Tierra Adentro

Ilustración por María Magaña

Up there, there is a sea
Up there, there is a sea
Up there, there is a sea
The sea’s the possibility

Land, la penúltima canción de Horses, es una de mis favoritas en el debut de Patti Smith. Es la más larga y la que presenta la imagen de los caballos que le dan nombre al disco. Aunque al leer la letra parece una canción narrativa, en cuanto trato de rearmar la historia de Johnny, siento que el centro de la canción está más bien en las imágenes que se relacionan no por razones lógicas, sino respondiendo a la voz y subjetividad de Patti Smith. La canción comienza sin música, ella nos habla de un muchacho en un pasillo a punto de ser atacado por sus compañeros. Cuando entra un ritmo por debajo de la voz es como el comienzo de un sueño febril; el tono de Patti Smith se transforma, se acelera y las imágenes se agolpan una sobre otra. Es difícil decir qué sucede en la canción, pero entre el mar de posibilidades que está en el centro, la manada de caballos que corre y corre, la desesperación de Johnny y las palabras que se repiten da la sensación de una evocación. ¿A qué? No estoy segura.

Desde que comienzo a leer sobre Horses los datos más obvios se me escapan. Me cuesta trabajo saber cuándo salió. Incluso en el artículo de Wikipedia aparecen dos fechas: primero, el 13 de diciembre de 1975 y después, el 10 de noviembre de 1975. En una base de datos encuentro que salió el 10 de noviembre, pero entró a los rankings el 13 de diciembre. Un mes de diferencia en uno de los debuts más famosos de la historia de la música podría dar igual y, de hecho, la misma Patti Smith parece contestar a mis dudas cuando, el 10 de noviembre del 2020, publica unas fotografías conmemorando el aniversario 45. Aun así, me queda la sensación de que, como el contenido de sus canciones, los detalles más concretos del álbum se resbalan entre mis dedos cuando intento agarrarlos.

Horses no es solo el debut de Patti Smith, sino también el considerado inicio del punk. Se encuentra en casi todas las listas de los discos más importantes de la historia y artículos escritos a lo largo de las décadas concuerdan al decir que con este disco Patti Smith propone algo completamente nuevo, que cambia la dirección del rock y abre las posibilidades y roles de las mujeres en la música en general. Sin ella no existirían REM, P.J. Harvey, The Smiths, Razorlight, Alanis Morrissette y tantos más.

Admito que oí Horses por primera vez cuando me obsesioné con Patti Smith en la primavera del 2019. Durante varias semanas, casi todos los días, subía a mi habitación después de comer y lo escuchaba, esperando que a fuerza de repetición se me pegara algo. Es imposible oírlo y no mover los dedos, los pies, la cabeza, es como pasar por una fiebre, o experimentar la aceleración de una montaña rusa, la intensidad va escalando y sonidos que me embisten y me revuelcan, algunas veces solo me orienta su voz que recita más de lo que canta, me dejo llevar por ella, por cómo viene y va, el trance que tejen sus palabras, en su cadencia porque son más sonido que significado. Durante esas semanas de primavera, escuchaba una canción, leía la letra, la volvía a poner, me dejaba llevar. Estaba buscando algo, que confieso no he encontrado, que aún no sé articular, pero que sigo buscando cada vez que la escucho, cada vez que la leo, cada vez que abro su Instagram. Solo Patti Smith puede escribir sus descripciones como versos, una y otra vez comienza con un “This is…”, sin que parezca impostado. 

When suddenly Johnny gets the feeling he’s being surrounded by
Horses, horses, horses, horses
Coming in in all directions
White shining, silver studs with their nose in flames,
He saw horses, horses, horses, horses, horses, horses, horses, horses.

Me encontré por primera vez con las palabras de Patti Smith cuando visité Shakespeare and Co. en marzo de 2019. Había ido a París a ver a un amigo que iba a dar una conferencia y me dijo, a modo de invitación, que tenía hospedaje y viáticos, ¿por qué no lo alcanzaba allá? No lo pensé dos veces cuando encontré unos boletos muy baratos. Pasé cuatro días en la ciudad. La mayor parte del tiempo, como él tenía cosas que hacer, paseaba sola. Aprendería después que Patti Smith viajó por primera vez a París con su hermana cuando tenía veintitrés años. No hablaban francés y en el reportaje de Rolling Stone de 1976 cuenta cómo se unió a una compañía de artistas callejeros y decidió viajar en lugar de estudiar arte.

