LA PRENDA EN ÓPTIMAS CONDICIONES PAGO HASTA 200 PESOS, ESTANDO EN MUUY BUEN ESTADO, O SEA, TAL Y COMO LA PEDÍ, PERO LA OPCIÓN DEL TRUEQUE ME GUSTA MÁS… PERO, ¿QUÉ PUEDO OFRECERTE? ¿QUÉ TE GUSTARÍA A CAMBIO DE TUS PANTIMEDIAS USADAS? COMO TE REPITO EL TRUEQUE ME GUSTA MÁS. EL PROCESO QUE SIGUE, PUES ES SENCILLO, ME AVISAS CUANDO TENGAS LA PRENDA LISTA Y SI YO TENGO LO QUE ME PIDES PUES NOS VEREMOS EN UN LUGAR PÚBLICO Y CON GENTE PARA HACER EL TRUEQUE. CUANDO HE COMPRADO PRENDAS LO HE HECHO DENTRO DEL METRO HIDALGO O AFUERA DE BELLAS ARTES O EN ALGÚN VIPS O SANBORNS, EN ALGÚN LUGAR DONDE NINGUNO DE LOS 2 ESTEMOS INQUIETOS O INTRANQUILOS Y QUE ESTEMOS SEGUROS, PORQUE DIGO, NO ME CONOCES Y SE QUE HAS DE TENER TUS DUDAS ACERCA DE MI, PERO COMO TE DIGO NO HAY PROBLEMA. AHORA BIEN, SI NO QUIERES QUE TE VEA CARA A CARA PUEDES ENVIAR A ALGUIEN A QUE ME ENTREGUE TUS PANTIMEDIAS Y YO LE DARÉ A ESA PERSONA LO QUE ME PIDAS A CAMBIO.

¿QUÉ TE PARECE?, ¿TIENES ALGÚN COMENTARIO, DUDA, SUGERENCIA?, LO QUE SEA HÁZMELO SABER, DE VERDAD TE PROMETO QUE LO CONSIDERARÉ. COMO TE MENCIONO, LO QUE A MI ME INTERESA ES LA PRENDA Y AHORA EL TRUEQUE, ME INTRIGÓ DEMASIADO…QUE PODRÍA TENER YO QUE TE GUSTE TANTO COMO A MI LAS PANTIMEDIAS USADAS… QUEDO ATENTO A TU RESPUESTA…

NÉSTOR…

 

Florencia repitió mentalmente, luego en voz baja y después en voz alta, en un intento por desentrañar lo que pasaba por la mente del otro: contaré con su palabra de que la prenda fue usada por usted misma, el olor y sabor me lo confirmará más adelante…, contaré con su palabra de que la prenda fue usada por usted misma, el olor y sabor me lo confirmará más adelante…, contaré con su palabra de que la prenda fue usada por usted misma, el olor y sabor me lo confirmará más adelante. Se sobrecogió porque ¿cómo podría él confirmar si era su olor y sabor? ¿La conocía? ¿Quién era ese Néstor Adrián? ¿Qué planeaba?

Florencia sintió un escalofrío y el desconcierto la recorrió, transformándose en un calor corporal que le encendió las mejillas. La sensación la llevó a continuar la lectura: ¿Qué puedo ofrecerte?, ¿qué podría tener yo que te guste tanto como a mí las pantimedias usadas? Notó el cambio del ‘usted’ al ‘tú’, y por supuesto, el paso a las mayúsculas. Entendió entonces que el tono ahora sonaba cercano, con más confianza. Se estremeció.

Florencia, confundida, no respondió a Néstor Adrián; sin embargo, a los cuatro días de silencio él volvió a escribirle, reiterándole su interés por sus pantimedias usadas, aún si ya no le interesaba trueque alguno.

Fue entonces que Florencia, buscando respuestas a las preguntas que se había formulado con respecto al fetichismo de Néstor Adrián, y para calmarse, decidió pedirle a L.R., su marido, que no se cambiara de ropa interior por varios días, para saber si le gustaba su aroma concentrado. Él rio de buena gana y le pidió que ella hiciera lo mismo.

Desde entonces, ella aprendió a mirarse al espejo por más tiempo, a cambiarse bragas y medias luego de usarlas lo suficiente. Las modelaba para L.R. como en desfile privado de lencería, y así siempre que podían pasaban las tardes, observándose uno al otro, hasta que la sugestión emocional aterrizaba y se expandía entre cuatro paredes. Él, por su parte, aprendió a usar el mismo bóxer por días. Se volvió esta, una manera íntima de comunicarse.

Si bien el cuento de fetichismo nunca se escribió, L.R. había logrado provocar a Florencia al enviarle ese aviso oportuno. Tanto que ella comenzaba a entender de coleccionismo. Investigaba para sentirse segura cuando se exhibía ante su marido siempre que él percibía los humores de sus prendas íntimas. Entenderlo le permitió conocer y disfrutar del olor concentrado de L.R.

A pesar de la nueva dinámica con su esposo, Florencia seguía intrigada con Néstor Adrián y, aunque tardó en contestar, analizó bien qué era lo que quería a cambio en trueque. Aquello que le pidió, luego de disculparse por su silencio de un par de meses, fue saber cómo había desarrollado ese fetichismo, lo quería detalladamente y por escrito. Quería saberlo todo. Accedió también a realizar el trueque con mensajeros para no sentirse vulnerables durante el intercambio.

Fue así que cuando Florencia ya descartaba cualquier correspondencia con Néstor Adrián, éste finalmente le escribió:

 

Acepto. Me has asombrado. Me pondré en contacto en cuanto tenga listo el relato.

 

El mensaje era breve y estaba correctamente escrito. Ese hombre lograba poner nerviosa a Florencia, pero de un modo extrañamente familiar. Era casi como cuando L.R le despertaba instintos insospechados con sus ideas, esas propuestas que no se imaginaba de él y que le resultaban fascinantes. Al relacionarlos, entendió todo de pronto. Néstor Adrián nunca más le escribiría para acordar el intercambio.

 

***

 

Florencia toma entre sus manos los calzoncillos de L.R., pone su nariz sobre la tela, inhala como si estuviera a punto de degustar un gran vino, sonríe hacia él, y le dice, ¿tú crees que podría diferenciar entre el olor de tu sexo y el de otros?

 

***

Nunca sabemos a quién tenemos junto a nosotros, pensó Florencia cuando encontró, en pequeñas cajas ordenadas alfabéticamente, toda una colección de pantimedias y tangas desconocidas con fichas informativas escritas por L.R.

 


Autores
Licenciada en Ciencias de la Comunicación y maestría en Administración de Organizaciones por la UNAM; con estudios en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, Horizontal, la Escuela Dinámica de Escritores y en 17, Instituto de Estudios Críticos. Sin Dios y sin diablo es su segunda novela editada por Plaza y Janés. Autora del texto Las amorosas más bravas (Fonca-Los libros del Sargento), su primer trabajo periodístico de largo aliento imagen-texto, sobre la Casa Xochiquetzal y sus habitantes (único albergue para mujeres trabajadoras sexuales de la tercera edad, localizado en la Ciudad de México). Ha participado en varias antologías de cuento, y publicado cuento, entrevistas, reportajes, artículos y crónicas, en diversas revistas nacionales e internacionales.
Secretaría de Cultura