Tierra Adentro
Ilustración por Caro Monterrubio.

Ilustración por Caro Monterrubio.

Al poeta Juan Bañuelos, en memoria.

 

Orígenes

La palabra tojolabal (tojol ab’al’) viene de ab’al’: palabra, idioma, lengua; y de tojol: verdadero. O sea, tojolabal quiere decir lengua verdadera. Una tojol (waj) es una tortilla recién hecha, caliente y sabrosa, pero la tortilla tojol es la que “está en su punto”, recién salida del comal y está por cumplir su función de ser alimento. Así, los hombres y mujeres de este grupo étnico se hacen verdaderos (o tojol winik: hombre verdadero) desde una ética y frente a una conciencia colectiva. “Los hombres verdaderos” tienen un reto por cumplir día a día, se puede acertar o fallar en esa tarea, pero deberán hacer conciencia del reto y el compromiso que conlleva, pues “no se nace, sino se hace tojol”. El tojol, pues, es un camino de rectitud y siempre por construirse.

El pueblo tojolabal (emparentado con el chuj de Guatemala, en su origen) es una de las 14 lenguas mayas habladas en el presente, en el estado de Chiapas, al sureste de México1. Su relación ritual y sagrada con sus vecinos cercanos: chuj, tseltal, tsotsil, forman un espacio sagrado que, aparte de identidad, les da sentido histórico y simbólico en el ahora, considerando que el núcleo del grupo está asentado, básicamente, en los municipios de Altamirano y Las Margaritas. Su cultura, cosmovisión y vida cotidiana (lo sagrado y lo profano) tienen raíces y se organizan alrededor de la agricultura del maíz y frijol, la actividad más importante de la comunidad, que aparte de mantener el núcleo familiar, también sostiene fuertes lazos comunitarios. A través de la asamblea, con representantes locales y regionales, más un consejo de ancianos, deciden por el bien de los pueblos.

Por ser un pueblo mayense, los tojolabales pueden circunscribirse al complejo histórico y cultural llamado Mesoamérica, unidad creada por la antropología en los años 50, conformada por pueblos con un origen y una historia más o menos común y que abarca desde el norte del Altiplano Central, pasando por el sur de México, hasta llegar a Nicaragua y Honduras. Muchos mitos y rituales, con variantes, se repiten a través del Mesoamérica actual: el nacimiento de los primeros dioses, la creación de los hombres de maíz y la conexión con los muertos. Según descubrimientos arqueológicos en glifos, códices y estelas, la configuración mesoamericana tiene su origen con la cultura olmeca, la madre de las culturas, asentados en el Golfo de México (San Lorenzo y Tres zapotes en Veracruz; y La Venta, Tabasco). La cultura olmeca se remonta a 1250 a.C. y sus avances civilizatorios fueron extraordinarios: elaboración de cerámica compleja, una sociedad en torno al maíz, la invención de una simbología, o sea, un lenguaje con el cual poderse expresar a través de una estética propia y original. Y lo más importante: la invención de un calendario agrícola, que claramente marca la relación de los hombres con la naturaleza (plantas y animales), en una mitología con conexiones sagradas.

 

El presente

Es bien sabido que un poco antes de la Conquista, los grandes centros civilizatorios se encuentran en un colapso y los diferentes grupos mayas están por reorganizar su vida y su futuro. Aparte de que para los aztecas no fue fácil reducirlos en su tiempo imperial, parece que a los sureños no les interesa el poder, pues según la historiadora Gudrun Lenkersdorf 2 reproducen una “economía rural no acumulativa”, con “propiedad colectiva”, y se rigen por “naciones sin Estado (sin individualizarse)”.  Más lo anterior no es muy cierto: se trata de un pedazo de historia bastante caótica entre los nativos (desaparición de los centros políticos y económicos) y han llegado los españoles con su afán de desaparecer cualquier rasgo de la cultura original. A partir de ahí, la Conquista llega a la selva Lacandona, último reducto de los mayas, 167 años después.

Mucho tiempo después de guerras y evangelios españolizantes, a pesar del etnocidio de los antiguos lacandones, este pueblo originario (los tojolabales) que hoy viven en los territorios de Las Margaritas, Altamirano y alrededor de los valles de Comitán, pudieron permanecer autónomos ante la expansión comercial y tributaria del imperio azteca y del gobierno de la Nueva España.

En el siglo XIX se les despojó de sus tierras al crearse las haciendas, y después, en el siglo XX, fueron sustituidas por las fincas de poderosas familias chiapanecas que, ante la Reforma agraria promulgada por el presidente Cárdenas, el retraso propiciado de tal Reforma por los finqueros, y la poca vigilancia del gobierno central, se les da a los tojolabales las peores tierras (es el clima y la atmósfera histórica, la tensión de la relación indio-ladino (blanco o mestizo), con conspiración indígena de por medio, reproducida en la novela Balún Canán de Rosario Castellanos). Después, el ejido se abrió paso, pero el crecimiento poblacional y la parcelación extrema hicieron que muchas familias se internaran en la Selva Lacandona y las Cañadas, y así colonizarlas y obtener tierras más amplias y fértiles.