Al entrar a Shakespeare and Co. estaba buscando un libro que me llamara la atención para llevarme como recuerdo del viaje. No conocía la obsesión de Smith por Rimbaud y el simbolismo francés, ni sabía que al escribir Horses, al posar para la icónica portada, estaba tratando de manifestar a ese poeta dentro de sí misma. A la fecha no sé por qué escogí comprar Devotion. Es un libro reciente en el que ella corre la cortina de su proceso, nos explica cómo, durante un viaje a Francia y a Inglaterra, se le ocurren las ideas para el cuento homónimo. Escribe y piensa en trenes, en cafeterías, en hoteles, en la casa de Camus, frente a la tumba de Simone Weil. Rastrea sus pasos uno a uno y, finalmente, nos deja ver el texto resultante. 

Me obsesioné.

Devotion podría ser una mala primera lectura para otras personas, no habla casi de su vida y es más bien un recorrido por su cabeza en un momento preciso, pero para mí fue ideal porque llevaba muchos años tratando de rastrear mi propio proceso de escritura, como si eso fuera a darme la clave que me hacía falta. No es que de repente, al leer ese libro, quisiera escribir como Patti Smith, de hecho, hace tiempo que acepté que probablemente nunca escriba como ella, que mi mente está mucho más adaptada para escribir ficción que poesía, que mi relación con las palabras no se siente tan potente, que tiendo a la estructura y no la evocación. Me encontré con una sensación más básica, la misma que he encontrado en otros libros donde quien escribe habla de su proceso, sentí que esos libros habían sido escritos con el único fin de llegar a mis manos. Y me doy cuenta de que es un tanto presuntuoso decirlo así, pero hay libros que entran en resonancia con algo profundo, que le dan palabras a lo que antes solo fue una sensación. En este caso me identifiqué con un sentimiento primordial y vital: la necesidad de escribir.

Después de ese viaje, ya en Madrid, leí M Train y Just Kids, dos libros mucho más autobiográficos. Escribe el primero después de la muerte de su esposo y relata su matrimonio, el nacimiento de sus hijos, su vida madura. El segundo la sigue desde su nacimiento hasta la muerte de Robert Mapplethorpe, “el artista de su vida”, con quien tuvo una relación romántica complicada que marcó sobre todo su carrera artística y su relación con el arte. Fue él quien tomó la fotografía para la portada de Horses. En ella se ve a Patti Smith despeinada, con una camisa blanca, un listón desanudado al cuello, el saco negro al hombro. Hasta ese momento ninguna mujer se había presentado de ese modo, andrógina y en control. Una mujer que no se presenta para ser el objeto de deseo de los hombres, sino como una persona (¿podría decir más bien una fuerza de la naturaleza?) en sí misma.

I tried to stop it, but it was too warm, too unbelievably smooth,
Like playing in the sea, in the sea of possibility, the possibility
Was a blade, a shiny blade, I hold the key to the sea of possibilities
There’s no land, but the land

Patti Smith tenía veintiún años cuando conoció a Mapplethorpe en la librería donde trabajaba. En seguida comenzaron una relación y, en algún momento después de que ella volvió de París, se mudaron al Chelsea Hotel, donde se encontró con muchísimos artistas entre ellos al poeta Allan Ginsberg. Patti Smith es primero una poeta y una cantante después, pero ambas vertientes se ven en las influencias de este primer disco. Además de Rimbaud están los poetas Beat, Jimi Hendrix, Bob Dylan, William Blake, A Book of Dreams de Wilhem Reich y The Doors. En Just Kids habla de la gente que conoce, los libros que lee, el arte que hace. Me emocionó su vitalidad, cómo pone por encima de todo sus ganas de ser libre, de ser artista, de crear, sin preguntarse demasiado si tiene talento o no, solo haciéndolo, dibujando, escribiendo, cantando, bailando, porque no puede detener la necesidad de crear de cualquier forma que se encuentre. Me gusta cómo no duda. Hasta que leí ese libro me di cuenta de que Patti Smith estaba a punto de cumplir 29 años cuando salió Horses. Me sorprendió porque yo también tenía 29 años mientras la leía y también quería crear, pero tenía (tengo) muchas dudas. No siento ese desparpajo y la manera en la que ella está dispuesta a todo, siempre presente, lista para comerse al mundo, para recibirlo entero.

