Tierra Adentro

Titulo: Diez Planetas

Autor: Yuri Herrera

Editorial: Periférica

Lugar y Año: 2019

 

 

No sé bien qué esperabas que te dijera –dijo al fin–,
sabes lo previsible que me parece la ficción especulativa.

-Pirg en “Zorg, autor de El Quijote

 

 

¿Por qué fue escrito? Ante todo libro nuevo puede surgir esta pregunta. Algunos textos cuyo origen y contexto exigen de ésta una consideración aparte. Ese es el caso de Diez planetas (Periférica, 2019) de Yuri Herrera. Junto a éste hay otros libros cuya recepción, no siempre en la misma época, ayuda a su lectura. Cuando se publicó El Quijote de La Mancha (1605 y 1615) se leyó como un texto más de las novelas de caballería y no fue hasta el siglo XIX,  junto a una nueva concepción de la subjetividad que supuso el romanticismo, que se vio en ella la obra paródica, metaliteraria y singular que al día de hoy tenemos al pensar en el Quijote (Mismo que Herrera retoma pero quizá con naves espaciales; algo más movido el asunto); o el género policial releído como máquina especulativa de ficciones por Jorge Luis Borges. Con menos tiempo y sin la a-sincronía el libro Diez Planetas aterriza justo a tiempo en el segundo semestre de 2020.

Ya comenzaba a estar en el ambiente un nuevo auge de la ciencia ficción de la mano del feminismo de Donna Haraway, Ursula K. Le Guin y el agotamiento de la imaginación política global, auge que el Covid-19 asentó e intensificó. Pensemos en los millones de televidentes alrededor del mundo viendo la serie Dark augurando un fin del mundo el pasado 27 de junio y quizá una salida al llano tiempo presente. El futuro se volvió uno de los ejes culturales. Pero la literatura mexicana está, desde la guerra contra el narco iniciada por Felipe Calderón, en el perfeccionamiento de una forma de realismo. La narco novela que, desde la urgencia, se volvió la norma. Élmer Mendoza, Fernanda Melchor, Victor Hugo Rascón Banda, Eduardo Antonio Parra o Sara Uribe fueron representantes de esta emergencia a mostrar el horror. La transición no fue igual en toda esa discordante generación pero no extraña que ésta última, de la Antígona González –un poema experimental que da testimonio de las voces que sufren la violencia y la pérdida– pase a “Un montón de escritura para nada” en el que desde la especulación crítica interroga y comenta el presente, su condición de realidad y de futuro.

Mismo camino siguió, tal vez, Yuri Herrera, quien para Christopher Domínguez Michael es un verdadero escritor bajo el tema y cobijo de la narco literatura, a diferencia del boom panfletario y quizá amarillista del resto. Yuri Herrera (Actopan, Hidalgo, 1970) es autor de Trabajos del reino (Periférica, 2008), Señales que precederán el fin del mundo (Periférica, 2009), La transmigración de los cuerpos (periférica, 2013) y El incendio en la mina de El Bordo (El Quiniqué cooperativa Editorial, 2018). Libros con tramas excepcionales y distintas pero agrupados en un eco de representación de la realidad mexicana: aquella cruel, impune, violenta y políticamente corrupta.

Siendo tan bueno en ese campo –que además tiene buenas ventas– el paso a escribir cuento de ciencia ficción parece raro pero no desatinado. Al escribirlo no creo que estuviera pensando que la humanidad iba a atravesar una época de auto cuestionamiento que reubicara la pregunta sobre el futuro a gran escala. Sin embargo así fue y siendo impreso en 2019 imagino que tardó en distribuirse debido a dicha contingencia. Lo cual lo hace llegar en un contexto cuya lectura será enriquecedora y extrañamente pertinente. Tal vez ese es el camino: entender y militar por el presente para comenzar a proyectar un futuro desde nuevas formas del lenguaje.  Se dice –y es un lugar común –que la literatura habla de nosotros: ¿tú y yo?, ¿los seres humanos?, ¿las personas del año en que se escribe un texto?, ¿quiénes es nosotros? Ese nosotros es histórico: muta. La literatura es lenguaje que crea formas, rutas de ir hacia y desde el presente. Lo que diferencia los libros anteriores de Herrera de las centenas de novelas del narco es que al hablar de la desaparición y la migración está reinventando el lenguaje, la forma en que nos relacionamos con las cosas. Nombraba de otra manera ese nuestro mundo hostil.

A la par de un libro histórico sobre la tragedia del incendio en la mina El Bordo ocurrida en Pachuca durante 1920, Herrera lleva tres años escribiendo los cuentos que recién publica. Cuentos que alejado de la investigación histórica del otro libro exploran la imaginación radical, lúcida y sutil. Respondiendo a la pregunta inicial: se escribió por el ímpetu de libertad de estilo, porque la emergencia ya no es el narcotráfico y por la necesidad de imaginar alternativas a la forma de relatar lo humano.

Encasillarlos en el género ciencia ficción le funciona a las librerías pero los cuentos se irían corriendo de esos estantes si los dejaran libres. Son ficciones puras que se pueden emparentar al sci-fi sólo si es de la mano de la Ciberiada de Stanislaw Lem o el ficcionario de Jorge Luis Borges, incluso un Kafka. Si se cree que ni Borges o Kafka tienen elementos de sci-fi entonces Herrera tampoco.