Ilustración por Caro Monterrubio.

Ilustración por Caro Monterrubio.

Lengua y cultura

Si algo sabemos acerca de la identidad y cosmovisión de los tojolabales, se lo debemos, considerablemente, al lingüista Carlos Lenkersdorf. De origen alemán, llegó a las comunidades indígenas de Chiapas en los años setenta. La primera tarea del maestro fue hacerse alumnos de los tojolabales y pedirles que les enseñara su lengua. Después de aprender el tojolabal, en una especie de ayuda mutua (ellos no sabían que se podía escribir su lengua), tuvo la llave para entrar y descubrir una cultura bastante singular, una comunidad donde la estructura lingüística tiene la posibilidad, desde su uso cotidiano, de incluir la perspectiva del otro, a la hora de tomar decisiones. El resultado es un conocimiento colectivo que se construye para la vida comunitaria.

En aquellos años, la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas ya se encontraba en el trabajo pastoral en tierras tojolabales, y el Obispo Samuel Ruiz pidió al maestro alemán que tradujera el Nuevo Testamento al tojolabal, tarea que lo llevo a darse cuenta de que los textos elegidos para su traducción eran aquellos que compartían afinidades con su cosmovisión, o sea, no eran traductores autómatas, sino críticos; y además se mostraban como una comunidad abierta a la pluralidad de culturas.

Para la década de los noventa, el doctor Carlos Lenkersdorf había hecho un diccionario tojolabal de dos volúmenes, un libro para principiantes en esta lengua y otro sobre la sintaxis y la gramática3; también había recopilado una serie de testimonios, mitos, ritos y cuentos de la tradición oral. Finalmente, su incansable contribución, siempre desde el ángulo de la lingüística y la filosofía del lenguaje, había elevado el pensamiento tojolabal al rango de “los amantes de la sabiduría”4, y había demostrado que esta cultura era sistematizable y podía profundizar en lo humano, al igual que las filosofías occidentales y orientales.

En todos sus libros, el lingüista Lenkersdorf, resalta el origen del pensamiento indígena tojolabal y, a través de sus estudios lingüísticos, lo diferencia de otros pueblos europeos, provenientes de la familia indoeuropea. Solo en pocas lenguas como el vasco, algunas australianas y africanas, poseen la estructura ergativa que posee el tojolabal. ¿De qué trata la ergatividad? A diferencia de las lenguas que tienen una relación estructural sujeto-objeto, las ergativas o intersubjetivas, convierten todo objeto en sujeto. En el tojolabal existen más de seis sujetos diferentes y en ninguna oración permanecen pasivos. Como la lengua refleja, en su estructura, el comportamiento y las costumbres sociales de un grupo, en el tojolabal no existe el verbo “ser”, ni el “yo”, sino un “nosotros” que implica inclusión y complementariedad en los actos de la vida. “[…] los sujetos, constituyentes del “nosotros” pueden ser humanos y animales, plantas y manantiales, nubes y cuevas, cerros y valles, comales y ollas” 5. La intersubjetividad, o sea, la inclusión de sujetos en el decir y actuar de los tojolabales nos recuerda que todo está vivo, por un principio animista, que ya no es anacrónico, como se piensa, sino que puede formar parte medular de la conciencia ecológica de hoy día.

En cuanto a literatura se refiere hay poco material recopilado por el mismo Lenkersdorf, desde los años 70, a partir de sus tareas de alfabetización, hasta su muerte en 2010. La razón de la poca existencia de textos literarios es que nos encontramos frente a una cultura de tradición oral, que empieza a interesarse por la escritura y tiene poco interés en difundir a un autor. La poesía y los testimonios, entre los tojolabales, son usados para recrearse como comunidad y es de quien se adueña del poema o la canción. Así pues, la literatura tojolabal ha sido anónima y sus temas recrean la vida cotidiana y los saberes ancestrales en boca de los viejos. Aquí una muestra de unos poemas recopilados por el maestro Lenkersdorf, con una traducción casi literal, pues es material que se originó en los momentos de los talleres de alfabetización en la comunidad:

 

Jun rato

Jun rato wa xk’an yal chab’ ora.

Nalan rato wa xk’an yal jun ora.

Chab’ rato wa xk’an yal chañe ora.

Jo’e rato wa xk’an yal lajune ora.

Wake rato wa xk’an yal lajchawe ora.

Ti wa xek’ ja k’adc’ua.

Wa xcha och a akwali.

 

Ja Ka’hM’

Qjxa eluk ja k’ak’u.

Wa xcha el ja k’ak’u.

Elta ja k’ak’u.

Cha’anxa ja k’ak’u.

Ojxa kujlajuk ja k’ak’u.

Kulanxa ja k’ak’u.

Tz’elanxa ja k’ak’u.

Ochta ja k’ak’u.

Manto jechel

 

Un rato

Un rato quiero decir dos horas.

Medio rato quiero decir una hora.

Dos ratos quiero decir cuatro horas.

Cinco ratos quiero decir diez horas.

Seis ratos quiero decir doce horas.

Pasó, pues, el día.

Ya entra la noche.