Horses está compuesto por ocho canciones. Comienza con la famosa línea: Jesus died for somebody’s sins but not mine (Jesús murió por los pecados de alguien, pero no los míos). Se grabó en el Electric Lady Studios, el estudio de Jimi Hendrix, donde Patti Smith se lo cruzó durante la fiesta de inauguración. Antes de grabar, Patti Smith y su banda (Lenny Kaye en la guitarra, Ivan Kral en el bajo, Jay Dee Daugherty en la batería y Richard Sohl en el piano) ya habían tocado varias veces en CBGB, el famoso club de Nueva York de punk y new wave, donde los escuchó un representante de la disquera Artista Records. Patti Smith entonces contactó a John Cale para que produjera el álbum. Ella cuenta que lo eligió un poco al azar, sin saber en qué se metía y que pensaba que estaba eligiendo una acuarela muy cara cuando en realidad recibió un espejo. En otras palabras, Patti Smith se encontró con otro artista temperamental, que tenía una visión diferente a ella y el proceso de grabar el disco estuvo marcado por sus peleas y discusiones.

Una cita en el reportaje de 1975 en Rolling Stone llama mi atención. Cuenta que muchas veces le dijeron que sería imposible que alguien se arriesgara a hacer un disco con una poeta y entonces dice: “las personas están tan seguras de la imposibilidad de las cosas, que como en Land of a Thousand Dances, no ven el mar de posibilidades. Solo sé que estoy haciendo exactamente lo que quería, me tomó cuatro años llegar hasta aquí, pero ha valido la pena”. Cuando oigo Land, esa canción construida como la trilogía Horses, Land of a Thousand Dances y La Mer(de), creo entrever ese mar de posibilidades. A pesar de la historia deprimente de Johnny, el ataque y su suicidio, el sentimiento que me deja no es deprimente, sino energizante, una aceleración, casi una fiebre. Si uno se deja, Patti Smith nos presenta ese mar abierto donde todo es posible. En un video de YouTube la veo en el 2015 cantando algunas de las canciones de Horses. Su cabello largo y blanco, vestida con un traje negro, comienza a recitar con los ojos cerrados, su voz a los 68 años es diferente al disco original, pero la energía es la misma, la respuesta del público me da envidia. Quiero estar allí. 

Desde la primavera en la que me obsesioné con ella, la sigo en Instagram. Me gusta el collage que nos presenta, entre los momentos de su pasado y los lugares de su presente. Cada vez que publica una fotografía responde un mensaje que le dejan, casi siempre felicitando a alguien por su cumpleaños. El día de la elección en Estados Unidos, subió un video de ella cantando afuera de un centro de votación en Nueva York. Su cabello blanco parece haber estado en unas trenzas que ya se han deshecho, pide disculpas por quitarse la mascarilla para cantar People have the power. Entreveo la misma sensibilidad y vitalidad que envidio cada vez que la leo, cada vez que la escucho. ¿De dónde saca tanta energía? ¿Tanta intensidad después de tanto tiempo?

Patti Smith tenía 10 años cuando se encontró con una copia de Iluminaciones de Arthur Rimbaud, en la entrevista con Rolling Stone confiesa que con un vistazo a su semblante en la portada se convirtió en su poeta preferido. No puedo decir que sintiera lo mismo al ver la portada de Devotion, pero lo siento ahora que vuelvo a ver este libro, blanco y sobrio frente a mí. Lo siento cuando la escucho y entiendo por qué ha sido una influencia para tanta gente.

Pongo de nuevo Horses esperando que me enseñe algo sobre estar presente, estar atenta, algo sobre estar viva.

In the sheets
There was a man
Dancing around
To the simple
Rock & roll
Song


Autores
(Ciudad México, 1990), estudió química en la UNAM y un master of Fine Arts en escritura creativa en español en la Universidad de Iowa. Fue becaria del Fonca en el Programa Jóvenes Creadores y del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2018 de cuento y el Premio Nacional Juan José Arreola 2019. Es autora de la saga de fantasía Vâudïz.

Ilustrador
María Magaña
Guadalajara, 1988) es ilustradora y diseñadora. Egresada de la Licenciatura en Diseño para la Comunicación Gráfica por la Universidad de Guadalajara. Desde el 2011 distribuye su trabajo de forma independiente.
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