Diez Planetas es una serie de 21 ficciones cortas. Cada una es un pensamiento; una especulación poética que mira la vida desde ese afuera radical que Foucault buscó para pensar occidente. Son narraciones ingeniosas que cargan con esa antigua fuerza que todos los cuentos tenían. No un simple remate fácil en forma de “vuelta de tuerca” sino que son narraciones (no todas, al menos 18) que terminas de leer y te preguntas ¿qué pasó aquí?, ¿hacia dónde vamos?, ¿de dónde viene tal invención?, ¿por qué me sigo autonombrando humano?, ¿en qué punto el mundo se comenzó a ver como hoy yo lo veo? O simplemente ¡hay que pensar esto a profundidad!

Me impresiona la claridad que tiene Yuri Herrera sobre todas las cosas. En una entrevista que dio a El País se le pregunta sobre algunos de los relatos y él contesta sabiendo cómo surgió esa idea, los nudos y problemas que tiene como cuento y los conflictos prácticos que ese relato impone. Por ejemplo Los conspiradores que trata de Los Unos y Los Otros, cuyo origen es una teoría especulativa de que el imperio Inca no hablaba quechua y que los conquistadores –que hablaban otra lengua –al llegar a esa zona en lugar de imponer ese nuevo idioma adoptaron el quechua y tras esa apropiación lo establecieron como el lenguaje del imperio. Movimiento de extracción e imposición. Cuyo parecido con la apropiación cultural de ropa y comida en la actualidad no es coincidencia. El lugar, dice Herrera, donde se encuentran Los Unos con Los Otros, según la leyenda es “lo oficial”. Esa historia hegemónica del imperio cualquiera que sea.

Los relatos cuyo cobijo es Diez Planetas (y hace justicia a ellos como conjunto) no tienen el mismo principio pero van en el mismo sentido. Hay los que lanzan hipótesis sobre la vida humana y pueden caer en la categoría sci-fi, pero también los hay que van más allá o preguntan desde otro ángulo que no es el humano o no hacen una pregunta teleológica como sí lo suele hacer el sci-fi. Es el caso de “casa tomada” en el que una casa imita las acciones y actitudes de sus habitantes; si golpeas a alguien, los mosaicos de la casa te golpearán a ti; o el intento de un burócrata de regular la manifestación de los espíritus en la tierra una vez que ésta fue despoblada de humanos.  Otro y quizá el más sonado en las reseñas y reportes hasta el momento es Entera en el que una célula dentro del cuerpo de un estafador cobra consciencia y sus reflexiones pasan por la idea de hacerse un lugar en el mundo, la religión, el existencialismo, la necesidad de la ficción y el nihilismo previo al apocalipsis que para ella fue la tristeza previa a su extinción. Dentro de los cuentos hay una fábula epistemológica: “Plano”. En ella se narran los peligros de no tomar en cuenta los conocimientos previos de la humanidad y querer ver todo con tus propios ojos: gente que cae de los árboles buscando su final o náufragos que van por el fin del mar.  En donde la única diferencia entre la ciencia y lo fantástico es un punto de vista. El terror y lo real pueden ser ¡Dragones! ¡Dragones!

Paralelo al plano fantástico-inventivo, los relatos están en diálogo fuerte con la realidad. Ahí se dan relaciones de poder, seres becados, conspiraciones del lenguaje, migraciones, soledad y la búsqueda desesperada de una vacuna, pero en este caso, contra la insurrección.

Son especulaciones en el sentido que buscan y defienden miradas e ideas. Cada relato parte de teorías que a la vez parten de lo real y el lenguaje para indagar sobre las ideas, los deseos, la cosmovisión y lo real tanto para irse de ahí como para volver. Disloca los esquemas y presupuestos que otros han instaurado para mostrar otro posible orden de cosas. Las estrellas, los cometas y planetas –la galaxia, en fin – son los motivos para pensar la soledad desde la nariz, la adolescencia, las orgías creadoras y la psique y metáforas de los terraplanistas

Yuri Herrera llama a casa porque después de un paseo terrícola de aparentar ser un profesor y escritor hecho regresa a ese plano de realidad donde uno juega con el lenguaje –además del par de conocimientos que uno sabe sobre las cosas– y al jugar inventa el mundo. A sus 50 años regresa a ese momento en el que el mundo está aún todo por  hacerse, el lenguaje se extiende y es incomprensible y el cuerpo no sabe cómo decir. Ese hogar que se ha llegado a nombrar infancia. Ese resquicio de asombro jovial cuando uno ve por primera vez E.T. Quizá por eso las varias dedicatorias a sus sobrinos.

Lo que me gusta y por lo que no son “grandes historias de ciencia ficción” es que no hay épica en ningún sentido. Aunque sea el fin del mundo es uno en el que te quedaste dormido en la gran evacuación y despiertas sin importarte mucho por qué no hay nadie más y en lugar de ser la leyenda del “último hombre en la tierra” te desvaneces. Sólo cosas que pasan y tampoco es para tanto.

 


Autores
M.S.Yániz. Crítico y ensayista especulativo. Cursa estudios de filosofía crítica en The New Centre for Research & Practice. Escribe sobre formas discursivas tanto materiales como poéticas que tensionen lo político. Textos suyos han aparecido en FILME, Terremoto Contemporary Art in the Americas, FalsoRecord (colombia), PICS del Centro de la imagen, entre otras. Coeditó los Ensayos Completos de Tomás Segovia en Ediciones sin Nombre. Tradujo el libro inédito de Mark Fisher, Comunismo ácido publicado en Herring Publisher con ilustraciones de Diana Cantarey.
Secretaría de Cultura