 

El día

 

Ya va a salir el sol.

Ya sale el sol.

Ya salió el sol.

Alto está el sol ya.

Ya va a llegar el sol a su plenitud (mediodía).

Ya se asentó el sol (mediodía).

Ya se inclinó el sol.

Ya se puso el sol.

Hasta mañana.

 

Actualidad

Sirva lo anterior como notas, un tanto dispersas, para constatar que los pueblos originarios, como el tojolabal, están vivos, frente a un Estado y una sociedad que no los escucha ni comprende. Su forma de vida, su organización social y su memoria constituyen el México profundo. Su relación sagrada con la naturaleza y otros pueblos hablan de cierta fuerza comunitaria y de una dinámica de cambio permanente frente al mundo complejo y problemático actual. De su lengua y palabra (su respeto a ella) nació, sobre todo para los pueblos originarios, la poesía del siglo XX y XXI. Una poesía que cimbró la conciencia y otorgó una esperanza de construir un país nuevo, a partir de una nueva identidad: la de los pueblos indios de México. Hoy día trabajan por su autonomía, a pesar de que los gobiernos perpetuaron y perpetúan un desprecio y un rechazo a su participación en la vida política y social de este país.

Su literatura, tanto oral como escrita, es la vanguardia de una literatura nacional, a veces poco apreciada y desplazada hacia las periferias o usadas por gobiernos neoliberales que ven en los pueblos indígenas, desde una visión folclórica, la oportunidad de relegarlos y aprovechar su imagen con fines turísticos, o trasnacionales con respecto a su territorio.

No es difícil imaginar que en el seno de estas comunidades que resistieron a través de siglos, se dé el nacimiento de una ideología como la del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en 1994. La mayoría de los tojolabales formaron parte (y además siguen en el territorio de resistencia) de las bases de apoyo, milicianos e insurgentes del EZLN. Pero su grito de guerra fue el reconocimiento de sus derechos y su autodeterminación, sin renunciar a la identidad mexicana. Lo más notable es que su aparición y construcción como movimiento lo hicieran a través del diálogo, y al mismo tiempo trabajaban sus autonomías con una filosofía propia, hecha desde los pueblos autónomos zapatistas.

Desde aquel primer día de 1994, y a través de una revolución más bien “cultural”, como le gustaba llamarle al maestro y poeta Juan Bañuelos, se desplegó un diálogo constructor, nacional e internacional, con la identidad, de por sí plural, de otros pueblos originarios. Desde entonces, su palabra verdadera se extendió por el mundo y va seguir siendo un referente para construir democracia ante la amenaza de gobiernos totalitarios en el orbe globalizado.

 

Bibliografía
Aubry, Andrés, 2005, Chiapas a contrapelo. Una agenda de trabajo para su historia en perspectiva sistémica, Editorial Contrahistorias/Centro de estudios Immanuel Wallerstein, México, pp. 5-70.
Cuadriello Olivos, Hadlyyn y Rodrigo Megchún Rivera, 2006, Tojolabales, Comisión Nacional Para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, México,
Lenkersdorf, Carlos, 1974, Relatos de los tojolabales, mayas de los Altos de Chiapas en México, La Castalia, Comitán, Chiapas, México, 18 pp.

López Austin, Alfredo y Leonardo López Luján, 2001 (2da. Edición), El pasado indígena, Colegio de México (COLMEX), Fondo de Cultura Económica (FCE), México, pp. 58-
Montemayor, Carlos, 2004, La voz profunda. Antología de la literatura mexicana en lenguas indígenas, Joaquín Mortiz, México.
Najera Castellanos, Antonio de Jesús, “La dimensión sagrada entre los tojolabales”, junio de 2016, revista Espacios.
  1. Schumann Gálvez, Otto, 1981, los legítimos hombres. Una aproximación antropológica al grupo tojolabal, Universidad Autónoma de México (UNAM).
  2. Lenkersdorf, Gudrun, 2004, República de indios, pueblos mayas en Chiapas, siglo XVI, UNAM,-CEM-IIF, México.
  3. Lenkersdorf, Carlos, 1996. Los hombres verdaderos. Voces y testimonios tojolabales, Siglo XXI editores, México.
  4. Lenkersdorf, Carlos, 2002, Filosofar en clave tojolabal, Miguel Ángel Porrua Editores, México.
  5. Lenkersdorf, Carlos, 1998, Cosmovisiones, Universidad Autónoma de México, México, 40 pp.

Autores
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas (1972). Egresado de la Sociedad General de Escritores de México (CDMX, 1994-96). Estudiante de la licenciatura en Lingüística en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Ha sido corrector de estilo, distribuidor, consejero editorial, colaborador y editor de varias revistas mexicanas. Fundador de la revista Incuicatl, sobre literatura y lingüística. Primer lugar en poesía en el premio Casa del Lago “Juan José Arreola” de la UNAM (2000). Promotor cultural y difusor de la literatura, es fundador de la revista Azogues (2019), sobre literatura y artes gráficas de San Cristóbal. Ha participado en coloquios de lingüística, semiótica, literatura e historia.
Secretaría de Cultura